La verdadera cara de Estados Unidos.


Por Arthur González.

Violadores de todos los derechos humanos, invasores de países donde desean implantar sus doctrinas y apoderarse de los principales recursos naturales, asesinos de dirigentes que no se arrodillan ante ellos, maestros en Operaciones Encubiertas para destituir gobiernos que no son de su agrado, excelentes creadores de campañas propagandísticas para hacerle creer al mundo que son los “campeones” de los Derechos Humanos, y carentes de escrúpulos para introducir virus patógenos contra personas, la flora y la fauna en países donde pretenden acabar con su economía, son realmente los Estados Unidos.

No es propaganda anti yanqui, es la historia contada en sus propios documentos que desfachatadamente publican, quizás con la solapada intensión de sembrar pánico entre los que se oponen a sus políticas imperiales.

Nada ha cambiado en doscientos años y una prueba fehaciente son los hechos cometidos por la actual administración que, sin escrúpulos ni ética, su Presidente presionó a un gobernante extranjero para manchar la imagen de un candidato a la presidencia de Estados Unidos, hecho denunciado, pero rechazado por Senadores del partido republicano, haciendo gala de lo que son capaces para lograr sus objetivos.

La historia real de las acciones ejecutadas contra la Revolución cubana desde 1959, demuestran hasta donde son capaces de llegar con tal de eliminar a quienes se le atraviesen en su camino; así consta en sus documentos disponibles para estudiosos de la historia.

En abril de 1959 el Ministro Consejero de su embajada en La Habana y el Jefe de la Estación local de la CIA, enviaron a Washington un plan de influencia política y reclutamiento de altos funcionarios del naciente gobierno cubano, en el cual proponen entre varias medidas:

“Los funcionarios de la embajada y los líderes de la comunidad de negocios americanos, deberán hacer un esfuerzo concertado para desarrollar amigos dentro de los ministerios y agencias del gobierno, tales como el programa agrario, la eliminación de la corrupción, la industrialización, etc.”

“Tratar de aislar a Castro de la influencia comunista alrededor suyo. Podría estimularse una campaña de prensa, la cual enfocaría las luces sobre los comunistas en posiciones de importancia”.

“Denunciar las actividades comunistas locales en la prensa de Cuba, la de Estados Unidos y en el mundo libre”.

“Fortalecer a los elementos anticomunistas existentes en sus esfuerzos contra el comunismo. Los blancos serán:

  • El gobierno, las Fuerzas Armadas, los sindicatos de trabajadores, la prensa y escritores individuales; la radio y la TV, los partidos políticos y los grupos de acción, la iglesia, y los estudiantes”.

“Ampliar grandemente el programa de becas a dirigentes para poder brindar a algunos de los nuevos líderes, un cuadro más preciso de Estados Unidos que el proyectado por los comunistas y los compañeros de ruta. Ayudar a los anticomunistas a obtener visas de Estados Unidos”.

“Funcionarios individuales de la embajada deberán tratar de colocar en las manos de los funcionarios claves de los ministerios, literatura y libros de la USIS (Servicio de Información) sobre el tema del comunismo”. “Extender los esfuerzos de la USIS en las provincias, mediante el establecimiento de un salón de lectura en Santa Clara y mejorar los salones de lectura en Santiago”.

El plan propuesto a solo 4 meses del triunfo revolucionario, fue amplio y abarcador para influir rápidamente sobre la población cubana, satanizar las medidas adoptadas que favorecían a los desposeídos y acusar de comunista a todo lo que oliera a nacionalismo e independencia política y económica de los Estados Unidos.

A fines de ese mismo año 1959, el Jefe de la División del Hemisferio Occidental de la CIA, J. C. King, le propuso al su Director General, Allen Dulles, un conjunto de objetivos y medidas entre ellas:

“El derrocamiento de Fidel Castro en el término de un año y su reemplazo por una Junta que sea del agrado de los Estados Unidos, la cual convocará a elecciones seis meses después de su llegada al poder”.

Ataques de una radio clandestina desde países del Caribe, por parte de un grupo liberal, trabajando estrechamente con nosotros y utilizando a cubanos para las transmisiones”. “Operaciones de interferencia contra la radio y la televisión de Castro, instrumentada desde dentro de la Isla”. “Alentar a grupos opositores a favor de Estados Unidos”.

Para cerrar sus propuestas el alto funcionario de la CIA apuntó:

“Debe dársele una cuidadosa atención a la eliminación de Fidel Castro…Muchas personas bien informadas consideran que la desaparición de Fidel, aceleraría grandemente la caída del gobierno actual”.

