Contra Cuba todo, hay que ahogarla económicamente.


Por Arthur González.

Estrangular económicamente a la Revolución cubana ha sido y es el propósito de Estados Unidos, al no permitir que un país tan cercano decidiera, soberamente, cortar de raíz la subordinación a ellos.

Por esa razón se diseñó contra Cuba la guerra económica, esa que persigue todas las entradas de dinero fresco, su comercio con terceros, la inversión extranjera, el uso del dólar estadounidense y las transacciones bancarias.

Como esas medidas no han podido derrocar el socialismo en la Mayor de las Antillas, en un arrebato de histerismo del actual mandatario yanqui y sus más cercanos colaboradores, John Bolton, Elliott Abram y Mike Pompeo, se lanzaron contra la entrada de turistas para cerrar esa fuente de dinero, que además permite constatar una realidad bien diferente a la que cuentan en Estados Unidos.

Para lograrlo, redujeron el alcance de las licencias que posibilitaban viajar a Cuba y cortaron de raíz la entrada de cruceros, y además con la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton, permitieron que esas compañías sean acusadas de utilizar un muelle en La Habana, exigiéndoles compensaciones millonarias.

A renglón seguido arremeten contra otra de las entradas de dinero al país, la exportación de los servicios médicos, iniciando una cruzada mediática para presionar a los países que mantienen relaciones contractuales con La Habana, a fin de que cierren sus negocios y de esa forma cortarle los ingresos monetarios.

El primero en reaccionar a favor de los yanquis fue el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, acusando a los profesionales cubanos de incapaces y otra sarta de falsedades, unido a la estimulación al abandono de la misión para desgajarle médicos a Cuba.

Seguidamente comenzó la campaña de que el estado cubano “trafica” con sus médicos, dando lugar a que el Departamento de Estado incluyera a Cuba en su espuria lista de país que trafica con personas, todo eso para crear condiciones para nuevas sanciones, al ver que el socialismo se mantiene apoyado por la mayoría del pueblo, que resiste estoicamente las limitaciones que impone la criminal guerra económica desde hace 60 años.

En una muestra de su desfachatez e impunidad, Estados Unidos declaró públicamente que ofrece hasta tres millones de dólares a organizaciones que busquen información e investiguen a las misiones médicas cubanas en el exterior, dinero que pagarán de los fondos destinados a la CIA, utilizando como fachada pública a la USAID.

El argumento para ese espionaje legalizado, es obtener información sobre inventadas violaciones de los derechos humanos del personal de salud cubano, durante su labor en el extranjero, ocultando que esos médicos y enfermeros cubanos son los únicos que salvan vidas en los lugares más intricados del planeta, a donde los médicos nativos no acuden, y menos los yanquis que tienen a la medicina como un mercado inalcanzable para los pobres.

La convocatoria para esa acción pretende que grupos con experiencia en Cuba o en países similares puedan desarrollar herramientas para tal actividad, e incluso sin exigirle a grupos dentro de la Isla, revelar que el Gobierno norteamericano financia ese trabajo.

El objetivo real de Washington no son las inventadas violaciones a los derechos humanos, sino impedir la entrada de dinero fresco, como afirman sus declaraciones oficiales, al decir:

“El régimen cubano explota a sus profesionales médicos, maestros y otros trabajadores, usándolos para comprar apoyo financiero y político internacional y mantener a flote su ajustada economía, mientras se embolsa la mayoría de los salarios”.

La irritación de los yanquis es la cifra que oficialmente informan las autoridades cubanas, cuando aseguran:

“Las misiones médicas cubanas, que constituyen la principal fuente de ingresos para la isla, comenzaron a desplegarse en los primeros años de la Revolución liderada por Fidel Castro en 1959. En la actualidad tienen a más de 50 mil médicos y paramédicos en más de 60 países de todo el mundo, y en la mayoría de los casos trabajan en zonas desfavorecidas y apartadas. En 2018, las misiones aportaron casi 6 mil 400 millones de dólares a la isla, donde la formación universitaria es gratuita”.

Esto es un ejemplo del por qué José Martí afirmaba:

“En silencio ha tenido que ser, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas”.

El libro, “Los Escudos Invisibles, un Martí desconocido”, del historiador cubano Raúl Rodríguez, permite ahondar en el pensamiento del Apóstol, cuando al preparar la guerra de 1895 alertaba:

“En Revolución los métodos han de ser callados, y los fines, públicos”. “Me he estado callado evitando toda publicidad, puesto que la actividad esta vez consistía en no tenerla”. “Ocultar nuestro contento, acabar callados, que no haya la menor razón, ni en nuestros rostros, para que se crea que no estamos tan adelantados como estamos”. “No me faltarán la cautela, la desconfianza extrema y necesaria…”

Mientras Cuba padezca una persecución implacable por parte de Estados Unidos y sus agencias de espionaje, está obligada a seguir esos principios martianos.

El seguimiento que hace la CIA sobre los ingresos e inversiones de Cuba, requieren de una sólida estrategia del silencio para evitar sanciones.

No hay razones para exponer a diario la cantidad de la entrada de turistas a la Isla, ni los ingresos obtenidos como expone la ONEI, que son rastreados permanentemente por los enemigos de Cuba, y despues se reflejan en algunos de sus informes:

“En el 2017 la ONEI reportó que Cuba había exportado servicios por valor de 11 mil 379 millones de dólares. Obviamente, esa cifra no corresponde única y exclusivamente a la exportación de servicios médicos.” […] “aún es cuestionable la estadística reciente de 6 mil 400 millones aportados por la medicina cubana desde el exterior”.

Hay que convencerse que la búsqueda sobre los ingresos obtenidos por Cuba es total y global, su fin es uno solo: cortarle todas las entradas para que la economía agonice.

Un ejemplo es otra información publicada recientemente donde se afirma:

“Una investigación de la Universidad de Pensilvania concluye que el gobierno cubano recibió 11 mil millones de dólares en 2015 por exportar el trabajo de 37 mil médicos cubanos a 77 países, la mayor parte en Centroamérica, Brasil y Venezuela”.

Obligada está Cuba a cumplir con las alertas de José Martí, cuando escribió:

“Es licito callar, cuando del silencio se sale más útil y mejor”.

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