Contra Cuba todo, hay que ahogarla económicamente.


Por Arthur González.

Estrangular económicamente a la Revolución cubana ha sido y es el propósito de Estados Unidos, al no permitir que un país tan cercano decidiera, soberamente, cortar de raíz la subordinación a ellos.

Por esa razón se diseñó contra Cuba la guerra económica, esa que persigue todas las entradas de dinero fresco, su comercio con terceros, la inversión extranjera, el uso del dólar estadounidense y las transacciones bancarias.

Como esas medidas no han podido derrocar el socialismo en la Mayor de las Antillas, en un arrebato de histerismo del actual mandatario yanqui y sus más cercanos colaboradores, John Bolton, Elliott Abram y Mike Pompeo, se lanzaron contra la entrada de turistas para cerrar esa fuente de dinero, que además permite constatar una realidad bien diferente a la que cuentan en Estados Unidos.

Para lograrlo, redujeron el alcance de las licencias que posibilitaban viajar a Cuba y cortaron de raíz la entrada de cruceros, y además con la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton, permitieron que esas compañías sean acusadas de utilizar un muelle en La Habana, exigiéndoles compensaciones millonarias.

A renglón seguido arremeten contra otra de las entradas de dinero al país, la exportación de los servicios médicos, iniciando una cruzada mediática para presionar a los países que mantienen relaciones contractuales con La Habana, a fin de que cierren sus negocios y de esa forma cortarle los ingresos monetarios.

El primero en reaccionar a favor de los yanquis fue el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, acusando a los profesionales cubanos de incapaces y otra sarta de falsedades, unido a la estimulación al abandono de la misión para desgajarle médicos a Cuba.

Seguidamente comenzó la campaña de que el estado cubano “trafica” con sus médicos, dando lugar a que el Departamento de Estado incluyera a Cuba en su espuria lista de país que trafica con personas, todo eso para crear condiciones para nuevas sanciones, al ver que el socialismo se mantiene apoyado por la mayoría del pueblo, que resiste estoicamente las limitaciones que impone la criminal guerra económica desde hace 60 años.

En una muestra de su desfachatez e impunidad, Estados Unidos declaró públicamente que ofrece hasta tres millones de dólares a organizaciones que busquen información e investiguen a las misiones médicas cubanas en el exterior, dinero que pagarán de los fondos destinados a la CIA, utilizando como fachada pública a la USAID.

El argumento para ese espionaje legalizado, es obtener información sobre inventadas violaciones de los derechos humanos del personal de salud cubano, durante su labor en el extranjero, ocultando que esos médicos y enfermeros cubanos son los únicos que salvan vidas en los lugares más intricados del planeta, a donde los médicos nativos no acuden, y menos los yanquis que tienen a la medicina como un mercado inalcanzable para los pobres.

La convocatoria para esa acción pretende que grupos con experiencia en Cuba o en países similares puedan desarrollar herramientas para tal actividad, e incluso sin exigirle a grupos dentro de la Isla, revelar que el Gobierno norteamericano financia ese trabajo.

El objetivo real de Washington no son las inventadas violaciones a los derechos humanos, sino impedir la entrada de dinero fresco, como afirman sus declaraciones oficiales, al decir:

“El régimen cubano explota a sus profesionales médicos, maestros y otros trabajadores, usándolos para comprar apoyo financiero y político internacional y mantener a flote su ajustada economía, mientras se embolsa la mayoría de los salarios”.

La irritación de los yanquis es la cifra que oficialmente informan las autoridades cubanas, cuando aseguran:

“Las misiones médicas cubanas, que constituyen la principal fuente de ingresos para la isla, comenzaron a desplegarse en los primeros años de la Revolución liderada por Fidel Castro en 1959. En la actualidad tienen a más de 50 mil médicos y paramédicos en más de 60 países de todo el mundo, y en la mayoría de los casos trabajan en zonas desfavorecidas y apartadas. En 2018, las misiones aportaron casi 6 mil 400 millones de dólares a la isla, donde la formación universitaria es gratuita”.