A solo once meses del triunfo, aun con relaciones diplomáticas y comerciales plenas, ya la CIA proponía asesinar al máximo líder de la Revolución, porque este asumía posiciones soberanas e independientes, muy diferentes a la de todos los presidentes desde 1902.

El 17 de marzo de 1960, el presidente Dwight Eisenhower le aprobó a la CIA un plan de Acciones Encubiertas, que contempla la creación de la llamada “oposición” a Castro y la preparación de condiciones para la invasión mercenaria, dejándosela conformada a su sucesor J.F. Kennedy, quien tendrá que asumir la responsabilidad de la derrota el 19 de abril 1961.

Una semana antes del desembarco de las fuerzas mercenarias entrenadas por la CIA, con asesores del ejército yanqui, Arthur Schlesinger Jr., Asistente Especial del presidente Kennedy, envió a este un amplio informe con medidas políticas, diplomáticas y económicas con el fin de enfrentar y contrarrestar, en lo posible, la repercusión que internacionalmente tendría esa invasión para Estados Unidos.

En ese memorando se pone de manifiesto la verdadera cara de Estados Unidos y como manipulan a la opinión pública, interna y externa, para no manchar su imagen.

Schlesinger sugiere algunas medidas para distraer la atención hacia otros países y contrapesar las noticias, entre ellas:

¿No podría hacerse algo contra la República Dominicana? ¿No podríamos afirmar, de alguna forma notable, nuestro apoyo a algún gobierno progresista de Latinoamérica como Venezuela? ¿No podríamos hacer algo en África o en Asia que contrarreste la afirmación soviética de que somos imperialistas irreconciliables? ¿No podríamos presentar algo ante la ONU en los próximos días, que nos permita asumir una posición antimperialista pujante?

En cuanto al apoyo a una “Cuba libre”, aseveró:

“Si la invasión triunfa, Estados Unidos asumirá la responsabilidad total de la Cuba posterior a Castro. El mundo pondrá sus ojos en Cuba como nunca…Si el régimen posterior comienza por prestar atención a los dueños de las propiedades confiscadas y a los inversionistas extranjeros, si echa a la gente corriente de las playas y de los hoteles, si trata de dar marcha atrás en lo tocante a las condiciones sociales y económicas, éstos serían elementos que fundamentarían la afirmación soviética, de que lo que perseguían los estadounidenses era poner a Cuba una vez más en manos del capitalismo estadounidense”.

[…] Debemos ponernos a pensar ya, en un hombre lo suficiente astuto, agresivo e influyente, que viaje a La Habana como embajador de los Estados Unidos y garantice que el nuevo régimen emprenda una vía socialmente progresista”. […] Otro grupo de economistas debe elaborar un plan perspectivo de desarrollo para Cuba, que sirva de guía al gobierno posterior a Castro”.

Es la vieja forma de actuar para encubrir su participación y los objetivos de sus intervenciones en otros países. Cuba volvería a sus brazos, tal y como ellos afirman, por eso no admitirán jamás un gobierno libre e independiente no aceptable para ellos, gobierne un demócrata o un republicano.

No por gusto alertó José Martí:

“Impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.

La OEA al servicio de los Estados Unidos.


Por Arthur González.

Cuando Cuba calificó a la Organización de Estados Americanos, OEA, como un ministerio de colonias yanquis, lo hizo con las evidencias de que Estados Unidos manipulaba a su conveniencia las resoluciones que se aprobaban en dicho organismo, siempre para respaldar su injerencia en los asuntos internos de los países latinoamericanos.

Lo que el mundo observa hoy en la OEA es lo mismo que siempre hicieron, aunque hay que reconocer que en estos tiempos lo hacen de forma abierta y descarnada, de ahí que Washington respalde totalmente a Luis Almagro, viejo agente de la CIA desde los años 70, cuando lo reclutaron para conocer los planes políticos que se diseñaban en Uruguay, por parte de José Mujica.

Almagro fue elegido en 2015 como Secretario General, a partir de las presiones ejercidas por el Departamento de Estado yanqui, sobre los dos candidatos a ese cargo, el ex vicepresidente guatemalteco Eduardo Stein y el jurista peruano Diego García-Sayán, quienes retiraron sus candidaturas.

