Resultados de reunión en Miami a la que pretendían viajar algunos contrarrevolucionarios cubanos.  


Por Arthur González.

Para que nadie se deje engañar y se conozca la verdad del plan que perseguía la reunión “Pasos de Cambio”, efectuada el 25 de octubre 2019, en la llamada Torre de la libertad en Miami, basta con reseñar lo expuesto en la misma por el viejo agente CIA Luis Almagro, Secretario General de la OEA.

El fiel servidor de los yanquis expresó ante miembros de organizaciones contrarrevolucionarias: “Es necesario ratificar la llamada -hoja de ruta- para derrocar el sistema socialista de Cuba e instaurar nuevamente el capitalismo”.

Parece que olvidó que el capitalismo nunca resolvió las desigualdades de la sociedad cubana, ni el desempleo, el analfabetismo, la medicina y la educación, la discriminación racial y de la mujer, como tampoco le procuró una vida adecuada al campesinado de la Isla, ni ha podido solucionar tales problemas en la mayoría de los pueblos de América Latina y del mundo.

Almagro, siguiendo instrucciones de la Casa Blanca y la CIA, repitió textualmente las palabras del presidente Donald Trump y del ex director de la CIA, Mike Pompeo, de que “el socialismo cubano es la peor enfermedad del continente”, como si el neoliberalismo made in USA, impuesto en Argentina, Colombia, Honduras, Guatemala, Chile y Ecuador, fueran la medicina salvadora del hambre y la explotación de los obreros y campesinos de Latinoamérica.

En dicha reunión, a la que estaban convocados varios contrarrevolucionarios residentes en Cuba, para recibir entrenamiento en subversión, miembros de la mafia terrorista de Miami y sus seguidores, solicitaron a la OEA: “tomar medidas contra Cuba, similares a las que esa organización pretende aplicar contra Venezuela, a partir de la activación del TIAR”, o sea, medidas de corte militar como una posible invasión por los ejércitos de Estados Unidos y de otros países miembros de dicho Tratado.

Rosa María Paya Acevedo, “ahijada” del senador Marco Rubio, señaló: “Estamos celebrando la unidad de propósito que nos une para lograr el cambio en Cuba y comprometernos con acciones concretas para lograr ese cambio”.

Por su parte, el congresista Mario Díaz-Balart “agradeció el apoyo de la administración del presidente Donald Trump” y Carrie Filipetti, subsecretaria de Estado adjunta para Cuba y Venezuela, quien estudia para ser bombera, aseguró: “los exiliados cubanos cuentan con el apoyo de Estados Unidos. “La política de Estados Unidos es muy clara: simplemente queremos un retorno de Cuba a la democracia”.

En su intervención la susodicha subsecretaria de Estados explicó las nuevas sanciones impuestas por el presidente Trump, relacionadas a la prohibición del arrendamiento de aeronaves a Cuba, siempre que tuvieran más del 10 % de componentes estadounidenses, más la cancelación de los vuelos directos a 9 aeropuertos en provincias, manteniendo el permiso solo al de La Habana.

Respecto a esas nuevas sanciones Carrie Filipetti apuntó:

“No podemos priorizar las oportunidades comerciales sobre los valores morales. Vamos a continuar incrementando las sanciones contra el régimen de los Castro y no vamos a permitir que el dinero de los contribuyentes vaya al gobierno cubano”.

El secretario de Estado Mike Pompeo horas antes había declarado a la prensa:

“La suspensión de vuelos a nueve aeropuertos de la Isla, envía un mensaje claro al gobierno cubano, de que Estados Unidos está tomando medidas firmes en respuesta a la represión continua del régimen contra su pueblo y su apoyo a Nicolás Maduro”.

Cabecillas de organizaciones contra Cuba en Miami, entre ellos el terrorista Ramón Saúl Sánchez y Sylvia Iriondo, manifestaron su “respaldo a toda acción que suponga acorralar a quienes gobiernan en Cuba hace 60 años y ayudar al pueblo cubano”.

Paralelamente, Mario Díaz-Balart, en su cuenta Twitter escribió: “Alabo que la administración de Trump esté tomando medidas firmes y sin precedentes contra las dictaduras de Castro y Maduro. Poner fin a esos vuelos y cortar otra fuente de ingresos al régimen, es otro paso importante para apoyar al pueblo cubano”.

