María Elvira Salazar le vendió su alma al diablo.


Por Arthur González.

La reconocida periodista María Elvira Salazar, acaba de lograr su candidatura por el partido republicano, para acceder al escaño que dejará vacante Ileana Ros-Lehtinen, por el distrito 27 del sur de Florida, situación que pudiera catapultarla a la política de Estados Unidos, a pesar de no contar con experiencia en ese complicado terreno.

Lo interesante de su victoria es que para ello tuvo que venderle su alma a la mafia terrorista anticubana de Miami, grupo que tiene las manos llenas de sangre inocente de cubanas y cubanos, algo que bien conoce María Elvira, por sus frecuentes visitas a la Isla en el pasado.

Cuba fue uno de los temas obligados de su campaña, pues se sabe, que desde hace décadas la mafia terrorista encadenó la política exterior estadounidense, en cuanto a sus relaciones con la Isla, al tomarla como bandera en todas las postulaciones de Florida, e incluso arrastran a Senadores, Representantes y Presidentes, que se han visto rehenes de sus patrañas, para evitar la normalización de las relaciones entre ambos países.

Lo significativo es que no solo esa mafiosa aceptó darle su apoyo a la periodista, también lo hicieron otros miembros del grupo terrorista como Lincoln Díaz-Balart, estrechamente vinculado a hechos terroristas ejecutados contra el pueblo cubano.

Para conseguir apoyo político y financiero de esa mafia, la Sra. Salazar declaró que, si ganaba, tomaría como prioridades: “mejorar la situación del transporte en Miami, atraer mejores empleos, trabajar para la prevención de los tiroteos masivos que afectan al país y al sur de la Florida, y por supuesto “la defensa de las libertades en Cuba, Venezuela y Nicaragua”.

Nada es casual, todo fue aceptado previamente por María Elvira y a partir de ahora tendrá que seguir en ese carril anticubano, si desea realmente convertirse en la sustituta de quien fuera calificada como la loba feroz, por oponerse a que el niño Elián González, le fuera entregado a su padre y regresar a su casa en la ciudad cubana de Cárdenas.

No en balde la Salazar recibió para su campaña, la suma de 680 mil 786 usd del bando republicano.

La propia Ileana al conocer los resultados de las primarias declaró: “María Elvira es una líder extraordinaria…Ella va a ser la voz de la libertad”. 

Ya no hay vuelta atrás.

A partir de este momento la afamada periodista tendrá que recitar de memoria, los libretos preparados por la mafia terrorista anticubana, si realmente desea obtener los votos necesarios de los electores del distrito 27, creado en el 2012, que incluye a La Pequeña Habana, gran parte de la ciudad de Miami y las municipalidades de Miami Beach, West Miami, Coral Gables, South Miami, Pinecrest, Palmetto Bay, Cutler Bay, North Bay Village y Key Biscayne.

María Elvira conoce el terreno que pisa, no es ingenua ni tonta, aunque sí vanidosa y ambiciosa.

Ella sabe perfectamente los antecedentes de Ileana Ros, quien apoyó a Guillermo Novo Sampol cuando fue detenido por el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier, su secretaria norteamericana y el chofer. Fue esa congresista quien solicitó su indulto al presidente Ronald Reagan, a pesar de ser un criminal y torturador en el Plan Cóndor.

Esa misma representante intercedió con el presidente George Bush, la residencia en Estados Unidos del connotado terrorista y asesino Orlando Bosch, a pesar de estar calificado por el FBI como un “ente sumamente peligroso e inadmisible en el país”, debido a que, colocó explosivos en Miami y otras ciudades.

En 1968 fue condenado a 10 años de prisión, por estallar bombas en barcos. Liberado bajo palabra en 1972, pero en 1974, admitió haber enviado paquetes de explosivos a embajadas cubanas en Lima, Perú, Madrid, España, Ottawa, Canadá y Argentina.

Fue coautor de la voladura de un avión civil cubano en pleno vuelo, asesinando a 73 pasajeros.

Ros-Lehtinen también gestionó el ingreso ilegal en Estados Unidos y posterior protección en Miami, del asesino múltiple Luis Posada Carriles, cómplice de Bosch en sus acciones terroristas, como la voladura del avión cubano y la colocación de bombas en varios hoteles y restaurantes de La Habana, donde resultó muerto un turista italiano.

