Enfoques diferentes


Por Arthur González.

El 12 de enero el presidente Barack Obama le habló al Congreso de Estados Unidos y a todo su pueblo, sobre los resultados de su gestión. Fue el último discurso sobre el estado de la Unión que hará en lo que le queda de mandato, antes de las próximas elecciones.

Uno de los temas abordados fue el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, y subrayó que los motivos por los cuales se ejecutó un cambio de línea de trabajo, fue debido a que en 56 años la anterior no permitió alcanzar los objetivos planificados, (derrocar a la Revolución), y por tanto había que buscar otras fórmulas.

tio sam obama
En su alocución pidió al Congreso aprobar el levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba legalmente en 1962, pero no para ayudar al pueblo cubano a vivir mejor sin la bota imperial opresora puesta sobre sus cabezas, que busca rendirlos por hambre y enfermedades, la justificación que dio a los congresistas fue concreta y tajante, al expresar:


“¿Quieren consolidar nuestro liderazgo y credibilidad en el hemisferio? Reconozcan que la Guerra Fría terminó, levanten el Embargo”.

O sea, que su solicitud fue para ganar ellos en imagen ante los Gobiernos y pueblos del continente, que llevan años exigiéndole a Estados Unidos que deje a Cuba escoger libremente el sistema económico, político y social que desea, sin presiones, invasiones ni actos terroristas, y no para beneficiar a los cubanos. Ese concepto tiene que estar muy claro para todo el mundo, en especial para las cubanas y los cubanos, para no caer en graves errores.

Obama aseguró que la Guerra Fría terminó, pero ¿cómo calificar entonces las acciones subversivas que él mismo aprueba contra la Revolución cubana?

Desde que se sentó en la sala oval de la Casa Blanca, Obama aprueba anualmente 20 millones para la subversión interna; 27 millones para la guerra mediática a través de Radio y TV Martí, que no se escuchan ni ven en la Isla; estimula, apoya, financia a los elementos contrarrevolucionarios y personalmente abrazó a la inculta, grosera y corrupta Berta Soler y a Guillermo Fariñas, amigo íntimo del asesino terrorista Luis Posada Carriles.

Obama ha sido el presidente que más sanciones ha impuesto a los bancos extranjeros que realizaron transacciones con Cuba, usando dólares norteamericanos, como los casi 9 mil millones al banco francés PNB Paribas y los mil 196 millones de euros que pagó el banco alemán Commerzbank, entre otras empresas extranjeras multadas.

La Ley de Ajuste Cubano sigue vigente y los funcionarios del Departamento de Estado afirma, que no será variada; los estadounidenses continúan con la prohibición de hacer turismo en Cuba, ni viajar en barcos o yates a la Isla; se estimula al personal de la Salud cubanos a abandonar las misiones solidarias en países que tiene escasez de médicos, enfermeras y técnicos para salvar vidas humanas; y ninguna empresa norteamericana puede comprar productos cubanos o vender sus producciones en el mercado cubano, entre otras medidas.

Si eso no es Guerra, ¿cómo se le puede llamar?

El enfoque de Cuba para el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos es diferente, al expresar que se puede vivir en paz con un vecino tan cercano, encontrar aspectos de interés mutuo donde se puedan alcanzar acuerdos beneficiosos para las dos partes y cooperar en sectores de la salud, ciencia, cultura, seguridad, la lucha contra el tráfico de drogas, de personas y el terrorismo, temas que, si pueden mejorar el bienestar de ambos pueblos.

Cuba no busca ganancias de imagen en la región, ni obtener liderazgo, solo paz y felicidad para sus ciudadanos.
Por eso, de las palabras de Obama hay que sacar una lección, el restablecimiento de relaciones diplomáticas no cambiará la esencia de sus objetivos para desmontar el socialismo y tampoco serán respetuosos, pues sus acciones subversivas no van terminar, y continuarán violando las leyes internacionales vigentes como prueba de su soberbia imperialista, carente de toda profesionalidad.

Que nadie se equivoque con ellos, pues como dijo José Martí:

“…con la mayor sinceridad se pueden cometer los más grandes errores”. “Luego de cometido un error irremediablemente, no queda sino cejar en él hasta donde el decoro dé permiso”.

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