Recientemente en España fueron sancionados por el delito de sedición, doce líderes que votaron a favor de la independencia de Cataluña. Sin embargo, en Estados Unidos se reúnen abiertamente con cubanos para conspirar contra el sistema constitucional de la Isla, donde los contrarrevolucionarios solicita a un Estado extranjero reforzar las medidas de guerra económica y financiera para estrangular al pueblo, le piden a la OEA la intervención militar, y después arman un gran alboroto por la prohibición de salida del país de 15 asalariados que pretendían participar en esa sedición, para ser entrenados en acciones subversivas que atenten contra la estabilidad interna de Cuba.

60 años de pesadillas no le han permitido, a esa mafia, consolidar el sueño de retrotraer al pasado a un pueblo que tiene estirpe mambisa, y que ni los horribles campos de concentración instaurados por el Capitán General Valeriano Weyler, lograron rendirlo por hambre y enfermedades.

Por tanto, ahora sabiendo leer, escribir, sumar, restar y con la experiencia de las victorias logradas en más de medio siglo, cubanos y cubanas saben cómo defender a su patria de las garras del imperio más rapaz de la historia, porque como bien expresó José Martí:

“La manada de cebras rebeldes no podrá convertirse en rebaño de mansas ovejas”

 

 

Insiste Estados Unidos en organizar y preparar grupos contra la Revolución cubana.


Por Arthur González.

No hay policias ni represion contra ellos.

No hay policias ni represion contra ellos

A pesar del descalabro que sufren desde hace 60 años, los Estados Unidos persisten en crear una contrarrevolución en Cuba, con el sueño de derrocar el sistema socialista que tanta irritación les causa.

Fue el presidente Dwight Eisenhower quien ordenó a la CIA fabricar grupos de “oposición” para acabar con la naciente Revolución cubana y quedó plasmado en el 1er Programa de Acciones Encubiertas, aprobado el 17 de marzo de 1960, donde se afirma:

 

Crear una oposición cubana responsable, atractiva y unificada contra al régimen de Castro, que se declare públicamente como tal” […] “Se debe seleccionar a un líder, con apoyo norteamericano concentrado sobre él y fortalecido con la tarea a realizar” […] “Todas las acciones acometidas por la CIA, en apoyo o en nombre del Consejo de la Oposición, se presentarán, por supuesto, como actividades de esa entidad”.

Así nacieron los grupúsculos y así continúan, a pesar de que jamás han contado con apoyo popular; por eso es que surgen y desaparecen con la misma rapidez.

En su desespero para lograrlo y gastar los 20 millones aprobados por la Casa Blanca para la subversión contra Cuba, pretenden sacar de la Isla a los más recientes contrarrevolucionarios para entrenarlos en Estados Unidos, donde tienen especialistas en guerras no convencionales, subversión política y actividades de desobediencia civil, como denominan a los desórdenes públicos que ellos en su país no admiten y reprimen brutalmente.

Por ese motivo organizan una inventado reunión denominada Pasos de Cambio, donde aspiraban a preparar a los contrarrevolucionarios cubanos, bajo la cobertura de ser parte de la sociedad civil; pero siempre la mentira sale a relucir, pues en dicha reunión estará presente el viejo agente CIA, Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos, junto a parte de la mafia terrorista anticubana de Miami y por supuesto especialistas de la Agencia Central de Inteligencia, para estudiar a los participantes y detectar posibles agentes de la Seguridad del Estado de Cuba.

15 miembros de los grupúsculos recibieron la invitación y las visas yanquis, evidentemente en La Habana, con una facilidad asombrosa, porque a las familias cubanas para la reunificación se les obstaculiza de forma notable y tienen que viajar a un tercer país para recibirlas.

Para no dejar dudas a lo que iban, solo hay que señalar que las clases de preparación las recibirían en la llamada en la Torre de la Libertad de Miami, donde debían ratificar su apoyo al llamado Acuerdo por la Democracia en Cuba y denunciar la “ilegitimidad” del nuevo gobierno presidido por Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

El referido Acuerdo por la Democracia en Cuba es un nuevo invento generado por la mafia terrorista de Miami, que no acepta sus fracasos de más de medio siglo y quiere seguir viviendo con parte de los millones de dólares que anualmente asigna el gobierno yanqui, en su guerra contra Cuba.