Posada fue entrevistado por la propia María Elvira, la que recibió como respuesta ante las cámaras de la TV, que “el joven italiano estaba en el lugar y momento equivocado”, cuando estalló la bomba en el hotel habanero Copacabana, de lo que no estaba arrepentido.

Ileana Ros fue participe del diseño de la provocación al gobierno de Cuba, mediante los vuelos de la organización Hermanos Al Rescate, HAR, a sabiendas que podían ser derribados, como habían advertido las autoridades de la Isla en múltiples oportunidades, incluso enviándole mensajes al presidente William Clinton, para que impidiera la violación del espacio aéreo cubano y el bombardeo de propaganda sobre la ciudad de La Habana, por HAR.

Ella personalmente hizo gestiones para que dicha organización adquiriera las avionetas.

Aquella provocación fue concebida ante el temor de que Clinton decidiera medidas para debilitar la guerra económica, comercial y financiera impuesta por su antecesor J.F. Kennedy, pues había iniciado la política Pueblo a Pueblo y tenía planes de permitir el turismo norteamericano a la Isla.

Como resultado del derribo de las avionetas, Ileana, Lincoln Díaz-Balart y otros miembros de la mafia terrorista, le prepararon la trampa al propio Presidente, obligándolo a firmar la conocida como Ley Helms-Burton, que le quitó para siempre a los presidentes de Estados Unidos, tomar la decisión de eliminar la oprobiosa guerra económica, comercial y financiera, que pretende matar por hambre y enfermedades al pueblo cubano.

La suerte de María Elvira está echada y cargará con la responsabilidad histórica ante el pueblo cubano, de apoyar al grupo mafioso responsable que tanto dolor y luto ha causado.

Preciso fue José Martí cuando señaló:

“El fausto se compra casi siempre a precio del decoro”.

Los yanquis no hacen nada por gusto.


Por Arthur González.

Cada medida adoptada por el gobierno de los Estados Unidos buscar un fin concreto, siempre beneficioso para sus políticas subversivas y de dominación. Así es el caso de los fabricados “ataques sónicos” contra algunos diplomáticos acreditados en su embajada en La Habana, campaña mediática que solo persigue afectar el turismo de la Isla, como parte del nuevo enfoque de Donald Trump y su rechazo a las medidas adoptadas durante la administración de Barack Obama.

Trump fue preciso en su discurso de junio 2017, ante un grupo de cubanos que conforman la llamada mafia terrorista anticubana de Miami, donde les prometió un cambio radical de las medidas aprobadas por su antecesor, algo que cumplió a cabalidad.

Quizás con la pretensión inicial de romper las relaciones diplomáticas, recompuestas por Obama en diciembre 2014, el Departamento de Estado expulsó en el 2017 a más de una docena de diplomáticos cubanos de Washington, bajo el alegato de inventados “ataques acústicos” que “enfermaron” a un grupo de diplomáticos yanquis en La Habana, a la vez que retiraba igual número de sus funcionarios acreditados en la Isla.

Era la señal más evidente del cambio, seguida de la alerta de seguridad emitida para los viajeros norteamericanos a Cuba, ante el peligro de sufrir similares “enfermedades” a la de sus diplomáticos, iniciándose la película de terror para amedrentar a los incautos.

Semanas después tomaron la decisión de prohibir las visitas de forma individual, amparadas en licencias del programa Pueblo a Pueblo, permitiendo solo las grupales con un responsable al frente de las mismas.

Pero la vida es más rica y la falta de personal diplomático y de oficiales de la CIA en La Habana, volvió a colocar a las Agencias de Inteligencia en una posición desventajosa, sin poder ejecutar sus acciones de espionaje y subversión, que ampliamente realizaban desde la apertura de su Sección de Intereses, en septiembre de 1977.

Aún se recuerda la denuncia efectuada por la Seguridad del Estado de Cuba, en el verano de 1987, cuando la TV cubana transmitió varios capítulos de 27 dobles agentes que lograron engañar por años a la CIA, unido a filmaciones de oficiales CIA bajo la cobertura diplomática, cuando colocaban sofisticados equipos de comunicación satelital, dinero, libretas para codificar y descodificar sus informaciones secretas y otras acciones ilegales que realizaban desde la Sección de Intereses.

