Washington no cambia


Arthur González

marie-harf2“Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”, parece ser el lema de los estadounidenses, al menos así lo percibimos en materia de democracia y de derechos humanos.

Marie Harf, actual portavoz del Departamento de Estado, calificó como “preocupante” la expulsión del Congreso venezolano, de la senadora María Corina Machado, posterior a su participación como representante alterna de la República de Panamá ante en el Consejo permanente de la Organización de los Estados Americanos, como si se tratara de un hecho sin trascendencia política.De acuerdo con la constitución de Venezuela, ese acto es una violación legal y lo que corresponde es la destitución del parlamentario que la cometa.

Los ahora “preocupados” en Washington, nunca lo hicieron cuando en Honduras se produjo un asqueroso golpe de Estado contra su presidente elegido democráticamente, ni cuando fue secuestrado por el ejército y trasladado en ropa de dormir hacia otro país, algo insólito en estos tiempos. Carmona

Tampoco se inquietaron cuando diseñaron y financiaron el golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez; todo lo contrario. De inmediato reconocieron al golpista Pedro “El Breve”, en las pocas horas que estuvo en el poder.

El presidente venezolano Nicolás Maduro, acaba de anunciar la detención de tres Generales de la aviación que estaban al servicio de la contrarrevolución financiada por Estados Unidos. Nada novedoso en los planes de la CIA, es la misma historia que intentaron ejecutar contra la naciente revolución cubana desde 1959, como si hubiesen desempolvado viejos Programas de Acción Encubierta y los pusieran nuevamente en vigor.

Al releer uno de esos añejos Programas contra Cuba, fechado el 19 de mayo de 1961 y publicado por el Departamento de Estado en su compendio de documentos de las Relaciones Exteriores, Volumen X 1961-1963, páginas 554-560, se observa como el objetivo que se trazaron alcanzar era “acelerar la desintegración moral y material del gobierno cubano y apresurar el día en que la combinación de acciones y circunstancias harían posible su derrocamiento y la implantación de otro que respondiera a sus intereses”.
Idéntica meta a la que se trazan ahora contra Venezuela.

Las tareas planteadas contra Cuba en 1961 eran:
1-Recopilación de información de inteligencia. 2-Operaciones de Sabotaje contra las refinerías de petróleo, plantas eléctricas, estaciones de microonda, instalaciones de radio y televisión, puentes, el ferrocarril, locales militares y navales, industrias y refinerías de azúcar. 3-Operaciones dirigidas a la deserción de funcionarios del Gobierno y de las fuerzas armadas para obtener información de estrategias y capacidad del régimen y para causar mayor embarazo y pérdida de prestigio gubernamental, fundamentalmente en América Latina. 4-Operaciones dirigidas a la destrucción de la imagen popular de Fidel Castro. 5-Operaciones para fortalecer el prestigio y aceptación de la contrarrevolución

Si analizamos la actual situación interna creada contra la República Bolivariana de Venezuela, podemos observar que no han variado en nada sus planes, incluida la deserción de funcionarios e incluso de militares.
En el caso cubano, al aprobarse la Operación Mangosta el 18 de enero de 1962 por el presidente J.F. Kennedy, se diseñó la tarea No. 5 que dice textualmente:

“La CIA propondrá, el 1ro de febrero 1962, un plan para la defección de altos funcionarios gubernamentales cubanos, con el fin de dividir el régimen desde dentro. Este empeño debe ser imaginativo y bastante atrevido para considerar el nombrmaria-corina-machado-llorona-fidel-ernesto-vasqueze de un desertor valorado al menos en un millón de dólares. Esto puede ser la clave de nuestro objetivo de acción política y debe ser llevado sin demora como un proyecto principal de la CIA”.

¿Podrá ser ahora la senadora María Corina Machado uno de estos casos? Quizás, tal vez, a lo mejor, es posible.

Habrá que esperar unos años más para disfrutar los documentos que la CIA desclasifique y entonces conocer la verdad. Mientras tanto releer los que diseñaron contra la revolución cubana permite avizorar sus próximos pasos y comprobar las verdaderas entrañas del Imperio.

Por eso como dijera sabiamente José Martí:
“Los árboles se han de poner en fila para que no pase el Gigante de las Siete leguas. Es la hora del reencuentro y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado como la plata en las raíces de los Andes”.

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