Las mentiras de Mike Pompeo


Las mentiras de Mike Pompeo.

Por Arthur González.

El propio Secretario de Estado, Mike Pompeo, confirmó recientemente que la CIA, miente, engaña y ejecuta acciones ilegales, algo que aprendió muy bien cuando era miembro de esa Agencia.

Con esa conducta incorporada, ahora como Secretario de Estado continúa mintiendo y engañando a sus conciudadanos, para incrementar la matriz de opinión contra Cuba, a fin de que respalden las acciones de la administración Trump.

Para reafirmarlo, el 17 de abril ofreció una conferencia de prensa para anunciar la decisión de no suspender más la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton, dando luz verde a las reclamaciones de estadounidenses que hayan tenido propiedades en Cuba y les fueran nacionalizadas después de 1959.

También se les permitirá a los cubanos que ahora son ciudadanos de ese país, siempre que puedan demostrar sus propiedades nacionalizadas.

Como justificación de la nueva medida para reforzar la guerra económica, comercial y financiera contra el pueblo cubano, al que pretenden matarlo por hambre y enfermedades, el ex Director de la CIA expuso una retahíla de falsedades que causarían risa, sino fuera por su crueldad.

Hay que recordarle a Pompeo las acciones cometidas por Estados Unidos contra Cuba, algo que, o desconoce, u olvidó, como fue la solicitud enviada al Congreso por el presidente McKinley, el 11 de abril de 1898, para intervenir militarmente a la Isla, donde afirmaba:

“Es la única esperanza al alivio y descanso de la situación insoportable que padecen los cubanos, lo que implica la pacificación forzosa de Cuba”.

Esa mentira encubría el anhelado y viejo interés de apoderarse de la Mayor de las Antillas, algo que nunca han dejado de soñar.

Pompeo no menciona que muchos de los cubanos hoy nacionalizados norteamericanos, salieron huyendo de Cuba por crímenes cometidos, y a los que Estados Unidos les otorgó la categoría de “refugiados políticos”, como parte de las campañas contra la Revolución naciente.

Si el gobierno revolucionario cubano nacionalizó, el 3 de marzo de 1959, la Compañía Cubana de Teléfonos, afiliada a la International Telephone and Telegraph Corporation, fue para consolidar su soberanía nacional. De inmediato se rebajaron las tarifas y se canceló el acuerdo de 1957 firmado por el dictador Fulgencio Batista, que amplió la franquicia otorgada a esa Compañía y le permitía elevarlas.

En abril del 59 Cuba tomó la decisión soberana de clausurar los casinos de juegos, emporio de la mafia italo-norteamericana desde 1947, cuando el capo mafioso italiano Lucky Luciano arribó a la Habana para reunirse con los jefes estadounidenses de la Cosa Nostra, entre ellos Meyer Lansky, fundador de los primeros casinos en La Habana, unido al negocio de las drogas y la prostitución organizada.

Las nacionalizaciones continuaron, entre ellas las tierras afectadas por la Ley de Reforma Agraria, en mayo del 59, lo que trajo como resultado que Estados Unidos protestara por los términos de la compensación monetaria y no aceptó los pagos propuestos. Gran Bretaña, Canadá, Francia, Italia, España, México y Suecia si negociaron con Cuba y recibieron sus liquidaciones.

Desde ese instante Estados Unidos inició acciones subversivas para derrocar a la Revolución, bombardeos aéreos con aviones procedentes de Miami en octubre de 1959, ocasionaron muertes y heridos en La Habana y Las Villas.

El 11 de diciembre de ese mismo año, desde la embajada yanqui se envió un informe secreto al Director de la CIA, en el que se afirma:

Los objetivos de Estados Unidos son el derrocamiento de Castro en el término de un año y su reemplazo por una Junta que sea del agrado de los Estados Unidos, la cual convocará a elecciones seis meses después de su llegada al poder”.

En el mismo documento se proponen varias medidas, entre ellas:

“Alentar a grupos opositores a favor de Estados Unidos, Operaciones de interferencia contra la radio y la televisión, y darle una cuidadosa atención a la eliminación de Fidel Castro”.

Cuba fue víctima de cientos de medidas represivas por parte del gobierno yanqui, las que provocaron más nacionalizaciones de compañías que se negaban a trabajar con el nuevo gobierno, como fue la reducción de la compra de azúcar, la negativa a vender petróleo y posteriormente a refinar el que se adquirió en la URSS, cierre de las plantas de sulfuro y sinter de níquel, y muchas más.

La batalla librada ha sido difícil y dura, los yanquis se lanzaron con todo su poderío para intentar retrotraer el proceso revolucionario, desde la invasión mercenaria, planes de terrorismo de todo tipo, intentos de asesinatos a Fidel Castro, presiones políticas, diplomáticas, guerra psicológica como la triste Operación Peter Pan, hasta las crueles cruzadas propagandísticas y la guerra bacteriológica y biológica contra las personas, fauna y la flora cubana.