Esto es un ejemplo del por qué José Martí afirmaba:

“En silencio ha tenido que ser, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas”.

El libro, “Los Escudos Invisibles, un Martí desconocido”, del historiador cubano Raúl Rodríguez, permite ahondar en el pensamiento del Apóstol, cuando al preparar la guerra de 1895 alertaba:

“En Revolución los métodos han de ser callados, y los fines, públicos”. “Me he estado callado evitando toda publicidad, puesto que la actividad esta vez consistía en no tenerla”. “Ocultar nuestro contento, acabar callados, que no haya la menor razón, ni en nuestros rostros, para que se crea que no estamos tan adelantados como estamos”. “No me faltarán la cautela, la desconfianza extrema y necesaria…”

Mientras Cuba padezca una persecución implacable por parte de Estados Unidos y sus agencias de espionaje, está obligada a seguir esos principios martianos.

El seguimiento que hace la CIA sobre los ingresos e inversiones de Cuba, requieren de una sólida estrategia del silencio para evitar sanciones.

No hay razones para exponer a diario la cantidad de la entrada de turistas a la Isla, ni los ingresos obtenidos como expone la ONEI, que son rastreados permanentemente por los enemigos de Cuba, y despues se reflejan en algunos de sus informes:

“En el 2017 la ONEI reportó que Cuba había exportado servicios por valor de 11 mil 379 millones de dólares. Obviamente, esa cifra no corresponde única y exclusivamente a la exportación de servicios médicos.” […] “aún es cuestionable la estadística reciente de 6 mil 400 millones aportados por la medicina cubana desde el exterior”.

Hay que convencerse que la búsqueda sobre los ingresos obtenidos por Cuba es total y global, su fin es uno solo: cortarle todas las entradas para que la economía agonice.

Un ejemplo es otra información publicada recientemente donde se afirma:

“Una investigación de la Universidad de Pensilvania concluye que el gobierno cubano recibió 11 mil millones de dólares en 2015 por exportar el trabajo de 37 mil médicos cubanos a 77 países, la mayor parte en Centroamérica, Brasil y Venezuela”.

Obligada está Cuba a cumplir con las alertas de José Martí, cuando escribió:

“Es licito callar, cuando del silencio se sale más útil y mejor”.

Los oráculos de la economía cubana.


Por Arthur González.

No hay dudas que nadar fuera del agua o boxear desde las gradas, es mucho más fácil que estar dentro de las problemáticas reales de la vida, y así pasa con aquellos “eruditos” que sueñan fórmulas para que Cuba salga de la crisis y auguran la caída del socialismo por “ineficiente”.

Cuba es un país del tercer mundo, no favorecida con grandes recursos naturales, pero además con una guerra económica, económica, financiera y biológica por 60 años, como no ha sufrido ningún otro país del mundo.

¿Se pueden analizar los resultados económicos de Cuba sin tener presente la persecución implacable sobre aquellos que pretenden invertir en la Isla o realizar alguna transacción financiera, como sí pueden hacer China y Vietnam?

Recientemente la empresa The Havana Consulting Group, afirmó que “Cuba vive una de las crisis más profundas de su historia”, a la vez que avizora que “el segundo año de mandato de Díaz-Canel, será peor”. Sin embargo, en su diatriba no dice una sola palabra de las recientes sanciones impuestas por la administración de Donald Trump, quien declaró públicamente que acabaría con el socialismo cubano y para eso todas las variantes serán aplicadas.

¿Qué estado del planeta puede mantener un sistema de educación y de salud gratuitas, seguridad social, la cultura, el deporte, su pequeña industria y los programas de investigación y producción científica, soportando tantas sanciones?

Resulta muy fácil proponer recetas que nunca serían viables por esas mismas sanciones impuestas por los yanquis, que desean a todo costo derrocar el socialismo y demostrar su inviabilidad para que nadie lo imite.