Aquella denuncia fue totalmente silenciada por la prensa estadounidense.

Con la apertura de la embajada en 2015, posterior al restablecimiento de relaciones diplomáticas, el propio presidente Obama declaró:

“…Podremos aumentar considerablemente nuestro contacto con el pueblo cubano. Tendremos más personal, y nuestros diplomáticos podrán participar de manera más extensa en toda la isla…incluida la sociedad civil y con los cubanos que buscan alcanzar una vida mejor…nadie espera que Cuba se transforme de la noche a la mañana, pero creo que el compromiso estadounidense, mediante nuestra embajada, empresas y ante todo nuestro pueblo, es la mejor manera de representar nuestros intereses, y apoyar la democracia y los derechos humanos”.

Transcurrido un año de la decisión de Trump para complacer las peticiones de la mafia anticubana y del Senador Marco Rubio, los resultados han sido desastrosos para sus intereses de inteligencia, a tal punto que el pasado 23 de agosto del 2018, un informe realizado por el Servicio de Investigación del Congreso de los Estados Unidos, reconoció que “la drástica reducción del personal diplomático en la Embajada estadounidense en La Habana, solo ha logrado entorpecer las acciones de supervisión sobre Cuba”.

Ante esa realidad la investigación congresional agrega:

“El trabajo que se realizaba con la sociedad civil y los activistas de derechos humanos en la Isla, se ha visto reducido y en muchos casos eliminado, en momentos en que se lleva a cabo una transición política en Cuba y se debate en los barrios el anteproyecto de una nueva Constitución, que será sometida próximamente a referendo popular.

No son necesarios más argumentos. La decisión fue un gravísimo error y en materia de inteligencia lo están pagando caro, siendo el mayor beneficiario el gobierno cubano, al no tener que enfrentar la ola de acciones subversivas que desarrollaban los yanquis en toda Cuba, desde su misión diplomática.

Un signo a seguir de cerca es el anuncio efectuado por el Departamento de Estado, respecto al cambio del nivel de advertencias sobre los viajes a Cuba, al reducirlo del nivel tres (reconsiderar el viaje) al dos (solo tomar precauciones adicionales).

Dicha información se publicó horas después que se conociera el resultado del informe del Servicio de Investigación del Congreso.

Esa medida, sin dudas, podría mejorar la entrada de más estadounidenses a la Isla, quienes tendrán la capacidad de monitorear en el terreno la situación política cubana, ante la merma de oficiales de inteligencia con cobertura diplomática, retomando la el empleo de oficiales con cobertura no oficial, como hacen con mayor alcance desde la caída del socialismo europeo, al utilizar otras fachadas como el turismo, los comerciantes, religiosos, académicos, estudiantes y otras categorías, que le posibilitan mayor libertad de movimientos para la búsqueda de la información de su interés.

Todo está analizado y aprobado, hay que buscar soluciones a las dificultades creadas por una decisión pasional que perjudicó fuertemente a los servicios de inteligencia yanqui, en momentos que más necesitan estar presentes en Cuba, pues Trump no dará marcha atrás.

No por gusto aseguró José Martí:

“Las pasiones, solo por serlo, son de suyo violentas, injustas e irracionales”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Para que han servido las relaciones con Estados Unidos?


Por Arthur González.

Estados Unidos nunca tuvo buenos ojos hacia Fidel Castro, algo que expusieron en 1958 el presidente Dwight Eisenhower y el director de la CIA, Allen Dulles. Ambos estaban convencidos que no era el hombre que necesitaban para gobernar en Cuba; su autodefensa durante el juicio por su participación en el asalto al Cuartel Moncada, así lo demostraba.

Al no poder impedir el triunfo del movimiento revolucionario de 1959, de inmediato tomaron medidas para frustrar sus planes de desarrollar un proceso nacionalista, independiente y soberano, sin injerencia yanqui.

Por esa razón, a solo 11 meses de la victoria la CIA propuso eliminarlo físicamente, según documentos oficiales.

En enero de 1961 Eisenhower rompía las relaciones diplomáticas, iniciándose más de medio siglo de acciones terroristas, planes de asesinatos, invasión mercenaria, guerra económica, financiera, biológica y mediática, unido a programas subversivos elaborados por la CIA y el Departamento de Estado, respaldados por presupuestos de miles de millones de dólares, pero ninguna de esas acciones ha tenido éxito.

