Michelle Bachelet será condenada por la historia.


Por Arthur González.

En más de medio siglo se conocen muchos personajes al servicio de los intereses más sucios de los Estados Unidos, y entre ellos está Michelle Bachelet, Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, apoyada por Washington como una pieza clave para sus planes contra naciones que no son de su agrado.

Desde que tomó posición de ese cargo, Bachelet ha desplegado acciones para condenar a Venezuela, cuando en realidad ese país es víctima de la guerra económica, comercial y financiera, impuesta por Estados Unidos para asfixiar su economía y culpar a la Revolución Bolivariana de ser un fracaso.

Cuando el presidente Nicolás Maduro abrió las puertas del país para que comprobara lo que sufría su pueblo, los actos terroristas pagados por los yanquis y las penurias a causa de esa guerra económica, Bachelet firmó un espurio informe, redactado en el Departamento de Estado de Estados Unidos, condenando al gobierno venezolano por hechos inventados, dando pie para que la Unión Europea se sumara a esa campaña.

Por si fuera poca su desvergüenza, la Alta Comisionada repite la receta con Nicaragua, describiendo una situación falsa y manipulada por organizaciones opositoras financiadas por Estados Unidos, algo previsible por ser ese país, junto a Cuba y Venezuela, el denominado “Eje del Mal”, calificado así por el presidente Donald Trump.

Quien no se respeta no puede ser respetado y por eso Michelle Bachelet será recordada como la funcionaria más dependiente de la política hostil de Estados Unidos, contra aquellos países que no se arrodillan a sus pies, y ocupará un lugar despreciable cuando se hable de imparcialidad, en cuanto a la evaluación de los Derechos Humanos.

Esa mujer que padeció de cerca las violaciones de los derechos humanos, ha pisoteado todos sus principios para mantener su puesto en la ONU y los favores del gobierno yanqui.

Si fuera realmente imparcial, tendría que redactar un informe condenando las sistemáticas violaciones de los Derechos Humanos cometidos por Sebastián Piñera en Chile, algo que no sucede en Venezuela ni en Nicaragua, pero su silencio cómplice es resultado de las instrucciones que recibe de sus jefes en Washington.

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