Quién los entiende


Arthur González

dinero-mercenariosLos contrarrevolucionarios residentes en Cuba, creados por la CIA desde 1960 y pagados anualmente por la Casa Blanca con parte de los 20 millones de dólares que asigna a las acciones de subversión contra el gobierno revolucionario, no hay Dios que los entienda. Por una parte lloran para que los norteamericanos los atiendan, inviten a sus residencias y los paseen por el mundo con los gastos pagados, con tal de que desprestigien a su Patria. Por la otra ladran y patalean cuando perciben alguna posibilidad de que Washington y La Habana puedan mejorar en algo las maltrechas relaciones diplomáticas y comerciales.

negroponteEn los últimos días se ha estado publicando por la prensa estadounidense, criterios, opiniones y hasta una carta firmada por 44 ex altos funcionarios gubernamentales estadounidenses y partidarios de reformas en las relaciones entre los dos países vecinos, incluidos John Negroponte, quien fuera director nacional de inteligencia en el gobierno del presidente George W. Bush, y James Stavridis, almirante retirado y ex comandante supremo de la OTAN, algo impensable hasta hace poco tiempo.

Tal cambio en muchos políticos ha puesto a temblar a los que durante medio siglo han vivido del cuento de ser “opositores o disidentes”, calificativo que le permite disfrutar de la vida sin tener que sudar la camisa o la blusa, al recibir mensualmente una buena mesada que los convierte en ciudadanos de primera categoría.

Ese es el motivo de la agresividad mostrada por algunos como Manuel Cuesta Morúa, autotitulado “presidente” del Partido Arco Progresista, quien se atrevió a escribirle al mismísimo presidente Barack Obama, diciéndole lo que debe hacer en una supuesta negociación con el gobierno cubano.

 Los mismos que abogaron durante años por la libre empresa en Cuba, ahora se muestran reacios a que una delegación de la Cámara de Comercio de Estados Unidos se reúna en La Habana con un grupo de pequeños empresarios privados y atacan en parte el ejercicio del trabajo no estatal, al aducir que “es el Gobierno quien concede y retira la licencia, no permite créditos con bancos internacionales, además de monopolizar la importación de mercancías y materias primas”.

El problema real radica en que la contrarrevolución interna se ha dado cuenta que ellos no son una pieza clave en los futuros cambios que pretende lograr el Gobierno norteamericano y de ahí su ataque de nervios e histeria, pues no quedarán en la historia ni siquiera como asalariados, ejemplos sobran.

La prueba de esto son los más de cien contrarrevolucionarios y familiares que emigraron a España hace tres años por la mediación de la iglesia católica y al llegar a la península, se convirtieron por obra y gracia, de “disidentes” a revoltosos, sin el apoyo monetario al que estaban acostumbrados mientras residían en la isla.

Otro de los que ven amenazada sus finanzas procedentes de Miami es Antonio González-Rodiles, del engendro Estado de SATS, el que declaró que “Resulta vergonzosa esta embestida anti embargo, asociada al silencio o apoyo de actores políticos dentro y fuera de la Isla. Las libertades fundamentales jamás han llegado por complacencia con los verdugos. Quienes sienten hoy miedo ante el tiempo que se les acaba deben escuchar palabras directas, el respeto a las libertades y derechos de sus ciudadanos, es la premisa”.

El contrarrevolucionario santiaguero José Daniel Ferrer, padre fundador de la organización Unión Patriótica de Cuba, UNPACU, y uno de los que actualmente recibe más dinero procedente de Estados Unidos para organizar acciones violentas en la vía pública, también consideró que: “Todo acercamiento, toda cuestión entre cualquier país del mundo libre y Cuba, debe tener muy presente la situación de los derechos humanos. El régimen de los hermanos Castro es un flagrante y contumaz violador de los derechos humanos”.

En resumen, los asalariados que viven del cuento de ser “disidentes” temen quedarse fuera del juego, al final se percatan que puede más el interés económico de las grandes empresas norteamericanas en el mercado cubano, que la propaganda gastada y caduca de la política del gobierno yanqui.

Allen Dulles- El arte de la inteligenciaLos ideólogos de la política exterior norteamericana andan por un camino similar al que describió en su momento el ex director de la CIA Allen W. Dulles, cuando afirmó en su libro autobiográfico “El Arte de la Inteligencia”:

“Hemos de dejarnos de objetivos vagos y poco realistas como los Derechos Humanos, la mejora de los niveles de vida y la democratización”.

“Pronto llegará el día en que tendremos que funcionar con conceptos directos de poder. Cuantas menos bobadas idealistas dificulten nuestra tarea, mejor nos irá…”

Los asalariados internos no deben olvidar el principio yanqui “Time is Money”, algo básico en su política; por tanto aunque griten y pataleen si el negocio les deja el dividendo esperado, la contrarrevolución se quedará colgada de la brocha.

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