A pesar de esa posición contra la Revolución, Cuba siempre intentó mejorar las relaciones con Estados Unidos y en ocasiones buscó y en otras aceptó las propuestas de establecer conversaciones secretas, pero siempre las presiones y exigencias yanquis lo malograban.

Washington ponía como condición previa, que Cuba se alejara de Moscú y el bloque socialista europeo, eliminara sus relaciones militares con ellos; no apoyara los movimientos revolucionarios, incluida la independencia de Puerto Rico, y se retirara de África, donde los cubanos ayudaban a salvaguardar la independencia de Angola, a petición de su gobierno, por estar asediada militarmente por Sudáfrica, viejo aliado de Estados Unidos, quien apoyaba a la contrarrevolución angolana.

Posterior a la desaparición del socialismo en Europa del Este y la desintegración de la URSS, el presidente George W. Bush, puso como condición que Cuba abandonara el sistema socialista y restaurara el capitalismo, petición idílica y trasnochada.

Barack Obama tomó el mismo rumbo que las 10 administraciones antecesoras, pero en su segundo mandato optó por aceptar las propuestas que había hecho el Council on Foreign Relation durante el gobierno de Bill Clinton y tomó la decisión de entablar negociaciones secretas, sin condicionamientos previos, para lo cual debió excluir al Departamento de Estado y Defensa, evitando que la mafia terrorista anticubana se enterara.

Esa decisión no fue festinada. Estados Unidos estaba perdiendo influencia en Latinoamérica, tenía el repudio mundial por la guerra económica contra Cuba, que sentaba a su país en el banquillo anualmente, unido a las presiones por las campañas internacionales para liberar a los Cinco Héroes cubanos, más las internas por el judío norteamericano Alan Gross, preso en la Habana.

De no dar ese paso, dejaría pasar la oportunidad excepcional de poder influir a su favor en la sociedad cubana, especialmente a la juventud y los trabajares no estatales, antes del traspaso de la presidencia de Raúl Castro a un hombre que no es de la generación histórica de la Revolución.

Ante ese escenario, en diciembre del 2014 ambos gobiernos acuerdan el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la posterior apertura de embajadas. Sin embargo, la pretensión de destruir el socialismo fue recalcado en todas las intervenciones de Obama, y la guerra económica, financiera y mediática para las campañas contra la Revolución y el apoyo total a la subversión, quedaron intactas.

Obama impuso records de persecución a la banca internacional, para ahogar financieramente a Cuba; aprobó el mayor presupuesto anual hasta ese momento para los planes subversivos con 20 millones de dólares, el apoyo económico y moral a la “oposición” interna; la radio y TV Martí continuaron, al igual que la prohibición del turismo estadounidense a la Isla y el comercio bilateral, excepto la venta alimentos acordada en época de G.W. Bush, después del paso de un destructor huracán que azotó la Isla, siempre mediante el pago adelantado de cada compra.

La Ley de Ajuste, la Torricelli, Helms-Burton y el acta de prohibición de Comercio con el Enemigo, quedaron intactas, al igual que el uso de dólar. También prohibió conversar sobre la devolución del territorio que ocupa su

Su política fue edulcorada y engañosa, pues persiguió los mismos objetivos de sus antecesores, aunque con métodos más sutiles e inteligentes.

No obstante, aprobó algunos memorandos de entendimiento en cuestiones no cruciales para el mejoramiento de la economía de Cuba y que no le creaban mayores dificultades con la mafia anticubana, como fueron el tema de las misiones de búsqueda y rescate de embarcaciones; el combate al tráfico de drogas que mayormente va hacia Estados Unidos; cooperación medio ambiental; programa de capacitación de profesores de idioma inglés; cooperación  en la esfera de la seguridad de los viajeros; el uso de vuelos directos pero solo de empresas norteamericanas; cooperación en la esfera de la Salud y el restablecimiento del correo postal directo.

Amplió las licencias que otorga el Departamento de Estado para los viajes a Cuba, y expresó que con ellos buscaba “promover los valores yanquis entre el pueblo cubano, potenciar aún más su objetivo de empoderar al pueblo cubano, fomentar mayores contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba, con el marcado interés de promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del Estado cubano”.