Ante ese hecho violatorio del derecho internacional y de injerencia en los asuntos internos de otro estado, el 24 de octubre 2019, las autoridades cubanas tomaron la decisión soberana de no permitir la salida de los 15 contrarrevolucionarios, algo que Estados Unidos tampoco admitiría si conociera que 15 estadounidenses pensaran viajar a Cuba, con el fin de recibir entrenamiento para luchar contra la segregación racial o la liberación de Puerto Rico. Antes del viaje seguro los detendrían por sedición, como hizo España con los independentistas catalanes.

Como prueba de que el viaje es parte de los planes yanquis contra Cuba, la desprestigiada Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ha pedido explicaciones al gobierno cubano por “el uso de la salida del país como herramienta de castigo contra ciudadanos contestatarios”, algo que se contrapone al silencio cómplice que hicieron, ante las graves violaciones de los derechos humanos cometidas por los presidentes Lenin Moreno de Ecuador y Sebastián Piñera de Chile, donde los muertos, heridos, desaparecidos y detenidos arbitrariamente, no reciben apoyo de ninguno de esos organismos.

Cuba se defiende de las agresiones de Estados Unidos y toma las medidas que entienda necesarias, pero ninguno de esos asalariados fue detenido, desaparecido o asesinado como sucede en Colombia, Guatemala, Honduras, Ecuador y Chile, solo por ser opositores al gobierno, situación que no recibe condenas de la OEA, la Comisión de Derechos Humanos, la Sociedad Interamericana de Derechos Humanos y otras construidas para atacar gobiernos no aceptables para los yaquis.

Ausencia de moral tienen los que acusan a Cuba, la que tiene que defenderse de los planes de guerra económica y financiera, operaciones especiales para ejecutar actos terroristas y hasta de invasiones mercenarias, las que sueñan con eliminar la soberanía de su pueblo alcanzada a sangre y fuego, porque como afirmó José Martí:

“La libertad cuesta muy cara y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio”.

 

 

El capitalismo, único cáncer en la economía mundial.


Por Arthur González.

Millones de dólares se emplean diariamente para hacer creer que el socialismo no brinda beneficios a los pueblos y solo el capitalismo es sinónimo de prosperidad y progreso, pero esos ideólogos ocultan la triste realidad en que viven millones de seres humanos en el mundo, bajo regímenes capitalistas que jamás han conocido el socialismo.

Realmente las cifran son escalofriantes, pero los medios hacen silencio de ellas o las suavizan, culpando a gobernantes y no al propio sistema.

Datos oficiales de 2019, indican que uno de cada cinco ciudadanos residentes dentro de la Unión Europea, está en riesgo de caer en niveles de pobreza o de exclusión social.

Son más de 109 millones de personas bajo economías totalmente capitalistas quienes sufren esa situación; ejemplo de ello es España, que ocupa el séptimo lugar en la lista de los siete países más críticos de la Unión Europea, pero de eso ni una sola línea escribe el llamado Observatorio Cubano de Derechos Humanos, con sede en Madrid, presidido por Elena Larrinaga, ex europarlamentaria, asalariada de Estados Unidos para atacar a Cuba.

Tampoco habla al respecto el congresista republicano, Mario Díaz-Balart, quien acaba de declarar que “el comunismo es como un cáncer” y lo responsabiliza por las protestas populares registradas en las últimas semanas en Ecuador y Chile.

¿Pensarán esos lacayos de los yanquis, que los pueblos son estúpidos?

En Latinoamérica hay mucha pobreza, pero también sobra la inteligencia para identificar donde están las raíces de los problemas que padecen.

Los datos de organismos mundiales de la economía no engañan y afirman que, uno de cada diecisiete ciudadanos de la Unión Europea sufre graves carencias materiales, sus condiciones de vida están limitadas ante la falta de recursos y, por tanto, les impide llegar a fin de mes con liquidez para sufragar los gastos de alimentación, calefacción y disfrutar de una semana de vacaciones con la familia, ante el elevado costo de la vida.

Díaz Balart parece que no sabe que en Chile hay una sociedad con mucha desigualdad, la clase media ha llegado a niveles de ingresos muy bajos, el sistema de educación es malo y con altos precios, entorpeciendo el desarrollo de la juventud.