Al no poder alcanzar sus objetivos, ahora continúan presionando con la vieja ilusión de derrocar el socialismo y para eso inventan mentiras como las expresadas por Pompeo, entre esas:

La represión del régimen contra su propio pueblo y su exportación obstinada de la tiranía a la región”. “Opresión a las llamadas Damas de Blanco”. “Afirmar que el referéndum constitucional del país, fue una farsa”. “El acoso, golpes y detención de opositores”. “Que el comportamiento de Cuba en el Hemisferio socava la seguridad y estabilidad de los países de la región, y amenaza los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos”. “La exportación por parte de Cuba de sus tácticas de intimidación, represión y violencia”.

Con toda esa vieja retórica desgastada en 60 años, no han podido engañar al mundo, pues se conoce que el padre de la desestabilidad, la represión, los golpes militares para derrocar gobiernos democráticos, las invasiones militares, el asesinato, desaparición y tortura de aquellos que tenían ideas diferentes, provienen de Estados Unidos.

Hoy los yanquis se empeñan en destruir el proceso venezolano y con él a Cuba y Nicaragua, porque no permiten que existan opositores al capitalismo, ni otras ideologías que no sean las del imperio.

Nada de los que ejecutan es democrático ni respetan los derechos humanos, la libre determinación y el pensamiento, es “haz lo que mando o si no te castigo”, cortando ayudas económicas, fomentando opositores terroristas y el chantaje político como arma fundamental.

Cuba continua libre su camino, a pesar de las dificultades que causan la guerra económica, pero digna y soberana para no volver nunca jamás a los brazos del imperio, pues como aseguró José Martí:

“Una vez gozada la libertad, ya no se puede vivir sin ella”.

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Lo que prenten la Ley Helms-Burton contra el pueblo cubano.


Por Arthur González.

Cuando el pasado 17 de abril 2019, el anciano John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, informó las nuevas sanciones contra Cuba y la aplicación total de la “Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática cubanas”, más conocida como Ley Helms-Burton, incluido su Título III a partir del 02 de mayo 2019, , sonaron rápidamente las alarmas en Cuba y en el mundo por las consecuencias que pudiera conllevar para los inversionistas extranjeros y sus familiares.

Ese Título permite presentar reclamaciones ante los tribunales de Estados Unidos, algo que solo sirve para asustar y demostrar el carácter extraterritorial de la Ley, y cual emperadores, los yanquis pretenden dominar al mundo restándole soberanía e independencia a países con economías poderosas, e incluso mucho más estables y sólidas que las de los propios Estados Unidos.

Cuba tiene desde aquella época su Ley de protección, conocida como Ley 89, y el pueblo sabe perfectamente que los yanquis jamás volverán a poner un pie sobre la Isla, como hacían desde 1898 hasta el 1ro de enero de 1959, cuando la Revolución los puso en su lugar.

Pero no es solo el Título III el que daña a Cuba, es todo el texto legal que la convierte en la Ley de la Esclavitud, tal y como se le llamó desde su proclamación.

Una simple lectura de la Ley enemiga basta para comprender lo execrable que resulta para la soberanía y libertad de los cubanos dignos.

Su Título I lo denominan “Fortalecimiento de las sanciones internacionales contra Cuba”, y recoge acciones desde la aplicación de la guerra económica, denominando eufemísticamente como “embargo”; la prohibición de la financiación indirecta a la Isla; la oposición de Estados Unidos al ingreso de Cuba a las instituciones financieras internacionales; la ayuda de los Estados independientes de la ex URSS al gobierno cubano; las transmisiones de Radio y TV Martí hacia Cuba; la oposición al comercio de otros países con Cuba y la prestación de asistencia por estos a la Isla; el apoyo yanqui a los grupos contrarrevolucionarios; la negativa de las importaciones de productos cubanos y otras medidas similares.

En Título se manifiesta el deseo de ahogar la economía cubana y matar a todo un pueblo de hambre y enfermedades, como precio por defender su soberanía y libertad.

Aquí se plasman las sanciones civiles y se enmienda la Ley de Comercio con el Enemigo, al añadirse:

“El Secretario del Tesoro podrá imponer una sanción de hasta 50 mil dólares, a toda persona que viole cualquier licencia, orden, norma o reglamento emitido con lo dispuesto en esta Ley”.

Igualmente, prohíbe invertir en los servicios de las telecomunicaciones cubanas y se codifica el denominado “Embargo”.

Establece categóricamente la prohibición de financiación indirecta a Cuba y se aplica el “embargo” económico a Cuba a las conversiones de deuda en participación de capital, incluido el canje, la reducción o la condonación de la deuda contraída por Cuba con otro país, a cambio de concesión de una participación de capital en una propiedad, inversión u operación del Gobierno de Cuba y cualquier organismo o instrumento del Gobierno de Cuba, o de un nacional cubano.

El Título II se nombra “Ayuda a una Cuba libre e independiente”, y contiene la política que seguiría Estados Unidos en un supuesto “gobierno de transición” hacia el capitalismo, mediante un llamado “gobierno elegido democráticamente”.

