Repitiendo la receta


Arthur González

Casa BlancaTodo hace pensar que el gobierno de Estados Unidos ya no tiene nada nuevo que inventar para tratar de aplastar a los gobiernos con los cuales no está dispuesto a convivir. A pesar de pregonar que tiene que existir la libertad de pensamiento y la democracia para escoger el sistema en que las personas desean vivir, la Casa Blanca demuestra una vez más no estar dispuesta a ser democrática, cuando se trata de un gobierno que se les revire y no acepte sus órdenes.

Ese es el caso de Venezuela desde que el presidente Hugo Rafael Chávez Frías fue elegido en elecciones populares en una docena de ocasiones, algo impensable para un presidente norteamericano.

Ante la imposibilidad de derrocarlo en las urnas y con las medidas del llamado “golpe suave” mediante acciones de subversión política, ahora se disponen a cerrar aun más el cerco económico, con nuevas sanciones aprobadas por el Senado.

Para darle más similitud a las aplicadas contra el gobierno de Fidel Castro desde 1960 y reforzadas en 1962, el nuevo paquete de sanciones pide la congelación de activos y la negativa a conceder visados a allegados al régimen venezolano.

El manido y gastado pretexto, es que pretendenfomentar la defensa de los derechos humanos” en ese país.

Si en realidad esa fuera la razón los primeros que tienen que ser sancionados son ellos mismos, por pisotear los derechos humanos y el derecho a la vida de millones de ciudadanos norteamericanos, especialmente los de raza negra, tal y como ha quedado demostrado en estas semanas.

Tal parece que torturar con métodos medievales al mejor estilo de la Santa Inquisición, no es violar los derechos humanos, algo reconocido hace pocos días en un bochornoso informe de más de mil páginas, en donde se pone al descubierto lo que ya el mundo sabía, las crueles torturas que la CIA aplica a los detenidos para arrancarle confesiones de actos que nunca han cometido, cumpliendo orientaciones de la Casa Blanca.

Pero esas violaciones pasan inadvertidas para el Senador demócrata Bob Menéndez, presidente del Comité de Relaciones Exteriores, e impulsor de la ley junto al republicano Marco Rubio, ambos miembros prominentes de la mafia terrorista anticubana radicada en Estados Unidos.

La verdad que se esconde tras el pretexto empleado, no es más que la impotencia por no poder derrotar al gobierno del presidente Nicolás Maduro, quien desenmascaró al asalariado de Washington Leopoldo López y a su compatriota y compañera en la nomina de la CIA, María Corina Machado.

Según Menéndez “Estados Unidos tiene la obligación de sacar a la luz los abusos de Venezuela y oponerse a las graves violaciones de los derechos humanos cometidas por el gobierno de Maduro y sus matones paramilitares”.

Hoy el mundo conoce mucho mejor que Estados Unidos es el verdadero violador de los derechos humanos y asesino de inocentes negros.

Los reaccionarios senadores pretenden que esas sanciones se conviertan en una ley firmada por Barack Obama, tal como hizo J.F. Kennedy contra Cuba en Febrero 6 de 1962, con su mundialmente rechazado Decreto No. 3447; 27 Resolución Federal No.1085.

El “embargo” es el eufemismo empleado para enmascarar la Guerra Económica, tal como se reconoce en el Proyecto Cuba, firmado por Kennedy en 18 de enero del 62, en el cual se expone:

“La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen, y las de tipo militar darán al movimiento popular un arma de acción para el sabotaje y la resistencia armada en apoyo a los objetivos políticos”.

Estas acciones pretendían derrocar al gobierno cubano; para ello según documento desclasificado:

El clímax del levantamiento saldrá de la reacción airada del pueblo ante un hecho gubernamental (producido por un incidente), o de un resquebrajamiento en la dirección política del régimen o de ambos incluso. (Desencadenar esto debe constituir un objetivo primordial del proyecto)”.

Lo aplicado a Venezuela es una copia casi exacta de lo que ejecutaron contra Cuba.

Evidentemente no aprenden de sus errores y derrotas, porque como aseguró José Martí:

“La dignidad es como la esponja; se la oprime, pero conserva siempre su fuerza de tensión y nunca muere”.

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