El llamado “Oasis” que decía tener el presidente Sebastián Piñera, está fragmentado por la disparidad de la sociedad y una juventud que se cansó de reclamar más espacio y mejoras de su calidad de vida, ante las constantes alzas de los servicios de salud, electricidad y el agua.

Chile ocupa el noveno lugar de un total de 56 países en el mundo que poseen el transporte público más caro y para muchos núcleos familiares el pago del mismo representa hasta el 30% del salario mensual.

Su sistema de pensiones por jubilación tiene pagos inferiores al salario mínimo, además de un mercado inmobiliario con precios tan altos que resulta casi imposible de acceder para una parte considerable de la población. El endeudamiento que asumen hoy las familias chilenas, las condena a un constante agobio para pagar los créditos, sin tener a cambio beneficios sociales.

Nada de eso es responsabilidad del socialismo, sino de un capitalismo que incrementa el consumo desmedido, para establecer competencias de la clase media con la clase alta, a pesar de las graves consecuencias económicas que conlleva para cada familia.

Las manifestaciones estudiantiles no son nuevas, llevan muchos años reclamando una educación pública, gratuita y de más calidad, al igual que aquellas que exigen la eliminación del sistema de pensiones establecido por la dictadura de Augusto Pinochet.

En Ecuador, el presidente Lenin Moreno se plegó totalmente a las exigencias del FMI y arrastró a su pueblo a una ola de alza de costos en la vida cotidiana, muy diferente a la vivida durante la administración de Rafael Correa. Ninguna de esas medidas fueron responsabilidad del sistema socialista como quieren hacerle creer a las masas.

El socialismo tiene programas sociales de salud, educación, seguridad social, desarrollo sostenible y bienestar de los pueblos que irritan a Washington y por eso le impone sanciones económicas, comerciales y financieras para impedir su desarrollo.

Los yanquis no cesan de entorpecer el socialismo y las guerras económicas contra Cuba y Venezuela son un vivo ejemplo. Venezuela trabaja por elevar los niveles de vida de su población como ningún otro gobierno en un siglo, sin embargo, la sancionan, le cortan el comercio de su petróleo y la atacan con actos terroristas para hacerla colapsar.

Cuba resiste 60 años de guerra económica, comercial, financiera y biológica, con un estoicismo que pasará a la historia. No hay país en el mundo al que Estados Unidos le haya ejecutado más planes de terrorismo económico, como el sufrido por los cubanos.

Ejemplo indiscutible, aunque desconocido por muchos, es el programa de “Política encubierta y programa integrado de acciones propuestas hacia Cuba”, elaborado por la CIA, que contempla medidas para impedir el desarrollo de su economía a través de los sabotajes a la industria, la generación de energía eléctrica, producción de alimentos y bienes materiales para satisfacer las necesidades del pueblo, unido a un intenso diseño de propaganda encubierta, para producir un clima psicológico contra el sistema socialista.

Sobre esto la CIA asegura en sus documentos desclasificados:

“El principal objetivo de los programas encubiertos contra Castro es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y el mundo libre…  Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de Guerra Económica”.

A pesar de esa guerra despiadada, Cuba muestra índices sociales en salud, educación, cultura, derechos para la mujer, los discapacitados y los niños, muy superiores al resto de los países capitalistas.

Los datos de la CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, exponen la triste realidad del capitalismo en la región, donde en los últimos cinco años se sumaron a la pobreza extrema 17 millones de personas, para alcanzar hoy un total de 63 millones de latinoamericanos en esa situación, como consecuencia del sistema capitalista.

Las explosiones sociales que se observan en estos días, son consecuencias de los recortes del gasto social que afectan a las familias más vulnerables, como padecen Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Colombia, Guatemala, Honduras, Panamá y Salvador, entre otros, que se ven empujados a emigrar hacia Estados Unidos.

El capitalismo en Argentina presenta un realidad difícil y cruel, que no es responsabilidad del socialismo. Hoy el 32% de los argentinos es pobre, para un incremento del 6,3% con respecto al pasado año. En un año, 2,7 millones de sus ciudadanos cayeron por debajo de la línea de pobreza y de ellos más de 800 mil viven en la indigencia.

En Brasil, en solo dos años 6,2 millones de personas se convirtieron en pobres y no fue por causa del socialismo.