Para cualquier análisis objetivo y profesional, hay que tener en cuenta lo que realmente sucede desde que, en 1960, el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Lester Mallory, expuso las bases de esa criminal guerra económica:

El único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba; negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Esa propuesta tomó cuerpo el 18 de enero 1962, cuando el presidente J, F. Kennedy, amargado por la aplastante derrota del ejército mercenario que envió a invadir Cuba en abril de 1961, aprobó el Plan Mangosta para destruir a la Revolución mediante una guerra económica.

Dicho Plan, que no escatimó dinero ni esfuerzos, expone textualmente:

La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país y las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen…”  

Paralelamente, para darle validez legal a ese tenebroso plan, el 6 de febrero de 1962 firmó el decreto No. 3447, Resolución federal No.1085, bajo el nombre de: “Embargo sobre el comercio con Cuba”.

¿Olvidan los oráculos las medidas que bajo ese “embargo” se toman contra la económica de la Isla?

Todos los activos cubanos en Estados Unidos fueron robados, incluidas las cuentas bancarias de las que han repartidos dinero a cuantas reclamaciones se han hecho, incluidas las amorosas; ejemplos sobran.

En 1992, con su alucinación de ver caer el socialismo cubano tras la desaparición del europeo oriental, el Congreso aprobó la “Ley para la Democracia en Cuba”, conocida como Ley Torricelli, que incluye más sanciones económicas.

A esa le siguió en 1996 la “Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática cubanas, llamada Ley Libertad o Helms-Burton, de la que recientemente el presidente Trump, liberó la aplicación del Título III, con el fin de sancionar a los inversionistas extranjeros.

Nada de eso los súper analistas toman en cuenta en sus fórmulas mágicas para sacar adelante la economía cubana. Tampoco mencionan la guerra biológica ejecutada por Estados Unidos para afectar la agricultura y la salud animal y humana.

¿Acaso la introducción de la Fiebre Porcina Africana, por agentes de la CIA en 1971, no afectó a cientos de miles de cerdos destinados a la alimentación del pueblo?  Qué dicen los adivinadores del daño causado por el Carbón de la caña azúcar, la Roya de la caña, la Seudodermatosis nodular bovina, el New Castle desplegado en Cuba y contaminado con un virus de Bronquitis infecciosa preparado en laboratorios yanquis, provocando cuantiosas pérdidas en la producción de huevos y aves.

A eso súmenle la Sigatoka Negra que atacó los cultivos de plátanos, la Tristeza de los Cítricos, la Broca del Café, el Moho Azul del tabaco, el Thrips-Palmi-Karmy, y más recientemente el Caracol Africano, que acaba con todos los cultivos y puede trasmitir enfermedades graves al ser humano, que se unieron a las epidemias de Meningitis y el Dengue Hemorrágico, matando a cientos de personas entre ellas niños.

En su informe The Havana Consulting Group, dice que Cuba no aprovechó las oportunidades que brindó el presidente Barack Obama, pero omiten que ese mismo presidente es el que más persecución ha desatado contra la banca internacional, por atreverse a ejecutar alguna transacción financiera con Cuba.

Antes de decir tal barbaridad, deberían saber que Obama impuso multas a los bancos por un valor de 14 mil 404 millones 358 mil 605 dólares, además autorizar la más alta cantidad de dinero para subvertir a la Revolución desde adentro, con 160 millones de dólares.

Esa guerra abierta de los yanquis aspira a la ruina de la economía cubana, por eso el informe de marras dice que existe hoy una disminución de las exportaciones, déficit creciente de inversiones de capital extranjero, incumplimientos sostenidos de los pagos de la deuda externa y con los suministradores habituales, unido a la disminución de la cifra total de entrada de turistas al país, excluyendo las sanciones recientes de Trump para afectar el turismo, el corte de la entrada de los cruceros, una profunda modificación de las licencias de viajes a la Isla y la amenaza de aquellos que consuman productos elaborados por empresas cubanas, señaladas en una larga lista negra.

