Chiflados del “Coco”


Si una huelga de hambre incluye —a petición del huelguista— asistencia médica y hospitalaria cada vez que se desmaya, es pura farsa, afirma el autor del artículo

Esta vez el “Coco” empezó por revelar un plan del gobierno para matarlo “en el momento que ingrese”, pero así y todo autorizó para que, si se desmayaba, fuera trasladado al hospital. De ahí deriva la trama cíclica que en su más reciente episodio presentó a Martha Beatriz Roque avisando el domingo que el “Coco” mismo “creía que no llegaba al martes y el “Coco” desmayándose el lunes para ir a reanimación completa en el hospital.

Esa película ha pasado ya cinco veces y, como no acaban de asesinarlo allí, la claque del “Coco” soltó ahora que el plan es matarlo “en su propio domicilio”, ya que “el Puesto de Mando de Salud se niega a ingresar[lo]”.

Al cabo la chifladura no es tanto del “Coco” Fariñas como del coco en los medios y la gente que vienen tragándose sus mentiras escandalosas, su proclividad al brete[2] y su incompetencia política de exigir al Estado que tome dos o tres decisiones de peso, pues de lo contrario morirá de hambre y sed. Lógica e historia demuestran que la cosa siempre ha sido y será perfectamente al revés: el Estado —no ya totalitario, sino incluso de corte democrático— toma sus decisiones sin importar la vida de tal o cual huelguista[3]. Sigue leyendo

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Insisten en Miami darle lecciones a Cuba


Por Arthur González

Medio siglo no es suficiente para darse cuenta de la realidad, pues los autodenominados “exiliados” cubanos continúan con su arcaica y gasta retórica de “luchar por una Cuba Libre”.

Parece que la vejez de muchos de los miembros del mal llamado “exilio” les impide discernir lo que es realmente un exiliado y el concepto de libertad. miami

Los que abandonaron su país en 1959, lo hicieron huyéndole a la justicia que les pedía cuenta por los crímenes cometidos durante la sangrienta tiranía de Fulgencio Batista, hechos de los cuales esos “exiliados” no protestaban ni reclamaban el cumplimiento de los derechos humanos, cuando la sangre de los cubanos si corría calles abajo por todas las ciudades.

Tampoco pedían transiciones en Cuba ante el robo a manos llenas que cotidianamente cometía Batista. Ante eso callaban y se salpicaban con lo que podían alcanzar de tantos negocios turbios ejecutados por la mafia ítalo-norteamericana.

Jamás esos “exiliados” en Miami, protestaron por los abusos de la guardia rural que quemaba casas de campesinos, ni por los niños pidiendo limosnas en las ciudades, o por los que no tenían dinero con que pagar una cama en un hospital, ni enviar a sus hijos a una escuela para no engrosar el ejército de analfabetos que encontró la Revolución tras su triunfo.

Ese “exilio” que se enriqueció con el dinero recaudado para “liberar” a Cuba otorgado por la CIA y el Gobierno estadounidense, ahora se las dan de excelentes emprendedores, pero olvidan que el capital inicial no fue del sudor, como muchos quieren aparentar.

Solo basta con leerse los recientes documentos publicados por la CIA, para comprobar lo que en ese “exilio” ha hecho. Ahí está el caso de uno de los cinco hombres que se introdujeron secretamente en la sede del Comité Nacional Demócrata en 1972, dando lugar al escándalo del Caso Watergate.

En sus más reciente desclasificaciones, la CIA reconoce que ese cubano Eugenio Martínez, alias “musculito”, estaba a sueldo de la Agencia y calificado como un ferviente miembro del “exilio” anticastrista, participante en 1961 de la derrotada invasión por Bahía de Cochinos.

La propia CIA afirma que “musculito” secretamente le proporcionaba información sobre sus compatriotas “exiliados” en Miami. Sigue leyendo