Crisis de los misiles, la verdad no contada


Por Arthur González

Transcurrido 53 años mucho se ha escrito sobre la conocida “Crisis de los Misiles”, cuando el 16 de octubre de 1962 aviones espías de Estados Unidos, U-2, en uno de sus constantes vuelos ilegales sobre el territorio de Cuba, detectaron la presencia demisiles rusos asentamientos de misiles nucleares soviéticos.

Tal situación resultaba inaceptable para la potencia nuclear estadounidense, porque acercaba a solo 90 millas la posibilidad de un ataque contra su territorio, a pesar que ellos tenían acordonada a la URSS a través de sus bases europeas con armas similares.

El mundo se vio al borde del holocausto nuclear, por lo que las decisiones a tomar tenían que estar preñadas de una alta dosis de sabiduría y razonamiento, sin las pasiones que en otras circunstancias pudieran estar presentes.

Desde el 16 hasta el 28 de octubre el mundo vivió momentos de tensión como no se materializaban desde la 2da guerra mundial y los principales líderes implicados brillaron por su inteligencia y sapiencia.

El desenlace es bien conocido, pero las causas que llevaron a Cuba a aceptar la instalación de esas poderosas armas no. Por eso es necesario contar la verdad desde los propios documentos desclasificados de la CIA y del Gobierno de Estados Unidos, para que pasado medio siglo, se esclarezca la verdad de los hechos.

En la última reunión del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, celebrada el 23 de diciembre de 1958, el director de la CIA Allen Dulles, en una de sus intervenciones cuando se analizó la situación en Cuba, expresó:

“…debemos evitar la victoria de Castro…”; mientras el presidente Dwight Eisenhower afirmaba: “tengo la esperanza de lograr una tercera fuerza que crezca en fortaleza e influencia, si se organiza alrededor de un hombre capaz, pertrechado con financiamiento y armamentos”.

Eso confirma que antes de que Fidel Castro lograra el triunfo sobre el dictador Fulgencio Batista, ya la Casa Blanca miraba como malos ojos al líder revolucionario y trataba de impedir su victoria, aun sin haberse nacionalizado las empresas, bancos y propiedades de los estadunidenses, ni declararse el carácter socialista de Cuba.

Por esas causas la CIA, por orientaciones de la Casa Blanca, organizó, entrenó y financió la invasión por Bahía de Cochinos, la cual fue derrotada por los cubanos en 66 horas.

Ante la aplastante derrota sufrida, la CIA elaboró el 19 de mayo de 1961 un nuevo Programa de Acciones Encubiertas, dirigido a “debilitar el régimen de Castro”. El mismo actuaría sobre las vulnerabilidades económicas, políticas y psicológicas…” de la Revolución, como paso previo a otras de mayor envergadura, lo que consta en el Volumen X, pp 554-560 del Foreign Relations.

No alcanzados los objetivos previstos, el 20 de noviembre del 61, el Presidente Kennedy citó al nuevo director de la CIA, John A. McCone, para una reunión en la Casa Blanca, donde estaban presentes el Fiscal General, Robert Kennedy, Richard Goodwin, Consejero Asistente Especial del Presidente y el General de Brigada Edward G. Lansdale, en la cual informó la conformación de un nuevo Programa de Acción contra Cuba a cargo del General Lansdale, bajo la supervisión personal del Fiscal General.

Dicho Programa se conoce hoy como “Operación Mangosta” y fue aprobado el 18 de enero de 1982, conducido por un nuevo órgano del Consejo de Seguridad Nacional, denominado “Grupo Especial Ampliado”, conformado por McGeorge Bundy, U. Alexis Johnson, Roswell Gilpatrict, John McCone y el General Lyman L. Lemnitzer, Presidente de la Junta de Jefes de Estados Mayor Conjunto, más Robert Kennedy y el General Maxwell Taylor, Presidente del grupo de estudios sobre Cuba. Ocasionalmente participaban el Secretario de Estado Dean Rusk y el de Defensa Robert McNamara.

Ese grupo lo dirigió el General Taylor, y el General Lansdale fue designado como jefe de operaciones y coordinador de las operaciones de la CIA, y con los Departamentos de Estado y Defensa.

El Programa contiene 32 tareas de acciones políticas, diplomáticas, económicas, psicológicas, propagandísticas, de espionaje, la ejecución de actos terroristas, el estímulo y apoyo logístico a bandas armadas contrarrevolucionarias y su objetivo fundamente era:

“…provocar una rebelión del pueblo cubano”, para establecer la justificación de una intervención militar directa en Cuba de las fuerzas armadas de Estados Unidos y de sus aliados en América Latina”.

En su punto VI se afirma: Los planes futuros.

[…] “la CIA ha alertado al Departamento de Defensa que hará falta un considerable apoyo militar (incluyendo dos submarinos, lanchas PT, guardacostas tipo “cutter”, instructores de fuerzas especiales, aviones C-54, aviones F-86, aviones anfibios, portahelicópteros, un batallón del ejército dedicado a la confección y lanzamiento de volantes, y Guantánamo como base para las operaciones submarinas)”.

“La CIA cree aparentemente que su papel debe ser crear y extender un movimiento popular, prestigioso y real, el cual creará un clima político que puede proporcionar un marco de justificación plausible para la intervención armada…”

Cuba evidentemente obtuvo informaciones que le permitieron tomar decisiones para su defensa, pues Estados Unidos preparaba una gran operación para invadirla, causa real para permitir la instalación de los misiles nucleares soviéticos, no para atacar a los Estados Unidos como se ha querido hacer ver, sino como medida disuasiva para evitar que su pueblo fuera masacrado por el ejército y la marina yanqui, como tantas veces han ejecutado en el mundo.
Si no hubiesen existido esos misiles en la Isla, hoy sería posiblemente una estrella más de la bandera de Estados Unidos, con extensos cementerios donde descansarían cientos de miles de cubanas y cubanos inocentes.

Esa historia no se cuenta, pero los que pretendían arrasar con Cuba fueron los estadounidenses y a los cubanos no les quedó otra alternativa que defenderse de tantas agresiones que desarrollaron y aun ejecutan, como es el criminal Bloqueo Económico, Comercial y Financiero, para matar por hambre a su pueblo.
Pero como sentenció José Martí:

“La libertad cuesta muy cara, y es necesario o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio”.

4 pensamientos en “Crisis de los misiles, la verdad no contada

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