El mismo problema, pero tratamientos diferentes


Por Arthur González

En Venezuela la contrarrevolución es entrenada y financiada por Estados Unidos, para crear conflictos internos y más dificultades al pueblo, el mismo que resiste una guerra económica y financiera despiadada.

Al ser parte de un plan de desestabilización con el propósito de derrocar al gobierno de Nicolás Maduro, electo democráticamente en las urnas, las tareas de la guerra mediática también están presentes, con el fin de deformar la realidad y hacerle creer al mundo que hay ingobernabilidad para justificar la intervención extranjera, como intentaron hacer a través de la OEA.

Durante varias semanas en los distintos medios de prensa controlados por los yanquis, se han visto manifestaciones de la contrarrevolución, sus actos terroristas e incluso la tortura y el asesinato de partidarios de la Revolución Bolivariana, sin que sean condenados por los mismos que acusan al gobierno de Maduro y pretenden satanizarlo.

Bien diferente es el tratamiento que brinda la prensa internacional a idénticas situación que acontecen en México, y ninguno de los países que atacan a Venezuela levantan la voz para pedir elecciones, un cambio de sistema político y hasta la intervención de la OEA.

El pasado 2 de mayo 2017 se produjeron fuertes enfrentamientos en la ciudad de Reynosa, Tamaulipas, que han dejado hasta el momento, un saldo de 12 ciudadanos muertos.

Para enfrentar esos graves disturbios, las Fuerzas Federales y Estatales fueron desplegadas, enfrentando a los manifestantes con equipos de guerra, establecieron bloqueos en la propia ciudad de Reynosa y un patrullaje exhaustivo para restablecer el orden, ante la violencia que puso en riesgo a la población.

Pero ante esas acciones propias de las fuerzas del orden no hay campañas ni acusaciones.

Sin embargo, cuando el gobierno venezolano hace lo mismo la guerra mediática es indetenible, acusándolos de represivos, a pesar de que los hechos de violencia son ejecutados por la llamada “oposición”, orientada y financiada por los Estados Unidos, con el objetivo de conformar un caos en ese país, provocando una fuerte represión gubernamental que justifique el repudio interno y externo.

Esa misma estrategia fue seguida por los yanquis en Polonia, cuando el sindicato Solidaridad, dirigido por el agente de la CIA, Lech Walesa, exhortaba a sus seguidores a manifestarse violentamente en las calles, incitando una fuerte respuesta de los agentes del orden.

No es casual que desde hace años los llamados “opositores”, entre ellos Leopoldo López, pasaran un entrenamiento con el propio Walesa, en un Instituto que lleva su nombre en Varsovia.

Estados Unidos con su pragmatismo, pretende repetir la historia, sin tener en cuenta que Venezuela no es Polonia y su proceso revolucionario tiene raíces propias y no impuestas por tanques extranjeros, como sucedió en el país este-europeo, liberado por el Ejército Rojo.

Para tener una idea más exacta de la diferencia del tratamiento político-mediático entre lo que sucede a diario en México y los actos vandálicos ejecutados por la contrarrevolución venezolana, basta señalar que el miércoles 03.05.2017, en la ciudad mexicana de Palmarito, en el estado de Puebla, soldados de la 25 Zona Militar fueron agredidos con piedras y palos por manifestantes.

El saldo de esa agresión fue de dos soldados muertos y uno herido. Una hora después, personal militar que efectuaba reconocimientos terrestres en la zona de Palmarito, Puebla, fue agredido otra vez por un grupo de hombres armados que se trasladaban en cinco camionetas, tres de ellas, blindadas.

Fuerzas militares que recorrían la zona, volvieron a ser agredidas por un grupo de personas armadas. Los soldados repelieron el ataque y abatieron a cinco agresores e hirieron a otros nueve. Sigue leyendo