La agresión yanqui contra Venezuela, una lección para el mundo.


Por Arthur González.

Aquellos “inocentes” que aún creen en la llamada democracia representativa tan divulgada por los yanquis, ahora podrán comprobar que no existe, y el mejor ejemplo es la agresión de Estado Unidos contra el gobierno venezolano, elegido democráticamente el pasado 2018, ante la supervisión internacional que calificó dicho proceso como limpio y correcto.

En esas elecciones, incluso pospuestas ante el reclamo de la oposición que finalmente no participó en el proceso por órdenes de Washington, se demostró que Nicolás Maduro tiene el apoyo mayoritario de su pueblo, algo que el imperialismo yanqui no tolera.

Ante tantos planes subversivos fracasados, su impotencia se multiplica y como alternativa fabricaron al títere Juan Guaidó, desconocido para el pueblo, quien aceptó prestarse para seguir a las indicaciones de la CIA.

¿Se puede hablar de democracia y participación popular en la auto proclamación como presidente del títere Guaidó?

Por supuesto que no, es un acto de rebeldía según el código penal de todos los países del mundo, incluidos los Estados Unidos.

Lastimosamente la Unión Europea y Canadá aceptaron las presiones de la Casa Blanca, demostrando un doble racero en su política exterior, y que ante los llamados del presidente Donald Trump cierran filas a su favor, a pesar de ese puede marcar un antecedente muy peligroso para el futuro de la región.

Lo que está sucediendo contra el pueblo venezolano es piratería moderna, al apoderarse de los fondos monetarios de Venezuela, negarse bancos europeos al traspaso de su oro y congelarle cuentas bancarias para entregárselas a la oposición, hecho sin antecedentes y que Europa ahora acepta en total sumisión.

Sin embargo, en los propios Estados Unidos la prensa acusa al presidente Trump de loco e irresponsable, lo que se evidenció con el cierre del gobierno federal al no interesarle el bienestar de los ciudadanos de su país, como afirmó recientemente Maribel Hastings, asesora ejecutiva de America’s Voice.

Si para los norteamericanos la decisión de Trump de ese cierre gubernamental es descabellada, por haber castigado a casi un millón de familias sin poder cobrar sus salarios durante 35 días, sin importarle las penurias que esas personas pasarían, ¿por qué no se solidarizan con el pueblo venezolano y el cubano que están sometidos a una cruel y despiadada guerra económica y financiera desde hace muchos años?

A Trump y a la mayoría de su Gabinete no les interesa lo que sufren sus conciudadanos y menos los cubanos y venezolanos, porque el interés por apoderarse de las riquezas de otros países es mucho más importante que la vida de millones de seres humanos.

La operación para construir al títere Juan Guaidó, contó con el visto bueno de Donald Trump y su asesor en política contra Cuba y Venezuela, el senador Marco Rubio, integrante de la mafia terrorista asesina de Miami, algo que el propio títere confirmó al asegurar que dialogó con el mandatario estadounidense, sobre la crisis del país, quien le aseguró que contara con todo su apoyo.

Ya salen a luz pública los pasos que dio la CIA y funcionarios del Departamento de Estado para preparar al títere durante sus visitas a Washington y a Colombia, país que visitó subrepticiamente para recibir los últimos consejos y acordar la fecha en que se auto proclamaría presidente.

No por gusto el primer mandatario en reconocer al títere fue su jefe Donald Trump, de ahí le siguieron los demás que ya estaban advertidos por funcionarios del Departamento de Estados.

Lo que sucede en Venezuela hoy no es una simple payasada, es una operación que cuenta con varias etapas, las cuales irán subiendo de tono y de complejidad en la medida que el pueblo continúe su respaldo al presidente constitucional Nicolás Maduro.

La segunda etapa se produjo en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde Estados Unidos intentó legitimizar la operación subversiva, pero ahí no obtuvo los resultados que deseaba.

La siguiente fue apretar aún más la tuerca sobre la economía venezolana, al secuestrar el dinero de las ventas de petróleo y pretender adjudicárselo al títere Guaidó para que compre a sus seguidores e intente sobornar algunos militares.

A esa se unió la farsa del títere yanqui de nombrar embajadores en los países latinoamericanos que le apoyaron, siguiendo instrucciones del Departamento de Estado, especialmente algunos integrantes del Grupo de Lima, en Washington y en el consulado de Miami. El objetivo es cortarle a Venezuela sus lazos con Latinoamérica y legitimar el golpe de estado.

