Violaciones para las que no existen condenas


Por Arthur González.

Frecuentemente en Estados Unidos y en el Parlamento Europeo se aprueban resoluciones y proyectos de leyes para condenar a Cuba y otros países que mantienen posiciones de soberanía e independencia.

Organizaciones fabricadas por Estados Unidos como la USAID y la NED, reparten millones de dólares para estimular acciones subversivas, con el propósito de derrocar a sus gobiernos, satanizar a sus líderes principales y diseñar campañas de prensa para hacerle creer al mundo que el socialismo es un fracaso y debe ser sustituido por el capitalismo, pero ocultan la realidad que padecen los que viven bajo la economía de mercado.

¿Por qué no hay condenas para gobiernos europeos que, con un capitalismo “democrático” y lleno de “libertades”, violan los derechos humanos más elementales y la pobreza crece por días?

Francia y España son ejemplos de la desigualdad social que padecen millones de ciudadanos, obligados a reclamar justicia, pero la respuesta que reciben es una salvaje represión policial, sin que sus gobiernos sean condenados y sancionados por Estados Unidos ni el Parlamento Europeo, como si no cometiesen graves violaciones a los derechos humanos.

Desde el mes de octubre de 2018, en Francia se inició el movimiento social de los “chalecos amarillos”, en protesta contra el alza del precio de los combustibles, el transporte, los impuestos, escasa jubilación, desempleo, poca democracia, servicios públicos de mala calidad como la salud, falta de viviendas, injusticia fiscal y pérdida creciente del poder adquisitivo.

Las protestas populares se extendieron a Bélgica, Países Bajos, Alemania, Italia, y España, siendo reprimidos brutalmente, sin que se aprobaran sanciones o resoluciones para condenar la acción policial, que solo en Francia llegó a movilizar cerca de 90 mil policías y decenas de vehículos blindados para disparar balas de goma, gases lacrimógenos y potentes chorros de agua fría. Pero esa represión parece no constituir una violación de los derechos humanos.

El 2021 Francia inició con nuevas protestas contra la Ley de Seguridad aprobada por el Senado, que impide documentar la brutalidad policial durante las protestas, en violación de la libertad de prensa. 

En su artículo 24, la ley tipifica como delito la divulgación de imágenes que pudieran dañar la integridad física o mental de los policías y los culpables podrán ser sancionados a un año de prisión o una multa de hasta 45 mil euros, y permite el uso de drones de vigilancia y el reconocimiento facial por cámaras.

¿Dónde están los senadores yanquis Bob Menéndez, Marco Rubio y Ted Cruz, que no proponen sancionar al gobierno francés por la violación de la libertad de expresión?

¿Por qué guarda silencio la checa Dita Charanzová, vicepresidenta del Parlamento Europeo, el Alto Representante de Política Exterior de la Unión Europea, Josep Borrell y los parlamentarios de derecha que no cesan de condenar a Cuba y Venezuela por supuestas violaciones fabricadas desde Estados Unidos?

España es otro caso donde se violan los derechos más elementales y tampoco recibe críticas o sanciones.

El encarcelamiento del rapero catalán Pablo Hasel, en febrero 2021, por “enaltecimiento al terrorismo, injurias a la Corona y a instituciones estatales en algunas de sus letras y tuits”, fue visto con total complicidad por quienes atacan a La Habana, Caracas y Moscú. Esa condena es una total violación de la libertad de creación y expresión, pero para Madrid no hay un solo reclamo.

Si Cuba sanciona a alguno de los contrarrevolucionarios pagados por Washington, por sus falsas acusaciones contra el gobierno y sus instituciones, o por acciones subversivas ejecutadas en cumplimiento de las instrucciones que reciben desde el exterior, el asunto es llevado al Consejo de Derechos Humanos de la ONU y de inmediato el Departamento de Estado yanqui inicia campañas para promover más sanciones.

La represión policial en España contra los que se oponen a la condena de Hasel, es criminal, con lanzamientos de balas de goma y gases lacrimógenos.

Esas protestas están basadas en la acumulación de insatisfacciones que tiene la población, dada las escasas expectativas de futuro de toda una generación castigada por la crisis económica del sistema capitalista, incrementadas con la pandemia de la Covid-19.

La mayoría de la juventud española y sus generaciones precedentes, sufren el incremento de limitaciones económicas y la pérdida de sus derechos y libertades, eso sin padecer una guerra comercial, económica y financiera impuesta por Estados Unidos, como los cubanos y venezolanos.

España es el país con la tasa de paro juvenil más alta de toda la Unión Europea. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos afirma que el 40,7% de los jóvenes españoles no tienen trabajo, y no es por culpa de una economía socialista.

Su sistema capitalista provocó que uno de cada cinco de los jóvenes trabajadores se encuentre hoy en riesgo de pobreza y exclusión social, según datos publicados en 2020 por el Observatorio de Emancipación Juvenil del Consejo de la Juventud de España.

A esa situación hay que sumarle la corrupción de funcionarios políticos, quienes se enriquecen mientras los trabajadores son cada vez más pobres.

Esto no mueve a los españoles Dolores Montserrat, Esteban González Pons, Antonio López-Isturiz y Leopoldo López Gil, miembros del Parlamento Europeo, ni a Elena Larrinaga, del Observatorio Cubano de los Derechos Humanos, radicado en Madrid.

Tampoco condenaron a España por encarcelar, en 2019, a varios líderes independentistas catalanes, quienes nunca fueron calificados de disidentes u opositores políticos, como hacen con los mercenarios José Daniel Ferrer, Berta Soler o Guillermo Fariñas, asalariados de Washington.

En 2020 la economía capitalista arrastró a la pobreza a casi 215 millones de personasen Latinoamérica; es decir, cerca del 35% de la población, de las cuales 83 millones estarán en condición de pobreza extrema, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

El desempleo aumentó de 2,6 % a 10,7% al final del año, con mayor afectación entre mujeres, trabajadores informales y jóvenes, aspecto que provoca la inmigración masiva.

¿Qué dirán de esto, los que culpan al socialismo cubano?

Razón tenía José Martí cuando dijo:

“De lo verdadero se habla poco”

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