Escritor chileno desprecia la inteligencia de valiosos intelectuales mundiales


Por Arthur González.

El escritor chileno Jorge Edwards, acaba de afirmar ante periodistas de la agencia de noticias francesa AFP, que “Fidel Castro fue nefasto para América Latina”, olvidándose de la ayuda desinteresada que Cuba ofrece a millones de latinoamericanos en salud, educación, cultura, deporte y ciencia, algo que jamás ningún otro gobierno ha realizado.

Se pedwards_jorgeuede estar de acuerdo o no con el sistema socialista, pero carecer de objetividad para hacerle gracias a Estados Unidos, deja mucho que desear para personas que, supuestamente, tienen coeficientes altos de inteligencia.

En su diatriba para intentar empañar la imagen de Fidel, Edwards acusa a prestigiosos intelectuales mundiales, con obras mucho más relevantes que la de él, entre ellos el francés Jean-Paul Sartre, el argentino Julio Cortázar, al que calificó como “un ingenuo total” y al Premio Nobel colombiano, Gabriel García Márquez, a quien tilda de “un mundano e hipócrita”, por ser uno de los amigos más fieles de Fidel Castro.

Con esa presentación del chileno Edwards resta poco por decir, pues las personas con inteligencia en este mundo pueden sacar sus propias conclusiones.

Si alguien no se equivoca jamás es precisamente el pueblo, porque sabe aquilatar lo bueno y lo malo; por eso cuando Fidel Castro visitaba cualquier país del continente, incluidos los propios Estados Unidos, miles de personas lo querían ver y escuchar.

No por gusto la CIA intentó asesinarlo, al comprobar sus planes de alfabetizar a los millones de cubanos que el sistema capitalista les impidió asistir a las escuelas para aprender a leer y a escribir.

El primer documento de la CIA, hoy desclasificado, en el cual se habla de eliminar físicamente al líder cubano está fechado el 11 de diciembre de 1959, lo que dice del temor que sintieron al constatar que el gobierno revolucionario cubano era diferente a los que le precedieron, que siempre fueron marionetas al servicio de los dictados de la Casa Blanca.

Los yanquis sabían que Fidel tenía ideas diferentes desde que conocieron el alegato de su defensa, en el juicio al que fue sometido por asaltar el cuartel Moncada en Santiago de Cuba en 1953. Allí el joven Fidel enunció su programa político para una nueva Cuba, pero nunca pensaron que podría derrocar al dictador Fulgencio Batista, apadrinado por el pentágono, la CIA, el FBI y la propia Casa Blanca.

Quizás Edwards haya olvidado que la pequeña Cuba, agredida desde 1959 por una guerra económica diseñada por la CIA, para: “inducir al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, junto a operaciones psicológicas que acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen…”, ofrece su apoyo en salud pública a 25 países de América Latina, con brigadas médicas capacitadas para salvar vidas humanas, lo que no puede calificarse como nefasto. Sigue leyendo

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