Si ninguna de esas medidas remueve al presidente Maduro, todos los esfuerzos se concentrarán en el ejército, en busca de un nuevo Augusto Pinochet que se pliegue a los dictados de la CIA, para repetir el vergonzoso golpe contra el presidente chileno , donde el mundo observaría el derramamiento de sangre en todas las calles venezolanas.

De producirse ese escenario, tendría la gran diferencia que mucha de la sangre será de los yanquis y sus secuaces, porque ese pueblo que alcanzó a leer y a escribir, tener la salud gratuita, cultura, viviendas, trabajo y la dignidad de ser libres y soberanos, no se dejará arrebatar el poder que les dio Hugo Rafael Chávez Frías, cuando fue elegido presidente por mandato popular.

La Unión Europea, los lacayos latinoamericanos y los actuales dirigente de Estados Unidos, llevarán sobre su espalda la traición y la conjura, y los pueblos exigirán justicia, más temprano que tarde, por tantas felonías en nombre de una “democracia” ensangrentada.

No son los mismos tiempos en que los yanquis quitaban y ponían presidentes y juntas militares, como hicieron en Argentina, Brasil, Colombia, Paraguay, Uruguay, Perú, Bolivia, Guatemala, Salvador, Honduras, Haití, República Dominicana y Cuba, en el pasado siglo XX.

Hoy venezolanos y venezolanas defienden con los dientes su independencia, porque como expresara José Martí:

“Los hombres, subidos ya a la libertad entera, no han de bajar hasta una de sus gradas”.

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¿Por qué EE.UU. y la UE no apoyaron a Carles Puigdemont y si a Juan Guaidó?


Por Arthur González.

¿Qué país en este mundo acepta que un individuo se auto proclame presidente de un Estado, sin haber sido elegido democráticamente por el voto popular y la reafirmación del tribunal supremo?

La respuesta es solo una: ninguno.

Pero en Venezuela, espina trabada en la garganta de los Estados Unidos, ha sucedido en días pasados, mediante la farsa diseñada por los yanquis con el desvergonzado apoyo de la Unión Europea, la misma que no respaldó al líder del pueblo de Cataluña, Carles Puigdemont, quien sí fue abalado por el voto popular.

¿Con qué moral los europeos van a respaldar al títere de Juan Guaidó, fabricado por las manos de la CIA y el Departamento de Estado, orientado a la carrera en los locales de la propia misión diplomática yanqui, como parte del plan diseñado para darle un golpe de Estado al presidente constitucional Nicolás Maduro?

Es evidente que los mandatarios de la Unión Europea recibieron indicaciones de la Casa Blanca, para darle apoyo a la farsa política contra Caracas en clara pérdida de su soberanía y de la memoria, pues hace menos de un año en Cataluña se celebraron elecciones y solo por haber declarado su deseo de ser independientes de España, Carles Puigdemont y los demás líderes de ese proceso fueron acusados de rebelión.

Ahora la canciller Ángela Merkel se humilla ante el presidente Donald Trump, aceptando el ridículo papel de acusar a Nicolás Maduro, y reconocer al títere impuesto por los yanquis, en el infantil e ilegal golpe de Estado, cuando ella misma aprobó la detención de Puigdemont, bajo sentencia del tribunal de primera instancia de Neumünster, que decidió mantener en prisión provisional al expresidente del gobierno autónomo de Cataluña, mientras se esperaba el trámite de entregarlo a España.

Recordemos que el líder independentista catalán se vio obligado a viajar a Bélgica, debido a que el gobierno de Madrid quería juzgarlo por los delitos de sedición, rebelión y malversación de fondos públicos, después de su participación en el proceso de independencia de Cataluña que había sido prohibido por las autoridades; de ahí que le solicitaran al gobierno de Berlín su detención cuando viajaba desde Finlandia hacia Bélgica.

La Unión Europea adopta una posición a favor de Washington en sus planes de reconocer al títere Juan Guaidó, cuando no hizo lo mismo con el catalán, lo que demuestra la manipulación política que ejerce Estados Unidos sobre sus aliados y subordinados latinoamericanos, al fracasar durante décadas en sus planes contra la Revolución bolivariana de Venezuela.

El mundo de hoy está gobernado por Estados Unidos, quien dispone del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para doblarle el brazo a los que se oponen a sus órdenes.

¿Cómo es posible que la Unión Europea con tantos problemas que enfrenta Francia, no adopte resoluciones de condena contra por las salvajes represiones que ordena contra los partidarios del movimiento Chalecos Amarillos?

El tratamiento opuesto que asume Estados Unidos y sus aliados europeos en el caso de Venezuela, es prueba de que no existen democracia ni respeto a los derechos humanos.

