La psicosis de Donald Trump.


Por Arthur González.

Si el famoso director de cine Alfred Hitchcock viviera, ya hubiese realizado un nuevo filme sobre la psicosis que padecen en relación a Cuba, el presidente Donald Trump y algunos de sus más allegados funcionarios, como Mike Pompeo, John Bolton y Elliott Abrams, pues cada una de las sanciones aprobadas demuestran un síndrome enfermizo, que cualquier psicólogo lo determinaría con solo leerlas.

Desde el invento de los ruidos y las falsas enfermedades de los diplomáticos acreditados en La Habana, que culminaron con el cierre del consulado para dificultarle la vida a los cubanos que desean reunificarse con sus familiares en Estados Unidos; atemorizar a los turistas; y las más cercanas medidas, así lo confirman.

Todo indica que Trump y su pandilla no pueden conciliar el sueño con la psicosis que padecen, al ver la resistencia de los cubanos y su apoyo a la Revolución, a pesar del recrudecimiento de la guerra económica, comercial, financiera y biológica que soportan desde hace 60 años, posición que los tiene desconcertados.

Esa pandilla de los cuatro, a diario se buscan problemas con el mundo creyéndose que con eso fortalecen el apoyo interno, sin percatarse que incrementan el rechazo de cientos de millones de personas que ven a los yanquis como el enemigo número uno de la humanidad.

Dichos psicópatas no se percatan que el uso de la amenaza, las presiones y el chantaje burdo, le hacen daño a los Estados Unidos y no al resto de los países que se sienten victimas de tantas locuras.

La reciente medida, anunciada el 20.06.2019 por el Departamento de Estado, de incluir a Cuba en la lista de países que trafican con personas, ejemplifica el desequilibrio mental de la pandilla por los argumentos esgrimidos, los cuales se refieren a los médicos cubanos que prestan su ayuda humanitaria a millones de personas, en países carentes de profesionales de la salud, donde salvan cientos de vidas.

Para el gobierno yanqui, esos médicos son “traficados” por Cuba, calificativo que proviene de la alucinación que padecen también los miembros de la mafia terrorista asesina de Miami, entre ellos los senadores Marco Rubio y Bob Menéndez, pues saben que los médicos son parte del ingreso de divisas que recibe la Isla y la estrategia trazada es cerrar todas las entradas económicas, con la ilusión de colapsar a la Revolución, por eso los ataques al turismo y a la Salud.

Ellos mismos en sus justificaciones reconocen que “los servicios médicos profesionales, representan la mayor fuente de ingresos del régimen y por tanto hay que cortarlos”.

Recientemente Trump prohibió la visita a Cuba de los estadounidenses que viajaban dentro de las 12 licencias contempladas en el programa People to People, que, si bien pretendía trasladar sus valores y símbolos a la sociedad cubana, no obtuvo los resultados calculados de “empoderar” al pueblo, como manifestara el presidente Barack Obama, al anunciar ese programa.

Trump también vedó la entrada de los cruceros, porque dijo que no quería que los dólares de los norteamericanos alimentaran al gobierno socialista.

Antes, había elaborado una lista de hoteles, centros comerciales, bebidas y otros artículos, que los norteamericanos no podían disfrutar durante su estancia en Cuba, enajenación evidente de un presidente, que según importantes y calificados psicólogos estadounidenses, no está apto para gobernar ese país, debido a su inmadurez psicológica y otros desajustes adicionales manifestados en cada discurso, que van desde sus gestos hasta sus ataques de histeria contra la prensa local, el personal de la Casa Blanca y la actitud que asume públicamente con su esposa.

La colaboración médica cubana se inició en 1960 y siempre ha demostrado su carácter eminentemente humano, por eso calificarla como “tráfico de persona” es algo que nadie en el mundo puede respaldar.

Cuba ha prestado servicios con su personal de la Salud en 109 países, lo que no hacen los Estados Unidos ni otros países desarrollados.

