“Palabras a los intelectuales” y los peligros de una guerra cultural


Por Reydel Reyes Torres*

(…) “La Revolución solo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios”.

 Fidel Castro Ruz, junio 1961

En pocos días se celebrará el 55 aniversario de aquel trascendental encuentro entre el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, y un grupo de escritores y artistas, que durante los días 16, 23 y 30 de junio de 1961, en la Biblioteca Nacional, sostuvieron intercambios que marcaron las bases de la política cultural de la Revolución. Destacados intelectuales como Roberto Fernández Retamar, Alfredo Guevara, Graziella Pogolotti, Lisandro Otero, Pablo Armando Fernández, Lezama Lima, Virgilio Piñera y Miguel Barnet, fueron protagonistas de aquellos encendidos debates donde algunos de los presentes discutían sobre temores acerca de la influencia del “realismo socialista” en la naciente Revolución.

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Luis Almagro siguió órdenes del Departamento de Estado


Por Arthur González.

Fue evidente que el secretario general de la OEA, Luis Almagro, siguió órdenes del Departamento de Estado de los Estados Unidos, al lanzarse a solicitar la aplicación la Carta Democrática contra Venezuela.

luis almagro
Estados Unidos con su acostumbrada prepotencia pensó que podría presionar a los gobiernos de Latinoamérica como hizo en 1962 contra Cuba, pero el contexto es bien diferente y le salió el tiro por la culata, dejando mal parado a su peón que terminó enfangado y tildado de títere yanqui.

La falta de consenso obligó a los yanquis a usar a la Argentina para presentar la fórmula del diálogo y de esa forma abrirle camino a la canciller Susana Malcorra, nombrada hace unos meses por el presidente Mauricio Macri, la que aspira al puesto de secretaria general de la ONU, lo que resultaría de alto interés para Estados Unidos.

Esa maniobra dejó a las claras como se movió el escenario de la reunión y las fuertes presiones ejercidas por funcionarios del Departamento de Estado en los pasillos, para alcanzar los resultados deseados por Washington.

El despliegue de funcionarios y especialistas en la sede de la OEA y las acciones de los embajadores estadounidenses acreditados en las capitales de América Latina, hicieron recordar a algunos observadores el comportamiento de los yanquis en la antigua Comisión de Derechos Humanos de la ONU, cuando presionaban a diestra y siniestra para tratar de condenar a Cuba.

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