Comprueban Congresistas estadounidenses quienes son los disidentes


Arthur González

Congresista con disidentesVarias agencias de prensa reportan desde La Habana el encuentro sostenido en La Habana el 18 de enero 2015, entre el grupo de Congresistas estadounidenses y los contrarrevolucionarios creados, financiados y entrenados por el Gobierno norteamericano. Sin dudas, fue una oportunidad excepcional para esos altos funcionarios que solo conocen a la “disidencia” cubana a través de los cables de agencias extrajeras y de la propaganda fabricada en Miami.

Después de sostener conversaciones coherentes, respetuosas y con alto nivel profesional con la contraparte oficial cubana, enfrentarse a un grupúsculo de personas que en su mayoría tienen poca educación formal, divididos por el protagonismo y el dinero que reciben desde Estados Unidos, los congresistas pudieron sacar sus propias conclusiones.

Una de las que dio la imagen perfecta de grosera e inculta fue Berta Soler, “presidenta” de las muy divulgadas “Obesas de Blanco”, quien puso de manifiesto que solo le interesa seguir viviendo sin trabajar, recibir muchos dólares desde Miami y continuar sus recorridos por Europa y Estados Unidos.

El sufrimiento del pueblo cubano por más de medio siglo, producto del cruel bloqueo económico, comercial y financiero, no le interesa para nada, al final ella no lo padece por ser privilegiada con los recursos monetarios y materiales que recibe constantemente.

Los Senadores y Representante constataron el buen estado de salud que gozan los “disidentes”, ninguno golpeado, escuálido, desnutrido, o con marcas de tortura, como quieren hacerlos ver a través de las campañas fabricadas en Miami.

La mejor opinión es la que se conforma a escuchar y ver actuar a las personas, por tanto el senador Patrick Leahy y sus demás miembros de la comitiva congresional, pudieron apreciar a plenitud a cada una de las personas reunidas, caracterizarlas y sacar sus propias consideraciones.

Elizardo Sánchez con su abultado vientre, Berta Soler repleta de tejido adiposo en cara, brazos y vientre, contrastaron con el buen porte y aspecto de Antonio Enrique González Rodiles, sobrino de un General del ejército cubano, graduado de la Universidad de la Habana, con posgrados en la universidad de México y Tallahassee en la Florida, donde fue reclutado y trasmutado en disidente después de llevar varios años residiendo fuera de su patria, sin limitaciones espirituales ni materiales.

Igualmente, observaron la proyección del santiaguero José Daniel Ferrer, con su agresividad y gestualidad características de una persona de baja calaña, acostumbrado a la amenaza y la coacción, así como la incoherencia verbal de la emigrada residente en España, devenida en bloguera contrarrevolucionaria, Yoani Sánchez Cordero.

El abanico tan dispar de la calificada “sociedad civil” que palparon los congresistas estadounidenses, les permitió corroborar los criterios emitidos por el Jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, Jonathan Ferrar, cuando afirmó en cable confidencial No. 202438, enviado el 2009-04-15  a las 13:33 horas al Departamento de Estado con copia al Consejo de Seguridad y a la CIA:

“Muchos grupos de oposición son dominados por individuos con encumbrados egos que no trabajan bien en equipo, por lo que pueden ser fácilmente manipulados por la Seguridad cubana”.

“…No es probable que el movimiento disidente tradicional pueda reemplazar al gobierno cubano…”

“…Pese a sus afirmaciones de que representan a “miles de cubanos”, nosotros vemos muy pocas evidencias de ese apoyo…”

“…No vemos plataformas diseñadas para llegar a amplios sectores de la sociedad cubana, sino que más bien dirigen sus mayores esfuerzos a obtener recursos suficientes para solventar las necesidades del día a día de los principales organizadores y sus seguidores…”

En resumen, cada funcionario estadounidense se llevó la verdadera imagen de los participantes y se convencieron de cómo su Gobierno malgasta el dinero de los contribuyentes en personas que ni tienen talento ni posibilidades de liderazgo en una sociedad con alto nivel escolar, cultural y político.

Por tanto, ahí se cumplió a cabalidad el proverbio popular que asegura: “Ver para creer”.

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