La invasión militar contra Venezuela presente en la lista yanqui.


Por Arthur González.

Después de décadas de intentar los yanquis el derrocamiento de la Revolución Bolivariana de Venezuela, están en un callejón sin salidas y solo ven como solución la intervención militar disfrazada de “ayuda humanitaria”, al estilo de lo que hicieron contra Libia.

Sin tomar en cuenta las malas experiencias sufridas con la Revolución socialista cubana, Estados Unidos sigue obstinado en sacar del poder, a todo costo, al presidente constitucional Nicolás Maduro, algo que dice mucho de la ausencia de democracia y tolerancia a la diversidad de pensamiento, que tiene el país que se adjudica el papel de sensor mundial para esos aspectos y los manipulados derechos humanos que ellos violan a diario.

Ni la guerra económica y financiera, ni la estrategia del golpe suave con sus 5 etapas diseñadas por Gene Sharp, les dieron resultado a los ideólogos de la CIA. Cientos de millones de dólares emplea Estados Unidos para comprar conciencias, fabricar a la oposición y mantenerla de forma permanente, además de ejecutar acciones de guerra psicológica para deformar la realidad venezolana mediante noticias falsas. Pero ni así alcanzan sus objetivos.

El sufrimiento por las limitaciones materiales al que someten al pueblo para que culpe a Maduro de sus penurias, no les funciona, pues todos saben que la persecución financiera y las amenazas yanquis contra quienes vendan o compren a Venezuela son las verdaderas responsables de la guerra económica y financiera, que también le hacen a Cuba desde 1960.

Ninguno de sus planes y operaciones encubiertas de la CIA ha podido obtener los fines perseguidos, por tanto, tuvieron que recurrir a lo que saben hacer muy bien, los golpes de estado como ejecutaron en casi todos los países latinoamericanos durante el siglo XX e incluso en el XXI, entre ellos los llevados a cabo contra la propia Venezuela en 2002, Honduras y Paraguay.

Los pueblos no olvidan las invasiones consumadas por Estados Unidos contra la República Dominicana en 1903, 1909, 1916 y 1965; ni la de Panamá en 1904, 1908, 1912, 1918,1925 y 1989; o las de Guatemala y el Salvador en 1906, repetidas en Guatemala en 1954 y 1966.

Tampoco dejan a un lado las de Cuba en 1906, 1912, 1917, más la derrotada invasión mercenaria por bahía de Cochinos en 1961.

Honduras las sufrió en 1907, 1911, 1912, 1919, 1924.  Nicaragua en 1909, 1926 y en Haití en 1914, 1994 y 2004.

La historia de golpes de estado propiciados por Washington es bien amplia, entre ellos el ejecutado en Cuba por Fulgencio Batista en 1934 y 1952; en Nicaragua en 1936 contra el presidente Juan Bautista Sacasa; el de Panamá en 1941 contra el presidente Arnulfo Arias y el de Bolivia contra el gobierno de Gualberto Villarroel en 1946.

En 1947 lo realizaron contra el presidente constitucional José María Velasco Ibarra de Ecuador y a ese le siguieron los de Perú y Colombia en 1948

Ahí está la historia de la invasión a México y el robo de parte de su territorio rico en petróleo; el ocurrido en Paraguay en 1954 contra Federico Chávez y ese mismo año en Brasil contra Getulio Vargas.

Imposible borrar de la memoria el golpe militar en Argentina contra Juan Domingo Perón en 1955 y en 1966 contra Arturo Illia.

Brasil también recibió su cuota de golpes yanquis cuando en 1964 el presidente Joao Goulart fue derrocado con el apoyo financiero y logístico de Estados Unidos

El golpe militar contra el presidente chileno Salvador Allende, cubrió de sangre, una vez más, a la CIA y a los Departamentos de Estado y Defensa estadounidenses, bajo el proyecto Fulbert para las operaciones encubiertas que desestabilizaron al gobierno de la Unidad Popular, copia del que promueven hoy contra Maduro.

Con esos antecedentes ahora Estados Unidos tiene proyectada la invasión militar a Venezuela, con la complicidad lacayuna de Colombia y Brasil, además del grupo de Lima y del agente de la CIA, Luis Almagro, colocado por ellos al frente de la OEA, para lo cual buscan el conceso de la Unión Europea, la que se pliega vergonzosamente ante las presiones yanquis.