Lo que hace la OEA contra Venezuela en estos tiempos es copia de lo ejecutado contra Cuba desde 1960, cuando Washington desplegó una serie de medidas para ahogar a la naciente Revolución cubana, que mostraba su camino de independencia y soberanía, separada de la sumisión mostrada por anteriores gobiernos desde 1902.

Valiosos documentos oficiales yanquis, desclasificados y publicados, dan cuenta de cómo Estados Unidos maneja a su antojo a la OEA, algo que realmente asombra a los más incrédulos, por la forma tan dictatorial empleada para presionar a los países miembros.

Un informe redactado por Robert A. Stevenson, de la reunión presidida por el Secretario de Estado, el 27 de junio de 1960, para debatir las cuestiones relacionadas con el Programa de Presiones Económicas contra Cuba, ilustra lo antes expuesto.

Al presentar las posibles acciones para ahogar la economía de la naciente Revolución, Gordon Gray, Asistente especial del presidente Dwight Eisenhower para Asuntos de la Seguridad Nacional, preguntó si no había ninguna duda respecto a lo que pudiéramos decir ante la OEA en privado y lo que debíamos decir ahora en público.

Ante la inquietud del Secretario del Tesoro, Robert B. Anderson, si Roy Rubottom, Secretario Ayudante del Departamento de Estado, creía que el gobierno de Estados Unidos podría lograr el apoyo de la OEA a las medidas contra Cuba y al este decirle que no, el Secretario de Estado, John Foster Dulles, expresó: “Estamos de acuerdo en eso, porque el apoyo de la OEA no es seguro para realizar una operación conjunta contra Cuba”.

En ese sentido, el Secretario de Estado planteó:

“Si Estados Unidos lo solicita y no lo obtiene, la OEA volará más alto que un papalote”.

Por su parte el Secretario del Tesoro apuntó:

“En caso de fracasar, algunos de nuestros amigos en la OEA, no solo serán expulsados de sus cargos, sino que algunos serán eliminados como resultado de esa maniobra”

En 1962 después de derrotada la invasión mercenaria organizada por la CIA y financiada por el gobierno de Estados Unidos, el presidente J.F. Kennedy aprobó nuevas y más amplias medidas para derrocar a la Revolución, entre ellas algunas para justificar una invasión con las fuerzas regulares del ejército yanqui.

Dentro del conjunto de acciones diplomáticas se le asignó al Departamento de Estado, concentrar sus esfuerzos para actuar sobre los participantes en la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, que iniciaba sus trabajos el 22 de enero 1962, con el propósito de buscar el respaldo mayoritario a las resoluciones que se presentarían para condenar a Cuba y la aislarla del resto del Hemisferio.

En esas acciones se le asignó a la CIA y a la Agencia de Información de Estados Unidos, USIA, la tarea de organizar en los países de América Latina, demostraciones públicas en apoyo a las decisiones tomadas en la OEA y campañas psicológicas en los medios masivos de comunicación para darle un mayor respaldo y crear el clima necesario, con la finalidad de que las masas condenaran a la Revolución cubana.

Así mismo apuntaron:

“La mayor tarea para nuestra hábil diplomacia es alentar a los líderes latinoamericanos a desarrollar operaciones independientes similares a este Proyecto, buscando una rebelión interna del pueblo cubano contra el régimen comunista”.

Es lo mismo que hacen hoy contra la República Bolivariana de Venezuela, en complicidad de la Unión Europea y países serviles a Estados Unidos.

Nada ha cambiado desde esa época, porque la esencia de la política yanqui contra la Revolución radica en lo expresado en 1961 por el General Maxwell D. Taylor, en aquel entonces Presidente del Grupo de Estudios sobre Cuba, hasta junio de ese año, al analizar las causas de la derrota en Bahía de Cochinos:

“Tenemos la impresión general de que no puede haber convivencia a largo plazo con Fidel Castro como vecino. Su continuada presencia en la comunidad hemisférica, como un exponente peligrosamente efectivo del comunismo y el antinorteamericanismo, constituye una amenaza real capaz de derrocar, con el tiempo, a los gobiernos electos en una o más repúblicas de América Latina” …

“Es recomendable que la situación cubana se reevalúe a la luz de todos los factores actualmente conocidos y se proporcione una nueva guía para la acción política, militar, económica y propagandística contra Castro”.