Establece la asistencia que Estados Unidos le entregaría; la coordinación de un programa de asistencia y los informes que deberá presentar el Presidente al Congreso, a partir de los elementos que traslade un funcionario estadounidense denominado “coordinador”, entiéndase interventor, nombrado por el propio Presidente yanqui para Cuba.

Señala que el Presidente designará un llamado Consejo Estados Unidos-Cuba, cuando el tal coordinador-interventor, informe que se efectuaron elecciones “libres” con un gobierno cubano de “transición”, por supuesto al servicio de los intereses yanquis, y se someterá a consultas con el Congreso norteamericano la suspensión de la guerra económica, comercial y financiera contra Cuba, denominada por ellos como “embargo”.

También, se revocaría la aplicación de la Ley de ayuda al Exterior, vigente desde 1961, la Ley para la Democracia en Cuba, más conocida como Ley Torricelli de 1992, y todo el engranaje de sanciones impuestas contra el pueblo cubano, siempre que el nuevo gobierno pro yanqui cumpla todos los requisitos y exigencias que ordena la Ley de la Esclavitud, entre ellas la disolución del Departamento de Seguridad del Estado, los Comités de Defensa de la Revolución, la creación de múltiples partidos políticos pero sin el Comunista, la celebración de elecciones con la supervisión de la OEA y otros inspectores internacionales, la autorización de la Radio y TV Martí, sindicatos “independientes” y la concesión de permisos a los medios de comunicaciones y compañías de telecomunicaciones privadas para operar en la Isla.

Por supuesto, entre las exigencias está la liquidación total de las reclamaciones de los estadounidenses a los que le fueron nacionalizadas sus propiedades en Cuba, algo que recoge puntualmente el Título III, calificando como “tráfico con las propiedades nacionalizadas, las inversiones o administración de estas, por empresas extranjeras”.

El Título IV se refiere a la “Exclusión de determinados extranjeros”. Bajo los preceptos de este Título se plantea prohibir la entrada a los Estados Unidos, de los extranjeros que hayan confiscado propiedades de estadounidenses o que “trafiquen” con las mismas.

Para eso, el Secretario de Estado denegará las visas de esos extranjeros y el Fiscal General excluirá de los Estados Unidos, a todo extranjero que determine el Secretario de Estado, incluso sus cónyuges, hijos menores de edad, o representante legal de una persona excluible.

Los Títulos I, II y IV son mucho más perjudiciales para Cuba que el propio Título III y se ejecutan desde 1996, de ahí las sanciones multimillonarias impuestas a empresas, compañías y bancos extranjeros por comerciar con entidades cubanas, prueba irrefutable del carácter extraterritorial y criminal de las leyes yanquis que hay que denunciar permanentemente, pues como dijo José Martí:

“Callar un crimen en cometer otro”

 

Receta made in USA para cambios políticos en Latinoamérica.


Por Arthur González.

En los últimos años, los ideólogos yanquis ejecutan una receta para provocar cambios políticos en aquellos países con gobiernos de izquierda, llegados al poder mediante elecciones populares.

Brasil vivió campañas de prensa con noticias falsas para conformar una matriz de opinión negativa contra la presidenta Dilma Rousseff, unido al reclutamiento y compra de diputados y jueces para sacarla de la presidencia sin una sola prueba legal. La receta funcionó y por eso pudo ascender el verdadero corrupto, pero fiel servidor de los Estados Unidos, Michel Temer, quien logró rápidamente iniciar el desmontaje de los beneficios sociales para el pueblo que, desde la presidencia de Luis Ignacio Lula, se habían instaurado.

La receta contempla también la persecución judicial a través de jueces sobornado y presionados, con el propósito de evitar que candidatos de izquierda alcancen la presidencia, como hicieron con Lula, acusado por la prensa de derecha al servicio de la embajada yanqui, sin una sola prueba para ser condenado y encarcelado.

Argentina siguió el mismo camino de las cruzadas propagandísticas contra la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, su actual acoso político y posible enjuiciamiento, impedirán su elección como presidenta de un país, en que su sucesor, Mauricio Macri, fiel agente de la CIA, lo convirtió en uno de los más empobrecidos de América Latina.

Informes oficiales afirman que la inflación allí aumentó en marzo un 4,7 por ciento respecto a febrero 2019, y hoy acumula un incremento del 11,8 por ciento en el primer trimestre del año, algo que elevó a 5,7 por ciento los precios en los últimos doce meses, uno de los más altos del mundo, arrojando a cientos de miles de personas a las calles al quedar sin trabajo y no poder pagar sus viviendas; de ahí que la pobreza en Argentina subió al 32 por ciento y el desempleo al 9,1, al cierre del 2018, gracias a la política neoliberal impuesta por el hombre de Washington en Buenos Aires.

En Ecuador, el solapado agente CIA, Lenin Moreno, siguió al pie de la letra las orientaciones impartidas por los oficiales que le dirigían para obtener información sobre los planes del Presidente Rafael Correa, sus relaciones con UNASUR, el ALBA, la CELAC y demás organismos y mecanismos de integración creados para enfrentar las políticas imperialistas en la región, con el fin de sacar de la pobreza a millones de personas.