Esa variante imperialista fue afirmada por el presidente Donald Trump, durante una entrevista con CBS News en días pasados, al declarar que: “la intervención militar en Venezuela es una opción para resolver la situación que en estos momentos enfrenta la nación latinoamericana”.

Pero Trump olvida que el escenario venezolano de hoy es muy diferente y su pueblo está convencido que la única forma de mantener la independencia y la soberanía nacional es resistir, e incluso defender hasta la muerte sus riquezas naturales que tanto ambiciona Estados Unidos, porque los elementos de la oposición les prometen entregárselas sin miramientos.

Los ignominioso de este caso es que la Unión Europea y Canadá no tengan presente los antecedentes históricos y den su apoyo al país que más violaciones comente contra el derecho internacional y los derechos humanos, pero cargarán con la responsabilidad de mancharse las manos de sangre junto al imperio más criminal y bestial de la era moderna.

No por gusto sentenció José Martí:

“El que se conforma con una situación de villanía es su cómplice”.

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Divide y vencerás, pero con Cuba no han podido lograrlo.


Por Arthur González.

Hace pocos días los Obispos Católicos cubanos lanzaron sus consideraciones respecto a la nueva Constitución de la República de Cuba, que será sometida a un referendo popular el 24 de febrero 2019. En sus palabras se puede sentir la intensión política de dividir a la población e incluso influir sutilmente para que voten por el No, algo que pretenden los yanquis en todas sus campañas comunicacionales.

No es de extrañar esa actitud para quienes han demostrado su posición política desde 1959, pues la Iglesia Católica cubana a diferencia de la latinoamericana, no tuvo mucha presencia en los campos y montañas de la Isla, concentrándose en las ciudades principales en apoyo a la burguesía nacional y las clases políticas dominantes, a pesar de los desmanes y crímenes que cometían con los que pensaran de forma diferente y desearan un cambio que mejorara las condiciones precarias en que vivían los cubanos.

En Cuba y en Estados Unidos están presentes las huellas psicológicas de la tenebrosa Operación Peter Pan, la que, apoyada en noticias falsas generadas por la CIA, contó con la participación protagónica de la Iglesia Católica cubana y norteamericana, mediante la cual fueron separados de sus padres 14 mil 48 menores de edad, ante el temor inducido de que la Revolución les quitara la patria potestad, tal y como fue divulgado falsamente para sembrar el terror entre los padres cubanos.

Cuando en Cuba antes de 1959 la patria no era para todos, ni con todos y menos aún por el bien de todos, ni el gobierno de Estados Unidos ni la Iglesia Católica cubana lo exigían.

Las fastuosas iglesias construidas en las ciudades con el aporte de las clases explotadoras del país, contrastaban con los humildes bohíos donde mal vivían los campesinos, unido a la discriminación económica, racial y de género, el analfabetismo, la miseria, la ausencia de escuelas en los campos y de una medicina que sirviera a todos y para el bien de todos.

Solo posible gracias a la Revolución socialista cubana se dignificó al ser humano como nunca antes.

En plena cruzada mediática generada por el gobierno yanqui y la CIA contra todo lo que huela a izquierda, vuelve la Iglesia Católica a sumarse a las críticas de una nueva Constitución que fue analizada por cada ciudadano, sin reconocer que no existe en el mundo un proceso de consultas ciudadanas similar al realizado en Cuba, haciendo de su confección una verdadera democracia que garantiza el ejercicio pleno de los derechos y deberes de cada ciudadano, sin discriminación alguna y con respeto a su dignidad.

Los obispos cubanos al igual que el gobierno de Estados Unidos, les molesta que en el texto constitucional se reconozca que “solo en el socialismo el ser humano alcanza su dignidad plena”, ¿pero acaso ellos podrán decir lo mismo del sistema capitalista?

¿No conocen esos obispos lo que sucede en África y América Latina, donde los seres humanos mueren de enfermedades curables por falta de asistencia médica y el analfabetismo es el pan nuestro de cada día?

¿Sabrán esos representantes de la iglesia que en Estados Unidos existen 45 millones de personas en la pobreza, muchos carecen de un techo donde dormir y casi el doble no posee seguro médico? ¿Será eso digno para los seres humanos?