Los entendidos de The Havana Consulting Group deberían leerse algunos informes elaborados por la CIA, Agencia que no se pueden tildar de comunista, ni favorable a la Revolución, donde se afirma claramente:

“…el principal objetivo de los programas encubiertos de EEUU contra Castro, es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba…Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de guerra económica”.

A otros con el cuento de la economía neoliberal, pues el ejemplo de Argentina, Brasil, Chile y Ecuador es suficiente para saber lo que le esperaría a Cuba si aplicase tales recetas.

Ante petulantes como esos que proponen cambios en Cuba, sin evaluar la política hostil de Estados Unidos, José Martí respondió:

“Una cosa es predicar y otra es poner por obra”

 

 

Los pobres que no se mencionan.


Por Arthur González.

Mucho se escribe y divulga de la pobreza en el tercer mundo y si es para desprestigiar a gobiernos no aceptables para Estados Unidos es peor. Para difamar a Cuba y a Venezuela han creado páginas completas, con el único fin de que nadie se atreva a imitar sus acciones en favor del pueblo.

Las imágenes de ambos países que parecen en la prensa, incluida la digital, son solo ruinas y caos, incluso premian fotografías y videos musicales en los que artistas famosos toman con escenarios edificios en ruinas, como si eso fuera toda una ciudad o el país.

Sin embargo, en la vieja y culta Europa, o el poderoso y opulento Estados Unidos, hay barrios pobres y destruidos a los que las autoridades gubernamentales no les brindan apoyo, pero de eso no se habla, y millones de personas desconocen de su existencia. Allí no se filman videos, ni se publican fotos para revistas de moda y tampoco son visitados por artistas famosos.

A pocos kilómetros del centro de París, la llamada Ciudad Luz, vitrina de la moda, el lujo y exuberancia, existen suburbios donde la igualdad y la solidaridad, esa que tanto habla Francia, no existe. Son barrios que muchos residentes le llaman “La frontera entre dos mundos” o “Los barrios olvidados”.

Bobigny, es uno de esos municipios de París donde impera la pobreza y la marginalidad, porque el gobierno no se preocupa por cambiar la realidad que tanto reclaman los conocidos Chalecos Amarillos.

Otro es el llamado 93, departamento situado al norte de París, donde residen los franceses más pobres y desfavorecidos por el sistema capitalista que dice preocuparse de los “derechos humanos” del mundo.

Ese departamento, a solo minutos del centro de la zona más glamurosa de París, muestra la verdadera segregación racial y pobreza que sufren sus habitantes, los que no tienen empleos fijos, ni recursos para tomar un transporte público, porque solo con escribir en una planilla de solicitud de empleo la dirección de dicho lugar, no son aceptados.

La zona de Clichy Sous Bois, es otra muestra de la pobreza y ausencia de oportunidades en París, de la que nunca se publica en la prensa occidental, a pesar de que en el 2005 fue el eje central de fuertes protestas y revueltas que llamaron la atención de Europa.

Allí las condiciones de vida son sumamente difíciles, edificios de 10 plantas con elevadores rotos, problemas con el agua, paredes con falta de repello y suciedad por doquier. Todo eso en una nación que nunca ha sufrido una guerra económica, comercial y financiera, como la que padecen Cuba y Venezuela.

Actualmente 116 millones de personas en la Unión Europea viven en la pobreza, una cuarta parte de su población vive amenazada por la pobreza y corren grave riesgo de exclusión social.

En Europa subsisten trabajadores que, aunque tienen empleo, su salario no les alcanza para terminar el mes, pero la propaganda no los señala como hacen contra Cuba que su sistema garantiza la educación y salud gratuita, a todos los niveles, además de una canasta alimenticia básica a precios subsidiados por el Estado y que, aunque no es mucho, ya quisieran numerosos trabajadores del mundo poder contar con algo similar, que ayuda a la alimentación de la familia.

