El odio los consume.


Por Arthur González.

En la ciudad de Miami se concentra lo más rancio de la mafia terrorista anticubana, esa que ha hecho del odio hacia la Revolución el más jugoso negocio de la historia.

Allí se concentraron desde 1959, asesinos, torturadores, soplones de los órganos represivos de la tiranía, ladrones, prostitutas, proxenetas y millonarios que hicieron fortuna explotando a campesinos, cortadores de caña de azúcar procedentes de islas del Caribe, obreros y empleados, que con su sudor permitieron a la burguesía cubana llenarse los bolsillos.

Muchos de esos emigrados que se autocalifican “exiliados”, son prófugos de la justicia cubana y fueron reclutados por la CIA para integrar su Estación en Miami, creada en mayo de 1960 al organizarse la Rama 4 (WH-4) de la División del Hemisferio Occidental del Directorio de Planes, como la fuerza de tarea encargada de dirigir sus operaciones contra Cuba, entre ellas la invasión por Bahía de Cochinos.

De acuerdo con un informe del Inspector General de la CIA, Lyman Kirkpatrick:

“La Base en Miami (conocida por el nombre de JM-Wave), se inauguró el 25 de mayo 1960 en el distrito comercial de Coral Gable, bajo la cobertura de una firma de empleo y desarrollo de carreteras de Nueva York, respaldada por un contrato del Departamento de Defensa. El 15 de junio se abrió un centro de comunicaciones con cobertura del ejército, en la antigua Estación Aérea Naval de Richmond, la que se mantenía bajo arrendamiento por la Universidad de Miami”.

“La sección de contrainteligencia comenzó a trabajar a mediados de julio de 1960.  En el momento de la invasión por Bahía de Cochinos, esta sección tenía 39 cubanos cuidadosamente seleccionados, de muy elevado nivel escolar, entrenados como oficiales de caso para formar un Servicio de Inteligencia Cubano en el futuro; asimismo, 100 cubanos seleccionados entrenados como futuros oficiales de la contrainteligencia y funcionarios civiles del gobierno; así como 100 individuos, ya mayores y no políticos, entrenados para formar un cuerpo de inteligencia de reserva”.

Otro informe desclasificado de la CIA del 10 de octubre de 1962, afirma que, para esa fecha, existían 415 organizaciones contrarrevolucionarias operando en Cuba y en los Estados Unidos. Analistas de la JM-Wave aseguran que, en ese momento, en los Estados Unidos existían 371 organizaciones y grupos contrarrevolucionarios.

Sus fracasos permanentes alimentan el odio enfermizo que se respira en esos ambientes de Miami, dándole cobijo a terroristas y asesinos connotados que actúan contra el pueblo cubano, entre los que se destacan:

Carlos Alberto Montaner, Gaspar Jiménez, Guillermo Novo Sampoll, José Antonio Colina Pulido, Pedro Remón, Orlando Bosch, Luis Posada Carriles, Reinol Rodríguez, Santiago Álvarez-Fernández Magriñá, Ramón Saúl Sánchez, Rodolfo Frómeta, Virgilio Paz Romero, José Basulto, Feliz Rodríguez Mendiguita y muchos cubanos más que jamás han sido objeto de campañas acosadoras por su presencia en ese país.

No pueden faltar en la lista los miembros de la brigada mercenaria participantes en la invasión a Cuba, quienes asesinaron a humildes campesinos y sus hijos, y hoy son calificados en Miami como “valientes y grandes ciudadanos”.

Sin embargo, en estos días se conforma una solicitud de investigación contra la esposa del locutor de la televisión cubana Rafael Serrano, la cual se encuentra en Miami junto a su hija y nietos, posiblemente con la intención de acogerse a la Ley de Ajuste Cubano.

La señora es ahora víctima del acoso del presentador cubano Alex Otaola, quien se dedica a perseguir con saña a todos los que no son terroristas y asesinos, esos que se pasean por las calles de Miami con total impunidad, respaldados por la CIA y el FBI.

En uno de sus últimos programas en la web, Otaola le preguntó al abogado Santiago Alpízar, especialista en temas migratorios, si podría echarse hacia atrás la estadía de la esposa de Rafael Serrano en Estados Unidos e impedir que se acogiera a la mencionada Ley, pues según él, ella es la esposa “del vocero de la dictadura dedicado a desprestigiar y fusilar la reputación de los opositores cubanos”.

A Otaola y a quienes le dirigen, no les preocupa que personas con las manos ensangrentadas por colocar bombas en centros comerciales y embajadas cubanas en el exterior, asesinar a diplomáticos, volar un avión civil cubano donde murieron 73 inocentes, o haber instalado micrófonos ocultos en el conocido Caso Watergate, puedan recibir la residencia legal en Estados Unidos, pues al fin y al cabo lo ejecutaron cumpliendo tareas de la CIA.

Esa es la “excelsa moral” que exhiben quienes odian a la Revolución cubana, y se califican como “defensores de la libertad de expresión”, “de pensamiento” y “luchan contra el terrorismo”.

La respuesta del abogado incrementó el odio que acumula Otaola, al afirmarle:

“La ley migratoria impide a los que fueron miembros del Partido Comunista la residencia en Estados Unidos, si esta relación no tiene cinco años de terminada. También las personas que tienen un vínculo de familiaridad que oprimen el discurso alternativo, les puede ser impedida la adjudicación de beneficios migratorios”.

Esa es la verdadera cara del sistema de Estados Unidos, donde las personas no tienen derecho a profesar una ideología diferente a la del poder, en franca violación del Artículo 2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, que expone:

“No se hará distinción alguna, fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona…”

Otaola debería saber que el Artículo 18 establece:

“Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y religión…”

Esa es la ley del embudo, haz lo que digo, pero no lo que yo hago. Pero no se equivocó José Martí cuando sentenció con brillantez:

“Las piedras del odio, a poco de estar al sol, hieden y se desmoronan como masas de fango”.

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