Embudo u olvido


Arthur González

Roberta JacobsonCiertamente los estadounidenses son expertos en tergiversar y deformar la realidad buscando beneficios políticos y así fue puesto sobre la mesa por Roberta Jacobson, subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, en recientes declaraciones a la prensa donde afirmó que: “El Gobierno cubano avanza lentamente en las negociaciones con Estados Unidos debido a que muchas decisiones deben ser aprobadas antes por altos mandos del régimen”. Agregó: “Deben decidir cuántas reformas y cuántas decisiones están dispuestos a tomar porque las cosas deben avanzar”.

Verdaderamente la Sra. Jacobson no expuso la verdad, pues La Habana ha demostrado estar dispuesta a avanzar lo más posible, bajo el principio de soberanía e igualdad y hasta la fecha exigible profesionalidad y una alta diplomacia, con el objetivo de alcanzar la normalización de las relaciones bilaterales.

Sin embargo, el gobierno norteamericano insiste en caldear el ambiente constantemente con medidas inverosímiles entre países que desean sostener relaciones diplomáticas, basadas en el respeto de las normas internacionales y la Convención de Viena de 1961.

¿Olvidó la alta funcionaria yanqui que ella misma anunció el 25 de marzo que el presidente Barack Obama solicitó al Congreso 2 mil millones de dólares para Latinoamérica y de esa suma esperan destinar 53,5 millones para la Iniciativa Regional de Seguridad (CBSI) y de ellos una buena suma será empleada en programas de promoción de “la libertad de prensa y los derechos humanos” en Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua?

Con esos truenos, unido a la estipulación, entrenamiento y financiamiento a la contrarrevolución interna cubana, ¿puede el gobierno cubano confiar en los pasos que da Estados Unidos en su acercamiento, o debe estudiar muy bien cada medida para no caer en trampas irreparables?

Las autoridades estadounidenses no están conversando con ineptos ni tontos, la parte cubana conoce bien el paño, los antecedentes históricos de las relaciones de ambos países desde el siglo XIX y tienen la responsabilidad de mantener la independencia nacional.

Estados Unidos fue transparente en su declaración del 17 de diciembre, cuando afirmaron:

“El Presidente anunció medidas adicionales para poner fin a nuestro enfoque obsoleto y promover de manera más eficaz la implantación de cambios en Cuba, dentro de un marco acorde con el apoyo de Estados Unidos al pueblo cubano y en consonancia con sus intereses de seguridad nacional.”

A pesar de la decisión de restablecer relaciones diplomáticas, Cuba sigue injustificadamente en la lista de países que apoyan el terrorismo internacional, por ese motivo la Sección de Intereses de Cuba en Washington no encuentra un banco que acepte operar sus cuentas, algo totalmente anormal en las relaciones diplomáticas y violatorio de la Convención de Viena.

Cabecillas contrarrevolucionarios, como la inculta y grosera Berta Soler, son invitados con frecuencia a Estados Unidos. Berta acaba de ser entrenada en Washington para que participe en el Foro Social a celebrarse de forma paralela durante la VII Cumbre de las Américas en Panamá, y el gobierno yanqui sufragará todos los gastos de los denominados “disidentes”, a través de ONG creadas para servir de pantalla al gobierno y la CIA.

La guerra económica impuesta por Estados Unidos desde 1962 para evitar la satisfacción de la necesidades del pueblo cubano, con el propósito de provocar revueltas populares, sigue en plena vigencia y no se vislumbran avances en el Congreso para su eliminación, a pasar de que la Asamblea General de Naciones Unidas lleva 20 años condenando esa cruel medida.

La guerra sicológica, encabezada por la radio y TV Martí, que ni se ven ni se escuchan en la isla, recibe un millonario presupuesto que enriquece desde hace años a una parte de la mafia anticubana de Miami y viola las regulaciones internacionales en materia de transmisiones.

La Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana continúa la preparación y entrenamiento de la contrarrevolución creada por la CIA desde 1960, según consta en documentos oficiales desclasificados, a pesar que en sus cables confidenciales reconocen que “no son conocidos ni respaldados por el pueblo, solo buscan dinero para vivir sin trabajar, están muy divididos, no tienen un programa para el futuro del país y muchos de ellos son agentes de la Seguridad cubana”.

Ante la ausencia de liderazgo en la llamada “disidencia” persisten en fabricarla y para ello la organización World Learning Inc., con sede en Washington, acaba de convocar un nuevo Programa de “Liderazgo” de Verano para Jóvenes Cubanos, durante cuatro semanas en Estados Unidos, para jóvenes de 16 a 18 años. Un programa similar fue lanzado en el 2009 desde la Sección de Intereses en La Habana, sin resultados.

La Sra. Jacobson omite deliberadamente estas cuestiones que son vitales para un restablecimiento de relaciones aceptables entre dos vecinos tan cercanos y que demuestran que Estados Unidos no renuncia a sus intensiones de apoderarse  de Cuba, de la misma forma que expuso en 1823 el entonces presidente Thomas Jefferson, cuando dijo:

“Confieso con toda sinceridad, que siempre consideré a Cuba como la adición más interesante que pudiera hacerse a nuestro sistema de estados. El control […] que nos daría sobre el golfo de México […] asegurarán completamente nuestra seguridad continental”.

Por esas razones José Martí expresó:

“Los arboles han de ponerse en fila, para que no pase el Gigante de las Siete Leguas”.

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