Sorpresa en la OEA


Arthur González

ley-migratoria-cubaEs sabido que obtener un visado para visitar cualquier país es tan complicado y difícil para un cubano, como enrolarse en un cohete con el propósito de viajar, desde la base de Cabo Cañaveral, a la Luna.No es broma, es una triste realidad.

A pesar de las modificaciones a la ley migratoria cubana que eliminó el permiso de salida y las cartas de invitaciones, todos los consulados acreditados en La Habana le demandan ahora documentos que no solicitan en ningún otro país.

Las exigencias van desde mostrar un aval bancario, propiedad de la vivienda y el auto, hasta la presentación ante el cónsul de dinero en efectivo, no menor a los dos mil dólares y por supuesto exige además una carta de invitación.

Los que criticaban a toda voz las exigencias de Cuba anteriores al 14 de enero del 20012, tienen hoy requerimientos muy superiores, pero de eso no se habla ni una palabra por la prensa norteamericana o europea.

Sin embargo, para los asalariados de Washington, apodados con fanfarrias como “disidentes u opositores”, esos trámites son expeditos, pues salen a cumplir tareas de sus patrocinadores con todos los gastos cubiertos. Un ejemplo muy reciente así lo demuestra.

Veizant y Kirenia3El pasado 3 de junio, durante el 44 período de sesiones de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, OEA, celebrada en Paraguay, dos patrocinados por Miami pudieron llegar hasta el propio Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, acusándolo en público de que durante su visita a La Habana, para participar en la II Cumbre de la CELAC, no se reunió con ningún miembro de los grupos contrarrevolucionarios creados, entrenados y financiados por el Gobierno norteamericano, lo que fue duramente criticado por la mafia anticubana de Miami.

Los provocadores fueron Veizant Boloy y Kirenia Nuñez, quienes viajaron a Paraguay para protagonizar ese hecho, como un claro ajuste de cuentas al propio Insulza y para hacer quórum con algunos estudiantes venezolanos que participaron en un panel bajo el título de “Los jóvenes demandan Democracia para Cuba y Venezuela”.

Conociendo el rigor exigido para las visas, cabe preguntarse:

¿Cómo se las arreglaron esos dos cubanos para obtenerla? ¿La aprobación llegó desde la cancillería en Asunción o las otorgó el propio cónsul en La Habana? ¿Algún diplomático norteamericano acreditado en la Sección de Intereses en Cuba gestionó el visado con su homologo paraguayo? ¿Quién sufragó los gastos de pasaporte, visado, impuesto aeroportuario, billetes de avión, hotel, alimentación y transporte en Paraguay? ¿Violaron las medidas de seguridad y del protocolo o “alguien” les facilitó la presencia en el salón plenario?

La propaganda contra Cuba repite hasta la saciedad de que los cubanos tienen un salario promedio de 30 dólares mensuales, algo que no alcanza para los altos costos de un viaje a Suramérica en la época invernal, en la cual se requiere de un vestuario opuesto totalmente al empleado en países del Caribe.

No hace falta ser un erudito para llegar a la conclusión de que detrás de estos llamados “opositores” está la mano de los norteamericanos que los amamanta y paga.

¡Y después dicen que son independientes!

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