El cáncer de los pueblos es el capitalismo salvaje y despiadado donde el ser humano es la última carta de la baraja.

Las protestas actuales solo son responsabilidad de los presidentes serviles a las políticas neoliberales, esos que no saben que José Martí afirmó:

“Ignoran los déspotas que el pueblo, la masa adolorida, es el verdadero jefe de las revoluciones”

La ceguera política de los que condenan a Cuba y Venezuela.


Por Arthur González.

Personajes funestos como el agente CIA Luis Almagro, adoptan posiciones que evidencian la ceguera política que los afecta, en su obsesión enfermiza contra Cuba y Venezuela.

Cuando salió del closet, dándose a conocer como traidor de sus propias ideas de izquierda, Almagro tuvo que seguir las orientaciones de sus jefes, pero ya de forma pública, y atacar todo lo que oliera a socialismo en la región. De ahí que fuese seleccionado para dirigir la desprestigiada OEA, con el fin de condenar a Venezuela y a Cuba, a pesar de que esta última no forma parte de ese llamado “Ministerio de colonias yanquis”.

No queriendo reconocer que el proceso revolucionario venezolano es auténtico y cuenta con el apoyo mayoritario de sus ciudadanos, debido a los incuestionables logros sociales alcanzados desde que Hugo Chávez ganó las elecciones por primera vez, Estados Unidos fabrica campañas de prensa para hacerle creer al mundo que Nicolás Maduro es un “incapaz y el pueblo no lo apoya”.

Le aplican la misma receta que a Cuba: la guerra económica, comercial y financiera, en intento desesperado por evitar la satisfacción de las necesidades del pueblo, y después culpar al gobierno de mala gestión y de que el sistema socialista es “un desastre” que solo trae penurias.

A pesar de los actos terroristas contra las instalaciones de generación eléctrica; manifestaciones públicas pagadas por la NED y la USAID desde la embajada yanqui; el robo de activos y las finanzas venezolanas en el exterior; sanciones económicas; presiones a países aliados para que no comercien con Venezuela;  la construcción de un presidente auto nombrado en una avenida de Caracas; las amenazas a quienes en la Unión Europea no lo reconocieran y las instrucciones a la OEA para que le dieran respaldo a ese títere, la Revolución Bolivariana de Venezuela se mantiene inalterable y el pueblo reconoce que Estados Unidos es el verdadero responsable de sus carencias.

No obstante, Luis Almagro, instruido por los yanquis, declara que el apoyo de los colaboradores cubanos en el área de la Salud, educación, cultura y agricultura urbana, es el sostén del gobierno de Maduro, pues sin ellos ya la Revolución hubiese sido derrotada, craso error de ceguera política al no querer admitir el apoyo popular con que cuenta el gobierno bolivariano.

Cuan diferente es la situación que viven Argentina, Colombia, Ecuador, Chile y Honduras con protestas verdaderamente populares y no fabricadas por los yanquis, contra los gobiernos neoliberales que aplican medidas económicas impuestas por el FMI.

Las represiones salvajes contra los manifestantes en las calles de Quito, Santiago de Chile y de Buenos Aires, no se observan ni en Cuba y menos en Venezuela.

Los pueblos se cansan de tanta explotación, desigualdad social y pérdida del nivel de vida, pero no por una guerra económica y financiera impuesta desde Estados Unidos, sino por el mal manejo de la economía de un sistema capitalista, donde el ser humano es el último eslabón de la cadena, pues el enriquecimiento de las clases pudientes es lo primordial.

Las políticas económicas de ajustes impuestas por el FMI, hacen que en esos países capitalistas se incremente la pobreza, el desempleo, suban los precios, los costos de salud y educación, reclamos ahora exigidos por los ciudadanos, sin temor a las salvajes represiones del ejército que golpea brutalmente, incluso hasta los periodistas, lanzando gases lacrimógenos y chorros de agua, disparan balas de goma, matan, hieren y detienen arbitrariamente.

Ninguna de esas represiones al mejor estilo de las dictaduras latinoamericanas del siglo XX, han sido condenadas por el Parlamento Europeo, la Alta Representante del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, los múltiples organismos de derechos humanos que se la pasan acusando a Cuba y a Venezuela, el Grupo de Lima, la OEA, Freedon House, la Sociedad Interamericana de Prensa, y menos aún el Departamento de Estado, quien observa con pavor como se les va de las manos la derecha que impusieron en América Latina, en su intento por aplastar a la izquierda.

