La cultura es un derecho humano


Arthur González

DINERO PARA CRMuchas personas en el mundo saben que la cultura es un derecho humano esencial, porque como dijera José Martí: “ser culto es el único modo de ser libre”.Para los asalariados de Washington, que fueron creados con la etiqueta de “disidentes” cubanos, la cultura no representa nada, pues todos tienen algo en común, son incultos.

Esos que reciben mensualmente cientos de dólares para ejecutar acciones provocativas y conformar campañas mediáticas contra Cuba, no son vistos en teatros, museos, salas de exposiciones y galerías de arte. Sin embargo no se pierden un almuerzo o cena en la residencia de algún diplomático europeo o estadounidense, e incluso en las fiestas que organizan entre ellos bajo cualquier pretexto, demostrando que lo principal es llenarse el estómago, nunca el espíritu.

La Revolución cubana desarrolló desde el mismo año 1959 un amplio programa cultural, en el que se incluye en primer orden la formación profesional, dando inicio a la Escuela Nacional de Arte, de la cual egresan anualmente cientos de músicos, pintores, escultores, actores y bailarines.

El Instituto Superior de Arte es un eslabón más elevado en la carrera de esos artistas, los que salen al mundo a demostrar su calidad interpretativa, modelada bajo los preceptos diseñados por prestigiosos profesores, todo sin costo alguno gracias a la prioridad que le ofrece el Estado cubano a las artes.

La escuela Internacional de Cine es un ejemplo de esa línea de pensamiento, donde emergen múltiples proyectos cinematográficos de primera calidad.

Festivales y eventos internacionales se celebran en la isla cada mes, entre ellos el de Ballet, exposiciones de pintura, de artesanía, de literatura, poesía y de teatro, muestras del quehacer cultural cubano priorizado por la Revolución, algo inexistente antes de 1958 durante la tiranía de Fulgencio Batista.

Recientemente se celebró el XXVII Festival de Música Contemporánea de La Habana, donde asistieron compositores y solistas de primera línea de América y Europa, dedicado a las técnicas de vanguardia, innovaciones y riesgos de experiencias artísticas desde música electroacústica, ordenadores mediante, hasta un trazado rápido de melodías y contrapuntos de la mejor tradición musical.

En ninguno de los conciertos hubo presencia de “opositores”, pues eso resultaría una tortura para la inculta y grosera Berta Soler y su tropa de chancleteras Damas de Blanco; para ellas la cultura no es un derecho humano pues no les ofrece dividendos económicos.

Para cerrar el año en cumplimiento pleno de los artículos 22, 24, 26, 27 y 29, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, La Habana será sede de la edición 36 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, lo que se convierte en una suerte de fiesta popular para el disfrute libre y goce de la vida cultural de millones de cubanas y cubanos.

En esos festivales se ofrecen además muestras particulares de lo mejor del cine español, alemán, africano, indio e incluso del norteamericano, pero en ninguna de las decenas de salas se distingue a los llamados “opositores” asalariados de Washington.

Ese derecho humano no les interesa, porque como afirmó Martí en el diario La Nación, Buenos Aires, 26 de junio de 1888:
“La cultura quiere cierto reposo y limpieza…”, algo de lo que carecen esos engendros de la CIA.

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