¿Con qué derecho legal Juan Guaidó decidió auto proclamarse presidente de Venezuela y ser respaldado por el gobierno de Estados Unidos?

¿Aceptarían los parlamentarios europeos, Federica Mogherini, alta representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea y el propio Donald Tusk, actual presidente del Consejo Europeo, que uno de los líderes del movimiento Chalecos Amarillos, se auto proclame presidente de Francia bajo el Arco de Triunfo, aplaudido por miles de sus seguidores?

De inmediato sería detenido y acusado de sedición y rebeldía como le hicieron al catalán Puigdemont, sancionándolo a decenas de años de prisión, algo que Estados Unidos no aceptaría si Maduro decide detener y acusar al títere Juan Guaidó. Para respaldarlo, despegarían rápidamente al Comando Sur para invadir a Venezuela, como han hecho con otros países de America Latina.

La Unión Europea parece olvidar que en el 2017 el expresidente catalán fue acusado de los delitos de rebelión y sedición, con la posibilidad de cumplir hasta 30 años de cárcel, después de que el Parlamento catalán declarara la independencia el 27 de octubre 2017.  Además de Puigdemont, otros 14 imputados fueron obligados a depositar en un plazo de tres días, una fianza de 6,2 millones de euros para responder a posibles responsabilidades civiles.

Eso es lo que le corresponde ahora al títere venezolano, pero a diferencia del catalán cuenta con el respaldo yanqui y europeo que lo defienden como si fuese inocente, quien solo cumple con las órdenes recibidas de sus amos de Estados Unidos.

Washington busca un pretexto para invadir a Venezuela, porque todas las fórmulas empleadas han fracasado y a pesar de la despiadada guerra económica, comercial y financiera impuesta, unido a las campañas mediáticas para satanizar la imagen del presidente Maduro, la mayoría del pueblo le sigue dando su apoyo incondicional, porque saben quién es el único responsable de las penurias que sufren.

El mundo observa con asombro como los gobiernos de España, Francia, Alemania, Reino Unido, Portugal y Holanda, se toman el derecho de imponerle ocho días de plazo a Nicolás Maduro, para que convoque nuevas elecciones en Venezuela y, si no lo hace, lo amenazan con reconocer al títere fabricado por los yanquis, Juan Guaidó, cuando nunca respaldaron al líder Puigdemont, quien ganó en elecciones libres celebradas en Cataluña.

Los pueblos del mundo tienen que asumir el papel que les corresponde, prepararse políticamente y mantener la unidad, porque de lo contrario serán convertidos en esclavos y pisoteados a su antojo por el emperador Donald Trump.

Razón tenía José Martí cuando sentenció:

“La educación es el único medio de salvarse de la esclavitud”.

 

 

 

Democracia yanqui al estilo de las cañoneras.


Por Arthur González.

A la par que Washington exige a otros, democracia, elecciones libres, múlti partidismo y libertad de pensamiento, ellos lo ignoran cuando existen gobiernos que luchan por mantener su soberanía nacional. Por esa razón, pisotean el resultado de las elecciones populares, la libre expresión y aquellos partidos que no responden a sus intereses hegemónicos, algo que se pone en evidencias en Venezuela.

Después de Cuba, el país que más agresiones recibe es precisamente Venezuela, a quien le aplican las mismas recetas políticas, la despiadada guerra económica, comercial y financiera, intentos de asesinato a sus líderes, una guerra mediática descomunal, unido a las presiones de todo tipo que ejercen los yanquis contra países del mundo para que se le unan a su guerra contra Nicolás Maduro.

Lo triste del asunto es ver como gobiernos supuestamente soberanos, son obligados mediante el chantaje abierto y total, a que obedezcan al imperio estadounidense, violando todas las normas legales.

La propia Unión Europea y en especial Federica Mogherini, alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, se adhirieron a Estados Unidos en sus agresiones contra Venezuela, aceptando la guerra económica y mediática, en contraposición con la actitud asumida en el caso de Cuba, donde son firmes en su oposición al bloqueo comercial, económico y financiero impuesto por los yanquis desde hace 60 años.

La más reciente operación subversiva de Estados Unidos contra Caracas, es el auto nombramiento del diputado Juan Guaidó como presidente de Venezuela, selección que hizo la CIA desde su embajada, en un intento desesperado por sustituir a Maduro, algo que no han podido hacer en todos estos años, a pesar de las medidas económicas aplicadas que persiguen dar la imagen de que su gobierno es el responsable de desabastecimiento alimentario.

Estados Unidos ha retomado su política de las cañoneras que tanto empleó en el siglo XX en todo el mundo, en especial en América Latina, la que consideran su patio, y el ahora pretendido golpe de estado en contra del Presidente constitucional Nicolás Maduro, es más que evidente.

