Embajada yanqui en la Habana un centro de subversión.


Por Arthur González.

El 29 de junio 2019, Mara Tekach, Encargada de Negocios de Estados Unidos en Cuba, celebró en su residencia el 243 aniversario de la Independencia de su país, con la presencia de una docena de elementos contrarrevolucionarios, de esos que su gobierno creó, instruye y financia con 20 millones de dólares anuales para ejecutar actos provocativos.

En su discurso, la diplomática yanqui acusó nuevamente al gobierno de Cuba de “reprimir al pueblo, violar los derechos humanos, ejecutar detenciones arbitrarias, registros y confiscaciones ilegales, e impedir la libertad de movimiento”.

Viejas mentiras fabricadas por su gobierno desde 1960 para justificar su política agresiva y mantener la criminal guerra económica, comercial y financiera, con el único fin de matar por hambre y enfermedades a los cubanos, solo por haber decidido ser libres y soberanos, sin volverse a someter a las órdenes de la Casa Blanca.

En sus palabras repitió las mismas falsedades que expresó el presidente Barack Obama, en su discurso del 17 de diciembre 2014 al anunciar el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, donde aseguró:

“Los Estados Unidos consideran que ningún cubano debe ser víctima de acoso, arresto o golpizas, solo por ejercer el derecho universal de hacer que su voz se escuche”.

Es la política imperialista contra Cuba, sea la administración demócrata o republicana, porque no soportan que un país en su traspatio, los desafié y enfrente, y para colmo resistan unidos a pesar de la guerra económica, financiera y hasta biológica, que cada día arrecian más.

La diplomática yanqui pretendió dar lecciones de democracia, derechos humanos y recetas para alcanzar la prosperidad económica de la Isla, obviando esa guerra económica diseñada por su país desde 1961, unido a los miles de actos terroristas ejecutados contra Cuba, con el propósito de evitar que su modelo económico socialista e influencia política, fueran imitados.

Entre sus explicaciones aseguró con total desvergüenza que, si existiese libertad, Cuba podría ser un país donde el gobierno tomase en consideración las preocupaciones y el mejor interés del pueblo, al crear leyes y regulaciones. Los trabajadores podrían conservar el fruto de su trabajo y los salarios serían dignos”.

“La tecnología sería accesible y asequible. La producción sería transparente y eficiente. Los líderes entenderían las normas económicas fundamentales y los principios del mercado. Los consumidores cubanos se beneficiarían, en vez de solo los funcionarios del gobierno”.

“Los negocios podrían confiar en los datos económicos que reciben, y los contratos y licencias serían racionales y agiles. Los inversores extranjeros podrían confiar en un clima de inversiones estable y seguro. Los inversores también podrían calcular el retorno de su inversión y todas las personas, incluidos los emprendedores, podrían asociarse libremente”.

Falacias que demuestran la impotencia imperial, como si los cubanos y cubanas no conocieran la historia de las relaciones entre los dos países y las acciones acometidas contra Cuba.

¿Sabrá la Encargada de Negocios yanqui la verdad histórica de los planes de Washington contra la Revolución cubana?

Es posible que no, pues son tantas las campañas de mentiras que ocultan los hechos, que muchos de sus diplomáticos no la conocen.

Sería conveniente que repasara algunos de los planes de su Gobierno para que no hablara tantas bobadas.

En enero de 1962 el Grupo Especial Ampliado del Consejo de Seguridad, organizado para intentar derrocar a la Revolución, diseñó el Proyecto Cuba, que expone:

La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen, y las de tipo militar darán al movimiento popular un arma de acción para el sabotaje y la resistencia armada en apoyo a los objetivos políticos”.

A Estados Unidos les duele que Cuba siga adelante con sus planes de apoyo al pueblo, que la salud, la educación, el deporte y la cultura, sean totalmente gratuitas y un derecho de todos los ciudadanos, sin importar su filiación política, raza o credo.

Los cubanos han sido sometidos a innumerables actos terroristas, para destruir su economía y evitar su desarrollo.

Según plan de terrorismo de Estado preparado por la CIA contra Cuba, para el Grupo permanente del Consejo Nacional de Seguridad, de fecha 8 de junio de 1963, afirma:

“Solamente después que los efectos de la represalia económica y de las acciones de sabotaje, se sientan profundamente en la población y en los grupos de élite, puede uno esperar convertir la desafección en las fuerzas armadas y otros centros de poder del régimen en revueltas activas contra Castro” “… Para un impacto máximo en la economía cubana, este esfuerzo debe ser coordinado con las operaciones de sabotaje”.

“Debe existir una visible y dramática evidencia del sabotaje para que sirva como un símbolo del creciente desafío popular al régimen de Castro” … Habrá fracasos con la consecuente pérdida de vida y acusaciones contra EE.UU. que resultarán en críticas en casa y afuera. Ninguna de esas consecuencias esperadas deberá hacernos cambiar nuestro curso si el programa expuesto puede esperarse tenga éxito”.

¿De qué derechos humanos, libertad y apertura económica habla la diplomática yanqui? ¿A caso la Ley Helms-Burton no persigue la inversión extranjera?

Mara Tekach, volvió a repetir el invento de que Cuba sostiene al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, algo insólito y que la vida se encarga de desbaratar; sin embargo, no mencionó la fabricación por la CIA del títere Juan Guaidó, quien no tiene respaldo del pueblo, y ya países de Europa, como Alemania, se dieron cuenta que Estados Unidos los engañó con el cuento del auto proclamado presidente.    

Washington no tiene moral para darle lecciones al mundo, después de sus múltiples golpes de Estado en Latinoamérica, invasiones y guerras imperiales con inventadas acusaciones, como la de Irak, Libia y Siria, pues solo pretenden apoderarse de sus recursos naturales.

Cuando el presidente Obama, el 01 de julio del 2015, anunció la apertura de su embajada en Cuba, fue claro y preciso, al asegurar:

“Podremos aumentar considerablemente nuestro contacto con el pueblo cubano”. “Tendremos más personal, y nuestros diplomáticos podrán participar de manera más extensa en toda la isla…incluida la sociedad civil y con los cubanos que buscan alcanzar una vida mejor”.

“Creo que el compromiso estadounidense, mediante nuestra embajada, empresas y ante todo nuestro pueblo, es la mejor manera de representar nuestros intereses, y apoyar la democracia y los derechos humanos”.

Por eso no nos engañan, su embajada es y seguirá siendo un centro de subversión política contra la Revolución; porque como dijo José Martí.

“En la política, lo real es lo que no se ve.”