La verdad de Cuba


Por Arthur González.

Al no poder impedir el triunfo de Fidel Castro, tal y como plantearon el presidente de los Estados Unidos, Dwight Eisenhower y Allen Dulles, director de la CIA, en la última reunión del Consejo Nacional de Seguridad de 1958, de inmediato se dieron a la tarea de organizar campañas de prensa para demonizar a la naciente Revolución cubana.

Falsedades y ambigüedades sobre las medidas iniciales que adoptaba el gobierno revolucionario fueron diseñadas por la CIA y la USIA, con el propósito de restarle apoyo en América Latina y en otros países del mundo, al considerar a Castverdad jpgro como un mal ejemplo que podía ser imitado por otros líderes.

Las campañas comenzaron al ser juzgados los asesinos, torturadores y ladrones, al servicio del dictador Fulgencio Batista, muchos de ellos entrenados en Estados Unidos y en la tristemente célebre Escuela de las Américas.

Para no dejar dudas de donde nacían las cruzadas mediáticas, basta señalar que las que dieron inicio a las informaciones acusatorias contra Cuba, fueron las agencias norteamericanas Associated Press, y United Press, a las que se sumó rápidamente la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) controlada por Estados Unidos.


Ante la avalancha de mentiras contra Cuba, el propio Fidel Castro convocó a una manifestación popular ante el palacio presidencial, el 21 de enero de 1959, concentrándose más de un millón de personas para escuchar sus denuncias, y cerca de 400 periodistas de diferentes órganos de prensa de varios países latinoamericanos y de Estados Unidos, lo que se denominó  Operación Verdad.

fidel ante el pueblo
Fidel explicó con toda claridad y transparencia el desarrollo de los juicios y el tratamiento a los detenidos.

Al siguiente día sostuvo una amplia conferencia de prensa con los periodistas extranjeros, respondiéndoles con precisión y lujo de detalles, cada una de las interrogantes, desmantelando de esa forma la patraña del gobierno estadounidense y sus agencias de inteligencia.

Esa fue una de las razones por las cuales Daniel M. Braddock, Ministro Consejero en la Embajada norteamericana en La Habana, y James A. Noel, jefe de la Estación Local de la CIA, elaboraron un informe el 14 de abril de 1959 para el Departamento de Estado, al que titularon: “Crecimiento del comunismo en Cuba”,  publicado en el Foreign Relations of United States, volumen VI, Cuba, 1958-1959, páginas 458-466.

Entre los argumentos que ofrecen los diplomáticos yanquis se afirmaba que:

“… en La Habana, los representantes sindicales comunistas son enfrentados por la organización juvenil católica (JOC), pero fuera de La Habana esa organización tiene poca fuerza. La ORIT y la ICFTU no han hecho progresos con el movimiento sindical revolucionario cubano y en el presente no hay lazos entre la CTC y la AFL-CIO. (organización sindical estadunidense).

Una idea de cómo pensaba la representación diplomática de Washington en la Habana, quedó plasmada en dicho memorando en su mención a la cultura:

“…Los programas culturales en la fortaleza de la Cabaña han incluido la alfabetización y una inyección de marxismo, igual que las lecturas de poesías por Nicolás Guillén, relevante poeta comunista cubano. Ante las tropas, Guillén lee sus poemas sobre Little Rock, que se refiere a la discriminación racial en Estados Unidos…”

“…Hay dos nuevos grupos de cine en Cuba: 1) el Cine – Club Visión, el cual, en nuestro conocimiento, ha tenido sólo una reunión y en la cual habló el geógrafo procomunista cubano, Dr. Antonio Núñez Jiménez; y 2) el programa Cine Debate, que consiste en la presentación de una película, seguida de una discusión por el público. La admisión es habitualmente de veinte centavos…”

Señalando otros aspectos, el informe analizó el papel desarrollado por la Iglesia Católica, al afirmar:

“…La iglesia católica ha tomado un interés activo en resistir la ampliación del comunismo, pero excepto en lo que concierne a la JOC, no ha estado particularmente efectiva”.

En el documento se hacen recomendaciones para enfrentar el fantasma del comunismo que tanto los atemorizaba, y entre algunas figuran:

…Denunciar las actividades comunistas locales en la prensa de Cuba, la de Estados Unidos y en el mundo libre. Fortalecer a los elementos anticomunistas existentes en sus esfuerzos contra el comunismo y los blancos a trabajar serán:

El gobierno; las fuerzas armadas; los sindicatos de trabajadores; la prensa y escritores individuales; la radio y la TV; los partidos políticos y los grupos de acción; la iglesia y los estudiantes”.

“…Tratar de lograr, a través de la OEA, de diplomáticos latinoamericanos locales y una publicidad discreta, que el gobierno cubano confirme su adherencia a las resoluciones de Bogotá, Washington y Caracas sobre el comunismo”.

“…Los funcionarios individuales de la embajada deberán tratar de colocar literatura y libros de la USIS, (Servicio de Información de Estados Unidos), sobre el tema del comunismo en las manos de los funcionarios claves de los ministerios, quienes de otra forma pudieran estar preocupados sólo superficialmente con la amenaza comunista”.
La última medida puesta dice:

“Traer a Cuba especialistas anticomunistas para estudiar la analogía de las acciones del gobierno cubano con la línea comunista y darles información a los grupos anticomunistas”.   Una injerencia total en los asuntos de Cuba.

Pero ante la poca efectividad de sus planes, la CIA inició en mayo de 1961 un Programa de Acciones Encubiertas, dirigido a “debilitar al régimen de Castro”.

Entre las medidas que ejecutaron figuraban “Operaciones dirigidas a la destrucción de la imagen popular de Fidel Castro”, algunas de las cuales dicen textualmente:

“En el campo de la guerra psicológica se planificarán y ejecutarán operaciones con el objetivo de destruir la imagen de Castro, como un verdadero revolucionario interesado en el bienestar de su pueblo, sustituyéndola con la de un cruel dictador que, bajo las falsas banderas de las reformas revolucionarias, ha privado a su pueblo de las libertades básicas y ha convertido a su país en un satélite soviético”.

“Esto requerirá de la expansión de la prensa encubierta existente, la radio y otros medios masivos fuera de Cuba y el fortalecimiento de los mecanismos de propaganda clandestina dentro de la isla…”

Han transcurrido 57 años y aun ese tipo de medidas de Guerra Psicológica, se mantienen.

Por ese motivo, los actuales gobernantes de Estados Unidos emiten criterios que refuerzan las campañas de mentiras fabricadas contra Cuba, como lo expresado por el propio presidente Barack Obama el17.12.2014:

“No me hago ilusiones con respecto a los continuos obstáculos a la libertad que aún enfrenta el ciudadano cubano común. Los Estados Unidos consideran que ningún cubano debe ser víctima de acoso, arresto o golpizas, solo por ejercer el derecho universal de hacer que su voz se escuche”.

Los cubanos tienen que estar bien preparados para responder a cada falsedad y tergiversación de su realidad, pues como afirmara José Martí:

“…la verdad no es más que una, y quien la dice cuando los demás tienen miedo de decirla impera”.

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