A diferencia de esas posiciones, que no admiten reconocer y aceptar la soberanía de Cuba a solo 90 millas de sus costas, la expuso el 27 de enero de 1960 el entonces presidente de la República de Cuba, Osvaldo Dorticós Torrado, en nota de respuesta a declaraciones del presidente Eisenhower, cuando le explicó la posición cubana, la misma que se mantiene hasta nuestros días:

“Nuestro gobierno declara que, en el pleno ejercicio de su soberanía, no concebirá ni admitiría política de intervención alguna. Las diferencias de opinión que pueden existir entre ambos gobiernos, como sujetos a negociaciones diplomáticas, pueden resolverse, efectivamente, mediante tales negociaciones.

El gobierno de Cuba está en la mejor disposición para discutir tales reservas y con absoluta amplitud todas las diferencias, y declara expresamente, que entiende que no existen obstáculos de clase alguna que impidan la realización de esas negociaciones, a través de cualquiera de los medios e instrumentos tradicionales adecuados a ese fin, sobre la base del respeto mutuo y reciproco beneficio, con el gobierno y el pueblo de los Estados Unidos.

Desea el gobierno de Cuba mantener e incrementar las relaciones diplomáticas y económicas, que sobre esa base es indestructible la amistad tradicional de los pueblos cubanos y norteamericano”.

La vida demuestra que Estados Unidos persiste en su principio de no aceptar en Cuba un gobierno que no se arrodille ante ellos y por eso no hay arreglos, porque para el pueblo cubano, como dijo José Martí:

“La independencia es condición de esencia de la vida”

 

 


Donald Trump y Mike Pompeo repiten la historia de fracasos.

 Por Arthur González.

 

 

 

 

 

 

Resulta evidente que ni el presidente de Estados Unidos ni su actual secretario de Estado, repasan la historia de su actuación contra Cuba en los últimos 60 años, pues de hacerlo se percatarían que está llena de fracasos. Por ignorancia, insisten en una política que lejos de crear descontento en el pueblo cubano y culpar a la Revolución de sus penurias, incrementan el rechazo hacia Estados Unidos y sus actos imperiales para apoderarse de la Isla.

Martí expuso con su habitual brillantez: “La historia no es cera que se moldea en manos caprichosas”, por eso es importante recordarles a ambos funcionarios yanquis, que lo que ahora hacen contra Cuba y Venezuela, ya lo hicieron en 1960 el presidente Dwight Eisenhower y el director de la CIA, Allen Dulles, sin obtener ningún resultado.

Cuando en abril del 2019 Trump comenzó a imponer sanciones a embarcaciones relacionadas al transporte de petróleo hacia Cuba y a las agencias aseguradoras, para ahogar la economía cubana, no hizo más que copiar los planes de Eisenhower y Dulles, quienes en 1959 tomaron la decisión de hacer lo mismo.

¿No conocerán Trump y Pompeo que la primera medida contra la Revolución fue anular los créditos comerciales para las importaciones cubanas? Con aquella acción pretendían impedir los nuevos programas de desarrollo económico y social, pero nada de eso cambió el rumbo del proceso cubano.

¿Se olvidaron que el 6 de julio de 1960 Estados Unidos suspendió la cuota azucarera que compraban a Cuba, y además cortaron los envíos de petróleo y la negativa de procesar en sus refinerías el crudo procedente de la URSS?

Aquellos actos de la naciente guerra económica, no impidieron el desarrollo que comenzaba a experimentar la Isla.

En esos primeros años del triunfo, las acciones se incrementaron y Washington decidió eliminar todas las exportaciones de sus productos a Cuba, incluidas las piezas de repuesto para una industria totalmente dependiente de Estados Unidos, con el fin de arrodillar al nuevo gobierno, pero tampoco obtuvieron nada.

Importantes documentos desclasificados prueban las malsanas intenciones que perseguía el gobierno yanqui, como es el memorando del 27 de junio de 1960, que versa sobre la reunión efectuada para analizar “Cuestiones relacionadas con el programa de presiones económicas contra Castro”.

Dicha reunión estuvo presidida por el secretario de Estado, con la participación de varios de sus sub secretarios, el secretario de Defensa, el sub secretario de Agricultura, dos representantes de la Casa Blanca y por la CIA el sub director General Charles P. Cabell y el Coronel J.C King, Jefe de la División del Hemisferio Occidental.

La lista de temas a debatir fue presentada por el representante de la Casa Blanca, Gordon Gray, el cual afirmó que el presidente autorizó el 17 de marzo de ese 1960, el programa de Acciones Encubiertas (presentado por la CIA), para el establecimiento de presiones contra Castro.

