Sonó el disparo de salida


Arthur González

USA R MartiSimilar al maratón de New York o el MaraCuba, desde Washington hicieron el disparo de salida a los asalariados en las dos orillas del estrecho de la Florida, para iniciar la carrera mediática contra Cuba con el gastado tema de los Derechos Humanos. El principal violador de la Declamación Universal de los Derechos Humanos de la ONU es Estados Unidos, país que arremete contra otros bajo pretextos espurios; bombardea e invade ciudades, discrimina a los negros, incrementa la pobreza y el desempleo, expulsa a niños emigrantes sin amparo filial y reprime con extrema violencia pacíficas protestas populares.

Ese país es el que se empeña en crear una matriz de opinión para satanizar a la Revolución cubana; política arcaica y sin sustancia que no ha logrado aislar a Cuba ni condenarla, todo lo contrario; cada vez es más reconocida y apoyada por cientos de países y pueblos del mundo.

En este nuevo maratón de guerra sicológica participan todos los medios creados y sostenidos con presupuestos millonarios que destina anualmente la Casa Blanca en sus medidas subversivas.

Entre ellos aparecen las emisoras fantasmas Radio y TV Martí, que jamás de escuchan ni ven en la Isla, Diario de Cuba España, El Observatorio Critico, la desprestigiada Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, integrada solamente por Elizardo Sánchez Santacruz Pacheco; el grupúsculo de las “Obesas de Blanco”, dirigido por la inculta y grosera Berta Soler; el engendro que más dinero recibe desde Estados Unidos, la UNPACU, gobernada con métodos carcelarios por el santiaguero José Daniel Ferrer; entre otros.

El denominador común en todos esos asalariados de Washington se percibe en los titulares que publican, pero en ningún caso pueden presentar pruebas que permitan juzgar si mienten o plantean la verdad.

La contrarrevolución interna en Cuba fue creada por la CIA, según sus documentos desclasificados, es entrenada, abastecida y financiada desde la Misión diplomática de Estados Unidos en la Habana, lo cual le impregna un olor característico a manipulación y falsedades, las que en múltiples ocasiones son desmentidas y desprestigiadas por filmaciones expuestas en la TV cubana.

Los propios diplomáticos norteamericanos son engañados por esos “disidentes” y arrastrados a apoyar performers inventados, con el propósito de ganar protagonismo internacional y por supuesto unos dólares más, algo de lo que viven ampliamente sin necesidad de trabajar.

Palabras preseleccionadas para impactar a la opinión pública internacional, (porque en la Isla todos saben que son falsas), distinguen la preparación del terreno, especialmente en días previos al 10 de diciembre, celebración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Entre las más repetitivas están:

“En Cuba la represión y la violencia son más fuertes hacia opositores”

“Acciones vandálicas contra las casas de opositores”

“Mujeres reprimidas con dureza por el régimen”

“Profunda preocupación por la violencia contra líderes opositores”

Todas pretenden sembrar la idea de que en Cuba el terror impera en las calles, algo que ningún extranjero y cubano residente en el exterior comprueba a arribar a cualquier ciudad del país.

Al igual que en muchos países trabajan afanosamente para celebrar la fiesta de la Virgen o el Santo patronal de una ciudad, donde todos se vuelcan a construir altares, adornos florales y desfiles; los medios creados por la maquinaria norteamericana van calentando el ambiente, mediante artículos tendenciosos contra la Revolución cubana, donde describen una Cuba irreal que nadie ve.

Ese es uno de los motivos por el cual Estados Unidos no deja viajar libremente Cuba, a pesar de ser una violación de los derechos humanos, recogido en el artículo 13-2 de la Declamación Universal de la ONU.

No obstante su fracaso en más de 50 años, la Casa Blanca se obstina en mantener inamovible una política, que lejos de perjudicar a la Revolución cubana la fortalece, porque al decir de José Martí:

“Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres”.

Y esa es la dignidad que tienen 11 millones de cubanas y cubanos para enfrentar esas falsedades.

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