Final de un cuento


Por Arthur González.

Con la ampliación de las posibilidades de visitar a Cuba para los ciudadanos de Estados Unidos, las mentiras inventadas por personajes que desde hace 56 años viven del cuento de las “violaciones” de los derechos humanos en la Isla, van llegando a su fin.

Cada vez que un grupo de estadounidenses arriba a la isla, mediante alguna de las 12 licencias aprobadas, y caminan sus calles y carreteras sin ver el control que les cuentan allá, observan la escasez de policías en la vía pública y cuando tropiezan con alguno, comprueban que no portan armas largas ni otros medios de represión, entonces se percatan del engaño.

A eso súmenle que, si necesitan de alguna información para encontrar una dirección, de inmediato algún cubano común los ayuda con cortesía, aunque sea por señas o empleando un espanglish, algo que resulta inusual en muchos países del mundo donde nadie ayuda a un extranjero.

Esos miles de norteamericanos constatan ahora que todos los niños cubanos usan zapatos, medias, uniformes escolares y mochilas para acudir a la escuela de forma gratuita, situación que no observan con en otros países del tercer mundo. Sigue leyendo

Anuncios