Posee una brigada organizada especialmente para asistir a personas ante desastres naturales, como huracanes, terremotos, inundaciones ocasionadas por tormentas, graves epidemias y otras causas, brindándoles un servicio humano reconocido por la Organización Mundial de la Salud.

Un ejemplo fue la asistencia en África contra la epidemia del ébola, esfuerzo reconocido por las Naciones Unidos, lo que jamás harán los médicos estadounidenses, porque para ellos la medicina es un negocio jugoso y no un servicio humano.

Presiones yanquis sobre su aliado Jair Bolsonaro en Brasil, provocaron que Cuba retirara a su personal de la misión Más Médicos, y actualmente reconocen que millones de brasileños en zonas selváticas y citadinas, perdieron la asistencia médica que ofrecían los cubanos, no siendo posible que médicos nativos cubran esas plazas, algo que solo hacían los cubanos, basado en el sentimiento solidario y humano que llevan en el corazón.

Mentiras y tergiversaciones inventadas desde Miami intentan justificar las sanciones contra Cuba, aduciendo que parte del pago que hacen esos países va a parar al Estado, pero no mencionan que con ese dinero se sufragan el sistema gratuito de salud de la Isla y las escuelas de medicina, donde además estudian alumnos de decenas de países.

Quiénes deberían estar acusados y sancionados son los funcionarios de Estados Unidos, por cobrar altísimos precios de la asistencia médica a su población, más los medicamentes, siendo uno de los países donde más cuesta un tratamiento y millones de norteamericanos carecen del dinero para pagarlo, siendo incontables los fallecimientos por enfermedades totalmente curables, si todos pudieran acceder a los hospitales, como lo hacen gratuitamente once millones de cubanos.

La psicopatía anticubana continua y ahora alcanza empresas especializada en servicios de búsqueda de hoteles y alojamientos, como si ese trabajo fuese criminal, todo con el único objetivo de reforzar su guerra económica y financiera contra los cubanos.

Otras de sus locuras puestas de manifiesto, es la decisión insólita de prohibir la actuación de artistas cubanos en Miami, lo que muestra el odio y resentimiento de aquellos que han envejecido sin ver el derrumbe del socialismo, en la Isla que abandonaron con la falsa ilusión de regresar a los seis meses.

La enfermiza obcecación llega a tal punto que amenazan con sancionar a la empresa Western Union, autorizada desde hace décadas, a enviar las remesas familiares a los cubanos, todo bajo el mismo invento de que el dinero va para los bolsillos del gobierno.

Si realmente Trump aspira a captar los 29 votos electorales de la Florida, con esas acciones contra el pueblo cubano, muy pocos adeptos podrán encontrar en una comunidad que se ha visto impedida de recibir las visitas de sus seres queridos, la anulación de los visados múltiples por cinco años, la obligatoriedad de viajar fuera de Cuba para obtener un visado temporal o por reunificación familiar y ahora con la coacción de suspender el envío legal de las remesas.

Mientras eso sucede en Estados Unidos, la sede londinense de Public Health England, agencia del Departamento de Salud británico, destaca la vocación internacionalista y solidaria de la medicina cubana, reconociéndose que el sistema de salud cubano es universal, gratuito, accesible, regionalizado, integral, y con una concepción humanista.

Lo que no dicen los yanquis es que Cuba ha formado a más de 95 mil médicos, a pesar de la guerra económica, y redujo la mortalidad infantil a cuatro por mil nacidos vivos, unido al incremento de la esperanza de vida a 78,4 años.

Su propaganda anticubana calla que, gracias a su sistema de salud, los cubanos cuentan con un régimen de atención primaria, con un médico por cada 118 habitantes, unido a la prevención y eliminación de decenas de enfermedades infecciosas y el desarrollo de la Biofarmaceútica con nuevos medicamentos, incluidas las vacunas contra el cáncer.

Aunque sigan castigando a Cuba, su pueblo continuará el camino con libertad y soberanía, junto al agradecimiento de millones de personas en el mundo, porque como dijera José Martí:

“No puede ser que pasen inútiles por el mundo, la piedad incansable del corazón y la limpieza absoluta de la voluntad”.

 

 

 

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