Un buen cristiano (+Video)


Arthur González

riñas internas de las Damas de BlancoUn buen cristiano es aquel que se comporta en todo momento como establece la Biblia y sigue las doctrinas de la Iglesia católica, apostólica y romana.

Desgraciadamente muchos no cumplen con esos preceptos, los interpretan a su antojo e intereses personales o de agrupaciones ajenas a la Santa Iglesia. A partir de casos acontecidos en el mundo, el Papa Benedicto XVI expresó: “La Iglesia no está en el mundo para cambiar gobiernos, sino para penetrar con el Evangelio el corazón de los hombres. Ese debe ser siempre el camino de la Iglesia”.

Siguiendo esos dictados, un sacerdote español nombrado Tarciso que oficia en la parroquia del poblado de Aguada de Pasajeros, en la provincia cubana de Cienfuegos, tomó la decisión de sacar del templo a ocho mujeres de las llamadas “Damas” de Blanco, por faltarle el respeto a su comunidad religiosa con continuas provocaciones durante las misas dominicales.

Esa acción seguramente pudiera traerle consecuencias por las campañas mediáticas que desde Miami ya iniciaron algunos medios financiados para tergiversar la situación en Cuba y ponderar las acciones subversivas ejecutadas por los contrarrevolucionarios financiados desde Estados Unidos.

Hace varios años esas “Damas” recibieron la orientación de vestirse de blanco para reclamar la liberación de sus esposos presos por actos contra el Estado cubano y desarrollar una cruzada propagandística respaldada por diplomáticos de países miembros de la OTAN. Se les ordenó agruparse para asistir a las misas dominicales en una iglesia ubicada en una zona residencial de diplomáticos, empresarios extranjeros y agencias internacionales de prensa.

Dicha iglesia fue construida en los años 50 del pasado siglo para venerar a la virgen Santa Rita de Casia y su comunidad no tiene nada que ver con las llamadas “Damas”, residentes en zonas muy distantes.

El párroco de Santa Rita de Casia, admitió la presencia provocativa de esas mujeres a sabiendas de los objetivos que perseguían, y que ninguna era católica practicante ni miembro de esa comunidad. La mayoría no conoce el catecismo, no están bautizadas ni se casaron por la iglesia.

La presencia de ellas tiene solo fines políticos y a las puertas del templo han protagonizado todo tipo de actos contra el Estado cubano, e incluso con la participación de extranjeras que viajaron a la isla aprovechando una visa de turistas para ejecutar actos ajenos a esa condición migratoria y a la iglesia.

Jamás ese sacerdote ha tenido el valor de oponerse a tales actividades, pues sabe que detrás de ellas está la mano protectora de Estados Unidos.

Las provocadoras de Aguada de Pasajeros fueron advertidas en varias ocasiones por el padre Tarciso, producto de las quejas de su comunidad religiosa y les solicitó que si deseaban escuchar la misa no debía acudir vestidas de blanco y no tergiversar el evangelio con provocaciones políticas.

Otra de las solicitudes del sacerdote fue que no podían tomarse fotos ni vídeos durante la celebración religiosa, algo que hacían como parte de la propaganda remitida hacia Miami y prueba de sus actos contra la Revolución, a fin de cobrar los cientos de dólares que reciben mensualmente.

Como era de esperarse, de “iso facto” las asalariadas de Washington recibieron el apoyo mediático articulado para respaldarlas y declararon que: “el sacerdote se prestó para una maniobra de la policía política cubana y esperan una respuesta del Papa Francisco, ante la postura discriminatoria del párroco Tarciso”.

Para continuar sus presiones sobre la Iglesia Católica y que esta apoye a la contrarrevolución en esas acciones provocativas ejecutadas por personas no cristianas, groseras y con escasa educación formal, le han sumando ataques contra la persona del Cardenal Jaime Ortega, al asegurar que: “el padre Tarciso es un sacerdote complotado con la proyección del Cardenal, en este histórico minuto que vive la emergente sociedad civil”.

Tarciso formado en seminarios españoles, conoce perfectamente las intensiones de la contrarrevolución, al igual que debe tener vivencias de que en España nunca han ocurrido hechos semejantes en los templos ni los sacerdotes lo permitirían.

Es hora de que la iglesia ponga fin a esa manipulación que afecta su imagen y credibilidad dentro de la comunidad religiosa.

La oportunidad de la tercera visita de un Papa a la Isla, deberá ser aprovechada para que la jerarquía católica deje de hacerse la ciega ante ese tipo de provocaciones que van contra la propia Institución, la cual tiene en Cuba objetivos muchos más estratégicos que lograr y pudieran correr el riesgo de no consolidarlos por la mala fe de algunos de sus sacerdotes.

No en balde aseguró José Martí:

“…los tiempos no están para meticulosidades, y el cristianismo cede o muere”.

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