Al preguntarle el secretario de Estado al General Cabell, de cómo estaban las cosas por Cuba, el sub secretario de la CIA respondió:

“Por ahora no parece que el gobierno de Castro este bajo ninguna presión económica grave y de hecho es necesario imponer presiones económicas concertadas”.

Con total cinismo añadió el Coronel J. King:

“Cada vez hay más temor en la población cubana de que los Estados Unidos realicen una acción como la aquí propuesta, pero se sentirá aliviada, y se puede proporcionar un importante apoyo moral y material a la creciente oposición interna en Cuba”.

Pensamiento idéntico al de Mike Pompeo, quien afirma que las sanciones a Cuba van en apoyo del pueblo, evidencia de que la actual estrategia yanqui es copia de lo que hicieron desde 1960.

En aquella reunión se lanzó la propuesta de aplicarle a Cuba la Ley de Comercio con el Enemigo, para congelar todo el comercio entre Cuba y Estados Unidos, lo que hicieron unos meses después y aún mantienen.

El secretario de Estado expuso que: “mientras más rápido se apliquen las sanciones mejor será”, y añadió:

“Los cubanos tienen problemas en este momento con su situación petrolera y nosotros no debemos demorar el seguimiento a eso”.

Posterior a la derrota aplastante sufrida con su invasión por Bahía de Cochinos, en abril de 1960, el presidente J.F. Kennedy organizó dentro del Consejo de Seguridad, un Grupo Especial Ampliado para aprobar nuevas acciones que dieran al traste con la Revolución cubana.

Fue así como nació la Operación Magosta el 18 de febrero de 1962, en la cual se aprobaron medidas diplomáticas para condenar a Cuba y aislarla del resto del Hemisferio, otras acciones para el sabotaje a los buques de petróleo hacia la Isla y la contaminación del petróleo, aceites y lubricantes por parte de la CIA.

La guerra económica tiene en esa Operación un papel protagónico con 13 medidas, entre ellas presiones a México y Canadá para cortar el comercio con la Isla; aplicar el Acta de Producción para la Defensa de 1950, prohibiendo el empleo de buques estadounidenses en el comercio con Cuba; la inclusión en las medidas a los buques arrendados por Cuba y de los países socialistas, los que serían hostigados negándoles la entrada en los puertos estadounidenses; influir en las corporaciones estadounidenses con subsidiarias fuera del país, para que se sumaran al espíritu de las sanciones económicas.

Así mismo, fueron aprobadas otras acciones como que la CIA provocara el fracaso de las cosechas de alimentos en Cuba; convencer a las naciones miembros de la OTAN, a dar los pasos para aislar a Cuba de Occidente; presionar a Japón para que hiciera lo mismo, y medidas ideadas por la CIA para lograr la interrupción del suministro del níquel cubano a la Unión Soviética.

Pasados 60 años los yanquis insisten en continuar con una estrategia que nunca les ha dado resultados, pero con su acostumbrada prepotencia, no cambian para no reconocer tantos fracasos, de ahí que el actual secretario de Estado Mike Pompeo, expresara hace pocos días:

“Estamos haciendo todo lo posible para negar al régimen venezolano los recursos y las capacidades para continuar imponiendo la tiranía al pueblo venezolano y tratando de apoyar el movimiento democrático venezolano junto con todos nuestros aliados en la región”.

“Estados Unidos también ha llevado a cabo una campaña de máxima presión en contra del gobierno de Cuba, por el apoyo que los funcionarios estadounidenses creen que las autoridades cubanas están ofreciéndole a Maduro, mediante servicios de inteligencia y seguridad”.

“Nuestra misión es hacer lo mejor posible y no lesionar al pueblo cubano; de hecho, es todo lo contrario, crear un espacio donde exista una oportunidad para la democracia y la libertad”.

Como dice el viejo proverbio, “Perro huevero, aunque el quemen el hocico”, siguen desgastándose e incrementando el repudio popular, algo que no pueden cambiar porque los cubanos aprendieron a leer, escribir y analizar las situaciones que los afectan, convencidos de quien es el máximo responsable de sus escaseces.

Por eso afirmó José Martí:

“La culpa no es excusada ni por el mismo que de ella se aprovecha”

 

 

 

 

Más mentiras de Rosa María Payá.


Por Arthur González.

Tal parece que Rosa María Payá Acevedo intenta competir con el actual presidente de Estados Unidos, para ver quién de los dos dice más mentiras.

