Lágrimas de una cocodrila


Arthur González

No hay dudas de que la protagonista de la famosa “Huelga del Aguacate”, la vetusta contrarrevMartha Beatrizolucionaria Martha Beatriz Roque, se encuentra en crisis financiera, a causa de que ya no es la “niña mimada” de los norteamericanos por falta de credibilidad. 

Desde la década de los 80 ésta asalariada de la misión diplomática de los Estados Unidos en la Habana, la Fundación Nacional Cubano Americana y otras organizaciones contrarrevolucionarias radicadas en Miami, ha vivido sin sudar su blusa, ni conocer lo que es la disciplina laboral. Recibía constantemente miles de dólares, convirtiéndose en el poder financiero de la contrarrevolución interna.

Pero todo lo que sube baja y así mismo le llegó su caída a la Roque Cabello, resultado del desprestigio acumulado por tantas falacias y distorsiones de su labor contra el gobierno revolucionario y apoderarse de todo el dinero sin repartirlo a los demás.

Ahora carente de imagen y liderazgo, sin poder de convocatoria y posibilidades de atraer a jóvenes a las filas de la exigua contrarrevolución, le cortaron el suministro de sus ambicionados dólares, encontrándose en crisis total.

Por tal motivo, intenta desde hace varias semanas orquestar otra de sus patrañas para ver si acapara la atención del público. Con el deseo de ayudarla, el periodista del Nuevo Herald Miami, Juan O. Tamayo, le dedicó un artículo el pasado 22.01.14, algo parecido a lo que hacen con viejas figuras de la farándula que son desplazadas por la frescura, belleza y calidad de jóvenes talentos.

El nuevo docudrama de la “huelguista aguacatera”, es el imaginario “acoso” que dice vivir. En sus desvaríos para tratar de recibir algún dinerito, informó al Nuevo Herald que “la policía la hizo volver a la fuerza a su apartamento entre patadas, pescozones y empujones que la obligaron a guardar cama por varios días. Sus vecinos le han dado puñetazos, han bloqueado su puerta, roto una cámara y entonado insultos y eslóganes progubernamentales frente a la puerta de su apartamento”.

Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que una anciana de 68 años, diabética, asmática y sin una gran estructura muscular, no puede resistir un simple empujó o manotazo, a esta hora estaría en una sala de terapia intensiva con varios huesos partidos y reportada con peligro para la vida.

La realidad es que Marta Beatriz está sola, nunca formó una familia y a sus años, sin el dinero con el que estaba acostumbrada a vivir, le es realmente difícil la vida.

Ya no tiene edad para emigrar y sus continuas mentiras la descalifican como una fuente segura de información para los norteamericanos.

No es invitada a ninguna recepción en las sedes diplomáticas europeas y menos aun a la norteamericana, la prensa extranjera acreditada no acude a sus llamados, ni cree en sus falsas denuncias del supuesto acoso.

Sus históricos compañeros de lucha como la inculta y grosera Berta Soler o Elizardo Sánchez Santa Cruz, también la abandonaron al comprobar como gastaba el dinero recibido en beneficio personal,  por tanto solo le queda el recurso de acudir a sus viejos amigos del Nuevo Herald para tales inventos.

Triste realidad la de esta mitómana que ve acercarse su hora final sola y abandonada por sus patrocinadores yanquis; quizás por eso ahora dice que prefiere regresar a la cárcel, al menos allí tendría compañía, actividades socialmente útiles y atención médica constante.

Lo demás son puras lágrimas de una vieja cocodrila.

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