Moreno es el ejemplo vivo del daño que causa un político reclutado por la CIA, no solo en su país sino en la región, donde arremetió contra su vicepresidente Jorge Glas, hasta encarcelarlo sin pruebas, para frustrar su posible carrera a la presidencia de Ecuador.

Igual acción pretendió ejecutar contra Correa, al que le fabricaron una acusación para encarcelarlo y anularlo políticamente, idéntica receta aplicada contra Lula y Cristina.

Para descabezar a la izquierda ecuatoriana el agente Lenin Moreno la emprendió contra el ex canciller Ricardo Patiño, poniéndose de manifiesto que dentro de la reunión del Movimiento Revolución Ciudadana al que pertenece, existen otros agentes de la CIA, pues la acusación que le hacen es por haber propuesto unirse para hacer propuestas públicas, durante una reunión del pasado año 2018.

Con vistas a evitar su captura, Patiño se vio obligado a salir del país solo horas antes de ejecutarse la orden de su apresamiento.

Sin embargo, Cuba es acusada y sancionada por detener, momentáneamente a los asalariados de Washington que reciben instrucciones de hacer provocaciones en la vida pública, a pesar de que las autoridades no los acusan ante los tribunales por tales delitos.

Moreno en cuanto asumió la presidencia se quitó el disfraz de izquierdista e inició el desmontaje de todo lo construido por el gobierno de Correa, sustituyéndolo por modelos neoliberales. Antes, preparó el camino judicial para perseguir a todos los revolucionarios, al reformar la estructura judicial para lo cual cambió fiscales, jueces e integrantes del Tribunal Constitucional.

Dejando en claro su adicción a la Casa Blanca, aceptó que Estados Unidos abriera oficinas militares en Ecuador bajo fachada, como las que tuvieron en gobiernos anteriores al de Correa, en que la CIA llegó a instalar escuchas secretas en ese país para espiar a funcionarios, sindicatos, partidos políticos y movimientos populares.

Mauricio Macri, Sebastián Piñera, Jair Bolsonaro e Iván Duque, encabezan la lista de presidentes plegados a los dictados yanquis contra la república Bolivariana de Venezuela y su presidente constitucional Nicolás Maduro, a los que rápidamente se sumó Lenin Moreno para recibir al títere Juan Guaidó, fabricado por Estados Unidos.

Todos aplican las políticas neoliberales que desea el FMI, incrementando los niveles desigualdad y pobreza en sus países.

Duque persigue con saña criminal a los líderes sociales sin ser sancionado ni acusado por los yanquis, la Organización de Estados Americanos, OEA, y la Unión Europea.

Parte de esa receta yanquis son las condenas de la OEA, donde el también agente CIA, Luis Almagro, cumple disciplinadamente las órdenes de los oficiales que lo dirigen, por eso el apoyo total que le ofrecen la Casa Blanca y el Departamento de Estado.

La historia recoge las recetas made in USA que actualmente cambian los antiguos golpes militares por el reclutamiento de políticos, para que con una conducta supuestamente de izquierda, con promesas a favor de pueblo contra la corrupción y acusaciones falsas hacia presidentes con posiciones anti yanqui, logren ascender al poder con el voto popular de las masas manipuladas por las campañas mediáticas, atestadas de noticias falsas en las redes sociales.

Por personajes como esos definió José Martí:

“Ocultos están largo tiempo la traición y el engaño, más una vez sospechados, tienen para ser descubiertos rapidez asombrosa”.

 

 

El verdadero eje del mal.


Por Arthur González.

Manipulando la realidad del mundo en que vivimos, Estados Unidos y sus más allegados aliados, acusan a Cuba, Venezuela y Nicaragua de ser integrantes del eje del mal en América, cuando el verdadero y único eje maléfico y terrorista lo encabezan ellos.

¿Quién diseñó y ejecutó la Operación Cóndor en Latinoamérica, responsable del asesinato, desaparición y tortura de todos los que no respaldaban las políticas hegemónicas yanquis?

¿Quién llevó a cabo los golpes militares más sangrientos del siglo XX, para imponer a títeres que respondieran fielmente a los intereses de Estados Unidos?

La CIA y otras agencias de inteligencia del imperio yanqui. Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay pusieron las mayores cifras de muertos y desaparecidos y Estados Unidos nunca ha pagado por esos crímenes.

¿Quién ha impulsado las guerras sangrientas en el mundo desde el siglo XX hasta la actualidad? Estados Unidos.

Vivos están en el recuerdo las atrocidades cometidas contra el valeroso pueblo de Vietnam, donde eran quemados vivos por el lanzamiento de bombas de Napalm, aldeas enteras de campesinos, además de sufrir el riego de productos químicos como el agente naranja, que aún mantienen las secuelas en los vietnamitas.

¿Quién invadió Afganistán e Irak bajo falsos pretextos, asesinando y saqueando riquezas arqueológicas de alto valor para la humanidad y apoderándose de sus recursos naturales? Estados Unidos.

