Una lección para la contrarrevolución


Arthur González

Raúl-Obama La contrarrevolución cubana tiene que aprender la nueva lección que ha dado la Casa Blanca.

Ni demócratas ni republicamos ni disidentes ni opositores cuentan cuando el Gobierno estadounidense decide aplicar su propia estrategia, y eso es lo que ha sucedido con el anuncio bilateral del presidente Raúl Castro y Barack Obama, sobre el intercambio de prisioneros y el restablecimiento de relaciones diplomáticas.Los asalariados internos que se creyeron ser el ombligo del mundo, recibieron un portazo en la cara ante las declaraciones de Obama, quien dejó bien definido que la prioridad sobre Cuba la traza el ejecutivo y ni siquiera el legislativo.

A pesar de los llantos y griterías de los “disidentes” internos en la Isla, como Guillermo Fariñas; la inculta y grosera Berta Soler; Elizardo Sánchez Santa Cruz; Antonio González Rodiles y otros vividores del dinero norteamericano, la Casa Blanca desarrolla nuevos planes para intentar acabar con el socialismo por vías diferentes, aunque no descarta el empleo de la vieja contrarrevolución para seguir con sus campañas de hacerle creer al mundo que Cuba viola los derechos humanos.

Los que pensaron que Obama les consultaría cualquier nuevo plan hacia la isla, tienen que aprender de una vez y por todas que la “disidencia” no es más que una sarta de empleadillos de poca monta, sin peso en la política, ni reconocimiento dentro de Cuba, tal y como informó el anterior jefe de la Sección de Intereses, Jonathan Farrar.

La ex secretaria de Estado Hillary Clinton, lo dejó bien establecido al asegurar: “A pesar de las buenas intenciones, nuestra política de aislamiento durante décadas solamente ha fortalecido el mantenimiento del régimen de los Castro en el poder”.

“El objetivo de aumentar la participación de Estados Unidos en los días y años venideros debe ser alentar reformas y duraderas para el pueblo cubano”.

En ninguna de esas variables puede estar presente la mafia terrorista de Miami con Ileana Ros, Mario Díaz Balard, Bob Menéndez, Marco Rubio y Jorge Mas Santo de la FNCA.

Menos aun la crápula chancletera cubana encabezada por Berta Soler y el ex presidiario José Daniel Ferrer, con sus métodos de capo mafioso de escaso valor.

Lo que sucede en la actualidad hace recordar el Programa Democracia rubricado por el presidente Ronald Reagan en 1980, donde Polonia fue el país escogido para iniciar el derrumbe del socialismo europeo.

La llamada Santa Alianza entre Reagan y el Papa Juan Pablo II, divulgada por la prensa norteamericana posterior a la entrevista entre ambos el 7 de junio de 1982 en la biblioteca del Vaticano, estableció una estrategia norteamericana con el apoyo de la Santa Sede.

Aunque en un contexto diferente, el anuncio de Obama el 17 de diciembre contempla:

Un apoyo continuo y sólido que perseguirá la mejora de las condiciones en materia de derechos humanos y la implementación de reformas democráticas en Cuba, además de otras medidas dirigidas a promover un mejoramiento de la situación para el pueblo cubano”.

“El congreso de EE.UU. financia la programación de la democracia en Cuba para proporcionar asistencia humanitaria, promocionar derechos humanos y libertades fundamentales y apoyar la libre circulación de información en lugares en donde está restringida y censurada. La administración continuará implementando programas de Estados Unidos enfocados en promover el cambio positivo en Cuba…”

Los cambios anunciados son trascendentales, quizás los más importantes de esta parte del siglo XXI, y pueden ayudar al pueblo cubano a dejar atrás las penurias causadas por 53 años de una criminal Guerra Económica y por la injusta inclusión en la lista de países de patrocinan el terrorismo.

Nadie se llame a engaño, el fin de Estados Unidos es eliminar de raíz el socialismo cubano, pero si persisten en su empeño volverán a fracasar como reconoció el Presidente en su alocución con la política de aislamiento y bloqueo.

De ahí que muchos deberán sacar conclusiones y analizar que nunca alcanzaron los resultados esperados.

En cuanto a los llamados “disidentes”, entender de una vez y por todas que Washington les paga pero los desprecia; así de simple.

4 pensamientos en “Una lección para la contrarrevolución

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