La política yanqui no tiene cambios.


Por Arthur González.

Cuando en 1958 el presidente Eisenhower y el director de la CIA Allen Dulles, expresaron en el Consejo de Seguridad Nacional que había que evitar la victoria de Castro, decretaron cual sería la política de Estados Unidos hacia la Revolución cubana y su esfuerzo permanente por derrocarla, estuviera en la Casa Blanca un demócrata o un republicano.

La vida lo ha demostrado a lo largo de 62 años, aunque el presidente Barack Obama escuchó las recomendaciones del Council on Foreign Relations y de la Brookings Institution, de modificar la táctica para desmontar el socialismo, con cuatro líneas de trabajo:

  • Promover una relación de trabajo constructiva con el gobierno cubano para generar confianza y resolver disputas, con el objetivo, a largo plazo, de fomentar una mejor relación que sirva a los intereses y valores de Estados Unidos.
  • Facilitar el contacto y el flujo de información entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, para mejorar las respuestas estadounidenses a los desarrollos internos de la Isla, que tendrán un impacto directo sobre el bienestar del pueblo cubano y sobre los intereses de los Estados Unidos.
  • Apoyar el bienestar del pueblo cubano y de la sociedad civil, al promover el contacto directo entre ciudadanos de ambos países, así como los cimientos de una actividad económica de base.
  • Apoyar a los activistas de derechos humanos, periodistas independientes y el desarrollo de la sociedad civil cubana, así como a la democracia de base.
  • Involucrar a Cuba en un proceso de reincorporación en organizaciones multilaterales y regionales, mediante iniciativas multilaterales, si cumple con los criterios de reincorporación o de un miembro.

Ninguna de estas líneas de trabajo obtuvo sus propósitos, aunque avanzaron en el traslado de símbolos y valores de su cultura entre los cubanos.

Donald Trump impuso más sanciones e incrementó la guerra económica como su principal carta de triunfo, pero terminó su mandato sin ver caer el proceso revolucionario, porque ellos no comprenden las raíces históricas de independencia y soberanía de Cuba.

El triunfo de Joe Biden, quien fuera vicepresidente de Obama, ilusionó a más de uno en que volvería a la etapa del “buen vecino”, pero la realidad trasluce que no tiene interés y las presiones de continuar el cerco económico, pudieran ser más efectivas para las viejas aspiraciones yanquis de hacer fracasar el modelo socialista cubano.

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