¿Quién organizó la invasión a Libia y el asesinato del presidente Gadafi, con el único fin robarse sus ricos depósitos de petróleo? Estados Unidos con el apoyo de sus más cercanos aliados europeos.

¿Quién diseña y finanza las acciones subversivas y terroristas contra Cuba, Venezuela y Nicaragua para derrocar a gobiernos electos democráticamente? Estados Unidos que con toda desfachatez aprueba anualmente cientos de millones de dólares para alcanzar sus propósitos imperiales y dominar la región como si América Latina fuera de su propiedad.

La lista es infinita, pero lo peor son las nuevas armas que han probado contra Venezuela, en lo que puede ser el preludio de la próxima guerra, con el empleo de la cibernética como actor fundamental.

Los recientes ataques contra la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar de Guri, en Venezuela, definen abiertamente la nueva característica que tendrán las próximas acciones de guerra que ejecute Estados Unidos, demostrando que son el único eje del mal del planeta.

Esos ataques cibernéticos al sistema eléctrico venezolano, puso en evidencia la falta de humanidad de los yanquis, que con tal de incrementar las penurias del pueblo para que se lance a las calles a rechazar al presidente Nicolás Maduro, dejó sin servicio eléctrico a hospitales, laboratorios de sangre, centros de producción alimentaria, bancos, escuelas y demás centros de servicios, sin importarle que pudieran morir cientos de personas.

Evidentemente sus especialistas cibernéticos se han concentrado para hackear los softwares de los principales centros de generación de electricidad, agua y las comunicaciones de todo tipo, incluidas la radio, televisión y prensa, con el propósito de paralizar todo un país, sin necesidad de destruir totalmente sus infraestructuras, aviso que hay que tomar en cuenta para evitar dichos ataques.

No por gusto el presidente Barack Obama aprobó sin miramientos la apertura de Internet en Cuba, dado que eso la conecta con el mundo a través de ellos, algo que apoyó Donald Trump durante sus discursos de campaña electoral en 2016, al afirmar:

Reclamamos una plataforma aérea para las transmisiones de Radio y TV Martí, y la promoción del acceso a Internet como herramienta tecnológica para fortalecer el movimiento pro democracia en Cuba.”

No hay que oponerse al empleo de Internet en la Isla, es solo estar consciente del riesgo que eso conlleva en las actuales y futuras circunstancias del país, para preparar a los miles de expertos cubanos en seguridad informática y evitar ser víctima de ataques similares como los acontecidos en Venezuela, pues Cuba al estar sometida a una criminal y creciente guerra económica, comercial y financiera, sufriría graves daños, no solucionables en corto tiempo.

Un artículo divulgado por la revista Forbes, alerta que los ataques cibernéticos como los ejecutados contra el sistema eléctrico en Venezuela, sería la nueva táctica ejecutada contra países donde se desea acelerar los conflictos internos y forzar un cambio de gobierno, al provocar graves daños a las infraestructuras y servicios críticos de la sociedad.

Esta nueva modalidad del terrorismo de estado empleado por Estados Unidos, demuestra fehacientemente quien es el verdadero miembro del llamado eje del mal, ese que no le importan ni los derechos humanos y menos aún la vida de las personas, con tal de alcanzar sus objetivos de destruir aquellos gobiernos que no se le subordinan y luchan por mantener su independencia y soberanía.

El asesor de Seguridad Nacional, el anciano maléfico John Bolton, afirmó en septiembre de 2018 durante una conferencia de prensa:

“Es muy importante el ciberespacio para la disuasión geopolítica y militar de los adversarios de Estados Unidos y con ese fin autorizamos operaciones cibernéticas ofensivas […] para demostrar que el costo de su participación en operaciones contra nosotros es más alto de lo que quieren soportar”.

Así piensan y actúan los yanquis, en los que jamás se puede confiar porque carecen de ética y respeto para el resto de los seres humanos.

Visionario fue José Martí cuando en noviembre de 1884 expresó:

“De Estados Unidos no espero nada, más que males”.

 

 

Vieja historia de fracasos.


Por Arthur González.

La derrota de la invasión mercenaria a Cuba por Bahía de Cochinos en abril de 1961, la asumió el Presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, a pesar de que su actor principal fue el Director de la CIA Allen Dulles, quien le aseguró al Presidente Dwight Eisenhower y al propio Kennedy, que el pueblo cubano esperaba con ansiedad que Estados Unidos “los salvara del Castrismo”.

El resultado de esa invasión fue catastrófico y los “valientes” brigadistas, se rindieron a las fuerzas cubanas que defendieron con los dientes su independencia y soberanía, en solo 67 horas. Parece que con los años aquellos “valientes” olvidaron sus lágrimas y las frases que no dejaban de repetir ante los milicianos: “nos engañaron” y “solo somos cocineros”.

Por la desinformación de la CIA al Presidente JFK, fue sustituido el viejo zorro Allen Dulles, quien dirigía la tenebrosa Agencia de Inteligencia desde 1953. Junto con él se fueron el jefe de planes especiales y otros altos funcionarios.

