The Cuban Revolution as It Is.


Por Arthur González.

Diversos artículos circulan sobre la reciente publicación del libro “The World as It Is” (El mundo tal como es), escrito por Ben Rhodes, asesor de seguridad del ex presidente Barack Obama y uno de los negociadores para el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba.

Dicho proceso se mantuvo en secreto, para que la mafia terrorista de Miami no se opusiese al cambio de estrategia que Obama estaba dispuesto a ejecutar, con el propósito de desmontar el socialismo cubano desde adentro, lo cual había dado buenos resultado para Estados Unidos en el siglo XX, reconocido por Hillary Clinton durante su campaña presidencial.

En sus memorias sobre ese hecho trascendental, culminado con el anunció al unísono el 17 de diciembre del 2014 por Barack Obama y el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Ben Rhodes, afirma: “Cuba nunca cumplió con algunas de las promesas que se discutieron en ese proceso”.

Según él, las reformas que Estados Unidos deseaba obtener de la parte cubana, estaban relacionadas con “ciertas reformas económicas y políticas, incluso la apertura de negocios de Estados Unidos en la Isla”, situación que afirma “quedaron congeladas posterior al discurso del presidente Obama en La Habana, transmitido al mundo por la TV”.

Al respecto asevera en su libro que ellos “estaban conscientes que de trasmitir ese discurso en vivo y sin censura por la TV, el tiro podría salirles por la culata”, o sea todas las promesas podían incumplirse.

En ese discurso, Obama dejó establecido que aspiraba a lograr, el eufemístico tránsito pacífico de Cuba hacia el capitalismo, sistema dejado atrás en 1959, por no resolver los acuciantes problemas económicos, sociales y políticos que padeció la República desde 1902, que solo sirvió para enriquecer a unos cuantos y a los inversionistas yanquis que se apoderaron de gran parte del país, situación denunciada por Fidel Castro, durante su defensa en el juicio por el asalto al cuartel Moncada.

Uno de los puntos que más repudio causó entre los cubanos, fue el llamado de Obama a “olvidar la historia”, lo que significaba borrar de un plumazo todo el daño causado por la política de terrorismo de Estado ejecutada por Estados Unidos y el sufrimiento del pueblo con la aplicación de la guerra económica diseñada por la CIA y aprobada por la Casa Blanca.

Lo que omite Rhodes en sus memorias es que, en ese proceso de negociaciones, Estados Unidos no aceptó eliminar la guerra económica, el financiamiento a la subversión contra Cuba, su apoyo a la contrarrevolución interna creada y dirigida por ellos, la Radio y TV Martí, las leyes Torricelli, Helms-Burton, de Ajuste Cubano, y menos devolver la base naval, enclavada en la bahía de Guantánamo.

Sin embargo, su estrategia era la misma de otros Presidentes que negociaron secretamente con la Revolución. Prueba de eso consta en el análisis que realizó el Consejo de Seguridad en 1977, respecto a una revisión de la política yanqui hacia Cuba, donde se expuso que Estados Unidos tenía razones de peso para avanzar hacia la normalización de sus relaciones con La Habana.

Las conclusiones a las que arribaron fueron:

“La normalización serviría a los intereses de Estados Unidos a largo plazo; reduciría la dependencia de Cuba hacia los países socialistas; ofrecería incentivos a los cubanos para que cesaran su intervención en otros países; podría mejorar la situación de los derechos humanos en la Isla, según los parámetros yanquis; se avanzaría en el trato para obtener una compensación por la nacionalización de sus propiedades; se abrirían oportunidades comerciales en el mercado cubano; Washington mejoraría su imagen en Latinoamérica y sobre todo reestablecerían la presencia estadounidense, especialmente de la CIA.

En aquella oportunidad el Consejo dio luz verde al proceso, con la estrategia del “paso a paso”, comenzando por negociar acuerdos sobre fronteras marítimas y la pesca, intercambios culturales, la reunificación familiar y otros similares.

Un principio acordado fue el de no ceder en la eliminación de la guerra económica y mantenerla como un arma para negociar en el futuro.

Obama tenía un escenario con elementos diferentes, entre ellos Allan Gross, enviado a Cuba para ejecutar acciones de subversión, bajo el manto de las Organizaciones No Gubernamentales, como la USAID, nueva mascara de la CIA para no dejar sus huellas.

Gross llevaba años en prisión, es judío y las presiones para su liberación se hacían insostenibles, similares a las que tenía para liberar a los tres cubanos que fueron sancionados de forma manipulada por las presiones de la mafia cubana de Miami, y los antecedentes de canjes que obraban con 10 espías ruso, unos años antes.

A eso se unía la situación desfavorable con América Latina y la pérdida del hegemonismo yanqui en la región, algo que Estados Unidos requería a toda costa.

Obama presionó todo el tiempo, con la ilusión de que los cubanos se dejarían engañar por su simpatía e inteligencia. Se reunió con los trabajadores no estatales, vendiéndoles supuestas bondades del capitalismo y aseguró en sus discursos:

“…continuaremos abordando los temas relacionados con la democracia y los derechos humanos en Cuba […] podemos hacer más para apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso… Nuestras políticas en materia de viajes y remesas están ayudando a los cubanos, al brindarles nuevas fuentes de información, oportunidades de trabajar como autónomos y acceso a bienes de propiedad privada, además de fortalecer a la sociedad civil independiente…Estas medidas servirán para fomentar aún más los contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba…Nuestros esfuerzos se enfocan en promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del estado cubano”.

A la vez, fue el presidente que más sanciones impuso a la banca internacional, entre ellas la multa de 10 mil millones de dólares al banco francés PNB Paribas, situación que impide los negocios e inversiones extranjeras en Cuba.

Paralelamente y como trampa azucarada, aprobó algunas medias que aparentaban flexibilizar el bloqueo económico, algo que la Secretaria de Comercio, Penny Pritzker, se encargó de esclarecer cuando aseguró en su twitter:

Las provisiones aprobadas están diseñadas para apoyar al sector privado emergente en Cuba y colocarnos más cerca de alcanzar las metas históricas de política exterior del presidente Obama y fortalecer la sociedad civil cubana”.

Estados Unidos persiste en destruir el socialismo, no acepta ideas políticas diferentes a las que le impone al mundo, pero volvieron a errar porque Cuba no vende la soberanía ni su independencia, basado en los principios redactados por José Martí en el Partido Revolucionario Cubano, cuando afirmó:

“El Partido Revolucionario Cubano se constituye para lograr, con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la Isla de Cuba…”

 

 

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