Miami ataca a Cuba, pero no mira sus problemas internos.


Por Arthur González.

Es conocida la virulencia que muchos en Miami sienten contra Cuba, atacándola por cuanto sucede en la Isla, casi siempre con mentiras políticas fabricadas para sus campañas mediáticas, pero de lo que les sucede a ellos, ni una sola denuncia, porque ni la USAID y menos la NED, o el Departamento de Estado, le asignan presupuestos millonarios para eso.

Tal es el caso de la alharaca creada con los lacayos de San Isidro o de los que fueron convocados frente el Ministerio de Cultura, para reclamar por los primeros, que decían estar en “huelga de hambre” y “reprimidos” por la Seguridad del Estados, omitiendo el respaldo total de la embajada yanqui en La Habana, como prueba de quienes están detrás del asunto.

Sin embargo,  el gobernador de la Florida, Ron DeSantis, promueve en estos días una Ley que criminaliza las protestas pacíficas, por tanto, de ser aprobada aumentaría las sanciones para las personas involucradas en esas protestas y saldrían condenados todos aquellos que reclamen los derechos de latinos, inmigrantes, la discriminación racial, las injusticias políticas y sociales, unidas a la brutalidad policiaca, algo que no han salido a combatir quienes acusan constantemente a Cuba de “cortar” la libertad de expresión.

¿Por qué no hay manifestaciones para protestar por esa Ley que limita la libertad y la democracia de Estados Unidos que tanto pregonan?

Allá no se recogen firmas para demostrar su inconformidad y exigir la renuncia del gobernador, como estimulan por las redes sociales a los cubanos contra el ministro de cultura, cruzada organizada para satanizar a un funcionario que solo se quitó de la cara un teléfono, sin darle golpizas a ninguno de los asalariados de la NED, como hubiese ejecutado la policía yanqui.

Además de la mencionada propuesta de Ley, es sabido de la pésima gestión del gobernador ante la pandemia del Covid-19, convirtiendo a la Florida en la capital del coronavirus, lo que ha provocado un peligroso colapso de la economía, un incremento descomunal del desempleo, el aumento de las amenazas de desalojo por falta del pago de las rentas y el hambre que sufren muchas familias de pocos recursos, algo que DeSantis no atiende adecuadamente.

Florida reportó el 14 de febrero 2021, la cifra de 5 mil 436 nuevos casos confirmados de la Covid-19, acumulando un millón 827 mil 373 enfermos, desde que en marzo 2020 se detectaron los primeros casos, a lo que se unen las 28 mil 779 muertes, solo en ese estado.

El pésimo manejo demostrado por el gobernador, avala cualquier exigencia de su renuncia, pero eso no es promovido por las redes sociales ni en cruzadas de prensa, porque la cacareada “libertad de expresión”, parece que solo la sacan a relucir contra Cuba.

Hoy una buena parte de los residentes en ese estado, confrontan problemas con el sistema de salud, el empleo, la vivienda, educación y alimentación, entre ellos los latinos, negros y aquellos residentes en Liberty City, realidad que la prensa no menciona.

En vez de gastar tiempo y dinero en pretender subvertir el orden interno cubano, en Miami deberían mirar sus graves problemas, para intentar buscarles solución y la forma de apuntalar la frágil democracia, como afirmó el presidente Joe Biden, esa que pretenden venderle al mundo como lo máximo, cuando la realidad es bien diferente, por la violencia racial, los asesinatos a manos de la policía, las masacres en escuelas debido a la compra de armas, la situación con los inmigrantes, el desempleo y su elevada deuda externa de la que jamás hacen mención.

Preciso fue José Martí cuando expresó:

“La sociedad autoritaria es aquella basada en el concepto de la desigualdad humana”.