Hipocresía y oportunismo yanqui


Por Arthur González

 hhRetomando el tema cubano como parte de la batalla hacia la Casa Blanca, la ex secretaria del Departamento de Estado Hillary Clinton, se lanza a darle apoyo a un cambio radical de la política estadounidense respecto a Cuba, específicamente en cuanto a la abolición del Bloqueo.

 Las diferentes administraciones yanquis han denominado “Embargo” a lo que sus documentos oficiales desclasificados, recogen como una “Guerra Económica” que tiene como propósito: “…inducir al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, junto a las operaciones psicológicas que acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen…”

Pasado más de medio siglo, esa cruel política no ha logrado los frutos esperados en Cuba. Las carencias, limitaciones y sufrimiento del pueblo, acrecentaron el rechazo mundial hacia Estados Unidos, y los cubanos continúan defendiendo su independencia y soberanía.

 Sin embargo, Hillary toma un camino opuesto al de su esposo William Clinton, pues este durante su mandato presidencial cayó en la trampa tejida por la mafia anticubana y firmó en 1996 la execrable “Ley Helms-Burton” o “Ley para la libertad y la solidaridad democrática cubanas”, la cual le retira las facultades al Presidente de Estados Unidos, de poder eliminar la Guerra Económica, traspasándosela al Congreso, siempre que previamente un representante del Gobierno norteamericano informe que Cuba tiene un gobierno plenamente “democrático” y ha cumplido con todas las condicionantes impuestas por la mencionada Ley.

 Ante el repudio mundial que alcanza en la ONU el Bloqueo Económico, Comercial y Financiero contra Cuba, y al conocer los resultados de la más recientes encuesta efectuadas entre los cubanos asentados en la Florida, que también se oponen a la continuidad de una política arcaica; Hillary con total cinismo e hipocresía, propone reemplazar Bloqueo por “un comercio regular, eliminar la prohibición de visitas de norteamericanos a la Isla y el traslado de los valores de su sociedad”, como formula diferente para destruir a la Revolución socialista.

¿Se percató ahora, después de 55 años, que la política seguida por Estados Unidos ha sido un fracaso?

Ni tonta ni boba, pero si una gran oportunista. No hay que ser un avezado politólogo para darse cuenta que a pesar de los cientos de millones gastados en la creación y sostenimiento de una contrarrevolución interna, miles de actos terroristas ejecutados, guerra económica, una feroz guerra biológica contra las personas, animales y plantas, unidos a campañas mediáticas, no han logrado sus propósitos.

El añorado “desencanto y desaliento” que pretendió sembrar en 1960 el entonces subsecretario de Estado Lester Mallory, mediante “la insatisfacción y las dificultades económicas”, nunca funcionaron.

Es mucho lo que Cuba se juega como para dejarse engañar por cantos de sirena.

La historia de la intromisión de Estados Unidos en la guerra hispano-cubana en 1998, el apéndice impuesto a la constitución de 1902, conocido como “Enmienda Platt” que dio carta abierta para que intervinieran militarmente la isla en tres ocasiones, la actitud de los marines yanquis sentados sobre la estatua de José Martí, apóstol de la independencia, la presencia de la mafia italo-norteamericana en el juego, las drogas y la prostitución, el apoyo a dictadores asesinos como Gerardo Machado y Fulgencio Batista, unido a otros hechos repudiables, no se olvidan.

Ojala que la sensatez triunfe sobre la soberbia y se den cuenta que dos países vecinos pueden vivir en paz, siempre que se respeten y acepten el derecho de elegir su destino sin injerencias; aunque la vida demuestra lo contrario.

Para Estado Unidos, Cuba siempre ha sido una tierra deseada, expuesto en diferentes momentos de los siglos VIII, XIX y XX, como fue la conocida política de la “fruta madura”, algo que quizás pretendan desempolvar en momentos en que piensan que por la desaceleración actual de la economía de la Isla, pudieran presentarse como los “padres salvadores” y materializar su viejos sueños de anexársela, como hicieron con Puerto Rico.

Lo demás es pura retórica electorera, y a Hillary que la compre quien no la conozca.

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