Con el arribo de Donald Trump a la Casa Blanca, esa política regresó a los tiempos de la guerra fría, pues según argumentaron Obama no logró sus objetivos, por tanto, había que mantener las presiones buscando que el pueblo se lance a las calles a protestar por las carencias económicas acumuladas.

Para no quedarse atrás, Trump inventó el show de las mentiras de los ruidos acústicos y las falsas enfermedades, solo para afectar el turismo internacional a Cuba y las visitas de norteamericanos, incrementadas notablemente con la política de pueblo a pueblo. Con eso dejó inoperante a su embajada en La Habana.

Buscando el respaldo de los votos de la mafia terrorista anticubana, el Congreso acaba de aprobar un presupuesto ascendente a 35 millones de dólares, para fabricar la “democracia” en Cuba y Venezuela, pagar a los “disidentes” y las campañas mediáticas sobre las inventadas violaciones de los derechos humanos.

Para la radio y TV Martí, emisoras que desde 1985 ni se escuchan ni se ven en la Isla, se aprobaron 29 millones de dólares.

Vale penal resaltar que esos 35 millones, es una cifra inferior a la que solicitó Obama al Congreso en 2015, ascendente a 2 mil millones de dólares para Latinoamérica, y de esa suma 53,5 millones fueron destinadas a la “Iniciativa Regional de Seguridad” (CBSI) y una buena cantidad para programas de promoción de “la libertad de prensa y los derechos humanos” en Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua.

Al sacar cuentas, ¿de que sirvieron las relaciones diplomáticas?

Lúcido fue José Martí cuando dijo:

“De esa tierra no espero nada…más que males”

 

 

 

 

 

“Disidente” cubana con mal de Alzheimer.


Por Arthur González.

Todo apunta a que la vetusta “disidente” cubana, Martha Beatriz Roque Cabello, está aquejada de Alzheimer, enfermedad que le hace olvidar sus históricas mentiras y engaños a sus patrocinadores yanquis.

Como si nadie conociera su embustes y show mediáticos ejecutados durante años, ahora intenta recuperar el protagonismo perdido, al enviar una carta a las embajadas de países de la Unión Europea acreditadas en La Habana, en la que expresa sus desvaríos acerca del proyecto de la Constitución de Cuba, que actualmente analiza y discute el pueblo cubano, en un proceso democrático sin igual en el mundo.

Al no poder acusar al Gobierno de ser antidemocrático, expone que la “política del Gobierno cubano sigue sin estar alineada a los acuerdos internacionales de los que es signatario. Lo que implica que no habrá una mejoría, a partir de la Ley, de las condiciones de vida y los derechos sociales del cubano”.

De la guerra económica, comercial y financiera impuesta por Estados Unidos, para matar de hambre al pueblo, no dice una sola palabra. Sin embargo, ataca a la Unión Europea por firmar el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con Cuba, pues según ella, “no ha servido para establecer un futuro esperanzador para las nuevas generaciones” y le reprocha ese reconocimiento al Gobierno cubano porque “el proceso de ayuda a la democracia que se suponía se abriera a partir del mismo, con este proyecto de Ley Fundamental muestra su tendencia a la frustración”. 

Más de lo mismo para quien ha engañado a los yanquis desde 1989 cuando se hizo “disidente”, al comenzar el llamado “período especial” en Cuba, debido al derrumbe del socialismo europeo y perderse el 85 % del comercio exterior.

Martha al igual que otros, vieron en la carrera de “opositores” una forma fácil y rápida de obtener miles de dólares. 

¿Habrá olvidado que en el 2002 ejecutó un supuesto “ayuno”, para llamar la atención de la prensa extrajera y que las fotos de aquella “dieta” fueron posteriormente divulgadas?

El “ayuno” consistió en almuerzos con pavo con salsa de champiñones, jugos de frutas naturales y yogurt pro biótico, entre otras exquisiteces.

Así engañó a los diplomáticos norteamericanos que la visitaron en su casa para comprobar su estado de salud.

Nadie puede explicar cómo esa “opositora”, todavía tiene ganas de hacer cartas a otros gobiernos, con la acumulación de mentiras que posee.