De acuerdo con lo publicado por el diario The Washington Post, Donald Trump desde que asumió la presidencia ha dicho 16 mil 241 mentiras, algo que Rosa María pretende igualar, pues en su reciente visita a Bolivia, para entrevistarse con la presidenta golpista, Jeanine Áñez, expelió una sarta de mentiras como si las personas fueran estúpidas, olvidándose, “la sabionda de pacotillas”, que más rápido se detecta a un mentiroso que a un cojo.

En esa visita la susodicha aseguró a una periodista cubana que “ella vive en Cuba y salió de la Isla hacia dos semanas”.

Falso, ella salió de Cuba hace años con una visa del programa de refugiados políticos, otorgada por diplomáticos yaquis en La Habana, como un canje para que ella y su madre, Ofelia Acevedo, comenzaran una campaña de que su padre, Oswaldo Payá Sardiñas, murió en el accidente automovilístico “provocado por las autoridades cubanas” y no por conducir el español Ángel Carromero, a exceso de velocidad.

Rosa María es residente permanente en Miami junto a su madre y dos hermanos, donde acumulan una ayuda económica del gobierno de Estados Unidos, de por vida, por ser refugiados.

Sin embargo, también tiene residencia en La Habana donde posee una vivienda propiedad de su padre y, al acogerse a la nueva regulación migratoria cubana, puede estar hasta 24 meses fuera del país, sin perder derechos en la Isla.

Ella aseguró que “el gobierno cubano reprime”, pero entra y sale de La Habana sin nuca haber sido detenida ni sancionada, a pesar de trabajar para Estados Unidos y hacer campañas contra el gobierno cubano, tal y como le exigen los políticos de Miami quienes sufragan sus viajes por el mundo para desprestigiar a su país.

Otra de sus falacias fue cuando le dijo a la periodista: “pregúntale al pueblo de Cuba lo que quiere, como es no tener que pedir permisos para viajar”.

Y si los cubanos tienen que pedir permiso para viajar, ¿Cómo ella sale tanto del país? ¿A quién le pide a permiso para sus viajes?

Los cubanos no tienen que solicitar permiso para visitar otros países, pero sí tienen que sufrir la humillación en los consulados extranjeros, cuando intentan obtener un visado, entre ellos para viajar a los Estados Unidos, donde tienen que pagar previamente 136 dólares, y un 80 % de los solicitantes son denegados.

¿Por qué no le pide al presidente Trump que vuelva a abrir el consulado en La Habana y evitar de esa forma que aquellos cubanos que deseen visitar a sus familiares o emigrar a Estados Unidos por el programa de reunificación familiar, tengan que viajar a un tercer país a solicitar la visa, con un incremento de gastos en pasajes, hospedaje, traslados en taxis y regreso a la Habana, desde donde deben pagar otro pasaje a Miami?

La Oficina de Asuntos Consulares del Departamento de Estado afirma que, en 2019, más de 20 mil solicitudes del Programa de Reunificación de familias cubanas, se encuentran estancadas tras la escalada de las tensiones diplomáticas. De eso no dijo una sola palabra, no está en el guion que le han dado los mafiosos de Miami.

En su cadena de mentiras dijo: “la última vez que salí de Cuba fue para asistir a la Cumbre de las Américas y solo llevo dos semanas fuera del país”.

¿Pensará que vivimos en la era de las cavernas donde Internet no existía? Cualquiera persona en el mundo puede comprobar que reside en Miami, asiste a foros internacionales, reuniones con la mafia terrorista anticubana y tiene más horas de vuelo que una azafata de América Air Line.

Si realmente vive en La Habana, ¿de dónde proviene el financiamiento para sus viajes a Europa y a Latinoamérica, si ella no trabaja? Por supuesto que de una parte de los 30 millones de dólares aprobados por la Casa Blanca para las acciones subversivas contra Cuba.

¿Cómo justifica que sea recibida por la presidenta golpista de Bolivia, el Parlamento Europeo, por el nuevo presidente de Uruguay, o en la OEA, cuando según afirma, es una cubana residente en La Habana y no tiene trabajo? Entonces, ¿por qué merece ese tratamiento?

Si los cubanos llevan 60 años sin derechos, ¿cómo ella y sus dos hermanos estudiaron en la Universidad de La Habana, a pesar de ser hijos de un contrarrevolucionario financiado por Estados Unidos?

Si no hay derechos, ¿cómo se explica que ella pudiera presentar una carta en la Asamblea Nacional de Cuba, donde solicitaba cambios en la Carta Magna?

Entre otras mentiras aprendidas en su libreto expresó: “consúltenle a los cubanos que quieren, si un cambio de sistema y tener pluripartidismo”.

