Las frustraciones de Mara Tekach, Encargada de Negocios yanquis.


Por Arthur González.

La Encargada de Negocios de Estados Unidos en Cuba, Mara Tekach, sufre la frustración de no ser nombrada embajadora por la oposición de los congresistas anticubanos, pero a esa se le suma otra, como la de tener que comprobar que la Revolución cubana cumple 61 años, a pesar de los planes terroristas ejecutados por su gobierno, la fabricación de una contrarrevolución que nunca ha contado con el apoyo popular, y la guerra económica, comercial, financiera y biológica, que jamás han alcanzado sus propósitos.

La amargura de la señora Tekach se incrementa en estos días, al constatar la unidad y resistencia de los cubanos ante la andanada de sanciones aplicadas por la actual administración del presidente Donald Trump, medidas que lejos de hacerle creer al pueblo que sus penurias son culpa del socialismo, incrementan el rechazo a los yanquis por su crueldad contra el pueblo de Cuba, al pretender convertir la Isla en un campo de concentración, como intentó hacer el General español Valeriano Weyler en 1896.

En Cuba se sabe que “En tiempos difíciles, debemos tener presentes nuestros éxitos, ver nuestra brillante perspectiva y aumentar nuestro coraje”, como sabiamente aseguro el líder chino Mao Tse Tung.

61 años de castigos, por haber decidido ser soberanos e independientes de la bota del Gigante de las 7 leguas, no han doblegado la voluntad de millones de cubanas y cubanos, algo que llena de odio y rabia a los dirigentes yanquis, porque se percatan que gastan miles de millones de dólares sin alcanzar, con sus campañas de mentiras y acciones subversivas, retrotraer a Cuba al pasado oprobioso pleno de desigualdades en el que sumieron al pueblo.

Mara llegó a La Habana con el sueño de ver caer el socialismo, igual al que tuvieron sus antecesores, como el jefe de la entonces Sección de Intereses, James Cason, quien desplegó numerosas provocaciones similares a las que ella realiza, pero saldrá de Cuba igualmente fracasada sin haber logrado que la expulsaran, algo que para ella sería una salida “victoriosa” y la convertiría en una “víctima del socialismo cubano”.

Tanto esfuerzo ha realizado la Encargada de Negocios para lograr que el gobierno cubano tome represalias contra ella, que en su desespero escribe nuevos insultos en las redes sociales, como el más reciente publicado, donde afirmó:

“Sigo muy preocupada por los más de 100 presos políticos en Cuba, el daño que pudiera ocurrirles y la falta de un debido proceso. Como representante de los Estados Unidos en Cuba, continuaré abogando por un gobierno responsable para el pueblo cubano, que no quiere más que libertad y prosperidad”.

Mentiras y más mentiras en su cruzada mediática dictada por el Departamento de Estado, quien sabe perfectamente que en Cuba no hay presos de conciencia, sino asalariados que solo actúan por el dinero que reciben proveniente de los 20 millones de dólares, aprobados por la Casa Blanca para subvertir el orden interno en la Isla.

Si Mara estuviera tan “preocupada”, debería exigirle al presidente Trump que dejara libre a los miles de emigrantes latinoamericanos que tiene en cárceles inhumanas, a los niños separados de sus padres que muchos nunca los volverán a ver, ante la falta de control de los lugares a donde fueron enviados, sin documentos filiales.

¿Por qué no se preocupa por los chilenos que pierden la vida, la vista y son detenidos de forma arbitraria por la policía de ese país, por solo reclamar el derecho a una vida más justa y prospera?

¿No siente preocupación por los bolivianos asesinados durante el golpe militar gestado por la CIA, los detenidos sin justificación y las violaciones de la Convención de Viena que hace el gobierno de facto contra las embajadas de México y España?

¿Y por lo que sucede en Colombia, donde asesinan semanalmente a varios líderes sociales y se reprime salvajemente al pueblo, no siente preocupación?

¿Habrá tenido preocupación algún día por los negros detenidos injustamente en su país, donde solo por el color de la piel los encarcelan y matan?

¿Y por los 42 millones de estadounidenses que viven en el nivel de pobreza y por los millones de sus coterráneos que no tienen seguro médico, y los niños sin recibir las vacunas que previenen enfermedades, ante la falta de dinero para pagarlas?

¿No siente preocupación por todo eso la representante de la política más despreciable del mundo actual?

A otro con ese cuento, porque en Cuba la Revolución enseñó a leer y a escribir a todos sus ciudadanos, quienes conocen bien la historia de los Estados Unidos y su afán imperial por apoderarse de las tierras latinoamericanas, de sus riquezas naturales y la participación directa que han tenido en las invasiones, golpes de estado, asesinatos y torturas a todos los que se oponen a sus doctrinas.

El máximo violador de los derechos de la humanidad es Estados Unidos; por tanto, a dar lecciones de “libertad” a otra parte, porque en Cuba como dijo José Martí:

“Saber leer es saber andar y saber escribir es saber ascender”