Canciller español habla en Cuba de Transición


Arthur González

bruno-garcia-margalloEl ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación de España, José Manuel García-Margallo, en su primera visita oficial a Cuba impartió una conferencia en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales, escuela para la formación de jóvenes diplomáticos cubanos.El tema escogido por Margallo fue el proceso de Transición que vivió España, posterior a la muerte de Francisco Franco, cuestión que “casualmente” coincidente con la estrategia diseñada por Estados Unidos para destruir el socialismo en Cuba y recogida en el llamado Plan Bush del año 2004, para la “Transición Pacífica hacia la Democracia”.

Según el Canciller, uno de los aciertos del cambio en España fue que primero se recuperaron las libertades de asociación y expresión y después el ejercicio del voto, algo que en Cuba nunca ha dejado de existir, ya que en el Ministerio de Justicia están registradas cientos de asociaciones de todo tipo que funcionan normalmente en la isla.

El ejercicio del voto se efectúa en Cuba en las elecciones del Poder Popular por el 98 % de la población, aunque ese tema hubiera sido muy beneficioso para el pueblo norteamericano, el cual tiene un alto abstencionismo en las urnas y no eligen directamente al Presidente, solo lo hacen menos de una veintena de personas en cada estado de la Unión por representación, según la cantidad de habitantes.

Tal parece que el español deseaba darle lecciones a los cubanos de cómo comportarse en una Cuba post Castro, como propone la Casa Blanca.

En su amplia clase a los jóvenes cubanos omitió que la Transición española fue diseñada en el cuartel general de la CIA, dirigida por Vernon Walters, mucho antes de la desaparición Franco, con el propósito de que el Partido Comunista no alcanzara el poder después de su muerte, lo que coordinó directamente con Luís Carrero Blanco, entonces vicepresidente de España y con el consentimiento del propio Franco.

El diplomático español no relató el encuentro de Walters con el Generalísimo en 1971, en cumplimiento de una misión asignada por el presidente Richard Nixon, para conocer a quién dejaría el Caudillo en el poder. La respuesta fue precisa: el príncipe Juan Carlos de Borbón, tal y como había declarado en 1969.

Como parte de esa gran Operación, la CIA y el Servicio de inteligencia español ejecutaron la Operación Lolita, en la cual prepararon a Juan Carlos de Borbón como sucesor, con pleno consentimiento de Franco.

Tampoco mencionó la manipulación del PSOE y de su líder Felipe González, dentro del plan para eliminar a los comunistas en el proceso de Transición.

En 1974 los servicios de inteligencia españoles le expidieron el pasaporte para viajar a Francia al congreso en Suresnes, donde el casi desconocido joven abogado resultó electo Secretario General, por medidas de la inteligencia española, acción confesada por Manuel Fernandez Monzón, entonces capitán de Servicio Central de Presidencia del Gobierno.

El comisario Manuel Ballesteros declaró que la dictadura franquista propició el resurgir del PSOE para ahogar al Partido Comunista, por eso Felipe González en mayo de 1979 durante el Congreso, impuso la eliminación del término marxista de los estatutos del partido.

Quizás cuando García-Margallo se refirió a que ellos en su proceso de Transición recuperaron las libertades de asociación, estaba recordando la llamada Operación Fraga, en la cual Manuel Fraga Iribarne, fundó la sociedad GODSA, Gabinete de Orientación y Documentación, Sociedad Anónima, con el propósito de aglutinar a un escogido grupo de políticos, juristas, intelectuales, militares y oficiales de los servicios de inteligencia, con la socialdemocracia, para conseguir después un partido socialista y uno socialdemócrata fuertes, pero con un comunista débil, siguiendo las orientaciones de la CIA.

García-Margallo pensó que podría jugar en casa del trompo, desconociendo que Cuba lleva 56 años enfrentándose con total éxito a la CIA y que esos viejos planes no tienen cabida en una isla que tuvo que labrarse a sangre y fuego su propio destino sin el apoyo de ningún ejército foráneo.

Dicen que los golpes enseñan, pero al parecer la Casa Blanca no aprende de sus derrotas e insiste en enviar emisarios para tratar de lograr sus deseados cambios.

A los cubanos no se les puede engañar ni hablar en doble sentido, tienen demasiada experiencia para verle las patas al lobo bajo el disfraz de la abuelita.

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