Soñar, pero con los pies en la tierra.


Por Arthur González.

No son pocos los que aspiran a que el futuro presidente de Estados Unidos, el demócrata Joe Biden, apruebe algunas medidas que permitan un mejoramiento de las maltrechas relaciones con Cuba, entre ellas las licencias de viaje, la entrada de cruceros, el intercambio académico y cultural, de ciudadanos estadounidenses, así como otras que el presidente Barack Obama introdujo durante su presidencia, principalmente en su segundo mandato.

Sin dudas, una vuelta a la etapa Obama, donde Biden fue su vicepresidente, podría significar un paso para bajar las tensiones causadas por la antipatía del presidente saliente Donald Trump, comprometido con lo más espurio de la comunidad cubana radicada en el sur de Florida, entre ellos los mercenarios derrotados en la invasión por Bahía de Cochinos, y ciertos políticos como el Senador Marco Rubio y otros congresistas miembros de esa mafia terrorista anticubana, que tantos crímenes cargan sobre sus espaldas.

No se puede olvidar que los objetivos que pretendía alcanzar Obama, con el cambio de la política de enfrentamiento hacia La Habana, eran similares a los de la línea dura, desmontar el sistema socialista, pero mediante el llamado Soft Power. Esa estrategia fue criticada fuertemente por Donald Trump, al alegar su fracaso por no lograr cambios internos en la Isla; por tanto, lo mejor era retornar al reforzamiento de la guerra económica y financiera para provocar el estrangulamiento del régimen; de ahí la cadena de sanciones económicas impuestas, jamás vistas.

Biden, durante su campaña electoral también mencionó que, la apertura hacia Cuba no provocó modificaciones en el sistema político como habían pronosticado, aunque sí adelantó que eliminaría las limitaciones de envíos de remesas y la posibilidad de reanudar los viajes familiares de cubanos a los Estados Unidos, muy limitados después del cierre del consulado en la embajada en La Habana.

Se sabe que el invento de los “ruidos” fue parte de una operación de la CIA, que perseguía el cierre total de la misión diplomática y la ruptura de relaciones, algo semejante a lo planificado por George W Bush, cuando designó al provocador James Cason, como jefe de la entonces Sección de Intereses en La Habana.

Sigue leyendo