Al Cesar lo que es del Cesar


Arthur González

Dersi FerrerA cada puerco le llega su San Martín, decía una caricatura humorística publicada en la revista cubana Bohemia y eso mismo le sucedió al otrora “disidente” Darsi Ferrer, médico de profesión que trabajó para los norteamericanos cuando residía en Cuba.Ferrer cumplió al pie de la letra todas las orientaciones que le daban los diplomáticos norteamericanos destacados en la Sección de Intereses en La Habana, incluso la de organizar una provocación pública a raíz de la proclama escrita por Fidel Castro, en la que comunicó al pueblo su enfermedad y la entrega a su hermano Raúl, del mando del gobierno.

Para su protección personal, el diplomático que lo atendía cobijó en su residencia a la esposa e hijo del asalariado, algo sin parangón en la historia, ya que la misión estadounidense no ofrece asilo político y esa acción es violatoria de la Convención de Viena de 1961, reguladora de las normas diplomáticas y consulares.

A esto le sucedieron otras provocaciones de Ferrer en calles y parques habaneros divulgadas por la prensa nacional e internacional, lo que le valió para ser acogido en Estados Unidos bajo el estatus de refugiado político.

Recientemente Darsi Ferrer resurgió en los medios pero con un papel diferente, ahora su “disidencia” es dentro de Estados Unidos y el objeto de sus críticas es nada menos que el Departamento de Estado y la Sección de Intereses de Estados Unidos en la capital cubana, algo que pudiera resultar insólito para uno de los hombres que más tareas cumplió para esa Sección años atrás.

El motivo de la posición actual del contrarrevolucionario es la negativa de visa que recibió uno de sus hijos en La Habana, para viajar a Miami donde debía participar en un evento académico, según Darsi, impulsado por el supuesto espíritu del programa sostenido por la Casa Blanca, “Pueblo a Pueblo”.

De inmediato el que fuera médico en Cuba, lanzó fuertes ataques contra el Departamento de Estado, al considerar que solo le otorgan visas “a cuanto familiar de los Castro la solicite, a los golpeadores de Damas de Blanco, a los músicos alabarderos del régimen, a los hijitos de generales, y a cuanto abusador de los cubanos se les ocurre sacar pasaporte y pedir que los acepten en este país”.

Para rematar sus descargos Ferrer expresó: “Me asquea el comportamiento vil que se traen entre manos”.

Esta situación resulta de utilidad para ambas partes.

Para los norteamericanos es una prueba de las denuncias cubanas de que los “disidentes” no son más que groseros delincuentes y para él una enseñanza de cómo son tratados una vez terminada su carrera de “disidentes”.

Mientras les fue útil para las provocaciones y propaganda mediática contra la Revolución cubana, era el niño mimado de los yanquis, incluso recibió una mención honorífica del Premio a los Defensores de la Libertad en el 2009, por su “trabajo y valentía” en la defensa de los derechos humanos en Cuba.

Este asalariado no sabía como trata el gobierno estadounidense a los que ya no le sirven para sus planes subversivos, ahora lo sufre en carne propia.

Pero la vida da sorpresas. A Darsi Ferrer ya no le tocan más favores, pues como reza el proverbio Al Cesar lo que es del Cesar.

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