Acciones terroristas o pretextos yanquis.


Arthur González.

Con toda la maquinaria propagandística como soporte, el Buró Federal de Investigación, FBI, informó oficialmente la detección de varios envíos postales, entre ellos tres dirigidos a las residencias de los ex presidentes Barack Obama y Bill Clinton, y también a la del multimillonario George Soros, los cuales contenían cargas explosivas.

Todos iban con el mismo formato, sobres amarillos impresos y los explosivos también eran similares, lo que presupone un mismo autor, algo significativo en un país preñado de hechos provocados para justificar determinadas acciones en beneficio del Gobierno yanqui.

Un repaso a la historia permite recordar como en 1898 hicieron estallar al acorazado Maine en la bahía de La Habana, como justificación para ingresar en Cuba, conocida como la primera guerra imperialista, a fin de escamotearle la victoria al ejercito mambí que tenía practicamente ganado el conflicto bélico con España.

Estados Unidos ambicionaba apoderarse de Cuba desde inicios del siglo XIX, solo hay que leer la carta maquiavélica que enviara en abril de 1823, el entonces secretario de Estado, John Quincy Adams, al agente especial de Estados Unidos en Cuba, Thomas Randall, en la cual entre otras indicaciones expresa:

“Usted se mantendrá atento a cualquier agitación popular, sobre todo a aquellas que pueda referirse a la cesión de la Isla por España a cualquier otra potencia o, a que los habitantes asuman un gobierno independiente”.

En el siglo XX Estados Unidos intentó nuevamente invadir militarmente a Cuba, preparando como pretexto la Operación Northwood, la cual contemplaba un conjunto de acciones auto provocadas por agentes de la CIA, como ataques a su base naval en Guantánamo, el hundimiento de un barco en la bahía habanera o la de Santiago de Cuba, similar a la del Maine, y el derribo de un avión civil que estudiantes latinoamericanos que pasara por uno de los corredores internacionales cubanos.

Las Torres Gemelas fue un evidente acto de demolición militar, organizado por la CIA mediante el reclutamiento de árabes bajo la cobertura de ser un grupo musulmán anti yanqui. La forma rápida y sin desviación alguna en que cayeron los dos edificios es idéntica a la demolición que se hace con especialistas, pero sirvió de pretexto para invadir a Afganistán.

La fabricada existencia de armas químicas en Irak, fue la causa de la invasión yanqui. Una vez tomado militarmente el país no se encontraron dichas armas, pero el objetivo ya estaba cumplido.

Con Libia se repitió la historia y algo por el estilo intentan hacer en Siria, acusando a su gobierno, elegido por la voluntad popular, de utilizar armas químicas contra la población, lo que posibilitó a Estados Unidos probar nuevos armamentos en una guerra despiadada contra el pueblo sirio.

Los fabricados ataques sónicos y las inventadas enfermedades causadas a los diplomáticos yanquis en Cuba, y servilmente seguidos por el gobierno de Canadá, intentan afectar el turismo a la Isla y su economía, así como preparar condiciones para el cierre de su embajada, en concordancia con intereses políticos de la mafia terrorista de Miami.

Ahora, días antes de las elecciones legislativas de medio término donde se elegirán nuevos representantes al Congreso, se divulga la información sobre los sobres bombas detectados, con todos los componentes previstos para crear pánico entre la población estadounidense.

¿Cómo en el país que posee más controles de seguridad en las calles, mediante cámaras públicas y secretas, equipos sofisticados de rayos X para la revisión de equipajes y bultos postales, perros con preparación especial para detectar explosivos, ferro chequeo físico sobre las personas que ingresan a los edificios gubernamentales, unido al amplio aparato de informantes secretos que posee el FBI y la CIA en todos los estados de la unión, alguien medianamente inteligente se va a tragar el cuento de que los sobres de marras violaron todo el complejo sistema de seguridad implantado después de la fatídica historia de las Torres Gemelas?

Los servicios de inteligencia y contra inteligencia de Estados Unidos tienen una amplia experiencia en construir hechos similares cuando pretenden alcanzar un objetivo, incluso aunque tengan que matar y herir a cientos de personas. Así está expuesto en un programa de Acciones Encubiertas contra Cuba, aprobado por el presidente JFK en 1963, ya desclasificado y publicado, el cual expone:

“Habrá fracasos con la consecuente pérdida de vidas y acusaciones contra EE.UU. que resultarán en críticas en casa y afuera. Ninguna de esas consecuencias esperadas deberá hacernos cambiar nuestro curso, si el programa expuesto tiene éxito”.

Trump desea salir fortalecido de esta situación, y al tomar medidas especiales lo proyectarán como un Presidente duro y fuerte, ante situaciones de emergencia nacional, todo con el fin de que el partido republicano gane los escaños necesarios para controlar el Congreso, algo que hasta este momento parecía imposible de lograr.

A los yanquis tramposos y marañeros que los compre quienes no los conozcan, la historia está ahí y no deber ser olvidada ni soslayada, pues como aseguró José Martí:

“La historia no es cera que se amolda a nuestras manos caprichosas”.

 

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