¿No recordará que el 20 de mayo del 2005, inventó un supuesto Congreso, para el cual recibió miles de dólares desde Miami y que la TV cubana divulgó imágenes en vivo de ella, haciendo numerosas compras para su uso personal?

Pero el más espectacular de sus reality show, sin dudas la “Huelga del Aguacate”, donde la TV cubana volvió a demostrar sus mentiras, al proyectar imágenes de un vecino pasándole frutas y vegetales por una ventana, para sostener su “huelga de hambre”.

Una diplomática norteamericana que acudió a darle apoyo, y quizás despedirse de ella ante la posibilidad de su muerte, hizo el ridículo al comprobar que fue engañada por la tramposa “disidente”. Lo mismo le sucedió a la bloguera Yoani Sánchez, quien visitó a la actriz en su “lecho de muerte”.

Martha Beatriz ha ideado todo tipo de actos para llamar la atención y conseguir un nuevo apoyo financiero de los yanquis, pero fue demasiado lejos en sus farsas y perdió la credibilidad de sus padrinos.

Intentando no ser olvidada ha hecho de todo, desde oponerse a la política de Barack Obama, apoyar la guerra económica, no aceptar la libertad de viajes de estadounidenses a Cuba, exponer su desacuerdo a los acuerdos firmados por la Unión Europea con Cuba, hasta inventar supuestas golpizas de sus vecinos. Pero nada le ha dado resultados.

Ahora más vieja y con evidentes fallos mentales, busca dinero desesperadamente, pero su cuarto de hora se acabó.

Aquellos años en que disfrutaba de fama y aplausos del Gobierno estadounidense y de los jefes de la entonces Sección de Intereses, cuando integró el llamado “Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna” y firmó el documento “La Patria es de Todos”, muy aplaudido en el Congreso por Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart, se terminaron.

Ya no es invitada a recepciones, cocteles y cenas en residencias diplomáticas, perdió todo el esplendor que como “disidente” vivió con los yanquis, y con ello también los cientos de miles de dólares que recibía anualmente, porque como afirmó José Martí:

“Las agonías de la fortuna intrigante son de más náuseas y de fin más cruento”

 

 

Andrés Oppenheimer y sus horóscopos.


Por Arthur González.

Nadie sabe que misterios encierran las profecías del laureado periodista Andrés Oppenheimer, pero las escritas sobre la Revolución cubana han sido un fracaso total.

Después de puesto en marcha el Programa Democracia, aprobado en 1983 por el presidente Ronald Reagan, que devino en el reclutamiento sentimental del líder soviético Mijaíl Gorbachov, quien confesó en el 2000 que, para lograr el desmoronamiento del socialismo en Europa, “tuve que sustituir a toda la dirección del PCUS y de la URSS, así como a la dirección de todos los países socialistas europeos”; solo quedaba en pie Cuba, como la pieza más ambicionada de Estados Unidos.

Por aquellos años, países aliados de Washington se sumaron a la ofensiva ideológica, con el fin de “ayudar a la caída” del socialismo cubano.

Entre las iniciativas iniciadas en 1990, estimularon las entradas ilegales en varias embajadas, las salidas ilegales del país, reorganizaron y financiaron asociaciones de ciudadanos extranjeros asentados en la Isla, moribundas por falta de apoyo de sus gobiernos, conmemoración de fiestas patronales y hasta la celebración de algunas romerías, que no se efectuaban hacía medio siglo.

En ese contexto llegó a La Habana el periodista y escritor argentino radicado en Miami, Andrés Oppenheimer, ganador del Premio Pulitzer en 1987, con el interés de hacer una investigación sobre la Revolución cubana y el papel jugado por sus líderes históricos.

Para ello, recibió todas las facilidades para sus entrevistas, incluidas a Fidel Castro y “opositores” creados, entrenados y financiados por el gobierno de Estados Unidos, algunos de ellos agentes encubiertos de la Seguridad cubana. Todos respondieron sus preguntas y brindaron mucha información, que le sirvieron al periodista para escribir su libro “La hora final de Castro”, publicado en 1993, en el cual vaticinó la caída inminente del gobierno socialista.

Para disgusto de los yanquis, el horóscopo de Oppenheimer fue un rotundo fracaso, nada de lo pronosticado sucedió.

Fidel logró sacar el país adelante, estabilizó la economía y la llamada “Opción Cero” no fracasó, como auguraba Oppenheimer en su libro.