58 años después, el mismo 17 de abril, pero de 2019, el anciano John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, anunció las nuevas sanciones que impondrá su gobierno a los viajes de sus ciudadanos a Cuba y los nuevos límites a las remesas que reciben los cubanos de sus familiares y amigos en Estados Unidos.

Esas crueles medidas de lesa humanidad, las informó ante los mercenarios que fueron derrocados en las arenas de Playa Girón, situación que avizora para tales medidas, la misma suerte que tuvieron los auto proclamados “luchadores por la libertad”, cuando llorando se rindieron ante las fuerzas revolucionarias cubanas.

Las sanciones que reflejan el desespero de los imperialistas por acabar con la Revolución socialista, ante 60 años de permanentes fracasos. Esas mismas acciones las ejecutó George W. Bush en 2004 y no tuvieron el más mínimo éxito, a pesar de que Cuba perdió más del 85 % de su comercio exterior ante la caída del socialismo en Europa.

Como toda familia unida, el pueblo cubano ante la crisis provocada por los yanquis, resiste y busca soluciones creativas para continuar adelante, a pesar de las penurias que causan la guerra económica y financiera, actitud que los norteamericanos no comprenden pues ellos ante una guerra como la impuesta contra Cuba y Venezuela, se lanzarían a las calles porque no pueden vivir con limitaciones comerciales y de consumo.

Para hacer valer su prepotencia imperial ante el mundo, el Departamento del Tesoro también suspenderá la autorización emitida por Obama, para que compañías y bancos cubanos realicen transacciones en terceros países y que indirectamente se ejecutan a través del sistema bancario estadounidense.

Si eso se llama democracia, permitir el libre pensamiento, respetar los derechos humanos y la igualdad entre las personas, nos quedamos con el socialismo cubano que no intenta atropellar a otros, por el contrario, ayuda a los desposeídos a leer, escribir y contar, brinda salud y cultura, aspectos que no soportan los yanquis porque ellos solo llevan muerte y destrucción al mundo con sus guerras de rapiñas.

Una prueba palpable de que Estados Unidos era el dueño y dictador omnipotente de la economía cubana antes de 1959, son las entidades contempladas en las listas negras publicadas recientemente, donde prohíben a los estadounidenses comprar hasta un sencillo refresco de cola hecho en Cuba.

En dicho listado aparecen centros comerciales, hoteles, restaurantes, fábricas, bancos, aseguradoras, empresas de servicios, minas, tierras agrícolas, centrales azucareros, escuelas, hospitales, playas, marinas, puertos, aeropuertos, edificios de apartamentos, clubs nocturnos y otros centros recreativos, rones y cervezas.

El recrudecimiento de las sanciones contra el pueblo cubano afecta a empresas europeas, asiáticas y latinoamericanas, por lo cual la Unión Europea, con España a la cabeza, y Canadá, aseguran que no reconocerán las sentencias que puedan dictarse en tribunales de Estados Unidos, contra intereses europeos o canadienses en Cuba, a partir de la decisión de reactivar totalmente la execrable Ley Helms-Burton, que permite acusar ante las cortes federales yanquis a las empresas extranjeras que operan en la Isla.

La Unión Europea y Canadá declararon que la aplicación extraterritorial de medidas unilaterales contra Cuba son contrarias al Derecho internacional y trabajarán unidos para proteger los intereses de sus empresas y compañías, según expresaron Federica Mogherini, Alta Representante de Política Exterior de la UE, la Comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, la Ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland y la Ministra portavoz del Gobierno español, Isabel Celaá.

Todos recalcan que, si Estados Unidos sanciona a sus compañías, llevaran el caso ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), como pretendieron hacer en 1996, cuando el Presidente Bill Clinton aprobó la mencionada Ley, bajo las presiones políticas de la mafia terrorista anticubana de Miami, situación que lo obligó a posponer cada 6 meses la aplicación del Título III.

La suerte está echada y el mundo seguirá condenando la actitud imperialista de Estados Unidos. La actual controversia de Trump con Europa puede traerle graves consecuencias y restar apoyo a otros proyectos yanquis que le descontará protagonismo en este mundo, del que se creen dueños y señores. Veremos si con ese fracaso la actual directora de la CIA también es defenestrada.

Los cubanos pasarán momentos difíciles, pero los unirá aún más el rechazo y odio a los yanquis, para impedir que nuevamente se apoderen de la Antilla Mayor, como deseaba desde 1823 el ex Presidente Thomas Jefferson, cuando reiteró:

“Yo confieso, con toda sinceridad, que siempre consideré a Cuba como la adición más interesante que pudiera hacerse a nuestro sistema de estados”.

Lo mismo pensaba el entonces Secretario de Estado, John Quincy Adams:

“Por su ubicación geográfica, Cuba y Puerto Rico constituyen apéndices naturales de Estados Unidos”.

Siempre tenemos que recordar la advertencia de José Martí, cuando nos dijo:

“Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

 

Estados Unidos y su viejo afán de destruir a la Revolución cubana.


Por Arthur González.

Mucho antes de que Fidel Castro entrara triunfante en Santiago de Cuba en enero de 1959, ya el Gobierno yanqui y la CIA, planteaban: “Hay evitar la victoria de Castro”.