En esa operación de la CIA con el apoyo del Departamento de Estado, está previsto que la OEA declare su respaldo al títere Guaidó, y de ahí a la convocatoria del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca no hay más que un paso, con el propósito de darle un carácter legal a la intervención militar contra el pueblo venezolano, lo que convertiría a la región en un peligroso volcán de consecuencias imprevisibles, porque los pueblos se levantarían contra esa ocupación militar yanqui y la sangre correría de ambos lados.

El presidente Donald Trump rodeado de halcones que solo desean la guerra, puede tomar la decisión equivocada y aprobar una invasión contra Venezuela a un precio muy alto políticamente para él, en momentos que pasa por una fuerte crisis, debido a la falta de dinero para pagarle a miles de empleados federales, a lo que se suman las acusaciones que le persiguen desde su toma de posesión.

Esta operación subversiva contra Venezuela, es un intento desesperado de la CIA ante la frustración de no contar con una oposición unida, sin prestigio y con falta de apoyo popular en el pueblo.

El mundo puede constatar la doble moral de los Estados Unidos, que a la vez que exigen elecciones libres y democráticas, no respetan el resultado de las urnas, debido a que el elegido es un presidente socialista que nunca aceptarán.

Contra Venezuela los yanquis aplican todos los métodos conocidos, desde golpe de estado y secuestro del presidente Hugo Chávez en el 2002, imposición de un presidente nombrado desde Washington, conocido como “Pedro el Breve” por las pocas horas que duró a pesar del respaldo de países como España, actos vandálicos y terroristas contra instituciones estatales, industrias y centros de educación, barricadas en las calles, saqueo de comercios y el asesinato de personas en plena vía pública, algo que no recibió el rechazo de la Unión Europea, ni de la OEA.

Tantos fracasos y pérdida de sumas multimillonarias de dólares mal gastados, en una oposición dividida y seguramente penetrada por los órganos de seguridad venezolanos, dan como resultados la actual operación de querer nombrar de dedo, a un presidente que no ha sido electo democráticamente, ni tiene el respaldo del Tribunal Supremo de Justicia, el que declaró nulo los actos del títere Juan Guaidó, algo que también ratificó la Sala Constitucional del máximo organismo de Justicia de Venezuela.

Una prueba contundente de que todo es parte de una operación subversiva de la CIA coordinada con varios factores, fue la inmediata publicación de Wikipedia en español, dedicada al títere de los yanquis Juan Guaidó, algo sin antecedentes en otros golpes de estado acontecidos en años recientes, en África y Medio Oriente.

Los países que de ipso facto dieron su respaldo al títere, fueron los aliados de Estados Unidos, entre ellos Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú, Ecuador, Costa Rica, Canadá, Paraguay y por supuesto el incitador del golpe, Estados Unidos, situación que pudiera facilitar que el Consejo Permanente de la OEA apruebe una solicitud de invasión, bajo el pretexto yanquis de capturar al presidente Maduro, como esgrimieron para invadir a Panamá en 1989 y apresar al presidente Manuel Antonio Noriega.

La posición asumida por Canadá, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk y de Federica Mogherini, alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, demuestra como ante las presiones imperiales de los yanquis, bajan la cabeza y algunas ropas, para servirle rápidamente al amo, sin miramientos, ni principios de soberanía e independencia.

Vergüenza sentirán dentro de algunos años cuando se desclasifiquen los documentos de esta operación de inteligencia, y los nombres de todos los funcionarios que se prestaron para esa conjura yanqui, salgan a luz pública y sientan el despreció del mundo por la actitud servil tomada contra un pueblo valeroso, que asume con mucha dignidad su destino de ser libre e independiente.

Sabio fue José Martí cuando escribió:

“La verdad quedará dicha, porque reposa en el fondo de los actos humanos, como la felicidad en el fondo de la muerte”.

 

Rosa María Payá la que vendió su alma a los yanquis.


Por Arthur González.

Mucho se habla en la prensa de derecha sobre Rosa María Paya Acevedo, hija de uno de los asalariados de Estados Unidos en Cuba, que murió en un accidente de tránsito cuando viajaba en un auto conducido a exceso de velocidad por el español Ángel Carromero, repartiendo dinero del Partido Popular Español a la contrarrevolución fabricada por los yanquis, acción que prueba fehacientemente la injerencia en los asuntos internos cubanos y la incitación a desórdenes públicos.

