Estados Unidos, paladín de los derechos humanos


Por Arthur González

Sin que ninguna corte judicial o comisión de las Naciones Unidas así los haya calificado, el secretario de Estado, John Kerry, declaró el 14.08.2015 en La Habana, durante la reapertura de su embajada que:

“…Estados Unidos siempre será campeón y paladín de principios democráticos y reformas…”

Esa auto denominación forma parte intrínseca de la cruzada mediática que ellos mismo crearon, creyéndose que el resto de mundo, que los sufre y conoce, son simples estúpidos que no saben leer, escribir y observar como violan a diario los más elementales derechos de millones de seres humanos, incluidos los de sus propios ciudadanos.

derechos-humanos-5Son públicas y notorias las diferencias sociales en Estados Unidos, donde solo los ricos y poderosos pueden aspirar a obtener un cargo en el Congreso, o ser elegido Presidente. Todos saben lo que cuestan esas campañas politiqueras en las que resultan elegidos, no los que se interesan por mejorar a su pueblo con programas sociales, sino aquellos que se desprestigian ante la prensa ofendiéndose y acusándose mutuamente.

Para esos “paladines” de los principios democráticos no resulta una prioridad la salud y la educación de su pueblo y por eso millones de estadounidenses carecen de seguros médicos para poder recibir una atención humana ante una urgencia, operación importante para la vida, o simplemente para recibir vacunas que previenen enfermedades transmisibles.

La discriminación de género es sufrida por cientos de millones de mujeres que no pueden percibir salarios iguales al de los hombres, al ser consideradas seres humanos inferiores.

El arraigado racismo en la sociedad de los “campeones” de los derechos humanos, desde 1825 en que el entonces presidente John Quincy Adams adquiriera una porción de tierra en África, denominándola República de Liberia, hacia donde deportó a miles de negros por considerar que no tenían derecho a ser ciudadanos de Estados Unidos, se mantiene inalterable.

Prueba de eso son los constantes asesinatos de negros a manos de policías blanco, por solo sospechar que “podían atacarlos”, sin que sean condenados por tales actos criminales.

Bien forjada está la discriminación racial en ese país que, mediante sus poderosas campañas de prensa, han logrado renombrar a los negros como afronorteamericanos o afrodescendientes, quitándole el derecho natural de llamarlos simplemente norteamericanos, como se califica al resto de los estadounidenses, sean descendientes de irlandeses, italianos, alemanes, chinos, franceses o de cualquier otro país.

Martín Luther King luchó siempre por el derecho de los negros y jamás utilizó el calificativo excluyente de afronorteamericanos, el cual han divulgado tanto que es hoy un término muy utilizado, sin percatarse que contiene en sí una fuerte carga discriminatoria.

Todas las personas tienen el mismo derecho a ser considerados ciudadanos plenos del país donde nacieron ellos, sus abuelos y padres, tengan la piel de cualquier color.

Otra prueba fehaciente de la violación de los derechos humanos cometidas a diario por Estados Unidos, es la deportación cruel e injusta de cientos de latinoamericanos que efectúa el actual gobierno de Barack Obama y promete incrementar el nuevo presidente Donald Trump.

Para los que solo se preocupan de lo que hará Trump, deben saber que Obama expulsa diariamente hacia México no menos de 600 personas, de acuerdo con declaraciones de Dalia Gabriela García Acoltzi, coordinadora Nacional de la Estrategia del Instituto Nacional de Migración de dicho país.

Solamente en el año 2016, el actual presidente de los Estados Unidos deportó a dos mil 600 mexicanos, hombres, mujeres, niños y adolescentes, y para reafirmar su deshumanización separó de sus familiares a 105 menores de edad, a los que deportó sin acompañantes.

Esa es la democracia con la pretenden empoderar al pueblo cubano, donde desde 1959 cada niño tiene derecho a nacer en un hospital de forma gratuita, recibir 13 vacunas para prevenir enfermedades, recibir consultas médicas desde su nacimiento sin costo alguno, asistir a las escuelas para formarse como hombre y mujeres socialmente útiles, incluidos aquellos que poseen alguna discapacidad física o psíquica, como la ceguera, sordera, la falta de algún miembro, o poseer el síndrome de Down.

Para tener una idea de quienes son los “paladines y campeones de los principios democráticos”, basta señalar que Estados Unidos nunca ha firmado el documento sobre la Convención de los derechos de los niños de la ONU.

Realmente la lista de violaciones es tan amplia, incluido los cientos de miles de muertos por sus guerras imperiales, que harían falta muchas páginas para relatarlas.

El mundo sabe quién es el mayor violador de los derechos humanos y los pueblos no se equivocan.

José Martí que los conoció a fondo por vivir en sus entrañas, afirmó sabiamente:

“…En este pueblo revuelto, suntuoso y enorme, la vida no es más que la conquista de la fortuna y esa es la enfermedad de su grandeza…Aquellos que lo imiten, cuiden de no caer en ella”.

                            

 

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