Espías o disidentes


Por Arthur González.

Documentos oficiales confirman que Lech Walesa, fue confidente de la Seguridad polaca durante el gobierno socialista, según divulgó hace pocos días la agencia de prensa española EFE.

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Ante tales revelaciones, el ex presidente y líder del Sindicato de Solidaridad, creado y financiado por la CIA, con total colaboración y apoyo del Vaticano bajo la tutela de San Juan Pablo II (según documentos publicados en la prensa estadounidense), ha negado rotundamente que fuera un espía de los órganos de la seguridad polaca.

Realmente el tema no es una sorpresa, porque de haberlo sido sería uno más de los cientos de “disidentes” que trabajaron para la Seguridad, como también lo fue el ex presidente de Checoeslovaquia Vacla Havel.

Es sabido que los llamados “disidentes” buscan dinero a toda costa, tener libertad de actuación bajo la protección de los oficiales de la Seguridad que los dirigen y a la vez recibir financiamiento del exterior, pero sobre todo mucha divulgación, para ser fabricados de la noche a la mañana en figuras internacionales, premiadas constantemente.

Cuba es un vivo ejemplo de casos similares.


No pasan muchos años en que la TV cubana revela a destacados y activos “disidentes”, que son también agentes de la Seguridad, como sucedió en los años 80 del siglo XX con Ricardo Bofill Pagés, Presidente del llamado Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, quien, en conversación con un Coronel de la Seguridad, le decía que “ser contrarrevolucionario era una forma de vida”.

Algo similar confesó la miembro de ese mismo partido, Tania Díaz Castro, y unos años después el presidente de la Comisión Pro Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, Elizardo Sánchez Santa Cruz y Pacheco, apodado como El Camaján por los propios “disidentes”, era condecorado con una medalla Por el Servicio Distinguido en el Ministerio del Interior.

Para tener una idea más exacta de lo que afirmó Bofill, basta con recordar que Sánchez Santa Cruz, ha formado parte de 8 grupos diferentes, entre ellos el extinguido Foro Feminista Aliadas Democráticas, lo que evidencia las instrucciones de la seguridad de infiltrarse en cuanta formación pudiera, a fin de conocer los pormenores de cada una de esas organizaciones.

Hasta la vetusta Martha Beatriz Roque Cabello, ha sido informante de la Seguridad cubana, según sus propias confesiones ante un grupo de “disidentes”, donde aseguró que su sobrenombre era Rosaura.

Esta situación es dominada por diplomáticos y oficiales de la CIA, quienes poseen amargas experiencias de la astucia de sus supuestos colaboradores, como sucedió durante el verano de 1987, cuando el Ministerio del Interior, ante las constantes acciones de los oficiales norteamericanos, decidió desclasificar a 27 de sus agentes, que durante años engañaron a la CIA, lo que constituyó un gran escándalo en la Agencia, al poder constatar por la TV cubana, la poca profesionalidad de sus oficiales durante las operaciones secretas ejecutadas en la Isla.

Un informe confidencial conocido por WikiLeaks, fechado el 15 de abril del 2009, enviado por Jonathan Ferrar, ex jefe de la Sección Intereses de Estados Unidos en La Habana, expresa textualmente:

“No albergamos duda alguna de que, como ya se ha dicho, el movimiento disidente está seriamente penetrado por la Seguridad del Estado. Esta penetración permite al gobierno cubano jugar con el ego y las disputas personales que ocurren en cualquier sociedad y exacerbar las divisiones que existirían naturalmente entre los disidentes.

“…la Seguridad del Estado cubana trabaja para captar a ciertos miembros e infiltrar la organización con sus propios agentes, con la misión de acentuar cualquier discordia existente”.

El ameno libro titulado “Los Disidentes”, escrito en el 2003 por los periodistas cubanos Rosa Miriam Elizarde y Luis Báez, narra la verdadera vida de otros 12 “opositores”, quienes en realidad eran miembros de la amplia red de agentes que tiene la Seguridad dentro de los grupos “disidentes”.

Aún está fresca en la memoria los reporte enviados a Radio Martí, por el avispado periodista “disidente”, Carlos Serpa Maceira, cuando divulgaba las acciones provocativas de las llamadas Damas de Blanco. Años más tarde en un programa televisivo, denominado Las Razones de Cuba, se daba a conocer que en realidad era agente de la Seguridad del Estado.

Con él se revelaron otros más con historias impactantes, debido al sólido engaño que lograron entre diplomáticos estadounidenses y oficiales de la Agencia Central de Inteligencia.

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El premio Nobel de la Paz y expresidente polaco, Lech Walesa, podrá negarlo, pero con estos antecedentes no hay porque dudar de la veracidad de las afirmaciones hechas por el director del Instituto de la Memoria Nacional (IPN), Lukasz Kaminski, de que documentos incautados a la familia de Czeslaw Kiszczak, último Ministro del Interior del gobierno socialista, demuestran que Walesa, bajo el sobrenombre de “Bolek” y a cambio de dinero, era informante de los Servicios Secretos (SB) polacos.

Sobre este aspecto afirmó José Martí:

“…no hay espía tan útil como el que descorazona al enemigo”.

3 pensamientos en “Espías o disidentes

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