Al ver cortada la entrada de dinero proveniente de Estados Unidos debido a muerte del padre, Rosa María y su madre Ofelia Acevedo, aceptaron apoyar la campaña diseñada por los yanquis, de acusar a las autoridades cubanas del accidente y a cambio recibirían un visado del programa de refugiados políticos para todo el núcleo familiar, de los que asigna el Departamento de Estado.

La mentira construida sobre el hecho se destruyó al ser enviadas a España para presionar a su gobierno, con el fin de que apoyaran la versión made in USA, pues las cortes judiciales españolas no aceptaron la acusación contra Cuba, al validar el juicio celebrado en la Isla y reafirmar que Carromero era el verdadero responsable del homicidio.

No obstante, Rosa María y su madre tuvieron que seguir con el guion por el que recibieron los beneficios de residir en Estados Unidos y han continuado con la mal trecha historia, pero la vida se encarga de poner el punto sobre la i, demostrando que todo es parte del complot anticubano, pues sus gastos van a la cuenta del Departamento de Estado, quien paga las facturas de sus visitas a países europeos y latinoamericanos, donde es recibida por dirigentes subordinados a la política yanqui, entre ellos José María Aznar del Partido Popular, condecorado en Miami por haber impuesto la Posición Común Europea contra Cuba, en 1997.

La evidencia de que Rosa María vendió sus sentimientos por dinero, fue su presencia el pasado 20 de enero de 2019 en la Convención del Partido Popular español, celebrada en Madrid.

Ella fue enviada nuevamente por el Departamento de Estado, dirigido actualmente por el ex director de la CIA, para hablar mal de Cuba, como si ella fuese un personaje de la política internacional, algo que no es, ni tiene avales para ello.

Durante su intervención en el conclave afirmó en la Isla, durante los sesenta años de la Revolución, hay una marcada “falta de libertades”, algo que se contradice con su residencia legal en La Habana, adonde entra y sale sin la menor dificultad, a pesar de las provocaciones que hace en cada viaje, estatus que refuta su condición de “perseguida política” en Cuba.

Como muestra de agradecimiento a uno de sus padrinos, tuvo palabras de elogio para el ex mandatario José María Aznar, y quizás hasta compartió alguna cena con el asesino de su padre, Ángel Carromero, porque si de algo carece Rosa María es precisamente de escrúpulos.

Lastimoso su discurso en el cual no se escuchó un solo reclamó para los derechos de españoles, franceses, africanos, palestinos y los millones de latinoamericanos que son víctimas del sistema capitalista y tienen que lanzarse a las calles a protestar por mejoras salariales, la salud pública, la educación, la rebaja de altísimos impuestos y el reclamo de jubilados por el aumento de sus pensiones, recibiendo una salvaje represión con porrazos, potentes chorros de agua fría, gases lacrimógenos y arrestos arbitrarios, solo por exigir una vida mejor, algo que no sucede en la Cuba socialista.

Esos ciudadanos si requieren de una solidaridad globalizada para evitar el incremento de la pobreza, que según los organismos de la Naciones Unidas aumenta por años, matando niños que pudieran tener una mejor existencia sin el capitalismo salvaje que los oprime sin piedad.

De quien vendió su alma por el dinero de los yanquis no se puede esperar más que odio, al ver saludable a la Revolución que lleva 60 años resistiendo agresiones. Al final la vida le pasara factura como a hace con personas de similar calaña, porque como afirmó José Martí:

“El odio mira como a un criminal a la cordura”

Olvidadizos de mala entraña.


Por Arthur González.

El acto terrorista ocurrido hace unos días en Colombia y la supuesta autoría del ELN, dando pie a la reclamación del presidente Iván Duque de que Cuba entregue a los miembros de la delegación que negocia la paz, es algo realmente extraño.

No es difícil versionar que el trágico suceso sirve para acusar a Cuba de ser un “reducto de terroristas”, teniendo en cuenta las declaraciones del presidente Duque, unidas a las de su vecino brasileño el capitán Jair Bolsonaro, las estrechas relaciones de ambos con el secretario de Estado yanqui, Mike Pompeo y la estrategia que teje Washington contra la izquierda latinoamericana,

Tal situación abre la posibilidad al presidente Uribista de apresar y hasta condenar a muerte a los líderes del ELN, enterrando la posibilidad de un acuerdo de paz y la conversión del grupo guerrillero en un partido político.

No por gusto ya comenzó la campaña desde Miami y algunos de sus principales asalariados en La Habana, de que Cuba “es santuario de prófugos de la justicia”, queriendo transformar la verdad histórica.