Si desean saber por qué eso se afirma en Cuba, solo pueden ver las noticias del sufrimiento que tienen hoy los argentinos, franceses o españoles. Sin embargo, los cubanos a pesar de ser el único país del mundo que resiste una guerra económica total desde hace 60 años, con el objetivo expresado por el propio gobierno yanqui “…debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

“¿Ese proceder del imperio es digno para los obispos cubanos?

Por solo recordarles lo que evidentemente no desean ver, basta con exponerle la persecución financiera durante la administración de Barack Obama (2009-2016), quien multó por una suma de 14 mil 397 millones 416 mil 827 dólares a diferentes entidades bancarias, entre ellas el PNB Paribas de Francia, el mayor banco francés, a 10 mil millones de dólares.

Ser un estado socialista no excluye el ejercicio efectivo del derecho a la pluralidad de pensamiento acerca del hombre y del ordenamiento de la sociedad, como ellos afirman. Una prueba son sus pastorales del siglo pasado con proyecciones contra la Revolución, las revistas que bajo su manto se imprimen y reparte como fue Vitral, del obispado de Pinar del Río, dirigida para un laico que responde a los intereses de Estados Unidos y otras del mismo corte.

Elementos fabricados, entrenados y financiados por los yanquis para ejecutar actos provocativos en la Isla, disfrutan de libertad y reciben los mismos beneficios que el estado garantiza a todos los ciudadanos.

Oswaldo Payá Sardiñas, al frente de un grupúsculo contrarrevolucionario al amparo de la religión católica, puso su nombre como autor del llamado Proyecto Varela redactado en Miami, fue hasta su muerte trabajador del Ministerio de Salud Pública cubano y sus tres hijos acudieron a la universidad de La Habana sin limitaciones, porque el estado socialista sí garantiza derechos y deberes a cada ciudadano sin discriminación alguna y respetando su dignidad, como es reconocido por el Derecho Internacional.

El tema del matrimonio, los obispos lo toman como subterfugio para buscar la división, por la controversia generada en las discusiones públicas del proyecto constitucional, pero no hablan del celibato obligatorio impuesto por la Iglesia, incluso contra el precepto de Cristo cuando dijo “Uníos y multiplicaos”, lo que ha traído como consecuencia el alto número de homosexuales entre los sacerdotes y los escándalos por los abusos contra niños en las escuelas religiosas.

El celibato para sacerdotes y mojas católicos sí es una forma de exclusión para la realización plena del ser humano, situación que las demás iglesias cristianas no comparten y por eso no tienen casos de abusos sexuales contra menores.

La Cuba socialista no cerró un solo templo religioso ni tampoco órdenes católicas, siempre ha permitido la libertad de practicar las religiones libremente y cada creyente puede vivir conforme a su fe y de expresarla públicamente, teniendo por límite el respeto al otro, como se demuestra diariamente en las actividades que hacen las diferentes religiones existentes en la Isla, incluso la formación de nuevos sacerdotes y pastores en sus propios centros de estudio.

Los cubanos saben perfectamente lo que defienden con la aprobación de su nueva Constitución, que no es otra cosa que su soberanía, independencia y libertad para no caer jamás en las garras de los yanquis y tener que soportar otro apéndice constitucional como fue la deshonrosa Enmienda Platt, jamás rechazada por los Obispos Católicos Cubanos.

Por esas razones afirmó José Martí:

“Yo no quiero ver nunca a mi patria víctima de capataces”

 

 

 

Sale a flote la verdad sobre el golpe de estado en Venezuela.


Por Arthur González.

 

Al igual que el mundo conoció la mentira fabricada por Estados Unidos respecto a la existencia de armas químicas en Irak, pretexto para justificar su agresión imperialista con el único propósito de apoderarse de su petróleo, ahora ocurre lo mismo con el golpe de Estado que pretenden darle al presidente constitucional Nicolás Maduro, electo por la mayoría de su pueblo.

Posterior al 23 de enero 2019, fecha en que Juan el Títere Guaidó, se auto proclamó presidente de Venezuela, el mundo ha ido conociendo la verdad del execrable hecho, a pesar de la manipulación comunicacional desplegada por Estados Unidos.

Ya se sabe que el Títere Guaidó viajó a Colombia y de allí a los Estados Unidos, donde recibió las instrucción y seguridad de que sería respaldado en su acción ilegal, a fin de calmarle los miedos ante el temor de ser juzgado por rebelión y sublevación, como hará España con los catalanes que proclamaron su independencia.

