El desprecio yanqui por los negros


Por Arthur González

imagesLos especialistas de Guerra sicológica de las Agencias de Inteligencia en Estados Unidos, deben estar satisfechos con los resultados de su plan para introducir en la sociedad estadounidense el término afro-norteamericano, con el propósito de discriminar a los ciudadanos de la raza negra y hacerlos sentir diferentes al resto de los norteamericanos.El solo hecho de distinguirlos es racismo, pues como dijera José Martí: “Todo lo que divide a los hombres, todo lo que los especifica, aparta o acorrala, es un pecado contra la humanidad”… “Peca contra la Humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas”…

Esa es precisamente la intensión de los yanquis blancos, inculcarle a todo el mundo que sus negros no son plenamente norteamericanos, sino de África y a ella pertenecen, nacieron por error en Estados Unidos.

Recordamos los intentos del ex presidente Anthony Q. Adams, de expulsar de Estados Unidos en 1825, a todos los ciudadanos de la raza negra. A finales del siglo XIX, Washington negoció un pedazo de tierra en la actual República de Liberia, enviando hacia ese lugar a centenares de familias, con el propósito de depurar étnicamente a la sociedad estadounidense.

Si esto no fuera cierto ¿por qué motivos no denominan a los blancos como “británicos-norteamericanos”,“alemanes-norteamericanos”, “italo-norteamericanos”, que también forman parte del entramado de nacionalidades en Estados Unidos ?

A los estadounidenses de raza blanca no hay necesidad de distinguirlos por el color de su piel, son simplemente norteamericanos con plenos derechos.

Unos años atrás en Norteamérica se les decía negros a los ciudadanos que tenían ese color de piel, pero en solo dos décadas los especialistas en propaganda ideológica, cambiaron el término por el de “afro-norteamericano” y comenzaron a difundirlo en cada artículo de la prensa escrita, radial y televisiva, creándole un sentimiento de africanos a los que hace siglos que no tienen vínculos familiares con nadie en ese continente y sí en los Estados Unidos, lugar donde nacieron sus tatarabuelos, bisabuelos, abuelos y padres.

A inicios del mes de agosto una delegación de artistas norteamericanos expusieron sus obras en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, muestra que permanecerá abierta hasta octubre próximo en el edificio de Arte Universal; para distinguirlos se subraya que la exposición incluye obras de “nueve artistas afro-norteamericanos”, como si fuese algo extraordinario o excluyente del resto del grupo de artistas estadounidenses.

La importancia de este hecho cultural no es que sean artistas negros, sino que su presencia en la isla permite romper las barreras impuestas por el Gobierno de Estados Unidos en su arcaica y gastada política de Bloqueo contra Cuba, la que no representa el sentimiento solidario y de hermandad de los artistas de ambas naciones.

Poco a poco y de forma sutil, los ideólogos yanquis han logrado sembrar la diferencia entre ciudadanos negros y blancos, fenómeno que han traspolando a otros países del continente, incluso a Cuba, donde ya se escucha denominar a los negros nacidos en la isla como “afrocubanos”, para hacerles crecer un sentimiento diferente y al final lograr debilitar la unidad de la Nación.

Precisamente esto fue lo que José Martí alertó a finales del siglo XIX, cuando al igual que hoy querían impedir la unidad del pueblo para que no pudiera alcanzar la independencia de España, cuando afirmó:

“Insistir en las divisiones de raza, en las diferencias de raza, de un pueblo naturalmente dividido, es dificultar la ventura pública, y la individual, que están en el mayor acercamiento de los factores que han de vivir en común”.

“Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro”.

Para los que no crean que esto forme parte de una línea de trabajo ideada por los especialistas yanquis, solo deben interpretar las afirmaciones del ex jefe de la CIA, Alen Dulles, en uno de sus escritos, cuando expresó:

“El objetivo final de la estrategia a escala planetaria, es derrotar en el terreno de la ideas las alternativas a nuestro dominio, mediante el deslumbramiento y la persuasión, la manipulación del inconsciente, la usurpación del imaginario colectivo y la recolonización de las utopías redentoras y libertarias, para lograr un producto paradójico e inquietante: que las víctimas lleguen a comprender y compartir la lógica de sus verdugos”.

5 pensamientos en “El desprecio yanqui por los negros

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