Esos “disidentes” creados por la CIA y mantenidos con su dinero, pretenden acusar a Cuba olvidándose de que fue Estados Unidos quien, desde el 1ro de enero de 1959, acogió y otorgó categoría de refugiados políticos, a los asesinos, torturadores y ladrones al servicio del dictador Fulgencio Batista, algo que continúan haciendo sin el menor sonrojo.

¿No recuerdan esos que ahora escriben contra su país, quien fue Conrado Carratalá Ugalde, ex jefe del Departamento de la Dirección de la Policía batistiana, criminal de guerra y prófugo de la justicia cubana, como lo son Luis Alberto del Rio Chaviano, General de Brigada del ejército batistiano, Orlando Piedra Negueruela, Mariano Faget Díaz y Rafael M. A. Gutiérrez Martínez, todos prófugos de la justicia cubana por delitos cometidos durante la tiranía de Fulgencio Batista, en la Causa No. 321/57 y la Causa No. 321/57, a quienes los yanquis se negaron a extraditar?

Similar negativa mantuvo la justicia de Estados Unidos sobre José Franco Mira, ex miembro del Buró de Investigaciones del régimen de Batista y asesino de los revolucionarios Sergio González “El Curita” y de Efraín Alfonso Liriano, sancionado a 30 años de prisión en la Causa 833/61; Pilar Danilo García y García, jefe de la Policía del tirano Batista, autor de varios asesinatos, pero a pesar de eso fue aceptado como refugiado en Miami.

La lista es bien extensa y la integran otros asesinos como Julio Stelio Laurent Rodríguez, oficial del Servicio de Inteligencia Naval de la tiranía batistiana, asesino del Capitán Jorge Agostini. Laurent fue reclamado a Estados Unidos en notas diplomáticas del día 9 y 20 de enero de 1959, por ser autor de numerosos y gravísimos delitos comunes, con causas pendiente en los tribunales cubanos. La respuesta fue retenerlo en el centro migratorio Mc Allen, en Texas, junto al múlti asesino Rolando Masferrer Rojas, pero ambos recibieron refugio en ese país.

Para mayor desvergüenza, Masferrer arribo a territorio yanqui con una maleta que contenía 17 millones de dólares robados al Estado cubano y jamás fueron devueltos.

Ejemplo del país donde se encuentra el mayor santuario de asesinos, terroristas y ladrones, son los casos de Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, asesinos a sueldo de la CIA, autores de múltiples actos terroristas en América Latina, e incluso dentro de los propios Estados Unidos, razón por la que el FBI consideraba oficialmente a Bosch como un hombre peligroso e inadmisible en esa nación.

Otros de los terroristas que colocaron bombas en Cuba, es Carlos Alberto Montaner, sancionado y detenido en La Habana, que se fugó de la cárcel y hoy reside entre Madrid y Miami, y fue el reclutador de Yoani Sánchez Cordero para el proyecto de la CIA que ella desarrolla.

En Miami también encontró refugio Inocente Orlando Montano, Coronel salvadoreño reclamado por las cortes españolas por asesinar a varios sacerdotes Jesuitas.

Qué decir de Gaspar Jiménez, asesino del diplomático cubano Dartagnan Díaz, cómplice de Posada Carriles, condenado en Panamá por terrorista, quien se refugió en Miami bajo la protección del FBI, o Guillermo Novo Sampoll, terrorista residente en Miami a pesar de ser cómplice en el asesinado al ex canciller chileno Orlando Letelier, su secretaria y el chofer; así como Roberto Guillermo Bravo, ex militar argentino responsable de la masacre de Trelew, donde murieron 16 jóvenes, y Patricia Poleo, cómplice del asesinato del fiscal venezolano Danilo Anderson, refugiada igualmente en Estados Unidos con la suma de 7 millones de usd robados de su país.

En Cuba residen como asilados políticos revolucionarios del mundo, que no son considerados como disidentes por Estados Unidos, algo manipulado a su antojo para calificarles como “terroristas” por tener ideas diferentes y haber luchado contra la discriminación racial, la exclusión social y por alcanzar una vida mejor para sus pueblos.

Esa historia no se puede borrar de un plumazo y a la vez pretender señalar a Cuba como parte de campañas de mentiras fabricadas, situación a lo que los cubanos están acostumbrados, precisamente en este año que se cumplen 60 años de la conocida Operación Verdad, enfrentada por el propio Fidel Castro ante más de 300 periodistas extranjeros, al querer Estados Unidos defender a los asesinos del régimen de Batista que eran sometidos a juicios públicos y sancionados por sus miles de crímenes.

Tiempo al tiempo que en la tierra nada se puede ocultar y más temprano que tarde la verdad saldrá a la luz, pues como afirmó José Martí:

“La deshonestidad y el atrevimiento inmoderado, si bien deslumbran con sus primeros arranques, no pueden crear una prosperidad segura”.

