A dónde fue a parar la “democracia”.


Por Arthur González.

Como sucede con los cometas de papel o papalotes, todo hace indicar que la tan traída y llevada “democracia” europea, se fue a bolina en el caso del rapero catalán Pablo Hasel, nombre artístico de Pablo Rivadulla, condenado por el delito de “enaltecimiento del terrorismo y por injurias a la monarquía y a las instituciones del Estado”, a cinco años de cárcel por dos sentencias, una de 2014 y otra del pasado mes de marzo 2020, algo que comprueba que la libertad de expresión que le reclaman a otros, la violan a su antojo para defender a capa y espada sus posiciones políticas.

Para esa condena del rapero español no hay declaraciones del Parlamento europeo, del Departamento de Estado yanqui ni de su embajada de Madrid, algo bien diferente a lo que hacen contra Cuba por la detención de un rapero desconocido, nombrado Denis Solís, quien ofendió a un oficial de la policía y se negó a presentarse a una citación oficial, situación que todo el pueblo cubano comprobó al publicarse un video que el propio Solís colocó en las redes sociales.

La diferencia del caso cubano es que ese rapero es apoyado por la embajada de Estados Unidos y el Departamento de Estado, al estar ligado al construido grupúsculo contrarrevolucionario San Isidro, que pretenden darle carácter de “movimiento artístico opositor”, cuando en realidad ni son artistas ni tienen una obra reconocida, pero ejecutan acciones provocativas en la vía pública, sufragadas con dinero de la USAID y NED, actos que sirve para engrosar las campañas anticubanas generadas por los yanquis y sus aliados.

Para Hasel que, si es un verdadero artista popular, no hay clemencia alguna, porque se atrevió a decir la verdad en sus tuits y en una de sus canciones, sobre las acciones corruptas e inmorales del llamado Rey Emérito de España, Juan Carlos de Borbón, aunque han sido publicado en toda la prensa escrita y televisiva española, sin que ninguno de esos medios fuera condenado por dar a conocer sus regalos millonarios a Bárbara Rey, una de sus amantes, las cuentas bancarias en el exterior y la caza de elefantes en África, hechos que provocaron su salida de la península y el rechazo de sus derechos de herencia del actual Rey y una de sus hijas.

El trasfondo del ensañamiento con el cantante español es por el arrastre que tiene entre miles de jóvenes, situación que preocupa a los que no quieren cambios políticos, ni amenazas a su sistema político, a pesar de reclamarle a otros, como a Venezuela y Cuba, libertades que ellos no practican.

Hasel se refugió en la Universidad de Lleida, de donde fue sacado por más de 250 Mossos d’Esquadra (policía autonómica de Cataluña), fuertemente armados y vestidos con cascos, escudos, chalecos antibalas y armas largas, como si se tratase de un batallón de terroristas, ejemplo de la represión policial practicada en países donde impera la “democracia”.

A diferencia de ese escenario, al cubano lo fue a citar un solo policía, sin ninguno de los aditamentos antes señalados y recibió ofensas y el irrespeto de quien se dice un “luchador” por la libertad. Si esa actitud la hubiese asumido en España, ya sabemos cómo la pasaría y sin que la embajada yanqui intercediera por él como hacen en Cuba.

La magistrada de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Murcia, declaró:

Si hay una sentencia que lo condena tiene que entrar en prisión. Las sentencias son para ejecutarlas porque podría incurrir en otro delito que es desobediencia a la autoridad”.

Todo claro, pero ante la desobediencia del cubano Denis Solís, de inmediato algunos elementos contrarrevolucionarios encabezados por Tania Brugueras, artista al servicio de Estados Unidos, incitó a una concentración ante la sede del ministerio de Cultura, para exigir su liberación, la que fue difundida con prontitud por la prensa extranjera y las redes sociales, acusando a las autoridades de la Isla de “represión” y coartar la “libertad de expresión”.

Es la gran diferencia del enfoque cuando en países supuestamente “democráticos”, se reprime a jóvenes artistas independientes por reflejar verdades que no se aceptan y menos aun cuando afectan figuras icónicas de esos sistemas.

Sin embargo, la cruzada mediática desatada contra el ministro de cultura, por solo quitarse de la cara un teléfono móvil que le ponía uno de los grupusculeros pagados por la NED, es bien diferente a la que no hace el Departamento de Estados yanqui, a favor de la liberación de Hasel, a pesar de que 200 artistas de fama internacional se manifiestan en su apoyo, entre ellos Juan Manuel Serrat, Javier Barden, Vetusta Morla, Fernando Trueba y Emma Suárez y respetados directores de cine como Pedro Almodóvar, quienes solicitaron su libertad y la eliminación de ese tipo de delito del Código Penal español.

Esa es la “democracia” que exhiben como ejemplo para otros, mientras para ellos, reprimir es un derecho de las autoridades y quienes no lo acepten son sencillamente condenados por el delito de desobediencia.

Certero fue José Martí al afirmar:

“Algo que daña mucho el ejercicio de un derecho es la hipocresía del derecho”.