Tal parece que Rosa María no conoció del referendo popular efectuado en 2019, donde la gran mayoría de los cubanos aprobaron la nueva Constitución de la República, algo que no sucede en Estados Unidos que tiene una desde el siglo XIX, ni en otros países del mundo donde la Ley de Leyes permanece inamovible y si se cambia no se le consulta al pueblo.

También en su gastada letanía afirmó: “los cubanos deben tener la capacidad de que nadie hable por ellos”, pero ella misma se contradice, porque en Miami le crearon una organización contrarrevolucionaria denominada Cuba Decide, obviando que quienes realmente deciden en Cuba son precisamente los cubanos que trabajan, estudian y resisten la guerra económica, comercial y financiera más larga de la historia, impuesta por Estados Unidos con el propósito de matar por hambre y enfermedades a once millones de cubanos, que decidieron luchar por mantener la soberanía alcanzada, para no convertirse en títeres de los yanquis como ella.

Rosa María sigue las mismas instrucciones emitidas por la CIA y la Agencia de Información de Estados Unidos, USIA, en su programa de 1960, dirigido a preparar a la opinión pública y gubernamental de America Latina, para apoyar a Estados Unidos en sus acciones contra Cuba.

A engañar a otros con sus cuentos, que ni convencen ni pueden empañar la realidad de Cuba, esa que tanto escozor causa a los gobernantes de Estados Unidos, desde que en 1958 comprendieron que el ejército rebelde, encabezado por Fidel Castro, tenía la victoria asegurada.

Ella, como quienes le antecedieron, van directo al basurero de la historia, pues como aseguró José Martí:

“Nada falso es duradero ni útil”

 

La pesadilla que no deja dormir a Donald Trump.


Por Arthur González.

Los indomables pueblos de Cuba y Venezuela se han convertido en la pesadilla que no deja dormir al presidente de los Estados Unidos y toda su caterva de políticos que viven del dinero que les aporta la guerra ideológica contra ambos países.

Cuba rebelde por naturaleza y más aún después de 1959, es castigada con una guerra económica, comercial, financiera y biológica para intentar doblegarla, sin lograrlo.

Desde la llegada a la Casa Blanca, Trump abrazó la vieja y fracasa política anticubana esgrimida por la mafia terrorista de Miami, a los que se sumaron venezolanos refugiados en la Florida, a la espera de ver caer la Revolución Bolivariana, que al igual que Cuba resiste los embates de guerras similares.

Al no obtener los resultados prometidos por sus asesores y políticos anticubanos, Trump aprueba medidas disparatas y sanciones inhumanas con el deseo de matar por hambre y enfermedades a los dos pueblos, esos que le quitan el sueño.

Contra Venezuela emplean desde los golpes militares, el secuestro del presidente Hugo Chávez, la formación de una contrarrevolución interna financiada y entrenada por especialistas en temas subversivos de la USAID y la NED, hasta el desarrollo de las etapas concebidas por el ideólogo Gene Sharp, en su guerra de baja intensidad, pretendiendo repetir en América Latina los triunfos alcanzados en las llamadas “Revoluciones de colores” y la “Primavera Árabe”.

Ante tantos reveses decidieron aplicar más sanciones económicas y financieras, bajo el manido pretexto de que “Cuba es quien sostiene al gobierno venezolano” y este a su vez, “mantiene la estabilidad económica de la Isla por el petróleo que intercambia por servicios de Salud”.

Mentiras disparatadas salen a diario de la mente enferma del presidente yanqui, una de esas 16 mil 241 que ha dicho desde que ocupó la Sala Oval, según afirma el diario The Washington Post.

Si ese diario asegura que Trump dice 14 mentiras, exageraciones o declaraciones engañosas diariamente, ¿por qué dar como cierto que Cuba posee un ejército de oficiales de inteligencia en Venezuela, o que redes de Hezbollah apoyadas por Irán, accionan en territorio venezolano, como alegó el secretario de Estado, Mike Pompeo, el pasado 20 de enero en Colombia?

Todo es parte del mismo plan para satanizar a dos países que no aceptan arrodillarse ante Washington y, ahora acuden al terror para justificar ante la opinión pública mundial nuevas sanciones.

En su desesperación, Pompeo convocó al Títere Juan Guaidó, a Colombia, para explicarle los próximos planes, ante el rotundo fracaso desde que se auto proclamó presidente en una calle de Caracas y más recientemente cuando varias facciones de la oposición decidieron dejarlo sin el cargo de presidente de la Asamblea Nacional en desacato, algo que rompió con los planes trazados por Estados Unidos.

