La hipocresía yanqui.


Por Arthur González.

Estados Unidos tira piedras a los demás, cuando tiene su tejado de cristal, situación que se observa principalmente en el tema de los manipulados derechos humanos, cuando son el país que más los viola diariamente.

La discriminación de negros y latinos, las diferencias sociales, ausencia de un sistema de salud para todos, la muerte de jóvenes negros a manos de policías blancos sin que reciban castigo por esos hechos, diferencia salarial entre hombres y mujeres, sistema jurídico donde los culpables no son sancionados como merecen si lo asumen ante el juez, maltrato en las cárceles, invasiones injustificadas a países para robarle sus recursos y muchas acciones más.

Sin embargo, el secretario de Estado Mike Pompeo, se da el lujo de enviar una carta al canciller de Cuba, exigiéndole la liberación de un delincuente común al que financian con miles de dólares mensuales, para que realice actos violentos, mientras Estados Unidos mantiene desde hace más de una década a cientos de detenidos en la cárcel de su base naval en la bahía de Guantánamo, sin derecho a visitas familiares, ni a ser juzgados.

Otra de sus violaciones a los derechos humanos es el llamado confinamiento solitario prolongado en las cárceles, hecho denunciado el pasado mes de febrero 2020 en Ginebra, por el relator especial de Naciones Unidas sobre tortura, Nils Melzer, quien lo señaló como una forma de tormento psicológico, de acuerdo con la investigación llevada a cabo sobre el sistema penitenciario del estado de Connecticut.

Dicha investigación arrojó que centros penitenciarios de ese estado ejecutan la tortura física y psicológica de forma sistemática.

El estudio se ejecutó en 2019 por solicitud de la Clínica Lowenstein para los Derechos Humanos, asociada a la Universidad de Yale, comprobandose que los guardias emplean grilletes muy cortos, impidiendo que los presos puedan incorporarse, les aprietan las esposas con tanta fuerza que causan sangramientos en muñecas y tobillos, además de la falta de calefacción en las celdas.

Melzer, detectó la cantidad de abusos que se comenten en el sistema carcelario yanqui de Connecticut, como es la inmovilización de los presos en sus celdas, y los registros a cuerpo desnudo, que induce a creer que es una política oficial predestinada a causar dolor y sufrimiento mental y físico, lo que se califica como una forma de tortura, de la que los medios de prensa de Estados Unidos ni las organizaciones defensoras de los derechos humanos, no dicen una sola palabra.

Como parte de sus campañas sucias contra Cuba, han formado una alharaca para intentar desprestigiar el sistema judicial, en cuanto al juicio del viejo asalariado José Daniel Ferrer, aunque sus mentiras de que era golpeado por los oficiales del órgano de instrucción, fueron desmoronadas con imágenes de las cámaras secretas exhibidas por la TV, que mostraron su autoagresión y los alimentos recibidos durante las visitas familiares.

No obstante, las acusaciones infundadas del fabricado Observatorio Cubano de los Derechos Humanos con sede en España, presidido por una española al servicio de Estados Unidos, el informe anual presentado por la organización Amnistía Internacional, sobre la situación en 2019 de los derechos humanos en la región, no tiene un solo elemento contra Cuba.

A pesar de las cruzadas mediáticas construidas desde hace 60 años contra la Revolución cubana, la Isla muestra estabilidad social, apoyo mayoritario del pueblo al sistema político y económico, y no existe represión policial, asesinatos, desapariciones, torturas y vejaciones, como en Honduras, Ecuador, Bolivia, Haití, Chile, Perú, Colombia, Puerto Rico, México y hasta Estados Unidos por el tratamiento inhumano dado a los inmigrantes, incluida la separación de sus padres a miles de menores de edad, confinados en jaulas como si fuesen animales.

Ante una realidad que no se puede ocultar, Amnistía Internacional reconoció en su informe que “los derechos humanos en gran parte de América Latina se encuentran bajo nuevo ataque, con dirigentes intolerantes y cada vez más autoritarios, que en 2019 recurrieron a tácticas cada vez más violentas para impedir a las personas protestar o buscar seguridad en otros países”. 

Añade el informe:

“Debido a los movimientos de protestas producidos en 2019, las autoridades respondieron por regla general, con tácticas represivas y a menudo cada vez más militarizadas, en lugar de establecer mecanismos para promover el diálogo y abordar los motivos de preocupación de quienes se manifestaban”. 

Cuba no está dentro de esos casos, pues nunca la policía ha actuado de esa forma porque el pueblo apoya las medidas del gobierno y sufre a diario las penurias causadas por la criminal y despiadada guerra económica, comercial y financiera, impuesta desde hace 60 años por Estados Unidos, que pretende fomentar el desencanto y el desaliento de la población, causar hambre y enfermedades para lograr el derrocamiento del sistema socialista.

El documento de Amnistía Internacional denuncia que, en total, al menos 210 personas murieron violentamente en el contexto de protestas en las Américas, y que la región volvió a ser la más peligrosa del mundo para quienes defienden los derechos humanos.

Ninguno de estos casos sucedió en Cuba, a pesar de las falsas denuncias de los asalariados de Estados Unidos que deforman la realidad con inventadas detenciones arbitrarias, que no son más que traslados a las estaciones de la policía ante los desórdenes al orden público causados intencionadamente, siguiendo orientaciones de los yanquis.

Amnistía señala a Colombia como el país más letal para los defensores y defensoras de los derechos humanos, con al menos 106 homicidios, en su mayoría líderes indígenas, negros y campesinos, mientras el conflicto armado interno sigue flagelando al país, pese a los acuerdos de paz.

La realidad es tan fuerte que no se puede tapar y Cuba le demuestra al mundo su seguridad ciudadana y estabilidad social que no tienen muchos países, incluso los del primer mundo.

Por eso mismo José Martí afirmó:

“Hay pocas cosas en el mundo que sean tan odiadas como los hipócritas”.

Un pensamiento en “La hipocresía yanqui.

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