Estados Unidos muy rico, pero los más pobres.


Por Arthur González.

Estados Unidos es el país más rico del mundo y con un fuerte poderío militar, sin embargo, la pandemia de la Covid-19 puso al descubierto cuánta pobreza se esconde detrás de esa fachada y la realidad que ocultan.

Esa es una de las razones por las que ejecutan una política contra China, país que le sobrepasa en eficiencia y eficacia económica que hace temblar a los yanquis. De ahí las sanciones, el aumento de aranceles y toda una gama de acciones que pretenden afectar a su rival, sin lograrlo.

China controló la pandemia de forma efectiva y rápida, demostrando la fortaleza de su sistema político y económico, algo que Estados Unidos con su pompa de grandeza no puede igualar, poniendo en evidencias la debilidad de una economía que es solo para los ricos, aunque su propaganda quiera aparentar lo contrario.

Desde hace años el nivel de la clase media que exhibían los yanquis se esfumó y la pobreza gana terreno cada día, situación que se comprueba en sus índices de pobreza, uno de los mayores entre las naciones desarrolladas.

Philip Alston, relator especial de la ONU para la extrema pobreza y derechos humanos hasta el 2018, declaró: “más de 40 millones de estadounidenses viven en niveles de pobreza”, y añadió:

“Estados Unidos, posee la mayor tasa mortalidad infantil del mundo desarrollado y la expectativa de vida de sus ciudadanos es menor y menos saludable que en otras naciones ricas; además tienen uno de los mayores niveles de encarcelamiento del mundo”.

A esto, hay que agregarle las diferencias raciales, porque en ese país son los negros y los latinos quienes sufren más la pobreza.

Los datos oficiales indican que mientras solo el 11 % de los niños blancos viven en niveles de pobreza, un 32 % de niños negros y el 26 % de niños latinos, padecen de esa penuria que los limita en su desarrollo psicosocial y económico, presente y futuro, de acuerdo con información del Centro de Datos Kids Count, basada en estadísticas de la oficina del censo.

El más poderoso y “paladín” de los Derechos Humanos del mundo, no cuenta con un sólido sistema de protección social, que brinde apoyo a las personas de bajos ingresos, como poseen otros países, situación que hoy se comprueba ante la crisis de la pandemia y los despidos masivos de trabajadores por el cierre de centros de producción y servicios, que registra al 2020 como el de mayor nivel de desempleo, desde la gran depresión sufrida en 1930.

A esto debe sumarse el deterioro del mercado laboral para los trabajadores de menores salarios, casi un 40% del total, quienes se enfrentan a una dura realidad, ante la pérdida total de sus ingresos, algo que ya venía antes de la actual pandemia.

La ayuda de emergencia aprobada en medio de la crisis por la Covid-19, dio un limitado respiro que no alcanzó para cubrir los gastos mensuales de la renta, alimentación, electricidad y el pago de hipotecas, por lo que en breve veremos otro repunte de los niveles de pobreza en Estados Unidos, especialmente en los estados más afectados, por la necesaria cuarentena para salvar la vida de millones de personas.

El sábado 08 de agosto, Donald Trump en un acto de politiquería pre elecciones, firmó cuatro órdenes, entre ellas una para entregar 400 dólares semanales adicionales a los que reciben prestaciones por desempleo, pero el Congreso no lo reconoce al no tener una partida en el presupuesto de donde sacarlo. Nadie calcula hasta dónde llegará la triste situación de millones de personas que dependen de un salario mensual, que ya no tienen.

Cifras oficiales indican que más de 26 millones de estadounidenses se quedaron sin empleos por la Covid-19, sin contar los indocumentados y los que no se registraron, que, según el sondeo suman entre 8,9 y 13,9 millones de personas excluidas del sistema, planteándose que esas cifras representan la pérdida, en un solo mes, de todos los empleos creados en Estados Unidos posterior a la crisis económica del 2008.

Estados Unidos enfrentará una compleja situación que, sin dudas, recaerá en el próximo presidente, si Donald Trump pierde las elecciones de noviembre 2020, el cual encontrará una economía arruinada, una situación internacional muy compleja por los desvaríos de Trump y además fuera de los principales convenios y organismos internacionales.

Estados Unidos aprobó en 2019 un gasto militar de 732 mil millones de dólares, incrementándolo en 5,3 % respecto al del 2018, lo que constituye el más alto presupuesto militar entre las diez potencias mundiales, y el 38 % del gasto militar mundial, dinero que bien pudiera dedicarse a mejorar el sistema de salud del pueblo, donde casi 29 millones de ciudadanos carecen de un seguro médico.

Para ser justos, ese millonario presupuesto es un 15 % inferior al aprobado por el presidente Barack Obama en 2010, que constituyó un récord histórico.

No obstante, Trump invirtió en insumos militares el 38 % del gasto total que se desembolsó en el mundo.

Por darle prioridad a la carrera armamentística y no a la salud del pueblo, Estados Unidos no ha podido enfrentar correctamente la pandemia y alcanza el primer lugar mundial en contagios y muertes, lo que pudo evitarse si Trump hubiese actuado racionalmente y no dedicarse a culpar a China sin pruebas, con el propósito de destruir su imagen ante el mundo, mientras la enfermedad crecía.

Informaciones oficiales afirman que Estados Unidos reporta un fallecimiento cada 80 segundos, y el Instituto de Métricas y Evaluación de Salud, pronostica que para el próximo mes de diciembre ocurrirán 295 mil 011 muertes y 4,8 millones de contagios, advertencia que hizo el Dr. Fauci, epidemiólogo principal de ese país.

Mientras Estados Unidos insiste en satanizar a Cuba por prestar ayuda médica a otros países, ellos se empeñan en gastar millones de dólares en armas, olvidándose de los ciudadanos que no pueden pagar los altos costos de los servicios de salud y los medicamentos.

Esa es la diferencia que no soportan de un pequeño país, que, a pesar de su guerra económica, por su obra hermosa de salvar vidas, solo tiene 88 fallecidos por la Covid-19.

 No en vano dijo José Martí:

“Lo pequeño a la hora grande, se funde en lo grande”.

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