La Unión Europea, esa que tanto se “preocupa” por la situación de los derechos humanos en Cuba y Venezuela, posee casi el 10% de su población en riesgo de exclusión social, motivo que dio origen a la creación de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza, con el objetivo de combatir los bajos salarios, contratos de trabajo inestables, dificultades para acceder a una vivienda decorosa y el permanente aumento de precios en los alimentos, los altos costos de la atención médica, medicamentos y el pago de la energía eléctrica.

En Francia, el 13,1% de la población corre riesgo de exclusión social por falta de ingresos suficientes para acceder a los servicios básicos.  Alemania el 15,1%; España el 19,6%; Italia el 18,7%; y el Reino Unido el 18,8%.

La prensa yanqui no se refiere a estos fenómenos, al contrario de la matriz de opinión que pretenden sembrar contra Cuba y Venezuela, culpando al sistema económico socialista de los problemas que hoy enfrentan, omitiendo que la guerra económica, comercial y financiera a la que están sometidas, es la mayor responsable de las penurias.

Hoy en el mundo se dice que viven 1000 millones de personas en la pobreza extrema, cifra muy conservadora cuando se constata la realidad de muchos países que la ocultan oficialmente.

No se hacen campañas de prensa por los millones de personas que residen en naciones con economía capitalista y en la llamada “democracia representativa”, que no pueden pagar las facturas mensuales, nunca disfrutan de al menos una semana de vacaciones al año, no tienen suficiente dinero para una comida decente cada dos días, ni logran comprarse un teléfono móvil, un televisor, una lavadora, o simplemente pagar la calefacción, a pesar del frio.

Ante esa realidad, que aplasta a cientos de millones de personas, los grupos de derechos humanos que están siempre a la caza de Venezuela y Cuba, callan.

Cuba, que muestra niveles superiores de salud, educación, integración social, racial, de género, brinda atención diferenciada a las personas de la tercera edad y a niños, especialmente a los discapacitados y los que carecen de amparo familiar, es condenada permanentemente mediante cruzadas mediáticas financiadas por Estados Unidos, que pretenden distorsionar su realidad.

Una prueba de ella es la desprestigiada Comisión Interamericana de Derechos Humanos financiada por Estados Unidos, que jamás ha denunciado los crímenes contra los líderes sociales en Latinoamérica, los asesinatos a los periodistas en México, las desapariciones y asesinatos en Honduras, Guatemala y el propio México, ni el desamparo de los desposeídos.

Ante esto, los pueblos del mundo denuncian la pobreza que sufren a causa de políticas neoliberales y apoyan a Cuba y Venezuela, porque como expresó José Martí:

“La verdad no es más que una”

 

 

La CIA los utilizó y ahora los abandona.


Por Arthur González.

De acuerdo con informaciones divulgadas el 24 de agosto 2019 en la prensa de Miami, Francisco Verona Santana, cubano de 83 años de edad, recibió una respuesta negativa a su solicitud de ciudadanía estadounidense, cuando decidió aplicar por ella.

Francisco cumplía prisión en Cuba, sancionado por delitos contra la Seguridad del Estado por ejecutar acciones al servicio de la CIA para derrocar al gobierno revolucionario, cuando fue liberado en 1979 después de un proceso de negociación entre las autoridades cubanas y la administración del presidente Jimmy Carter, comprometiéndose la parte norteamericana a otórgales visas a un grupo de esos cubanos, que estaban presos por la misma causa, algo que Estados Unidos se negaba a cumplir.

Ese mismo año Verona Santana llegó a Estados Unidos, pero nunca solicitó la ciudadanía, hasta ahora que ha sentido temor ante las nuevas regulaciones migratorias que aplica el presidente Donald Trump.

Una muestra de cómo los yanquis utilizan a miles de personas para que cumplan sus órdenes y conspiren contra Gobiernos que no son de su agrado, es el caso de Francisco Verona, al que las mismas autoridades norteamericanas, que una vez lo recibieron como “héroe”, ahora lo consideran un delincuente común, al exigirle los funcionarios del Servicio de Inmigración y Naturalización, evidencias documentales que sustenten que su sanción penal en Cuba fue por actos políticos, algo que él no puede presentar.