Así consta en el acta de la última reunión del Consejo de Seguridad de Estados Unidos, celebrada el 23 de diciembre de 1958, presidida por el entonces Presidente D. Eisenhower y Allen Dulles, director de la CIA. Aun Cuba no les había confiscado ninguna propiedad a los norteamericanos, ni declarado su carácter socialista.

Desde el propio año 59 del siglo XX, Estados Unidos ha hecho lo imposible por derrocar a Castro y revertir el sistema socialista sin éxitos, a pesar de los planes de terrorismo de estado, la invasión mercenaria preparada por la CIA, intentos de asesinato, espionaje, guerra biológica, campañas mediáticas para deformar la realidad de Cuba, unido a la guerra económica, comercial y financiera más larga de la humanidad.

Aunque el Presidente Barack Obama pasará a la historia como el que mayores multas impuso a la banca internacional por hacer transacciones con Cuba, por un monto de casi 15 mil millones de dólares en 8 años, Donald Trump no se queda atrás, y en días pasados impuso una multa a la empresa británica de prospección petrolífera Acteon, ascendente a 213 mil 866 dólares, supuestamente por violar el bloqueo yanqui contra la Isla, demostrando el carácter extraterritorial de esa criminal guerra económica que intenta matar por hambre y enfermedades al pueblo cubano.

La supuesta violación cometida consistió en ejecutar un análisis de diseño de ingeniería para proyectos de perforación de pozos petroleros en aguas territoriales cubanas y enviar a varios ingenieros para impartir seminarios, algo que los yanquis impiden a toda costa.

Para seguir apretando las tuercas e intentar ahogar la economía de Cuba, Estados Unidos activará las disposiciones recogidas dentro del polémico Título III de la Ley Helms-Burton, situación que permitirá las reclamaciones de los bienes confiscados por la Revolución a las empresas yanquis, lo que desbordará el trabajo de los tribunales estadounidenses y cuyo objetivo es asustar a los inversionistas extranjeros para que se marchen de Cuba, o no realicen nuevos proyectos que darían oxígeno a la economía isleña.

El miércoles 17 de abril 2019, el anciano asesor de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, John Bolton, anunciará en Miami ante la fracasada mafia terrorista anticubana, las nuevas sanciones que tomará el Gobierno de Trump contra Cuba, Venezuela y Venezuela, en busca del apoyo de ese sector mafioso para la reelección del actual Presidente.

La fecha escogida coincide con el inicio de la derrotada invasión mercenaria a Cuba por Bahía de Cochinos, en solo 67 horas.

Entre las más recientes sanciones a Cuba y Venezuela, están las impuestas a compañías y buques petroleros que facilitan el traslado de crudo venezolano a Cuba, con vistas a aumentar la presión contra el pueblo que resiste unido frente a las medidas del imperialismo yanqui.

Se presume que el anciano Bolton anuncie la reincorporación de Cuba a la lista de los países que patrocinan el terrorismo, la disminución de los gastos admitidos a los viajeros estadounidenses que visitan la Isla, sanciones a los cónsules cubanos en el mundo, restringir nuevamente el envío de remesas a Cuba y la exigencia de que las compañías estadounidenses con negocios en Cuba, paguen directamente a sus trabajadores.

Ya George W. Bush usó este tipo de medidas en el año 2004 y solo obtuvo más rechazo de los cubanos en las dos orillas, pero la Revolución siguió con el apoyo mayoritario del pueblo, fiascos que los yanquis no estudian.

Estados Unidos incluyó el pasado 2 de abril 2019 a Cuba en el informe anual de la Estrategia Internacional de Control de Narcóticos (INCSR), que relaciona cerca de 60 naciones consideradas como “importantes destinos” para el lavado de dinero, algo ridículo y contradictorio por la permanente persecución financiera de que es víctima Cuba, por parte de los mismos Estados Unidos que persigue cualquier transacción monetaria, lo que hace imposible depósitos y movimientos financieros hacia y desde la Isla.

Demostrando su falta de seriedad y elementos probatorios para esta nueva acusación, el informe publicado por INCSR indica además que: “El Gobierno cubano se encuentra cooperando en la lucha contra el narcotráfico y que actualmente se están llevando a cabo conversaciones entre La Habana y Washington sobre el control de sustancias ilegales”, basado en el Acuerdo de Cooperación Operativa Contra el tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas, firmado en 2016 por los dos gobiernos.

Con esas medidas ejecutadas por Estados Unidos contra la economía cubana, resulta muy difícil avanzar, algo que al parecer ignoran los sabiondos economistas que escriben en varias publicaciones independientes de la Isla y proponen cambios neoliberales en la economía de Cuba, culpando de todos los males al sistema socialista, sin reparar que los mismos tanques pensantes yanquis integrantes del Council on Foreign Relations, afirman:

La oposición de EE.UU. a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

Tampoco hacen caso a lo que dice la CIA en uno de sus memorandos desclasificados:

“El principal objetivo de los programas encubiertos contra Castro es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y el mundo libre[…] Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de Guerra Económica”.