Luis Ignacio Lula fue encarcelado injustamente para impedir su postulación, Cristina Fernández y Rafael Correa, son acusados de corruptos para que no puedan volver a gobernar en Argentina y Ecuador; contra Evo Morales las cruzadas mediáticas y la repartición de millones de dólares a la oposición, pretenden confundir para restarle apoyo popular, pero los pueblos ya no pueden ser más engañados, el sufrimiento causado por el capitalismo es cada día mayor y la gente se agota de ver a los gobernantes atesorar, mientras la miseria y la desprotección aumenta.

Hoy la pobreza crece en el mundo bajo el sistema capitalista, incluido en los Estados Unidos, donde son más de 40 millones los pobres, sin seguros médicos ni protección alguna. A pesar de eso, el presidente Donald Trump arremete contra el socialismo y sanciona criminalmente a los pueblos cubano, venezolano y nicaragüense, quienes resisten estoicamente porque saben lo que sufrirían de instaurarse el capitalismo salvaje, como lo definió su Santidad Juan Pablo II, quien vivió en su natal Polonia los dos sistemas y pudo sacar conclusiones.

Las calles de Venezuela y de Cuba no tiene que ser patrulladas por Comandos de Operaciones del Ejército, como se constata hoy en Chile, donde para reprimir al pueblo han sacado de los cuarteles a cientos de miles de soldados y cadetes, declarar un toque de queda para prohibir el repudio popular al gobierno capitalista de Sebastián Piñera.

Vergüenza debería darle a Washington por apoyar esa represión, al igual que a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que, como Michelle Bachelet, solo han declarado tibiamente que “siguen con preocupación las protestas”, pero no hay una resolución de condena como hicieron rápidamente cuando las Guarimbas organizadas por la oposición venezolana, a pesar de aquellos actos terroristas, donde incluso quemaron vivos a varios simpatizantes de Maduro.

Hasta la fecha, no hay una sola reclamación de esos organismos por las miles de detenciones arbitrarias, ejecutadas en Ecuador y Chile, contra los ciudadanos que protestan hartos de tan desigualdad en esas sociedades, el sistema de pensiones, el alto costo de la salud, el deficiente sistema público de educación y los bajos salarios en relación con el costo de la vida, como sí muestran ante las inventadas detenciones temporales en Cuba, de elementos contrarrevolucionarios fabricados y financiados por Estados Unidos, que intentan alterar el orden público.

Por eso hay que tener presente a José Martí cuando dijo:

“Los pueblos no se rebelan contra las causas  naturales de su malestar, sino contra las que nacen de algún desequilibrio o injusticia”.

Las enseñanzas de la democracia europea.


Por Arthur González

Al conocer las sanciones aplicadas por el Tribunal Supremo español, en el juicio del procés contra doce líderes independentistas catalanes, solo cabe preguntarse: Qué enseñanzas democráticas le brinda Europa a Cuba cuando le exigen: disponer de instituciones estables que garanticen la democracia, el Estado de derecho, los derechos humanos y el respeto a las minorías”.

A Cuba y a Venezuela la condenan porque, según Estados Unidos, el Parlamento Europeo y el Observatorio Cubano de Derechos Humanos con sede en Madrid y dirigido por una española, “no cumplen con los requisitos de democracia de cualquier país europeo”.

Sin embargo, las recientes sanciones impuestas a los líderes independentistas catalanes, son una prueba de las violaciones de los derechos a la libre determinación de las minorías, discriminación por razones políticas y el uso excesivo y arbitrario de la fuerza contra ciudadanos que muestran su descontento y desean su independencia.

Pero el silencio cómplice marca la diferencia del tratamiento a este caso, que viola los derechos de quienes votaron libremente a favor de independizarse de España. A estos opositores, los persiguieron, solicitaron su detención a otros estados, e incluso la deportación para ser juzgados y sancionados.

Los delitos aplicados son por sedición y malversación, algo insostenible porque todas sus solicitudes fueron en las urnas, gústele o no a una parte de los españoles, pues lo hicieron acorde a sus leyes.

Sobre aquellos que se encuentran hoy en otros países, el Tribunal Supremo dictará órdenes para que se les deporte hacia España, no reconociéndoseles su condición de disidentes políticos.