 

 

 

En Estados Unidos solo critican al Sur.


Por Arthur González.

Todos los días funcionarios de la Casa Blanca, del Departamento de Estado y la gran prensa plana y televisiva de Estados Unidos, ejecutan críticas y campañas contra dirigentes y países del Sur, a pesar de que los yanquis tienen el techo de cristal.

Lo mismo atacan a un presidente por usar un buen reloj, que a su esposa y a altos funcionarios por la residencia donde viven o el auto que manejan. Sin embargo, la prensa yanqui parece olvidar sobre los lujos, gastos y excentricidades del actual Presidente Donald Trump, su esposa, la hija, el yerno y sus demás descendientes en sus viajes por los Estados Unidos, más los que realizan al exterior, para lo cual llevan ajuares de altísimos precios, mientras los sin techos, desempleados y personas de bajos ingresos no tienen ni para pagar un seguro médico.

Recientemente la cadena Telemundo 51 informó sobre la situación que confronta con su vivienda, una familia de origen cubano, residente en Hialeah, Miami, debido a la precaria situación que presenta, afectando la salud del núcleo por el moho que cubre gran parte de la casa.

Según Telemundo 51, dicha familia vive desde hace unos seis meses, en un departamento ubicado en la avenida 1155 oeste y la calle 77, pero la humedad que existe en la misma es total, trayendo como consecuencias alergias y enfermedades respiratorias para sus inquilinos, sin que la administración del edificio resuelva el problema, a pesar del pago de mil doscientos dólares que deben abonar mensualmente.

Por supuesto, esos asuntos no son de interés del presidente Trump, porque él posee un departamento de dos pisos en New York, cuyas puertas de entrada son de oro con incrustaciones de brillantes, lámparas de cristal de roca y baccarat, muebles de estilo Luis XV, bandejas de oro y techos con pinturas que asemejan el palacio de Versalles, en París. Que decir de su propiedad Mar a Lago, en Palm Beach, Florida, considera la 2da propiedad más grande de ese Estado, con lavamanos de oro.

Su esposa no se preocupa de los 47 millones de personas que en Estados Unidos viven en niveles de pobreza, porque ella compra ropas de alta costura confeccionadas por firmas europeas de máxima exclusividad, carteras de 2 mil dólares y zapatos de precios similares, como los que calzó para ir a ver a los damnificados de huracanes, de piel y tacones altos, o el traje que adquirió con sombrero incluido, para su viaje de descanso a las pirámides de Egipto, siempre en un avión ejecutivo con la respectiva escuadra de seguridad, todo pagado por el presupuesto del gobierno.

Ningún empleado del gobierno yanqui puede darse el lujo de comprarle a su esposa un vestido de Ives Saint Laurent, o de Carolina Herrera, por un valor de 2,500 dólares, porque su salario no le alcanza para tales lujos que solo se los puede dar el Presidente Trump, sin pensar que hay niños en su país que no se alimentan adecuadamente, o los indigentes que pululan en muchas calles de Los Ángeles y solo comen de la basura.

Por tanto, antes de mirar la paja en el ojo ajeno, los que tanto critican a los funcionarios del Sur, deben exigirle a su Presidente, que hace ostentación de tanta riqueza, que tenga presente las necesidades de su pueblo y solo después, si les queda tiempo, hablen mal de otros, pues como afirmó José Martí:

“Esos críticos desalmados son los criminales de la pluma”.

 

Verdades que Estados Unidos oculta.


Por Arthur González.

A poco más de una semana del cierre del gobierno de los Estados Unidos por falta de fondos, se percibe un caos en la sociedad yanqui.

¿Alguien se imagina que pasaría si ese país fuera sometido a la misma guerra económica, comercial y financiera que desde hace 60 años sufre el pueblo de Cuba?

Sin dudas se convertiría en un país de mendigos y harapientos, como se puede constatar en barrios como Liberty City en Miami, o en Skid Row, ubicado en el centro de la ciudad de Los Ángeles, al que le llaman el barrio de los indigentes.

Algo muy diferente sucede en la estoica isla de Cuba, donde a pesar de esa despiadada guerra económica, la salud y la educación son gratuitas, y aunque no exentas de dificultades provocadas por la escasez de recursos, se mantienen brindando servicios por el esfuerzo del gobierno socialista, que tiene como primera prioridad el hombre, a pesar de las campañas tendenciosas fabricadas por los yanquis.

