En vez de atacar a la Revolución, deben cuestionar los problemas internos de la Iglesia Católica.


Por Arthur González

Desde el pasado año 2020 algunos sacerdotes de la Iglesia Católica, utilizan los púlpitos para lanzar fuertes cuestionamientos a la Revolución cubana, culpándola de la crisis económica que atraviesa el país, sin tocar a su verdadero responsable, Estados Unidos, quien desde hace 62 años sostiene una despiadada guerra económica, comercial y financiera, con  el objetivo de sembrar el desencanto y el desaliento en el pueblo, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas, con el fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del  gobierno.  

¿Por qué no dicen la verdad quienes predican el evangelio?

Sencillamente debido a que responden a la línea política trazada por Estados Unidos para inculcar el rechazo de la población, especialmente de los jóvenes; vieja y gastada táctica que emplean en países que no se doblegan ante sus dictados.

La carta publicada el pasado 24 de enero 2021 por un grupo de sacerdotes y laicos prominentes, no fue casual, se corresponde con los objetivos del gobierno de Estados Unidos y la CIA, en su guerra contra Cuba. Solo hay que estudiar los planteamientos del Departamento de Estado para comprobarlo, y revisar lo que desde hace años dicen algunos de sus más comprometidos colaboradores, entre ellos el sacerdote José Conrado Rodríguez Alegre y el laico Dagoberto Valdés, por solo citar a dos de ellos.

De la más reciente horneada de esos elementos, están los sacerdotes católicos Alberto Reyes Píasy Rolando Montes de Oca, ambos de la Arquidiócesis de Camagüey, firmantes de la mencionada carta contrarrevolucionaria, quienes emplean las redes sociales para criticar al gobierno y acusarlo de ser responsable de la situación económica, calificándolo de “régimen totalitario”.

Otro de esos sacerdotes es Jorge Luis Pérez Soto, párroco de la iglesia San Francisco de Paula, del municipio de Diez de Octubre, en La Habana y el sacerdote Laureano Hernández Sasso, muy activos en las redes para atacar al gobierno revolucionario.

¿Quién les facilitará el dinero para poder navegar, si ellos no tienen un salario que respalde ese gasto?

Sin embargo, ninguno de los firmantes de la carta, que dicen “preocuparse tanto” por la situación del pueblo cubano, hablan de los graves problemas internos que tiene su institución religiosa, entre ellos los escándalos de pederastia y corrupción, algo que quizás no hacen por temor a exponer con valentía esos delicados asuntos, que envuelven a cientos de clérigos en todo el mundo.

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