Para reafirmar cómo esas personas se han dejado manipular y actualmente no son respaldados por quienes hace 40 años les pagaron para cometer acciones contrarrevolucionarias, es lo que el propio Francisco contó a periodistas de Miami, al expresar que ante la negativa de otórgale la ciudadanía estadounidense, acudió a varios Senadores y Congresistas cubanoamericanos buscando apoyo, (pudieran ser Bob Menéndez, Marco Rubio, Mario Díaz-Balart, entre otros) pero ninguno se interesó en su caso, a pesar de que ellos hicieron carrera política instigando a cometer y apoyar actos contra la Revolución cubana.

Situación similar vivió un grupo de contrarrevolucionarios entrenados, abastecidos y financiados desde la entonces Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, cuando una década atrás viajaron a España, después de un proceso de mediación del Cardenal cubano, Jaime Ortega Alamino, con el gobierno español.

Una vez en España ninguno fue considerado como “preso político” y el tratamiento recibido fue similar al de otros emigrantes del mundo, e incluso fueron reprimidos brutalmente ante los desórdenes públicos que ejecutaron, al exigir prebendas como las que estaban acostumbrados a recibir de los diplomáticos de Estados Unidos, España y de otros países europeos, mientras cumplían instrucciones yanquis en la Isla.

Recientemente Ramón Saúl Sánchez, terrorista al servicio de la Agencia Central de Inteligencia, también denunciaba que no le aceptaron su solicitud de residencia permanente en Estados Unidos, después de cumplir por muchos años instrucciones de esos oficiales para ejecutar actos y provocaciones, en sus intentos por derrocar a la Revolución. Hoy es considerado un delincuente común.

Esto es una prueba de la forma en que la CIA trata a sus asalariados, los usa y después los abandona a su suerte, al igual que hacen con los materiales desechables.

Triste historia para quienes traicionan a su patria por unos dólares, que al final no les sirven ni para obtener una pensión honorable al llegar a viejos.

Así les pasa a todos aquellos que un día creyeron que, por aceptar su ingreso en los grupúsculos contrarrevolucionarios, como los creados para supuestamente defender los “derechos humanos” en Cuba, iban a ser para los yanquis estrellas rutilantes de por vida y hoy no tienen otro recurso que emborronar cuartillas diciendo mentiras, con la ilusión de recibir algunas migas de sus amos.

Qué razón tiene José Martí cuando sentenció:

“Debe ser penoso inspirar desprecio a los hombres”

Peligrosa politiquería migratoria yanqui hacia Cuba.


Por Arthur González.

La manipulada politiquería migratoria de Estados Unidos hacia Cuba, podría estar dando un paso peligroso de estimulación a la emigración ilegal, pero esta vez en aviones comerciales.

El pasado 16 de agosto 2019 un avión comercial de la aerolínea Swift, procedente del aeropuerto internacional José Martí de La Habana, arribó al aeropuerto internacional de Miami con un polizón en el compartimiento de carga. El mismo fue identificado por las autoridades del lugar como Yunier García Duarte, cubano de 27 años; hecho inaceptable por las leyes internacionales vigentes.

García Duarte trabajaba en el propio aeropuerto de La Habana, en la empresa ECASA, encargada de dar servicios en esas instalaciones, y no posee antecedentes penales, ni civiles ni políticos. Sin embargo, por ser Miami la capital de la mafia terrorista anticubana, de inmediato el hecho se politizó peligrosamente.

Los abogados que se ofrecieron a ayudarlo para solicitar un “asilo político”, la han orientado que declare ante el juez de migración que tiene un “miedo insuperable” de ser “torturado”, si es deportado a Cuba.

Desde que en 1995 el presidente Bill Clinton, propuso reajustar la manipulada Ley de Ajuste Cubano, aprobada en 1967, todo cubano que es interceptado en el mar es devuelto a Cuba, lo cual fue aprobado por ambos países, con el compromiso de la parte de cubana de no tomar medidas de represalia contra los devueltos.