Bien diferente es la conducta con la que España asume el tratamiento a los cubanos que, creados y financiados por Estados Unidos, intentan desestabilizar a la Revolución.  A esos les acoge en su embajada en La Habana, les da fácilmente visas para visitar España y hacer campañas contra Cuba, incluso se les denominan “opositores al gobierno”, desconociendo el carácter mercenario y la ausencia de apoyo popular.

Muchos de esos lacayos al servicio de los yanquis han sido acogidos por España, como fue el caso del llamado grupo 75, donde la iglesia católica cubana medió para que salieran de Cuba, pero para el asombro de muchos, al llegar a la península ibérica, se les cambió el calificativo de “disidentes”, con el que se le llamaba mientras estaban en la Isla, por el de revoltosos, algo que siempre han sido siguiendo instrucciones de la misión diplomática estadounidense, con el fin de crear desórdenes públicos y llamar la atención de la prensa extranjera al servicio de ellos.

¿Pedirle a Estados Unidos que mantenga la guerra económica, comercial y financiera contra todo un país, no es acaso un delito de sedición?

¿Declararse partidarios de una invasión del ejército yanqui a Cuba, no es un delito de sedición?

¿Servir por dinero a una potencia extranjera como Estados Unidos, para derrocar al sistema político, económico y social de Cuba, no es sedición?

¿Aceptaría España que Cuba acogiera en su territorio a organizaciones catalanas que exigen su independencia?

¿Y por qué el gobierno español, basado en una supuesta democracia, permite que organizaciones contrarrevolucionarias se radiquen, trabajen, hagan campañas políticas y conspiren contra el estado cubano, como son el Observatorio Cubano de Derechos Humanos presidido por Elena Larrinaga, organizadora de actividades con elementos de los grupúsculos contrarrevolucionarios residentes en Cuba, y el Movimiento Cristiano de Liberación, entre otras organizaciones anticubanas?

La propia Elena Larrinaga, a nombre de la organización contra Cuba denominada Observatorio Cubano de Derechos Humanos, en 2017 envió una carta a la Alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini, donde le sugirió incluir en el Acuerdo con el gobierno de Cuba, aspectos como: “la proscripción de la discriminación por razones políticas; un cronograma de ratificación de los Pactos internacionales de los que La Habana es firmante; la inclusión de la sociedad civil en el diálogo político; un mecanismo alternativo de denuncias ciudadanas y asegurar la libertad para entrar y salir de la Isla”.

Esa posición es una evidente acción política contra otro Estado desde el territorio español y una injerencia en los asuntos internos de Cuba, además de falsar la realidad que viven los cubanos.

Elena Larrinaga sigue instrucciones de Estados Unidos, e incluso dinero para sostener esas acciones anticubanas, visualizarlas entre la sociedad española, con el fin de difamar y tergiversar la realidad de un país que construyen día a día lo que la guerra económica, comercial y financiera intenta destruir.

¿Por qué ante la situación que viven los catalanes no asume la misma conducta?

Ningún gobierno ni partido político español, toleraría que Cuba o Venezuela, aceptaran que una organización catalana independentista hiciera algo similar.

La prensa de Cuba no habla en contra del gobierno de España, ni hace campañas contra las violaciones de derechos humanos, de manifestación, contra los arrestos injustificados que ejecuta la policía sobre españoles que exigen derechos laborales, la independencia de Cataluña, u otros reclamos políticos, económicos y sociales. Tampoco critica el tratamiento a las minorías étnicas y a los inmigrantes africanos.

España es un socio comercial importante para Cuba y sus inversiones económicas representan ganancias para ambos países, por eso se oponen a las sanciones contra sus empresarios, pero políticamente asume posiciones bien diferente, cuando en la península hay mucha tela sucia por donde cortar, como la amplia corrupción que mancha a las más altas posiciones políticas, la represión brutal contra los que exponen públicamente sus reclamos y los cientos de detenciones arbitrarias, cosas de las que en nada pueden darle lecciones de democracia a los cubanos.

Por eso a Cuba no le amedrentan las denuncias basadas en mentiras fabricadas por Estados Unidos, sigue la lucha por mantener su soberanía y resiste con estoicismo múltiples presiones, pues como aseguró José Martí:

“Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”.