Transcurrido un cuarto de siglo de aquellos vaticinios infundados, la Revolución socialista se mantiene, incluso rejuvenecida con un nuevo presidente que no es parte de la generación histórica.

La falla del pronóstico radicó en su ceguera política, quizás orientado por autoridades estadounidenses para pintar un panorama sombrío y sin futuro, desconociendo la histórica entereza, resistencia y unidad del pueblo cubano, en torno a la defensa de su soberanía.

De nada le valieron los 6 meses en Cuba y las más de 500 entrevistas realizadas, su idea fija era el deseo de ver caer a la Revolución. Actualmente solo destila frustración por sus fallidas profecías.

Olvidando esa mal experiencia en su vida literaria, Oppenheimer vuelve por la picada, ahora con el tema de la nueva Constitución de Cuba, algo que pone en ridículo a Estados Unidos porque el texto propuesto es estudiado y discutido libremente por toda la nación, incluidos los cubanos residentes en el exterior, situación sin precedentes en América y Europa, que refleja el carácter democrático y popular del proceso cubano, verdadera piedra filosofal que ha permitido resistir las guerras económica, financiera, mediática y subversiva.

Según ha dicho el argentino, se tomó el trabajo de leer el documento y le resultó “espantoso” y un “gran paso atrás”. ¿Será más humana la de su país de origen? Ni la de Estados Unidos recoge tantos derechos a los ciudadanos como a propuesta cubana, pero hay que desprestigiarla a toda costa.

Otro error cometido por el múlti premiado periodista, fue tomar en cuenta las opiniones de Rosa María Paya Acevedo, devenida en politiquera gracias al dinero de la mafia terrorista de Miami y de su mentor el senador Marco Rubio.

Ella le aseguró que: “esta Constitución es peor que la anterior, porque al agregar que el Partido Comunista será el único dirigente superior de la sociedad y el Estado, le cerró las puertas a cualquier posibilidad de multipartidismo”.

Quienes sueñen en tener en Cuba partidos políticos diseñados por la CIA, con “disidentes” pagados con millones de dólares aprobados por la Casa Blanca para intentar destruir a la Revolución, seguirán el mismo camino que los mafiosos miamenses, que se han vuelto ancianos sin obtener una sola victoria.

La Revolución cubana no fue impuesta por los tanques soviéticos, la hizo el pueblo luchando en las calles y montañas de la Isla, contra la tiranía de Fulgencio Batista, apadrinado por Estados Unidos a pesar de llegar al poder mediante un golpe militar que pisoteó la Constitución y todas las leyes del país.

Los cubanos no desean regresar a aquella farsa de tener 25 partidos políticos que todos defendían lo mismo, el capitalismo, la corrupción, el maltrato al pueblo y la desigualdad social.

Ninguno resolvió el analfabetismo, la discriminación racial y de género, la ausencia de un sistema popular de salud, la educación, la cultura y el deporte como un derecho del pueblo.

Ese es el error original de Estados Unidos cegado ante una realidad aplastante, malgastando cientos de miles de millones de dólares para derrocar a la Revolución popular cubana.

Por eso son sus equivocaciones: la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos, los cientos de planes terroristas que sembraron muerte y destrucción, su guerra económica para matar de hambre y enfermedades a los cubanos, unido al asesinato de decenas de seres humanos que no serán olvidados nunca por sus familiares, amigos y vecinos.

El traspié de Andrés Oppenheimer es pensar que el gobierno de Cuba necesita de la policía secreta, para enfrentarse a los enemigos de la Revolución.

Quienes se opondrán a cualquier intento que afecte su libertad y soberanía, son los propios cubanos y cubanas que dominan la historia de su patria, para que jamás vuelva a existir un Apéndice Constitucional, como el impuesto en 1901 por el Congreso yanqui, conocido por el nombre de Enmienda Platt, esa que permitió la invasión del ejército de Estados Unidos, cada vez que lo desearon, para pisotear la dignidad de todo el pueblo.

Les duele ver el referendo popular en Cuba porque se le acaban las mentiras y la deformación de la realidad.

Allá los yanquis con su condena y frustraciones, porque en Cuba como aseguró José Martí:

“Dos cosas hay que son gloriosas: el sol en el cielo y la libertad en la tierra”.