Cuba retirada de la lista del terrorismo y qué


Arthur González

cuba_estados_unidos_3Muchas personas dan como cierta la hipótesis de que eliminar a Cuba de la Lista de países patrocinadores del terrorismo, es como abrirle las puertas del paraíso terrenal, pero nada más alejado de la verdad.En 1982 bajo la administraron del republicano Ronald Reagan, se tomó esa injusta decisión en represalia al inicio del rompimiento del aislamiento diplomático al que Estados Unidos había sometido a Cuba desde 1962, cuando en la reunión de la OEA celebrada el 22 de enero de ese año, el Departamento de Estado presionó a los países latinoamericanos y logró expulsar a la isla de dicha organización hemisférica, lo que facilitó la aprobación el 6 de febrero de 1962 del Decreto No. 3447, contentivo de la Resolución federal No. 1085 del llamado “Embargo sobre el comercio con Cuba”, firmado por el presidente Kennedy.

La realidad fue más cruel pues en la Operación Mangosta aprobada el 18 de enero del 62 se afirma que es “una Guerra Económica para inducir al gobierno cubano a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del pueblo”.

En el documento conocido como la declaración del Comité de Santa Fe de 1980, elaborado por los ultra conservadores del partido republicano, se asegura: “El éxito cubano en el Caribe y Centro América es asombroso…”

En ese momento países como Guyana, Jamaica, Granada y Panamá, restablecían relaciones diplomáticas con la Revolución cubana, algo que Estados Unidos no podía permitir, por tanto el Comité de Santa Fe declaraba: “No podemos permitir que se desmorone ninguna base de poder norteamericana, ya sea en América Latina, Europa, o en el Pacífico Occidental, si es que Estados Unidos debe retener energía extra para ser capaz de jugar un rol equilibrador en otras parte del mundo”.

El imperio se retorcía ante el desafío de pequeños estados y la respuesta a esa actitud fue incluir a Cuba en la mencionada lista.

Ante la fractura del cerco político sobre la Revolución debido a la avalancha del reconocimiento diplomático, la mafia anticubana de Miami presionaba por evitar que Estados Unidos pudiera seguir ese ejemplo, por tanto logran mediante sucias maniobras que en 1992 se apruebe la Ley para la Democracia en Cuba, más conocida como Ley Torricelli.

En dicha Ley se establecen medidas políticas y económicas que intentan ahogar más al país, e incluso se establecen sanciones para cualquier país que preste ayuda a Cuba.

Similares propósitos persigue la Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática cubanas o “Ley Helms-Burton”, aprobada en 1996 ante el rumor de que el presidente Bill Clinton, consideraba levantar la prohibición de viajar libremente a la nación cubana de todos los ciudadanos de Estados Unidos, algo que ponía en peligro el mantenimiento de las mentiras fabricadas durante años contra el proceso revolucionario.

Ambas leyes, aprobadas posterior a la inclusión de Cuba en la famosa lista, están vigentes e impiden tanto el comercio como las transacciones financieras con el dólar estadounidense.

Un hecho que así lo demuestra fue el autorizo extraordinario que aprobó la Oficina de Control de los Activos Extranjeros, al banco Stonegate radicado en la Florida, para que aceptara abrirle una cuenta a la Sección de Intereses de Cuba en Washington.

Por ese motivo borrar a Cuba de la lista negra resulta más un simbolismo que otra cosa, pues leyes mucho más abarcadoras se mantienen con total vigencia e incluso en manos del Congreso, dominado hoy por los republicanos.

Es cierto que esas acciones favorecen abordar con más amplitud el tema Cuba en el Capitolio y la Casa Blanca, el permiso para visitas a la Habana de senadores y representantes, quienes se percatan no más tocar tierra cubana, del engaño al que son sometidos por el pequeño grupo que integra la mafia terrorista anticubana, y las amplias posibilidades que traería al empresariado estadounidense una relación normal con la isla.

Pero la realidad es que mientras el Congreso de Estados Unidos no logre desamarrar el nudo gordiano repleto de leyes, decretos y resoluciones que conforman el tejido legal contra Cuba, la situación de la guerra económica se mantendrá, tal y como fue diseñada en 1962 para lograr retrotraer al pueblo cubano a la situación de 1958, la que resultó el detonante para la lucha revolucionaria contra la tiranía de Fulgencio Batista, fiel aliado de Washington.

Pensar otra cosa son meras ilusiones, ya que como aseguró José Martí:

“Las causas reales destruyen las hipótesis”

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