Consternado por la falta de apoyo popular que tiene Guaidó, unido a la división de la oposición interna, Pompeo y los especialistas de CIA, ya no saben qué más hacer para derrocar a Nicolás Maduro, por eso convocaron el 20 de enero 2020, la reunión en Bogotá con varios ministros de la región, ordenándole al presidente Iván Duque crear las condiciones, donde conformarán la mentira de que “Venezuela ha recibido de redes del grupo terrorista Hezbollah”.

Prueba del desconcierto que tienen los yanquis ante la resistencia de Maduro y, por tanto, pretenden crear las bases para una posible intervención militar con apoyo de la OEA, algo idéntico a lo diseñado contra Cuba en 1962.

Ante la cruda realidad que vive Colombia, donde el gobierno de Duque asesinó en el 2010 a 120 líderes sociales de comunidades campesinas, a los que se suman otros 20 en la primera quince del presente enero 2020, Pompeo no dice una sola palabra para condenarlo, a pesar de ser una realidad constatada por Naciones Unidas.

La ONU asegura que los asesinatos de defensores de los derechos humanos en Colombia, aumentaron en casi un 50 por ciento en comparación con 2018, pero ese tema no es de interés de Washington porque Duque es uno de sus lacayos más fieles y no un rebelde como Maduro o el gobierno cubano.

La desfachatez de los yanquis llega a tal punto, que obligaron al español Josep Borrell, de la Unión Europea, a recibir el día 22 de enero, al Títere Guaidó como presidente “legitimo” de Venezuela, algo que también hicieron con su aliado incondicional del Reino Unido, el primer ministro británico Boris Johnson y el ministro de Exteriores, Dominic Raab, quienes lo recibieron el 21 de enero, bajo la promesa de un tratado de comercio, una vez que abandonen la Unión Europea el próximo 31 de enero.

El chantaje mafioso y las amenazas son las bases de la política exterior de Estados Unidos y es así como países poderosos y con una aparente política independiente, se ven presionados por los yanquis, no quedándoles otra oposición que incluir al Títere como orador, de última hora, en el Foro Económico Mundial de Davos.

Después se autodefinen “democráticos y libres”, cuando no son más que una caterva de subordinados a las exigencias yanquis, ante el temor de ser sancionados con nuevos aranceles a sus exportaciones.

Independientes y soberanos son Cuba y Venezuela que tienen el coraje de decirle las verdades a la cara y la valiente resistencia ante las constantes sanciones que les imponen los yanquis.

Por eso no soporten la luz que emanan ambos pueblos, que encandilan los ojos de esa serpiente venenosa que son los Estados Unidos, país que, sí es una amenaza en este hemisferio al tener decenas de bases militares dispuestas a invadir y asesinar a civiles inocentes, como han consumado durante todo el siglo XX.

Ni Cuba, Venezuela o Nicaragua invaden a otros países, no imponen guerras económicas, comerciales y financieras a nadie, ni financian grupos contra gobiernos elegidos en América Latina, a diferencia de los Estados Unidos que no respetan la dignidad y los derechos de los pueblos, y solo trabajan por destruir multilateralismo en el mundo.

Los yanquis, mediante sus organizaciones USAID y la NED pantallas de la CIA, reparten millones de dólares anuales para desestabilizar países que tienen gobiernos no aceptables para ellos, tal y como hacen contra Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Argentina y en otros más, según programas publicados en los sitios oficiales de ambas organizaciones, y afirmado recientemente por Elliott Abrams, agente especial yanqui para desestabilizar a Venezuela.

Si algún gobierno del mundo osa ejecutar acciones similares para ayudar a los desposeídos en Estados Unidos y los de origen latino y africano, la invasión no demoraría un mes y sería barrido de la tierra, algo que solo pueden hacer los yanquis creídos que son enviados de Dios.

El gobierno de Nicolás Maduro ha demostrado madurez política, sabiduría e inteligencia para afrontar las provocaciones del Títere Guaidó y no caer en trampas perfiladas por los yanquis.

La vida se ha encargado de desmoronar la imagen de cartón creada desde Washington, exponiendo al ridículo a los 50 países que bajo presiones lo reconocieron hace un año, enfangándose en el lodo made in USA, mientras Cuba y Venezuela despliegan sus banderas soberanas con mayoritario apoyo popular.

Sabio José Martí al afirmar:

“Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres”