Resultados de reunión en Miami a la que pretendían viajar algunos contrarrevolucionarios cubanos.  


Por Arthur González.

Para que nadie se deje engañar y se conozca la verdad del plan que perseguía la reunión “Pasos de Cambio”, efectuada el 25 de octubre 2019, en la llamada Torre de la libertad en Miami, basta con reseñar lo expuesto en la misma por el viejo agente CIA Luis Almagro, Secretario General de la OEA.

El fiel servidor de los yanquis expresó ante miembros de organizaciones contrarrevolucionarias: “Es necesario ratificar la llamada -hoja de ruta- para derrocar el sistema socialista de Cuba e instaurar nuevamente el capitalismo”.

Parece que olvidó que el capitalismo nunca resolvió las desigualdades de la sociedad cubana, ni el desempleo, el analfabetismo, la medicina y la educación, la discriminación racial y de la mujer, como tampoco le procuró una vida adecuada al campesinado de la Isla, ni ha podido solucionar tales problemas en la mayoría de los pueblos de América Latina y del mundo.

Almagro, siguiendo instrucciones de la Casa Blanca y la CIA, repitió textualmente las palabras del presidente Donald Trump y del ex director de la CIA, Mike Pompeo, de que “el socialismo cubano es la peor enfermedad del continente”, como si el neoliberalismo made in USA, impuesto en Argentina, Colombia, Honduras, Guatemala, Chile y Ecuador, fueran la medicina salvadora del hambre y la explotación de los obreros y campesinos de Latinoamérica.

En dicha reunión, a la que estaban convocados varios contrarrevolucionarios residentes en Cuba, para recibir entrenamiento en subversión, miembros de la mafia terrorista de Miami y sus seguidores, solicitaron a la OEA: “tomar medidas contra Cuba, similares a las que esa organización pretende aplicar contra Venezuela, a partir de la activación del TIAR”, o sea, medidas de corte militar como una posible invasión por los ejércitos de Estados Unidos y de otros países miembros de dicho Tratado.

Rosa María Paya Acevedo, “ahijada” del senador Marco Rubio, señaló: “Estamos celebrando la unidad de propósito que nos une para lograr el cambio en Cuba y comprometernos con acciones concretas para lograr ese cambio”.

Por su parte, el congresista Mario Díaz-Balart “agradeció el apoyo de la administración del presidente Donald Trump” y Carrie Filipetti, subsecretaria de Estado adjunta para Cuba y Venezuela, quien estudia para ser bombera, aseguró: “los exiliados cubanos cuentan con el apoyo de Estados Unidos. “La política de Estados Unidos es muy clara: simplemente queremos un retorno de Cuba a la democracia”.

En su intervención la susodicha subsecretaria de Estados explicó las nuevas sanciones impuestas por el presidente Trump, relacionadas a la prohibición del arrendamiento de aeronaves a Cuba, siempre que tuvieran más del 10 % de componentes estadounidenses, más la cancelación de los vuelos directos a 9 aeropuertos en provincias, manteniendo el permiso solo al de La Habana.

Respecto a esas nuevas sanciones Carrie Filipetti apuntó:

“No podemos priorizar las oportunidades comerciales sobre los valores morales. Vamos a continuar incrementando las sanciones contra el régimen de los Castro y no vamos a permitir que el dinero de los contribuyentes vaya al gobierno cubano”.

El secretario de Estado Mike Pompeo horas antes había declarado a la prensa:

“La suspensión de vuelos a nueve aeropuertos de la Isla, envía un mensaje claro al gobierno cubano, de que Estados Unidos está tomando medidas firmes en respuesta a la represión continua del régimen contra su pueblo y su apoyo a Nicolás Maduro”.

Cabecillas de organizaciones contra Cuba en Miami, entre ellos el terrorista Ramón Saúl Sánchez y Sylvia Iriondo, manifestaron su “respaldo a toda acción que suponga acorralar a quienes gobiernan en Cuba hace 60 años y ayudar al pueblo cubano”.

Paralelamente, Mario Díaz-Balart, en su cuenta Twitter escribió: “Alabo que la administración de Trump esté tomando medidas firmes y sin precedentes contra las dictaduras de Castro y Maduro. Poner fin a esos vuelos y cortar otra fuente de ingresos al régimen, es otro paso importante para apoyar al pueblo cubano”.

Recientemente en España fueron sancionados por el delito de sedición, doce líderes que votaron a favor de la independencia de Cataluña. Sin embargo, en Estados Unidos se reúnen abiertamente con cubanos para conspirar contra el sistema constitucional de la Isla, donde los contrarrevolucionarios solicita a un Estado extranjero reforzar las medidas de guerra económica y financiera para estrangular al pueblo, le piden a la OEA la intervención militar, y después arman un gran alboroto por la prohibición de salida del país de 15 asalariados que pretendían participar en esa sedición, para ser entrenados en acciones subversivas que atenten contra la estabilidad interna de Cuba.

60 años de pesadillas no le han permitido, a esa mafia, consolidar el sueño de retrotraer al pasado a un pueblo que tiene estirpe mambisa, y que ni los horribles campos de concentración instaurados por el Capitán General Valeriano Weyler, lograron rendirlo por hambre y enfermedades.

Por tanto, ahora sabiendo leer, escribir, sumar, restar y con la experiencia de las victorias logradas en más de medio siglo, cubanos y cubanas saben cómo defender a su patria de las garras del imperio más rapaz de la historia, porque como bien expresó José Martí:

“La manada de cebras rebeldes no podrá convertirse en rebaño de mansas ovejas”

 

 

Insiste Estados Unidos en organizar y preparar grupos contra la Revolución cubana.


Por Arthur González.

No hay policias ni represion contra ellos.

No hay policias ni represion contra ellos

A pesar del descalabro que sufren desde hace 60 años, los Estados Unidos persisten en crear una contrarrevolución en Cuba, con el sueño de derrocar el sistema socialista que tanta irritación les causa.

Fue el presidente Dwight Eisenhower quien ordenó a la CIA fabricar grupos de “oposición” para acabar con la naciente Revolución cubana y quedó plasmado en el 1er Programa de Acciones Encubiertas, aprobado el 17 de marzo de 1960, donde se afirma:

 

Crear una oposición cubana responsable, atractiva y unificada contra al régimen de Castro, que se declare públicamente como tal” […] “Se debe seleccionar a un líder, con apoyo norteamericano concentrado sobre él y fortalecido con la tarea a realizar” […] “Todas las acciones acometidas por la CIA, en apoyo o en nombre del Consejo de la Oposición, se presentarán, por supuesto, como actividades de esa entidad”.

Así nacieron los grupúsculos y así continúan, a pesar de que jamás han contado con apoyo popular; por eso es que surgen y desaparecen con la misma rapidez.

En su desespero para lograrlo y gastar los 20 millones aprobados por la Casa Blanca para la subversión contra Cuba, pretenden sacar de la Isla a los más recientes contrarrevolucionarios para entrenarlos en Estados Unidos, donde tienen especialistas en guerras no convencionales, subversión política y actividades de desobediencia civil, como denominan a los desórdenes públicos que ellos en su país no admiten y reprimen brutalmente.

Por ese motivo organizan una inventado reunión denominada Pasos de Cambio, donde aspiraban a preparar a los contrarrevolucionarios cubanos, bajo la cobertura de ser parte de la sociedad civil; pero siempre la mentira sale a relucir, pues en dicha reunión estará presente el viejo agente CIA, Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos, junto a parte de la mafia terrorista anticubana de Miami y por supuesto especialistas de la Agencia Central de Inteligencia, para estudiar a los participantes y detectar posibles agentes de la Seguridad del Estado de Cuba.

15 miembros de los grupúsculos recibieron la invitación y las visas yanquis, evidentemente en La Habana, con una facilidad asombrosa, porque a las familias cubanas para la reunificación se les obstaculiza de forma notable y tienen que viajar a un tercer país para recibirlas.

Para no dejar dudas a lo que iban, solo hay que señalar que las clases de preparación las recibirían en la llamada en la Torre de la Libertad de Miami, donde debían ratificar su apoyo al llamado Acuerdo por la Democracia en Cuba y denunciar la “ilegitimidad” del nuevo gobierno presidido por Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

El referido Acuerdo por la Democracia en Cuba es un nuevo invento generado por la mafia terrorista de Miami, que no acepta sus fracasos de más de medio siglo y quiere seguir viviendo con parte de los millones de dólares que anualmente asigna el gobierno yanqui, en su guerra contra Cuba.

Ante ese hecho violatorio del derecho internacional y de injerencia en los asuntos internos de otro estado, el 24 de octubre 2019, las autoridades cubanas tomaron la decisión soberana de no permitir la salida de los 15 contrarrevolucionarios, algo que Estados Unidos tampoco admitiría si conociera que 15 estadounidenses pensaran viajar a Cuba, con el fin de recibir entrenamiento para luchar contra la segregación racial o la liberación de Puerto Rico. Antes del viaje seguro los detendrían por sedición, como hizo España con los independentistas catalanes.

Como prueba de que el viaje es parte de los planes yanquis contra Cuba, la desprestigiada Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ha pedido explicaciones al gobierno cubano por “el uso de la salida del país como herramienta de castigo contra ciudadanos contestatarios”, algo que se contrapone al silencio cómplice que hicieron, ante las graves violaciones de los derechos humanos cometidas por los presidentes Lenin Moreno de Ecuador y Sebastián Piñera de Chile, donde los muertos, heridos, desaparecidos y detenidos arbitrariamente, no reciben apoyo de ninguno de esos organismos.

Cuba se defiende de las agresiones de Estados Unidos y toma las medidas que entienda necesarias, pero ninguno de esos asalariados fue detenido, desaparecido o asesinado como sucede en Colombia, Guatemala, Honduras, Ecuador y Chile, solo por ser opositores al gobierno, situación que no recibe condenas de la OEA, la Comisión de Derechos Humanos, la Sociedad Interamericana de Derechos Humanos y otras construidas para atacar gobiernos no aceptables para los yaquis.

Ausencia de moral tienen los que acusan a Cuba, la que tiene que defenderse de los planes de guerra económica y financiera, operaciones especiales para ejecutar actos terroristas y hasta de invasiones mercenarias, las que sueñan con eliminar la soberanía de su pueblo alcanzada a sangre y fuego, porque como afirmó José Martí:

“La libertad cuesta muy cara y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio”.

 

 

El capitalismo, único cáncer en la economía mundial.


Por Arthur González.

Millones de dólares se emplean diariamente para hacer creer que el socialismo no brinda beneficios a los pueblos y solo el capitalismo es sinónimo de prosperidad y progreso, pero esos ideólogos ocultan la triste realidad en que viven millones de seres humanos en el mundo, bajo regímenes capitalistas que jamás han conocido el socialismo.

Realmente las cifran son escalofriantes, pero los medios hacen silencio de ellas o las suavizan, culpando a gobernantes y no al propio sistema.

Datos oficiales de 2019, indican que uno de cada cinco ciudadanos residentes dentro de la Unión Europea, está en riesgo de caer en niveles de pobreza o de exclusión social.

Son más de 109 millones de personas bajo economías totalmente capitalistas quienes sufren esa situación; ejemplo de ello es España, que ocupa el séptimo lugar en la lista de los siete países más críticos de la Unión Europea, pero de eso ni una sola línea escribe el llamado Observatorio Cubano de Derechos Humanos, con sede en Madrid, presidido por Elena Larrinaga, ex europarlamentaria, asalariada de Estados Unidos para atacar a Cuba.

Tampoco habla al respecto el congresista republicano, Mario Díaz-Balart, quien acaba de declarar que “el comunismo es como un cáncer” y lo responsabiliza por las protestas populares registradas en las últimas semanas en Ecuador y Chile.

¿Pensarán esos lacayos de los yanquis, que los pueblos son estúpidos?

En Latinoamérica hay mucha pobreza, pero también sobra la inteligencia para identificar donde están las raíces de los problemas que padecen.

Los datos de organismos mundiales de la economía no engañan y afirman que, uno de cada diecisiete ciudadanos de la Unión Europea sufre graves carencias materiales, sus condiciones de vida están limitadas ante la falta de recursos y, por tanto, les impide llegar a fin de mes con liquidez para sufragar los gastos de alimentación, calefacción y disfrutar de una semana de vacaciones con la familia, ante el elevado costo de la vida.

Díaz Balart parece que no sabe que en Chile hay una sociedad con mucha desigualdad, la clase media ha llegado a niveles de ingresos muy bajos, el sistema de educación es malo y con altos precios, entorpeciendo el desarrollo de la juventud.

El llamado “Oasis” que decía tener el presidente Sebastián Piñera, está fragmentado por la disparidad de la sociedad y una juventud que se cansó de reclamar más espacio y mejoras de su calidad de vida, ante las constantes alzas de los servicios de salud, electricidad y el agua.

Chile ocupa el noveno lugar de un total de 56 países en el mundo que poseen el transporte público más caro y para muchos núcleos familiares el pago del mismo representa hasta el 30% del salario mensual.

Su sistema de pensiones por jubilación tiene pagos inferiores al salario mínimo, además de un mercado inmobiliario con precios tan altos que resulta casi imposible de acceder para una parte considerable de la población. El endeudamiento que asumen hoy las familias chilenas, las condena a un constante agobio para pagar los créditos, sin tener a cambio beneficios sociales.

Nada de eso es responsabilidad del socialismo, sino de un capitalismo que incrementa el consumo desmedido, para establecer competencias de la clase media con la clase alta, a pesar de las graves consecuencias económicas que conlleva para cada familia.

Las manifestaciones estudiantiles no son nuevas, llevan muchos años reclamando una educación pública, gratuita y de más calidad, al igual que aquellas que exigen la eliminación del sistema de pensiones establecido por la dictadura de Augusto Pinochet.

En Ecuador, el presidente Lenin Moreno se plegó totalmente a las exigencias del FMI y arrastró a su pueblo a una ola de alza de costos en la vida cotidiana, muy diferente a la vivida durante la administración de Rafael Correa. Ninguna de esas medidas fueron responsabilidad del sistema socialista como quieren hacerle creer a las masas.

El socialismo tiene programas sociales de salud, educación, seguridad social, desarrollo sostenible y bienestar de los pueblos que irritan a Washington y por eso le impone sanciones económicas, comerciales y financieras para impedir su desarrollo.

Los yanquis no cesan de entorpecer el socialismo y las guerras económicas contra Cuba y Venezuela son un vivo ejemplo. Venezuela trabaja por elevar los niveles de vida de su población como ningún otro gobierno en un siglo, sin embargo, la sancionan, le cortan el comercio de su petróleo y la atacan con actos terroristas para hacerla colapsar.

Cuba resiste 60 años de guerra económica, comercial, financiera y biológica, con un estoicismo que pasará a la historia. No hay país en el mundo al que Estados Unidos le haya ejecutado más planes de terrorismo económico, como el sufrido por los cubanos.

Ejemplo indiscutible, aunque desconocido por muchos, es el programa de “Política encubierta y programa integrado de acciones propuestas hacia Cuba”, elaborado por la CIA, que contempla medidas para impedir el desarrollo de su economía a través de los sabotajes a la industria, la generación de energía eléctrica, producción de alimentos y bienes materiales para satisfacer las necesidades del pueblo, unido a un intenso diseño de propaganda encubierta, para producir un clima psicológico contra el sistema socialista.

Sobre esto la CIA asegura en sus documentos desclasificados:

“El principal objetivo de los programas encubiertos contra Castro es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y el mundo libre…  Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de Guerra Económica”.

A pesar de esa guerra despiadada, Cuba muestra índices sociales en salud, educación, cultura, derechos para la mujer, los discapacitados y los niños, muy superiores al resto de los países capitalistas.

Los datos de la CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, exponen la triste realidad del capitalismo en la región, donde en los últimos cinco años se sumaron a la pobreza extrema 17 millones de personas, para alcanzar hoy un total de 63 millones de latinoamericanos en esa situación, como consecuencia del sistema capitalista.

Las explosiones sociales que se observan en estos días, son consecuencias de los recortes del gasto social que afectan a las familias más vulnerables, como padecen Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Colombia, Guatemala, Honduras, Panamá y Salvador, entre otros, que se ven empujados a emigrar hacia Estados Unidos.

El capitalismo en Argentina presenta un realidad difícil y cruel, que no es responsabilidad del socialismo. Hoy el 32% de los argentinos es pobre, para un incremento del 6,3% con respecto al pasado año. En un año, 2,7 millones de sus ciudadanos cayeron por debajo de la línea de pobreza y de ellos más de 800 mil viven en la indigencia.

En Brasil, en solo dos años 6,2 millones de personas se convirtieron en pobres y no fue por causa del socialismo.

El cáncer de los pueblos es el capitalismo salvaje y despiadado donde el ser humano es la última carta de la baraja.

Las protestas actuales solo son responsabilidad de los presidentes serviles a las políticas neoliberales, esos que no saben que José Martí afirmó:

“Ignoran los déspotas que el pueblo, la masa adolorida, es el verdadero jefe de las revoluciones”

La ceguera política de los que condenan a Cuba y Venezuela.


Por Arthur González.

Personajes funestos como el agente CIA Luis Almagro, adoptan posiciones que evidencian la ceguera política que los afecta, en su obsesión enfermiza contra Cuba y Venezuela.

Cuando salió del closet, dándose a conocer como traidor de sus propias ideas de izquierda, Almagro tuvo que seguir las orientaciones de sus jefes, pero ya de forma pública, y atacar todo lo que oliera a socialismo en la región. De ahí que fuese seleccionado para dirigir la desprestigiada OEA, con el fin de condenar a Venezuela y a Cuba, a pesar de que esta última no forma parte de ese llamado “Ministerio de colonias yanquis”.

No queriendo reconocer que el proceso revolucionario venezolano es auténtico y cuenta con el apoyo mayoritario de sus ciudadanos, debido a los incuestionables logros sociales alcanzados desde que Hugo Chávez ganó las elecciones por primera vez, Estados Unidos fabrica campañas de prensa para hacerle creer al mundo que Nicolás Maduro es un “incapaz y el pueblo no lo apoya”.

Le aplican la misma receta que a Cuba: la guerra económica, comercial y financiera, en intento desesperado por evitar la satisfacción de las necesidades del pueblo, y después culpar al gobierno de mala gestión y de que el sistema socialista es “un desastre” que solo trae penurias.

A pesar de los actos terroristas contra las instalaciones de generación eléctrica; manifestaciones públicas pagadas por la NED y la USAID desde la embajada yanqui; el robo de activos y las finanzas venezolanas en el exterior; sanciones económicas; presiones a países aliados para que no comercien con Venezuela;  la construcción de un presidente auto nombrado en una avenida de Caracas; las amenazas a quienes en la Unión Europea no lo reconocieran y las instrucciones a la OEA para que le dieran respaldo a ese títere, la Revolución Bolivariana de Venezuela se mantiene inalterable y el pueblo reconoce que Estados Unidos es el verdadero responsable de sus carencias.

No obstante, Luis Almagro, instruido por los yanquis, declara que el apoyo de los colaboradores cubanos en el área de la Salud, educación, cultura y agricultura urbana, es el sostén del gobierno de Maduro, pues sin ellos ya la Revolución hubiese sido derrotada, craso error de ceguera política al no querer admitir el apoyo popular con que cuenta el gobierno bolivariano.

Cuan diferente es la situación que viven Argentina, Colombia, Ecuador, Chile y Honduras con protestas verdaderamente populares y no fabricadas por los yanquis, contra los gobiernos neoliberales que aplican medidas económicas impuestas por el FMI.

Las represiones salvajes contra los manifestantes en las calles de Quito, Santiago de Chile y de Buenos Aires, no se observan ni en Cuba y menos en Venezuela.

Los pueblos se cansan de tanta explotación, desigualdad social y pérdida del nivel de vida, pero no por una guerra económica y financiera impuesta desde Estados Unidos, sino por el mal manejo de la economía de un sistema capitalista, donde el ser humano es el último eslabón de la cadena, pues el enriquecimiento de las clases pudientes es lo primordial.

Las políticas económicas de ajustes impuestas por el FMI, hacen que en esos países capitalistas se incremente la pobreza, el desempleo, suban los precios, los costos de salud y educación, reclamos ahora exigidos por los ciudadanos, sin temor a las salvajes represiones del ejército que golpea brutalmente, incluso hasta los periodistas, lanzando gases lacrimógenos y chorros de agua, disparan balas de goma, matan, hieren y detienen arbitrariamente.

Ninguna de esas represiones al mejor estilo de las dictaduras latinoamericanas del siglo XX, han sido condenadas por el Parlamento Europeo, la Alta Representante del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, los múltiples organismos de derechos humanos que se la pasan acusando a Cuba y a Venezuela, el Grupo de Lima, la OEA, Freedon House, la Sociedad Interamericana de Prensa, y menos aún el Departamento de Estado, quien observa con pavor como se les va de las manos la derecha que impusieron en América Latina, en su intento por aplastar a la izquierda.

Luis Ignacio Lula fue encarcelado injustamente para impedir su postulación, Cristina Fernández y Rafael Correa, son acusados de corruptos para que no puedan volver a gobernar en Argentina y Ecuador; contra Evo Morales las cruzadas mediáticas y la repartición de millones de dólares a la oposición, pretenden confundir para restarle apoyo popular, pero los pueblos ya no pueden ser más engañados, el sufrimiento causado por el capitalismo es cada día mayor y la gente se agota de ver a los gobernantes atesorar, mientras la miseria y la desprotección aumenta.

Hoy la pobreza crece en el mundo bajo el sistema capitalista, incluido en los Estados Unidos, donde son más de 40 millones los pobres, sin seguros médicos ni protección alguna. A pesar de eso, el presidente Donald Trump arremete contra el socialismo y sanciona criminalmente a los pueblos cubano, venezolano y nicaragüense, quienes resisten estoicamente porque saben lo que sufrirían de instaurarse el capitalismo salvaje, como lo definió su Santidad Juan Pablo II, quien vivió en su natal Polonia los dos sistemas y pudo sacar conclusiones.

Las calles de Venezuela y de Cuba no tiene que ser patrulladas por Comandos de Operaciones del Ejército, como se constata hoy en Chile, donde para reprimir al pueblo han sacado de los cuarteles a cientos de miles de soldados y cadetes, declarar un toque de queda para prohibir el repudio popular al gobierno capitalista de Sebastián Piñera.

Vergüenza debería darle a Washington por apoyar esa represión, al igual que a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que, como Michelle Bachelet, solo han declarado tibiamente que “siguen con preocupación las protestas”, pero no hay una resolución de condena como hicieron rápidamente cuando las Guarimbas organizadas por la oposición venezolana, a pesar de aquellos actos terroristas, donde incluso quemaron vivos a varios simpatizantes de Maduro.

Hasta la fecha, no hay una sola reclamación de esos organismos por las miles de detenciones arbitrarias, ejecutadas en Ecuador y Chile, contra los ciudadanos que protestan hartos de tan desigualdad en esas sociedades, el sistema de pensiones, el alto costo de la salud, el deficiente sistema público de educación y los bajos salarios en relación con el costo de la vida, como sí muestran ante las inventadas detenciones temporales en Cuba, de elementos contrarrevolucionarios fabricados y financiados por Estados Unidos, que intentan alterar el orden público.

Por eso hay que tener presente a José Martí cuando dijo:

“Los pueblos no se rebelan contra las causas  naturales de su malestar, sino contra las que nacen de algún desequilibrio o injusticia”.

Las enseñanzas de la democracia europea.


Por Arthur González

Al conocer las sanciones aplicadas por el Tribunal Supremo español, en el juicio del procés contra doce líderes independentistas catalanes, solo cabe preguntarse: Qué enseñanzas democráticas le brinda Europa a Cuba cuando le exigen: disponer de instituciones estables que garanticen la democracia, el Estado de derecho, los derechos humanos y el respeto a las minorías”.

A Cuba y a Venezuela la condenan porque, según Estados Unidos, el Parlamento Europeo y el Observatorio Cubano de Derechos Humanos con sede en Madrid y dirigido por una española, “no cumplen con los requisitos de democracia de cualquier país europeo”.

Sin embargo, las recientes sanciones impuestas a los líderes independentistas catalanes, son una prueba de las violaciones de los derechos a la libre determinación de las minorías, discriminación por razones políticas y el uso excesivo y arbitrario de la fuerza contra ciudadanos que muestran su descontento y desean su independencia.

Pero el silencio cómplice marca la diferencia del tratamiento a este caso, que viola los derechos de quienes votaron libremente a favor de independizarse de España. A estos opositores, los persiguieron, solicitaron su detención a otros estados, e incluso la deportación para ser juzgados y sancionados.

Los delitos aplicados son por sedición y malversación, algo insostenible porque todas sus solicitudes fueron en las urnas, gústele o no a una parte de los españoles, pues lo hicieron acorde a sus leyes.

Sobre aquellos que se encuentran hoy en otros países, el Tribunal Supremo dictará órdenes para que se les deporte hacia España, no reconociéndoseles su condición de disidentes políticos.

Bien diferente es la conducta con la que España asume el tratamiento a los cubanos que, creados y financiados por Estados Unidos, intentan desestabilizar a la Revolución.  A esos les acoge en su embajada en La Habana, les da fácilmente visas para visitar España y hacer campañas contra Cuba, incluso se les denominan “opositores al gobierno”, desconociendo el carácter mercenario y la ausencia de apoyo popular.

Muchos de esos lacayos al servicio de los yanquis han sido acogidos por España, como fue el caso del llamado grupo 75, donde la iglesia católica cubana medió para que salieran de Cuba, pero para el asombro de muchos, al llegar a la península ibérica, se les cambió el calificativo de “disidentes”, con el que se le llamaba mientras estaban en la Isla, por el de revoltosos, algo que siempre han sido siguiendo instrucciones de la misión diplomática estadounidense, con el fin de crear desórdenes públicos y llamar la atención de la prensa extranjera al servicio de ellos.

¿Pedirle a Estados Unidos que mantenga la guerra económica, comercial y financiera contra todo un país, no es acaso un delito de sedición?

¿Declararse partidarios de una invasión del ejército yanqui a Cuba, no es un delito de sedición?

¿Servir por dinero a una potencia extranjera como Estados Unidos, para derrocar al sistema político, económico y social de Cuba, no es sedición?

¿Aceptaría España que Cuba acogiera en su territorio a organizaciones catalanas que exigen su independencia?

¿Y por qué el gobierno español, basado en una supuesta democracia, permite que organizaciones contrarrevolucionarias se radiquen, trabajen, hagan campañas políticas y conspiren contra el estado cubano, como son el Observatorio Cubano de Derechos Humanos presidido por Elena Larrinaga, organizadora de actividades con elementos de los grupúsculos contrarrevolucionarios residentes en Cuba, y el Movimiento Cristiano de Liberación, entre otras organizaciones anticubanas?

La propia Elena Larrinaga, a nombre de la organización contra Cuba denominada Observatorio Cubano de Derechos Humanos, en 2017 envió una carta a la Alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini, donde le sugirió incluir en el Acuerdo con el gobierno de Cuba, aspectos como: “la proscripción de la discriminación por razones políticas; un cronograma de ratificación de los Pactos internacionales de los que La Habana es firmante; la inclusión de la sociedad civil en el diálogo político; un mecanismo alternativo de denuncias ciudadanas y asegurar la libertad para entrar y salir de la Isla”.

Esa posición es una evidente acción política contra otro Estado desde el territorio español y una injerencia en los asuntos internos de Cuba, además de falsar la realidad que viven los cubanos.

Elena Larrinaga sigue instrucciones de Estados Unidos, e incluso dinero para sostener esas acciones anticubanas, visualizarlas entre la sociedad española, con el fin de difamar y tergiversar la realidad de un país que construyen día a día lo que la guerra económica, comercial y financiera intenta destruir.

¿Por qué ante la situación que viven los catalanes no asume la misma conducta?

Ningún gobierno ni partido político español, toleraría que Cuba o Venezuela, aceptaran que una organización catalana independentista hiciera algo similar.

La prensa de Cuba no habla en contra del gobierno de España, ni hace campañas contra las violaciones de derechos humanos, de manifestación, contra los arrestos injustificados que ejecuta la policía sobre españoles que exigen derechos laborales, la independencia de Cataluña, u otros reclamos políticos, económicos y sociales. Tampoco critica el tratamiento a las minorías étnicas y a los inmigrantes africanos.

España es un socio comercial importante para Cuba y sus inversiones económicas representan ganancias para ambos países, por eso se oponen a las sanciones contra sus empresarios, pero políticamente asume posiciones bien diferente, cuando en la península hay mucha tela sucia por donde cortar, como la amplia corrupción que mancha a las más altas posiciones políticas, la represión brutal contra los que exponen públicamente sus reclamos y los cientos de detenciones arbitrarias, cosas de las que en nada pueden darle lecciones de democracia a los cubanos.

Por eso a Cuba no le amedrentan las denuncias basadas en mentiras fabricadas por Estados Unidos, sigue la lucha por mantener su soberanía y resiste con estoicismo múltiples presiones, pues como aseguró José Martí:

“Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”.

La voracidad del imperio yanqui.


Por Arthur González.

Obsesionados por liquidar la izquierda latinoamericana, Estados Unidos acude a sanciones económicas y financieras como arma para intentar derrocar a los gobiernos que se inclinan hacia políticas contrarias a las que dicta para la región, especialmente contra Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia.

Cuba es el laboratorio donde los yanquis aplican cuantas ideas se les ocurran a sus especialistas en subversión, incluido el terrorismo de Estado, la guerra biológica y psicológica, adicionadas a las comercial y financiera, en su intento desesperado por hacer fracasar el modelo socialista escogido por el pueblo.

Los yanquis se oponen a los programas sociales de la salud y educación gratuitas, pues ellos mantienen esos sectores como mercados apetitosos para sus grandes empresas, sin importarle que mueran inocentes por carecer de recursos financieros para sufragar los altos costos de la medicina, o que el analfabetismo aumente. Tampoco les importa que el acceso a la cultura sea un derecho del pueblo, ni la carencia de programas de seguridad social y para personas discapacitadas, o de la tercera edad.

Es tal el negocio en Estados Unidos que no se ha podido limitar la venta de armas, incluidas las de alto poder de fuego, porque la Asociación Nacional del Rifle sufraga campañas de senadores, representantes y hasta de presidentes, sin importarles la muerte de cientos de estudiantes y buenas personas.

Nada de eso sucede en Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, pero los yanquis pretenden estrangularlos para que su modelo nunca sea imitado, como afirman, sin el menor sonrojo, los tanques pensantes del Council on Foreign Relations:

La oposición de Estados Unidos a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

El propósito que persiguen con sus medidas de guerra económica, es provocar la escasez de productos de todo tipo, y hacerle cree a la población de esos países que el único responsable es el modelo político-económico adoptado, idea que plasmó el Grupo Especial Ampliado del Consejo de Seguridad de Estados Unidos, en el Proyecto Cuba, aprobado por el presidente J.F. Kennedy en 1962, el cual dice textualmente:

La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen”.

Ante los continuos fracasos de una caduca política, el presidente Donald Trump, insiste en apretar las tuercas para estrangular la economía de esos países, adoptando torpemente nuevas medidas que ponen de manifiesto sus verdaderas intenciones: la violación de los derechos humanos y el deseo de matar de hambre y enfermedades a los pueblos, situación que incrementa el rechazo popular.

La persecución a los buques tanqueros que llevan petróleo a Cuba es implacable, algo que constituye un delito internacional, al convertirse en un acto de piratería y una cacería de brujas contra un país que decidió defender su soberanía, al costo que sea necesario.

Contra Venezuela aplican medidas para robarle el dinero depositado en bancos extranjeros, congelan sus activos, se apropian de empresas en Estados Unidos, persiguen sus compras y ventas en el exterior, chantaje sobre terceros países para que desconozcan al presidente electo por el voto popular, incitan al terrorismo, planes de magnicidio, intentos de golpe militar y para colmo, obligaron a otros a reconocer a uno de sus agentes pagados, auto proclamado presidente en una calle de Caracas.

Las presiones y maniobras en la OEA, el Parlamento Europeo, el Grupo de Lima y la conformación de matrices de opinión en la prensa contra el presidente Nicolás Maduro, no tienen antecedentes en la historia, pero, aun así, el pueblo venezolano se mantiene firme y resiste los embates de la bestia imperial que demuestra una voracidad nunca vista, para derrocar a un gobierno que no se doblega ante sus órdenes.

Cuba lleva 60 años de victorias enfrentado todas las formas de subversión que los yanquis ejecutan. Ninguna de las decenas de planes para asesinar a Fidel Castro tuvo resultados, todos fueron descubiertos. Tal fue el escándalo, que el Senado de Estados Unidos se vio obligado a conformar una comisión para investigarlos, aunque nadie fue condenado.

Cuba ha podido sortear inteligentemente la guerra económica, comercial y financiera, sin doblar las rodillas; el gobierno informa al pueblo las medidas que se adoptan para seguir adelante, a pesar de las graves limitaciones, y los cubanos saben perfectamente que el único culpable de sus males es Estados Unidos, por eso resisten y refuerzan su ideología. El tiro le salió por la culata y no logran dañar el apoyo al socialismo, ese que les enseñó a leer y a escribir, para no ser más engañados como en épocas anteriores a 1959.

Los venezolanos van por la misma ruta, enfrentan estoicamente la peor crisis política, económica y social de su historia, y reconocen que no es el gobierno de Maduro el responsable de sus penurias, sino el gobierno de Estados Unidos con su guerra implacable, iniciada por el presidente Barack Obama y continuada por Donald Trump.

Medidas criminales adoptan los yanquis para hacer desaparecer a Venezuela y liquidar a sus ciudadanos por hambre y enfermedades, todo ante los ojos del mundo y de aquellos que se autocalifican “defensores de los derechos humanos”.

Datos oficiales del Banco Central de Venezuela, afirman que el producto interno bruto ha caído, al menos, 52% desde que Maduro está en el poder, a partir de las medidas aplicadas por Estados Unidos. Su industria petrolera es el blanco principal de las acciones subversivas, desde actos terroristas hasta el robo de sus activos en el exterior, la prohibición a otros de comprarle petróleo y las amenazas de fuertes sanciones a los países que no acaten las ordenes imperiales.

Ante la resistencia popular y el apoyo a su presidente Maduro, Estados Unidos desconcertado por sus fracasos, decidió tomar nuevas sanciones, al mejor estilo nazi, para impedir cualquier transacción comercial y financiera que oxigene al gobierno bolivariano, ante la contemplación pasiva de la ONU, la Unión Europea y otros países del mundo, a los que Estados Unidos chantajea con cortarles la ayuda financiera o romper tratados comerciales, política del garrote ejecutada en pleno siglo XXI.

Estados Unidos rabioso ante sus fracasos, busca nuevas sanciones con el sueño de derrocar al presidente Nicolás Maduro, de ahí la insistencia de Elliott Abrams, representante especial para Venezuela, de que la Unión Europea comience a imponerle sanciones a Maduro y a sus aliados.

Ese viejo halcón de la política exterior yanqui, quiere hacerle creer al mundo que la grave escasez de alimentos, medicamentos y de agua que padecen los venezolanos, sumando a los repetidos cortes de energía eléctrica provocados desde el exterior, es por culpa del gobierno bolivariano, como si los venezolanos de hoy día, no hayan recibido educación facilitada por Hugo Chávez, padre de las misiones que alfabetizaron a quienes no sabían leer ni escribir, permitiéndoles alcanzar, gratuitamente, nivel superiores de educación.

Para contrarrestar las acciones de Estados Unidos, el gobierno distribuye alimentos y medicinas a precios subvencionados, y mantiene los programas de salud apoyados con los médicos y enfermeros cubanos, algo que poner a rabiar a los yanquis.

Los intentos de la CIA por penetrar las fuerzas leales a Maduro fracasan, a pesar de copiar los planes que diseñaron contra Cuba en 1962, cuando en la conocida Operación Mangosta expresaron:

“La CIA propondrá, el 1ro de febrero 1962, un plan para la defección de altos funcionarios gubernamentales cubanos, con el fin de dividir el régimen desde dentro. Este empeño debe ser imaginativo y bastante atrevido para considerar el “nombre” de un desertor valorado al menos en un millón de dólares. Esto puede ser la clave de nuestro objetivo de acción política y debe ser llevado sin demora como un proyecto principal de la CIA”.

“La CIA completará los planes del 1ro de febrero 1962 para las acciones encubiertas y de engaño, para ayudar a dividir el régimen comunista en Cuba. Son colaboradores en esto los Departamentos de Defensa, de Estado y el FBI”.

Con sus medidas de guerra psicológica pretenden confundir al mundo al asegurar que:

“Las grietas dentro del régimen de Maduro se están multiplicando y ensanchando, y su tiempo se está acabando. No puede resolver ni incluso paliar los problemas desesperados que aquejan al pueblo de Venezuela”.

Pero la realidad se impone y los que creyeron tales falacias impuestas por Washington y que Juan El Títere Guaidó, tenía un amplio respaldo popular, incluso dentro de las fuerzas armadas, se han dado cuenta que los engañaron y pasado casi un año de ese show mediático, cada vez son menos sus seguidores, a pesar del amplio financiamiento con el que lo mantienen desde Estados Unidos.

Los acuerdos alcanzados entre el gobierno y partidos de la oposición, dejan sin credibilidad al Títere Guaidó, abriendo un camino para revertir la situación interna, solicitarle a Estados Unidos el cese de su guerra económica y mejorar los niveles de vida del pueblo, a lo que se oponen El Títere y sus jefes en Washington.

Michelle Bachelet se prestó para la componenda diseñada por los yanquis, con el fin de darle un viso legal a las inventadas violaciones de los derechos humanos en Venezuela, pero se manchó para siempre al quedar demostrada su parcialidad con Estados Unidos, cayendo sobre ella más porquería al no pronunciarse contra la brutal represión ejecutada en Ecuador, los asesinatos, las desapariciones y las detenciones arbitrarias contra la población que exigió en las calles durante 10 días, la derogación de un paquete de medidas económicas, impuestas por el FMI.

Con un cinismo sin par, Elliott Abrams expresó ante la prensa que: “Estados Unidos seguirá ejerciendo presión sobre el régimen de Maduro y sobre aquellos que facilitan sus tácticas represivas, incluidas Rusia y Cuba”.

Si el gobierno de Venezuela es tan despreciado por el pueblo y no tiene apoyo popular, ¿Por qué Estados Unidos tiene que presionarlo y sancionarlo económicamente?

La respuesta es clara, la población apoya a Maduro y por eso hay que incrementar las sanciones para que paguen caro por ese respaldo, tal y como hacen desde 1959 con los cubanos. Los yanquis no aprenden de sus fracasos, su prepotencia los ciega y de ahí el descalabro de sus políticas.

Para criminalizar aún más sus medidas contra Venezuela, impiden el desarrollo de su industria petrolera y provocan una escasez de combustible que afecta también el servicio a las ambulancias, víctima actual de la crisis que enfrentan los venezolanos, debido a los problemas para abastecerse de combustible.

Algo similar pretenden hacerle a Cuba y por eso la persecución de los buques tanqueros para impedir la llegada de combustible a la Isla.

El error de Estados Unidos está en no reconocer que los pueblos no se pueden comprar con dinero y que no hay entendimientos cuando está en juego su independencia y la soberanía, porque como afirmó José Martí:

“Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”.

 

Dónde quedaron la libertad de prensa y los Derechos Humanos.


Por Arthur González

 

¿Alguien pudiera imaginar lo que sucedería si las actuales protestas masivas en Ecuador fuesen en Venezuela?

De inmediato la OEA, el TIAR, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el Parlamento Europeo y por su puesto la Casa Blanca, condenarían al presidente Nicolás Maduro por la represión contra el pueblo, y la invasión militar con las tropas yanquis, colombianas y brasileñas, ya estarían bombardeando a Venezuela para invadirla y restablecer la seguridad ciudadana y los Derechos Humanos.

Sin embargo, después de 10 días de manifestaciones populares en Ecuador en contra de las medidas neoliberales, tomadas por el presidente Lenin Moreno, declarar toque de queda y aprobar la brutal y salvaje represión contra los miles de ciudadanos que protestan pacíficamente, ninguno de los organismos antes mencionados, lo ha condenado por sus actos.

El lenguaje empleado por las cadenas internacionales de TV y de prensa, es muy diferente al usado cuando un mínimo grupo de opositores venezolanos, realizaba actos vandálicos y terroristas en su intento por desestabilizar el orden interno, con la intensión de destituir al presidente constitucional Nicolás Maduro.

Durante el fallido golpe de Estado presidido por Juan El Títere Guaidó, auto proclamado presidente con el apoyo de la Casa Blanca y la CIA, las noticias publicadas por la prensa al servicio de los yanquis eran muy diferentes a las que ocurren en Ecuador, a pesar de las mil 70 personas detenidas desde el 3 de octubre hasta el 10 de octubre de 2019, los más de 554 heridos, 5 muertos y otros tantos desaparecidos, por estar opuestos al decreto 883 firmado por Lenin Moreno y que afecta económicamente a todos los ecuatorianos.

Las protestas están encabezadas por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador y la brutalidad demostrada por las Fuerzas Armadas contra la población, no tienen paralelo con la actitud de las venezolanas, cuando se enfrentaron a los grupos terroristas en las llamadas Guarimbas, que llegaron a quemar vivos a simpatizantes de Nicolás Maduro.

Las noticias transmitidas por los medios al servicio de las clases poderosas, no respetan la libertad de prensa, manipulan la verdad y acusan a los que protestan de ser culpables de la situación existente. Las fotos publicadas muestras a los indignados en las calles y evitan plasmar las fuerzas represivas, que más que policías parecen hombres de la Guerra de las Galaxias, por los cascos, escudos, protectores de piernas y las porras que portan.

Son informaciones tergiversadas para satanizar al pueblo, afirmando que son los protestantes los que lanzan gases lacrimógenos, cuando son las fuerzas represivas quienes disponen de ellos y los emplean contra la población civil.

En ese sentido el Nuevo Herald de Miami publicaba:

“Manifestantes y uniformados chocaron entre sí. Las imágenes mostraban a hombres cojeando, cubriéndose las cabezas y las bocas para protegerse de los gases y levantando los brazos en alto para fracturar piedras contra el piso y lanzarlas a la policía”.

“Los indígenas de Ecuador protestan desde el lunes en ese sector, donde la confrontación dejó un saldo de personas con problemas de asfixia, contusiones y heridas de diversa magnitud que recibieron atención por parte de personal de asistencia médica de las universidades y de la Cruz Roja”.

“El gobierno ha señalado que se han registrado más de 900 detenidos y que muchos ya fueron liberados”.  Manifestantes arrojan gases lacrimógenos a la policía cerca del Palacio Legislativo de Ecuador en Quito”.

De los periodistas que reportan para sus medios y han sido heridos por las balas de goma lanzadas por los operativos policiales, ni una sola palabra de condena. Bien distinta es la redacción que hacen para acusar con mentiras a Cuba, al publicar ese mismo libelo de Miami noticias falsas como la siguiente:

“En medio de una nueva oleada represiva contra periodistas independientes, artistas, opositores y defensores de los Derechos Humanos en Cuba, la Unión Europea dialogó en Bruselas con representantes de la sociedad civil cubana”.

O las informaciones divulgadas contra la Revolución Bolivariana de Venezuela, durante el fracaso golpe de Estado hace unos meses, en la que dieron un tono totalmente diferente al utilizado ahora para relatar los hechos de Ecuador, como esta:

“Al menos cuatro personas han fallecido, más de 200 resultaron heridas y 205 han sido detenidas, durante la represión estatal de diversas protestas que han tenido lugar en toda Venezuela desde el 30 de abril, ha confirmado Amnistía Internacional”.

“Las fuerzas de seguridad bajo el mando de Nicolás Maduro y los grupos de civiles armados que lo apoyan, insisten en reprimir las protestas de las personas que demandan una salida a la grave crisis política y de Derechos Humanos que aqueja al país desde hace varios años”, dijo Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional. 

“Los crímenes de derecho internacional que están cometiendo engrosarán el ya largo expediente ante la justicia internacional. Maduro debe poner fin a su política de represión de inmediato”. Amnistía Internacional ha estado documentando las graves violaciones a los Derechos Humanos y crímenes de derecho internacional que están sucediendo en Venezuela desde el agravamiento de la crisis en enero de 2019. La organización ha documentado ejecuciones extrajudiciales, uso ilegitimo de la fuerza letal, detenciones arbitrarias masivas y malos tratos contra personas que manifiestan su opinión en contra del gobierno de Maduro”.

Nada parecido está autorizado a publicar para describir la actual situación de represión que viven los ecuatorianos, la llamada “libertad de prensa” no lo permite, porque el presidente Moreno es un lacayo de los yanquis.

El sacrosanto Parlamento Europeo que tanta “preocupación” muestra por los Derechos Humanos en Cuba y Venezuela, se ha quedado mudo, y espera las instrucciones de Washington; pero cuando el golpe de Estado made in USA en Caracas, se pronunciaron de inmediato y en su declaración oficial condenaron “la violencia y la impunidad” en Venezuela, llamaron al diálogo y el respeto de los Derechos Humanos y solicitaron que una comisión parlamentaria adhoc de verificación, visitara el país.

En resolución lamentaron las “muertes y los actos violentos”, recordaron que “velar por la seguridad y los derechos y la libertad de expresión de todos sus ciudadanos, no importa cuál sea su ideología, es tarea del Gobierno nacional”. Exigieron la liberación de los detenidos durante las manifestaciones y el respeto de la labor periodística, texto aprobado por 463 votos a favor, 45 en contra y 37 abstenciones.

La Alta Representante de la Política Exterior de la UE, Catherine Ashton, presionó para la búsqueda del diálogo y el respeto de las libertades civiles y los Derechos Humanos, pero ahora con la situación dramática que vive el pueblo ecuatoriano no se pronuncia, a pesar de que son cientos de miles los que protestan y no un puñado financiado por la CIA, como sucedió en Caracas.

Después de la visita a Venezuela de la Alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, emitió un informe desbalanceado que repitió las mismas acusaciones falsas de la Casa Blanca y sus lacayos; omitió la obra social ejecutada por la Revolución, y los daños causados al pueblo de la guerra económica, comercial y financiera que lleva a cabo el imperio norteamericano.

Coincidiendo con el texto de la resolución del Parlamento Europeo, condenó “la represión y violencia, el uso de las detenciones arbitrarias, la tortura y los asesinatos extrajudiciales” y por supuesto, señaló “la responsabilidad directa de Nicolás Maduro, así como de las Fuerzas Armadas y del servicio de Inteligencia” en el uso indiscriminado de la violencia para reprimir el proceso de transición democrática y el restablecimiento del Estado de Derecho en el país y exigido el cese inmediato de las violaciones de Derechos Humanos.

El informe de Bachelet afirma, sin pruebas, la cifra 7 mil ejecuciones extrajudiciales en operaciones de seguridad en Venezuela, en los últimos 18 meses, y que se emplea el recurso a la tortura por parte de los aparatos de Seguridad e Inteligencia del régimen, así como la persecución política a la oposición.

Esperemos que el Parlamento Europeo asuma una fuerte condena a Lenin Moreno, porque en Ecuador la represión es real y no inventada como hacen contra Venezuela, se viola los más elementales Derechos Humanos contra todo un pueblo, que reclama la destitución del presidente por su entrega al Fondo Monetario Internacional.

¿Solicitaran los parlamentarios europeos la imposición de sanciones contra las autoridades responsables de violaciones de los Derechos Humanos y la represión, la congelación de sus activos y prohibirles los visados a la Unión Europea y a sus familiares más cercanos, como pidieron para Venezuela?

Mucha demagogia existe en ese Parlamento, en la OEA, el Grupo de Lima y en el Departamento de Estado yanqui, porque cuando se trata de sancionar las verdaderas represiones y violaciones a los Derechos Humanos de sus aliados, la cosa es bien diferente, lo que demuestra la falsedad de sus preocupaciones.

Por eso José Martí afirmó:

“Hay pocas cosas que en el mundo sean tan odiadas como los hipócritas”