Bolton y los demás añejos consejeros de Trump, irán a parar al mismo basurero de la historia que sus antecesores de las 11 administraciones yanquis, esas que no alcanzaron a ver el derrumbe del socialismo cubano y tuvieron que tragarse todos sus planes sin alcanzar sus idílicos objetivos.

No por gusto aseguró José Martí:

“Los pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se apartan de los Estados Unidos”.

 

Cuando la muerte se convierte en un negocio.


Por Arthur González.

Después de la muerte del contrarrevolucionario Oswaldo Payá Sardiñas, (22 de julio 2012 en la provincia cubana de Granma), uno de los tantos asalariados que Estados Unidos financia para sus actos subversivos contra la Revolución cubana, su hija Rosa María Payá Acevedo y su madre, iniciaron una jugosa carrera para no perder los miles de dólares que recibía Oswaldo desde Estados Unidos y Europa, por sus acciones dentro del exiguo grupo Movimiento Cristiano Liberación (MCL), vinculado a la Iglesia Católica Cubana.

Fue así como Rosa María y su madre, Ofelia Acevedo, iniciaron la campaña difamatoria contra el Gobierno de Cuba, responsabilizándolo con la muerte del contrarrevolucionario, quien viajaba junto a otro compinche en un auto rentado por el español Ángel Carromero, miembro del Partido Popular español, para repartir miles de euros a otros elementos que actúan contra la Revolución.

Carromero fue enviado por la líder del Partido Popular de España, Esperanza Aguirre, situación que omite Rosa María en sus mentiras sobre el accidente de tránsito de su padre y tampoco reclama nada sobre el otro asalariado que lo acompañaba, porque sus familiares no se han prestado para tal farsa.

Revolviendo el asunto para continuar atacando a la Revolución cubana y ver si obtiene alguno dinero, ahora Carlos Payá Sardiñas, hermano de Oswaldo residente en España, pretende presionar a , para que interceda ante Cuba y permitan una “investigación” sobre la muerte “no aclarada” de Oswaldo Payá.

Triste papel de la familia del difunto que tratan de sacarle más lascas monetarias a la muerte del pariente.

En España se conocen perfectamente las causas del accidente, porque el Embajador y el Cónsul general, desde el inicio, tuvieron informaciones sobre el proceso investigativo y estaban presentes en el juicio celebrado en Bayamo, junto a la prensa extranjera, del cual declararon que fue justo, transparente y profesional.

Rosa María y su madre, acordaron con diplomáticos yanquis en La Habana, hacer campañas contra Cuba, si a cambio se les otorgaba una visa del programa de refugiados políticos que otorga el Departamento de Estado, para ellas y los otros dos hijos de Oswaldo Payá, lo que fue cumplido y en menos de dos meses los 5 arribaron a Miami como “perseguidos políticos”, con todos los beneficios materiales que tal categoría ofrece.

Quien se quedó fuera del pastel es precisamente Carlos Payá, el hermano de Oswaldo porque la sobrina le robó el protagonismo y es la que se auto proclama seguidora del padre, cuando en vida de este ella jamás participó en ninguna actividad contra la Revolución, estudiando en la Universidad de la Habana sin dificultades.

Desde su llegada a Estados Unidos, Rosa María fue recibida por el Senador Marco Rubio y los Congresistas Ileana Ross-Lehtinen y Mario Díaz-Balart, prueba del plan diseñado contra Cuba.

Uno de los primeros actos orientados por la mafia terrorista anticubana de Miami, fue enviar a Rosa María a España con la intensión de involucrar a su Gobierno en la cruzada mediática, pero el Canciller y el Presidente no cayeron en la trampa, remitiéndola para las Cortes de justicia donde debía presentar las “pruebas” de que el Gobierno de Cuba era el responsable del accidente.

El fiasco fue cuando ante la ausencia de pruebas legales las Cortes denegaron su acusación. No obstante, Rosa María sigue con la alharaca orientada por sus jefes yanquis.

¿Por qué la “refulgente” contrarrevolucionaria y su tío no mencionan que Carromero conducía a exceso de velocidad y solo semanas antes en España le habían retirado su licencia de conducción por las continuas multas por similar violación?

No es un secreto que las principales causas de los accidentes en las carreteras cubanas son producto de la violación de los derechos de vía, el no prestar la debida atención al conducir, el exceso de velocidad, los desperfectos técnicos y la conducción bajo los efectos del alcohol. Según cifras oficiales de la Comisión Nacional de Seguridad Vial de Cuba, en 2018 se registró un accidente de tránsito cada 47 minutos y en ese año ocurrieron 10 mil 070 siniestros que dejaron un saldo de 683 muertos y 7 mil 730 personas lesionadas, ninguno provocado por las autoridades cubanas.

Podrán seguir recitando el guion confeccionado por los yanquis, pero la verdad se impone y por eso nadie les cree, pues todos están conscientes de que han hecho de la muerte de Oswaldo Payá un jugoso negocio, por eso aseguró José Martí:

“Honor y corazón se truecan por dinero”.