Camino al infierno, empedrado de buenas intensiones


Arthur González

Obama anuncia restablecimiento de relaciones con CubaCada día transcurrido después del 17 de diciembre, surgen nuevos elementos respecto a los objetivos reales que persigue la política estadounidense con la posición del presidente Barack Obama.

A pesar de que fue franco al exponer que los métodos para derrocar el socialismo cubano había que cambiarlos pues no dieron los frutos esperados, y mantener Estados Unidos sus deseos de alcanzar en la isla una “Transición Pacífica hacia la Democracia”.Muchos piensan que Obama actúa de buena y aspira a trazar una nueva política que ayude verdaderamente al pueblo cubano a satisfacer sus necesidades materiales y espirituales, las que se ven entorpecidas desde hace más de medio siglo por la guerra económica impuesta por Estados Unidos.

Sin embargo, la luz va dejando ver mejor el camino.

Entre los estadounidenses que trabajan en los temas de política internacional, algunos expresan que “el presidente Obama ha tenido el coraje, la valentía de comprarse ese pleito, tomar el toro por las astas e iniciar un proceso que no será fácil”.

Los que así piensan pretenden ocultar cómo funciona realmente la política de la potencia más poderosa del mundo.

Para dar un paso de semejante magnitud y trascendencia, las fuerzas más poderosas del “gobierno invisible” tienen que estar de acuerdo, de ahí que en el intercambio efectuado en Panamá entre el presidente cubano y Obama, estaban presentes algunos miembros del Consejo Nacional de Seguridad y sin duda alguna, la CIA tuvo que dar su consentimiento para ese giro de 180 grados en la política con su histórico adversario.

Como elemento esclarecedor de ese nuevo rumbo, el libelo “Diario de las Américas”, publicó posterior a la celebración de la VII Cumbre de las Américas, algunas consideraciones sobre el tema, donde se afirma: “la naturaleza del régimen cubano no va a cambiar por el solo hecho del restablecimiento de relaciones diplomáticas”.

En el análisis sobre el tema manifiestan su visión futura, y subrayan que con los nuevos métodos “ese cambio no va a venir por voluntad propia del Gobierno de Cuba”, y consideran un error muy grave creer que eso llevaría al Gobierno cubano, voluntariamente y de buena fe, a iniciar reformas internas para convertir su “dictadura” en una “democracia”.

Haciendo hincapié en eso, señalan que para ellos el gobierno cubano intentará mantenerse en el poder mientras pueda, y “buscará maneras de reinventarse para seguir controlando la situación en Cuba”.

Dejando al descubierto sus verdaderas intensiones, exponen los objetivos que esperan alcanzar con ese cambio de política de la Casa Blanca, cuando aseguran:

“En la medida que haya más inversión y se produzca una mayor independencia de los ciudadanos respecto al Gobierno, pueden crearse espacios para la sociedad civil que, con relativa autonomía, rompa el cordón umbilical con el Estado”.

Para no dejar fuera ninguno de los puntos que tienen diseñados, terminan diciendo:

“Lo mismo ocurrirá en la medida que haya más información y flujo de información. Saturar a los cubanos de opciones, de ilusiones, de ideas, de libertad de información, es absolutamente clave, después la tarea le corresponderá a la comunidad internacional, no solo a Estados Unidos”.

La otra parte del plan es utilizar a ciertos países de la región para que tomen la bandera de los derechos humanos y le digan al presidente de Cuba: “el régimen que existe en Cuba es muy distinto al régimen democrático que tenemos en nuestros países y deben hacer lo mismo que nosotros”.

Lo que no calculan esos aspirantes a politólogos es que Cuba tiene un proceso político y social propio, por supuesto perfectible, pero jamás volverá a someterse a los designios de Estados Unidos.

Eso lo sabe perfectamente la mafia terrorista de Miami y es el motivo de su oposición al cambio de política, pues Cuba tiene mucho que mostrar y si Estados Unidos permite la entrada de sus ciudadanos libremente, podrán comprender cuanto ha hecho el pueblo cubano para resistir la guerra económica y paramilitar más larga y cruel de la historia moderna.

Los inversionistas estadounidenses obtendrán ganancias pero Cuba será igualmente recompensada y demostrará la seriedad, nivel profesional y arrojo de los cubanos para llevar adelante negociaciones importantes que levanten su economía, sin acciones encubiertas desarrolladas por la CIA.

Cuba espera respeto, igualdad y derecho a su libre determinación de escoger el sistema que desea, algo que muchos en Estados Unidos no aceptan, a pesar de su propaganda sobre la libertad y el respeto a los derechos humanos como es el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia, religión, opinión y expresión, sin ser molestado.

No son tiempos para el regreso de “la diplomacia del dólar y las cañoneras”, del “Buen Vecino” y “la Doctrina Truman”.

Cuba no representa un peligro para la seguridad de Estados Unidos y puede ser realmente un socio comercial serio y respetuoso, si en verdad Obama pretende obrar de buena fe, y como dijera el 17 de diciembre, “librarse de las ataduras del pasado para lograr un futuro mejor para los pueblos de Cuba, de Estados Unidos, para todo el hemisferio occidental y el mundo”.

Esperemos para comprobarlo, pues es sabido que el camino hacia el infierno está empedrado de buenas intensiones.

Un pensamiento en “Camino al infierno, empedrado de buenas intensiones

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