En Washington el Títere fue recibido por el asesor de seguridad John Bolton, uno de los ideólogos de ese acto desesperado ante tantos fracasos para sacar a Maduro del poder. Ese viejo halcón participó directamente en el diseño de la mentira contra Irak, cuando servía a la administración de George W. Bush.

También le dieron instrucciones Mike Pompeo, Secretario de Estado y se comenta que el director de la CIA le dio su respaldo para que Guaidó dejara a un lado el desasosiego que lo abrumaba.

Igualmente, salió a luz pública el conocimiento previo del presidente de España Pedro Sánchez, porque “casualmente” el día 22 de enero, su secretario de Estado de Cooperación y para toda Iberoamérica, Juan Pablo de Laiglesia, se encontraba de visita en Washington y entre las personas con las que se reunió estaba la Subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Kimberly Breier, vieja oficial de la CIA y otros funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional.

La Subsecretaria Breier confesó a la prensa europea que Estados Unidos había “alentado”, entiéndase presionado, a todos los gobiernos europeos para que respaldaran a Juan el Títere Guaidó, como presidente interino, para no dejar dudas de que Estados Unidos es quien dirige toda la operación subversiva al mejor estilo de los años 60 del siglo XX.

El ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación español, Josep Borrell, admitió que el Departamento de Estado le avisó del golpe antes de este llevarse a cabo y lo han presionado fuertemente para que España y el resto de los países de la Unión Europea, reconozcan al Títere, y no acepten la conformación de un grupo para el diálogo con Maduro, ratificado por el vicepresidente Mike Pence, quien aseguró que “este no es el momento para el diálogo en Venezuela, sino para la acción”.

Todo encaja y hoy se conoce que el mismo día 23 de enero 2019, el ministro Borrell estaba reunido en Madrid con su homólogo de Portugal, Augusto Santos Silva, analizando los pormenores del llamado grupo de contacto internacional para Venezuela, acordado por la Unión Europea el mes de octubre 2018, de conjunto con algunos países latinoamericanos.

En medio de dicha reunión Duke Buchan III, embajador yanqui en Madrid, informó a Borrell que la fecha del golpe de estado era ese mismo día y Estados Unidos lo reconocería de inmediato, reafirmado por Mike Pence mediante un artículo que publicó el diario The Wall Street Journal el propio 23.

La operación estaba en marcha y todos los detalles aprobados anticipadamente se desarrollaban sin dificultades, incluidas las presiones a la UE y a otros aliados como Canadá y Australia.

Todo indica que España recibió el encargo de explicarle personalmente al canciller de Portugal, dada las relaciones de estos estados con Venezuela, al ser los dos países europeos con mayores intereses allí, pues del millón de ciudadanos de Europa residentes en Venezuela, cerca de 500 mil son españoles y portugueses.

La sumisión de España a Estados Unidos en el tema venezolano tiene sus antecedentes en el 2002, cuando fue el primer país que reconoció al golpista Pedro “El breve”, impuesto por los yanquis.

La fecha seleccionada por Washington para el golpe estuvo relacionada con la celebración en Suiza del Foro de Davos, porque así podían presionar mejor a los presidentes allí presentes.

Informaciones desde España afirman que el criterio de la cancillería española era diferente al del presidente Sánchez, quien al parecer no deseaba quedarse al margen de postura asumida por otros gobiernos europeos, unido a las presiones del Partido Popular y Ciudadanos, ambos seguidores de los yanquis.

Inicialmente el Ministerio de Exteriores no deseaba sumarse al apoyo del golpe, al sentar un precedente que rompía la doctrina Estrada, la cual afirma que “lo que se reconoce diplomáticamente es el Estado, no el Gobierno de turno” y es la primera vez en la historia que se reconoce a un presidente que no controla el funcionamiento del aparato estatal y rompe con quién ostenta el poder de facto como resultado de elecciones populares, aunque se cuestione su legalidad.

La Unión Europea demostró que en política exterior son los Estados Unidos quien la dirige, pisoteando la soberanía de los pueblos.

La intervención militar será el próximo paso que darán los yanquis de no poder consolidar el golpe, como expuso Trump en entrevista con la CBS News.

No se equivocó José Martí cuando afirmó:

“…impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.