Fue así como nació la política de pies secos-pies mojados que solo permitía a los cubanos que tocaran tierra firme en Estados Unidos, acogerse a la Ley de Ajuste, solicitar de inmediato permiso de trabajo y su residencia permanente a los 366 días de residir en ese país, los que no llegan a territorio yanqui son devueltos a la Isla.

Ninguno de los miles de devueltos desde esa fecha ha tenido problemas legales, ni sufrieron cárcel o torturas. Entonces, ¿en qué se basa el polizón Yunier García, para hacerle creer al juez su miedo insuperable?

En enero de 2017, antes de entregar el sillón de la Casa Blanca a Donald Trump, el presidente Barack Obama canceló la política “pies- mojados/pies-secos”, cortando totalmente el favorecimiento migratorio a los cubanos, pues la realidad demostró que no “huían del comunismo”, como afirma la manipulada Ley de Ajuste Cubano, sino que buscaban una forma de vida mejor, ante las limitaciones económicas que padecen en la Isla, sometida a una cruel guerra económica, comercial y financiera por Estados Unidos desde 1959.

En los últimos meses del presente año 2019, se incrementó la llegada de cubanos a Estados Unidos por vía marítima y según datos oficiales de las autoridades de ese país, durante el actual año fiscal iniciado el primero de octubre 2018, han sido capturados en el mar 438 cubanos, en medios rústicos, cuando intentaban llegar ilegalmente a territorio estadounidense. Según la Guardia Costera yanqui, el pasado año fiscal la cifra fue de 384 cubanos.

Si ahora por politiquería la Oficina de Asilo del Departamento de Justicia, accede a otorgarle asilo como “refugiado político” a Yunier García, se abrirá una brecha muy peligrosa que serviría de estímulo a que otros cubanos intenten arribar a ese país de la misma forma, algo que además de violar las leyes internacionales, pudiera afectar la seguridad de la navegación aérea.

Yunier García Duarte no ocupaba cargos relevantes en Cuba, no posee información secreta, ni es miembro de ningún ministerio o empresa importante, ni tampoco militar, como para demostrar un miedo insuperable si es regresado a La Habana.

El actual presidente Donald Trump ha establecido un combate a toda costa contra los inmigrantes ilegales, incluidos los cubanos que han visto desaparecer algunos beneficios que les otorgaba la Ley de Ajuste.

Hace pocos días, Trump emitió un nuevo decreto presidencial, donde restringe al mínimo el otorgamiento de permisos de trabajo a los migrantes cubanos, igualándolos al resto de los ciudadanos de otros países que llegan a los Estados Unidos, mientras esperan por la solución de su “asilo político” y recibir el Parole que les otorga la opción de permanecer de forma legal en ese país.

El comunicado emitido por el Departamento de Ciudadanía e Inmigración (USCIS), alerta que los cubanos que sean admitidos en el territorio estadounidense con petición de asilo, no serán automáticamente beneficiados con la opción del derecho a empleo, situación que va desbaratando poco a poco la Ley de Ajuste y la torcida afirmación de que “huyen del comunismo”.

El caso del polizón pretende revivir ese politizado criterio, a la vez que el abogado Wilfredo Allen y la miembro de su equipo de trabajo, la abogada Lorena Duarte, intentan ganar en imagen y nuevos clientes, si el Oficina de Asilo del Departamento de Justicia fallara a favor del polizón, a pesar de las nefastas consecuencias que eso tendría para la seguridad de los vuelos comerciales que salen desde aeropuertos cubanos.

Son las autoridades estadounidenses las que estimulan la emigración ilegal cubana, no cumplen con la entrega de no menos de 20 mil visas anuales establecidas en el acuerdo migratorio vigente y cierran su Consulado en La Habana, obligando a los cubanos a viajar a otros países para presentar sus solicitudes de visas.

Después que no se quejen, y como aseguró José Martí:

“Puesto que tenemos razón, no puede existir nada contrario a ella”.