En la Cuba bloqueada por más de medio siglo, no hay indigentes durmiendo en las calles, ni niños limpiando cristales de autos, vendiendo baratijas o trabajando como esclavos sexuales, como ocurre en muchos países, incluso en los propios Estados Unidos donde la industria del cine porno los exhibe como trofeos.

Mucho critican a Cuba por la suciedad en sus calles ante la falta de colectores de basura y camiones suficientes para recogerla diariamente, pero no hablan del alto costo de cada camión y colectores, dinero del que las finanzas cubanas no siempre disponen para su adquisición, ni del crédito necesario porque las leyes del Bloqueo impiden acceder a ellos, e incluso a la ejecución de una transacción bancaria, debido a las sanciones millonarias que impone Estados Unidos a quienes se atrevan a llevarla a cabo.

El gobierno cubano se esfuerza por buscar soluciones sin lamentar epidemias, como las que parecen estar avocadas en grandes ciudades estadounidenses, debido a las dos semanas de cierre del gobierno, por negarse el Presidente Donald Trump a la aprobación del presupuesto, hasta tanto el Congreso acepte su capricho de que accedan a suscribir 5 mil millones de usd, para la construcción de un muro en la frontera con México.

Lo que oculta la gran prensa yanqui es que, por falta de una política coherente de ayuda real al pueblo, su sistema de salud pública es un negocio para hospitales y su industria farmacéutica, al cobrar sumas exorbitantes por una operación de hernia discal, cercana a los 60 mil dólares, mientras en Cuba el paciente no paga un solo centavo, aunque se trate de un enemigo al proceso revolucionario y reciba financiamiento desde Estados Unidos para sus acciones.

Un ejemplo reciente fue revelado por Rusia Today, al conversar con un sin techo en la ciudad de Los Ángeles, California. El entrevistado fue Ronald Anderson, un ingeniero eléctrico que hace años perdió su empleo y cayó en una depresión psicológica. Padecía de una lesión, al parecer una hernia discal, y al no disponer de seguro médico ni de los 60 mil dólares para someterse a la operación, quedó invalido para siempre. Además, contrajo una infección que le provocó la amputación de uno de sus pies.

Hoy Anderson vive en las calles de Los Ángeles, pero casos como este no son considerados violaciones de los derechos humanos.

En el barrio Skid Row, residen 4 mil 500 indigentes expuestos a enfermedades curables como el tifus y la hepatitis, si tuvieran un sistema de salud gratuito similar al de Cuba.

Esos ciudadanos se ven obligados a defecar en las calles por carecer de baños y un techo donde vivir. No tienen donde bañarse y son focos de contaminación para la ciudad, algo que The New York Times o The Washington Post nunca mencionan, lo contrario a sus artículos para hablar mal de Cuba y Venezuela, países sometidos a guerras económicas y mediáticas sin precedentes.

En Los Ángeles, donde residen muchas celebridades de la cultura de Estados Unidos, existen cerca de 58 mil personas sin techo, producto del sistema político y económico que tiene ese país, y no precisamente socialista.

Estados Unidos sin estar bajo una guerra económica como padece Cuba y con pocos días sin presupuesto, tiene casi 800 mil trabajadores estatales sin cobrar sus salarios, entre ellos los controladores aéreos, algo que puede poner en riesgo la seguridad de miles de pasajeros.

Museos, parques y otros sitios recreativos permanecen cerrados por falta de presupuesto, dejando de recibir un aproximado de 1,2 millones de visitantes, de mantenerse cerrados todo el mes de enero.

Numerosos científicos que trabajan en agencias federales, como la Fundación Nacional Científica, hacen que laboratorios de todo el país también estén cerrados, situación que afecta los ensayos clínicos relacionados con el cáncer, entre otras investigaciones de alta prioridad.

Ante la falta de financiamiento del Departamento de Agricultura, los campesinos confrontan problemas para optar por ayudas del gobierno, afectándose la producción de alimentos para la población.

Los empleados públicos, al no recibir sus salarios no pueden pagar el alquiler de sus viviendas, corriendo el peligro de desalojo.

En fin, el pueblo norteamericano no está preparado para esas limitaciones y se verá sumamente afectado por las penurias a la que están sometidos por la terquedad de su presidente.

Ahora podrán tener una ligera idea de las consecuencias que sufre el pueblo de Cuba desde hace más de medio siglo, por la criminal guerra económica, comercial y financiera a la que Estados Unidos somete a 11 millones de personas, con la intensión de debilitar su economía, negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno, escenario que ocultan los ideólogos yanquis.

Por actitudes similares, expresó José Martí:

“Mientras más de cerca toco las cosas políticas

, más repugnancia me inspiran”.